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El Arte de Girar

¡La Copa Mundial está aquí! En los últimos ocho años de nuestro blog eso ha significado que hemos resaltado varias naciones y sus culturas, ofreciendo perspectivas acerca del estado de la Iglesia en cada país así como algunas peticiones de oración. Por ejemplo, lean lo que Pamela Alvarado escribió sobre Ghana, o el artículo de Croacia que escribió Mario Josué López.

Este año haremos las cosas un poquito diferentes. De vez en cuando, durante este mes estaremos ofreciendo artículos y algunas veces videos que tienen que ver con distintos aspectos (llamémosle el aspecto “cultural”) de la Copa Mundial. Así que, para comenzar, lean este testimonio escrito por un ex jugador de la Liga Premier a quien Dios llamó al pastorado. El siguiente es un fragmento de un artículo de Christianity Today publicado originalmente en junio 2016.

Por Gavin Peacock

Una habilidad que mi papá me enseñó cuando era niño fue el arte de girar con un balón de fútbol soccer. Yo nunca iba a ser alto, así que él me llevaba a nuestro patio trasero en el sureste de Londres y me enseñaba cómo cambiar direcciones con el balón en mis pies. “¡Los niños grandes no podrán alcanzarte!” decía él. Yo practicaba por horas girar a la derecha y a la izquierda, yendo dentro y fuera de los conos, girando hacia este lado y al otro lado. Mi papá tenía razón: el arte de girar me sirvió mucho. Muchos de los goles que metí en los años venideros fueron resultado de esa lección.

Yo no crecí en un hogar cristiano y nunca escuché la predicación del evangelio. La escuela dominical dio paso al fútbol dominical. La instrucción más bíblica que recibí fue durante las asambleas en la escuela de la Iglesia de Inglaterra, donde asistía. Yo era un niño que quería triunfar intensamente tanto en el salón de clases como en el campo. Mi padre me enseñó el autocontrol necesario, la disciplina y habilidades para tener éxito en la educación y en la arena deportiva profesional.

A los 16 dejé la escuela y firmé un contrato profesional con la Liga Premier de los Queens Park Rangers (QPR). Había logrado la meta–y no estaba realmente feliz. Estaba jugando para el Equipo Juvenil Nacional de Inglaterra, y no pasó mucho tiempo antes de que irrumpiera para ocupar el once inicial en QPR. Pero era un jovencito inseguro en el feroz mundo profesional del deporte. El fútbol era mi dios. Si jugaba bien un sábado me sentía en lo alto, si jugaba mal me sentía decaído. Mi sentido de bienestar dependía completamente de mi desempeño. Pronto me di cuenta que fui hecho para algo más que alcanzar la meta.

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Girando hacia Cristo

Entonces, cuando tuve 18, Dios intervino en mi vida, el primero de dos momentos de giro dramático. Yo estaba todavía luchando por encontrar propósito, así que decidí asistir con una iglesia metodista local un domingo por la tarde. No recuerdo sobre qué predicó el ministro, pero después él me invitó a su casa, donde él y su esposa impartían un estudio bíblico semanal para jóvenes.

Decidí regresar al estudio bíblico la semana siguiente y la próxima, y empecé a escuchar el evangelio por primera vez. Me di cuenta que mi problema más grande no era encontrar desaprobación en una fuerte multitud de 20,000 un sábado; mi problema más grande era mi pecado y la desaprobación del Dios todopoderoso. Me di cuenta que el obstáculo más grande para la felicidad era que el fútbol era rey en lugar de Jesús, quien proveía una justicia perfecta para mí. Comprendí lo que Agustín había expresado muchos años atrás en sus Confesiones: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti.” Con el tiempo, mis ojos fueron abiertos por medio de esa reunión dominical, y mi vida dio un giro, me arrepentí, y creí en el evangelio. MI CORAZÓN TODAVÍA ARDÍA POR EL FÚTBOL, PERO ARDÍA MÁS POR CRISTO.

En los deportes profesionales, los altibajos de la vida son extremos, muy cercanos y muy públicos. El escrutinio es intenso. La madurez cristiana es un proceso lento, pero en el mundo del deporte profesional, tu lenta santificación está a la vista. Tú puedes firmar un contrato lucrativo un día y tu carrera puede terminarse al día siguiente. Aquellos fueron días estremecedores y difíciles, llenos de altibajos, copas finales y promociones, derrotas y descensos. Yo experimenté la gama completa como creyente.

La incertidumbre inunda al jugador profesional de fútbol. En cierto nivel la incertidumbre y el drama estimulan al hombre para jugar al máximo; hasta cierto punto provocan una profunda inseguridad. Yo solía ser esa persona cuando era joven, pero como cristiano ahora le temo más al Señor que a la multitud. El fútbol dejó de ser mi ídolo. 

Girando hacia el Ministerio

Una puerta se abrió después de mi retiro de una carrera de televisión con la BBC, y no pasó mucho tiempo antes de que cubriera programas semanales como Match of the Day, para muchos millones de televidentes en el Reino Unido. Fue un trabajo que encontró su apogeo en la Copa Mundial de 2006. Sin embargo, poco después llegó el segundo giro: el llamado al ministerio pastoral.

Hasta ese punto yo tuve muchas oportunidades para ser un testimonio cristiano como jugador de fútbol y comunicador, pero nunca sentí la urgencia de predicar. Entonces, mientras leía las epístolas pastorales, empecé a sentir un fuerte deseo de buscar el ministerio pastoral. Mi iglesia confirmó mi llamado, y después de un periodo de prueba, sabía que iba a dejar la segunda carrera de mis sueños por el ministerio. En 2008, dejé las costas de Inglaterra. En cuestión de semanas pasé de hablar en TV acerca de David Beckham y Cristiano Ronaldo a escribir ensayos sobre Juan Calvino y Jonathan Edwards.

Hace tantos años mi padre terrenal me enseñó el arte de girar, pero fue mi Padre celestial quien me hizo girar primero hacia Cristo y después a predicar su evangelio. Girar del pecado y confiar en Cristo para salvación no es un evento inicial de una sola vez; es la esencia de la vida cristiana. Este es un mensaje que la Iglesia necesita recuperar. Y así, sigo girando y enseño a otros a girar también.

Gavin Peacock es un pastor de misiones en la Iglesia Calvary Grace en Alberta y coautor de The Grand Design: Male and Female He Created Them.

No Culpes a tu Agenda de tu Agotamiento

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero

Vivimos en un mundo que está definido por límites. Nuestros caminos están delimitados, los juegos deportivos están diseñados de acuerdo a ciertos límites, y nuestros psicólogos nos dicen que necesitamos expandirlos alrededor de esa loca tía co-dependiente nuestra.

Quizás sea cierto que el término “límite” ha sido modificado en los últimos años de acuerdo a los programas de televisión, sin embargo pienso que es un área vital en la vida de los plantadores de iglesias y los pastores.

La gente a menudo señala el tener demasiada actividad como la culpable inherente de la fatiga y la retirada temprana del ministerio. El problema, sin embargo, va más allá de una agenda ocupada.

Los pastores y líderes ministeriales que experimentan el agotamiento tienden a exhibir estilos de vida que desatienden la disciplina necesaria para manejar sus actividades. Sin límites establecidos y defendidos adecuadamente, las personas experimentarán el agotamiento tanto del cuerpo como del espíritu.

Cuando planté mi primera iglesia al interior de la ciudad de Búfalo, junto con todo lo que eso conlleva, era esposo de Donna, ahuyentaba a la soledad para sostenerme, y era también estudiante de seminario en Pittsburgh, manejando cuatro horas en la nieve cuesta arriba en ambos sentidos. Puede que haya exagerado esa última parte, pero era Búfalo después de todo.

Sorprendentemente, fui capaz de mantener todos esos roles hasta que fallé en la creación de límites fuertes. Eso fue lo que al final me hundió. Si un coche atropella a un perro, el perro no ha sido lastimado porque estaba corriendo muy rápido. Es lastimado porque no respetó los límites establecidos para él.

De manera similar, no fue la velocidad de mis actividades lo que me hirió, sino la falta de límites sólidos en mis horarios, particularmente en la iglesia. Me convertí en el punto focal de todo el ministerio. Era con el que todos necesitaban hablar si querían seguir a Cristo, recibir consejería, o recibir una visita después de una cirugía de las uñas de los pies.

Tenía una congregación llena de gente que se apoyaba en mí en todas direcciones para su crecimiento espiritual. Fue esta falta de límites que deshabilitó cualquier ministerio efectivo y me condujo al agotamiento.

El hecho de que estoy en el ministerio hasta ahora, debe decirte que he aprendido algunas lecciones a lo largo del camino.

Me apasiona compartir los 4 pasos que aprendí de mi propia experiencia con otros pastores y líderes.

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Piensa en ellos como cuatro vallas que definen los límites alrededor de un ministerio saludable.

Son las cuatro publicaciones que verás en los próximos días.

Esta serie de artículos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Cómo la palabra SÍ está cambiando Mesoamérica

Por Emily Armstrong

Recibí un mensaje de texto Alejandra hace unos días, diciendo que ella quería hablar conmigo por algunos minutos.

Y un mensaje en Facebook de Merit, pidiéndome oración.

Y un correo de Daniela, actualizándome sobre lo que ha pasado en su vida en los meses pasados.

Tres mujeres a las que hemos tenido el privilegio de entrenar en misiones, en el pasado las tres han participado en el ministerio de Génesis como misioneras por 2 años.

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Alejandra, quien es de Guatemala, ha estado sirviendo durante los últimos 10 meses con un ministerio de compasión en Estados Unidos. Hace poco más de un año, le preguntamos si estaría dispuesta a tomar un paso de fe y sumergirse en la cultura estadounidense por un año para aprender de su estrategia de ministerios de compasión y ayudarnos a contextualizarla para nuestra región. Mientras hablaba con ella hace unos días, ella estaba un poco dividida – los líderes del ministerio le han pedido que considere quedarse por un año más en ministerio, y a pesar de que ella pensó que estaría pasando por encima de nuestros “planes,” no pude evitar sonreír. Me sentí como una mamá orgullosa cuando me dijo que ella solo quería hacer la voluntad de Dios – cualquiera que esta fuera. Me hizo sentir bien saber que ella fue elegida. Ella fue reconocida. Le dije que nosotros queríamos lo que sea que Dios quiera – nuestra posición misionera siempre ha sido conectar a las personas que han sido llamadas con necesidades internacionales y sabiendo que la actitud de ella ha sido la de Cristo, tomando la misma naturaleza de un siervo, no podría hacernos sentir más orgullosos.

Alejandra todavía está orando para saber adónde Dios quiere que ella viva, pero ella sigue diciendo Sí a su llamado, seguro que ese estilo de vida en misión es donde ella necesita estar.

Merit escribió en su mensaje de Facebook que Dios ha estado estirando su corazón una vez más, para servir en otra ciudad. Ella pidió oración para que se abra una puerta con el liderazgo de su distrito así como con sus responsabilidades familiares. Diríamos que ella se ha puesto “inquieta.” Ella está de regreso en su país y distrito, sin embargo el llamado a la misión internacional y a servir en una ciudad grande está sonando MUY FUERTE en su cabeza y corazón. Una vez más experimenté orgullo de mamá, sabiendo que Merit estaba lista para sumergirse una vez más en las aguas de la fe, lista para levantar miles de dólares y dejar a su familia en las manos de Dios – todo porque Dios la llamó.

Merit sigue orando para conocer el tiempo de Dios, pero ya ha dicho que SÍ a su llamado. Está lista para ir cuando Él provea la oportunidad.

Daniela me escribió y me dijo que está presentando su examen final para obtener su licencia y ejercer como abogada. Cuando ella dijo que sí al ministerio de Génesis, puso su carrera de derecho en pausa – todo porque sabía que Dios le estaba pidiendo que fuera obediente. Ella ha servido fielmente y me escribió para decirme que Dios sigue avivando la llama del servicio en su corazón, compartió conmigo cómo los terremotos que recientemente tuvieron lugar en México le causaron días difíciles, pero ella sabía que el llamado de Dios era servir a la ciudad. El “orgullo santo,” como me gusta llamarle, una vez más vino a mí, mientras la exhortaba a considerar su profesión como VOCACIÓN. Haciendo TODO para el Señor. Ayudándola a ver que Dios le ha dado los dones del derecho y entendimiento jurídico – algo que NECESITAMOS en la ciudad.

Daniela ha dicho que SÍ al llamado de Dios, permitiendo que Él guíe su camino, pidiéndole que use sus dones y talentos para impactar la ciudad siendo la iglesia.

Cada SÍ está cambiando Mesoamérica. Nos estamos convirtiendo en la iglesia misional que Dios anhela que seamos. Somos muy privilegiados por ser parte de SU historia.

 

 

Desarrollo de Relaciones

Por David W. Graves. Trad. por: Yadira Morales.

El sentido de pertenencia es quizás la necesidad emocional más poderosa que se experimenta en los tiempos modernos. La sociedad continúa fragmentándose, las familias desintegrándose, y la tecnología nos aísla hasta que las oportunidades de sentir que verdaderamente pertenecemos a algo, cada vez se vuelven más limitadas.

Pero la necesidad de pertenecer no ha disminuido. Hoy en día, los individuos buscan aquellos lugares en los que pueden pertenecer, y luego se entregan plenamente a las relaciones que encuentran. A través de fijar la inclusión como objetivo, nuestra iglesia puede establecer su ministerio. Al convertirse en un lugar de pertenencia, la iglesia local se abre a oportunidades cada vez más amplias de proclamar su mensaje, un mensaje de amor y pertenencia en la familia de Dios. Sin embargo, la gran pregunta es: “¿Cómo establece la iglesia este tipo de ministerio?”

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Comienza regularmente iniciando y desarrollando relaciones con personas sin iglesia. Tenemos que preguntarnos “¿Con cuántas personas, que no pertenecen a una iglesia, tenemos una relación personal?” Desde ya puedo decirles que la mayoría de quienes hemos estado en la iglesia durante mucho tiempo tendríamos que responder “con ninguna.” Parece que cuanto más tiempo somos seguidores de Cristo, más desconectados estamos con aquellos que no lo son, y eso es un problema real. Lo mismo es verdad para muchos pastores.

No podemos esperar alcanzar a la gente para Cristo si no estamos desarrollando una amistad con ellos. Si no tengo amigos no cristianos, ¿cómo puedo decirle a alguien acerca de Cristo?

Este es el mayor perjuicio para el cumplimiento de la Gran Comisión que tenemos hoy en día ––no conocemos a ningún no cristiano lo suficientemente bien como para compartir el evangelio con ellos. Jesús salió de Su camino ––y debemos salir de nuestro camino–– para construir verdaderas amistades con personas fuera de la iglesia.

Al construir relaciones con la gente, Jesús puede usarnos para cambiar sus vidas.

10 Cosas Que He Aprendido De La Gente Difícil

Escrito por Steve Dunmire. Trad. por Ariadna Romero

Cuando inicié en el ministerio, fui advertido que como pastor tendría que lidiar con gente difícil. La realidad es que no estaba preparado para lo venenosas que pueden llegar a ser estas personas.

He sido receptor de cartas anónimas vengativas, llamadas telefónicas de regaño en tonos violentos. He observado a mucha gente difícil literalmente salir furiosos de las iglesias en las que he servido (sin mencionar su comportamiento pasivo – agresivo, comentarios sarcásticos, chistes cortantes y cumplidos a las espaldas).

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Pero también he aprendido mucho de esta gente difícil. Aquí hay algunas lecciones que me han enseñado:

1. La Gente Difícil Tiene el Carácter Para Decir Lo Que Todos Están Pensando.

A veces, (no siempre) la gente difícil es la que te dice a la cara lo que otros solo murmuran por lo bajo. Ellos son a veces los únicos que tienen el carácter para decir lo que los demás están pensando. La gente difícil puede ser el equivalente pastoral a cuando un médico le ordena un análisis de sangre a un paciente: una forma eficiente de averiguar lo que está pasando en la sangre de la iglesia.

2. La Gente Difícil Me Ayuda A Tener La Piel Más Gruesa. 

Tratar con gente difícil es una de las formas más efectivas de desarrollar la piel gruesa que un pastor necesita para encajar en el ministerio. Quizás no haya un sustituto. Lidiar con gente difícil es a nuestras almas lo que el entrenamiento con pesas es a nuestro cuerpo, así que he aprendido a amar a la gente difícil, porque ellos me hacen más fuerte.

3. La Gente Difícil Revela Mis Inseguridades.

La gente difícil nos fuerza a enfrentar nuestras inseguridades y nuestra necesidad de ser queridos. Nos hace escoger ser firmes en algunas circunstancias en lugar de alimentar nuestra necesidad de ser aceptados. Su criticismo golpea la mentira que el Enemigo ha plantado en nuestros corazones: “Esto es lo que realmente eres, y todas las cosas bonitas que la gente te dice, es solo porque están siendo educados”. La gente difícil y los críticos en nuestra vida pueden ser como espejos carnívoros que critican una versión exagerada y distorsionada de nosotros mismos. Reconocemos inmediatamente que la imagen distorsionada no es lo que somos, y esto puede proveernos la oportunidad de ver nuestras vidas y a nosotros mismos como realmente somos. 

4. La Gente Difícil Me Hace Clarificar Lo Que Estoy Haciendo.

Justo como una cuerda desafinada en una guitarra nos hace afinar de nuevo las seis cuerdas, una persona difícil  en la iglesia puede llevarnos a clarificar todo lo que hacemos.  Nos fuerzan a hacer las cosas más claras y más precisas a causa de sus quejas y a veces, en anticipación a las quejas. En este sentido, la gente difícil hace nuestro ministerio mejor  debido a que nos fuerzan a ser claros y precisos acerca de lo que queremos hacer, y cómo lo vamos a hacer.

5. La Gente Difícil Me Muestra Que Estoy Haciendo Algo Bien.

Hay un hilo común que atraviesa cada punto de inflexión importante del ministerio, cada avance, cada éxito visible, cada vez que puedo señalar algún resultado medible, o incluso cada vez que recibo algún nivel de reconocimiento. El elemento común en cada uno de esas situaciones es la molesta presencia de la gente difícil que se opone a mí a cada paso del camino. Amo a la gente difícil porque son uno de los más confiables indicadores que he podido encontrar para saber que estoy haciendo algo bien. 

6. La Gente Difícil Crea Partidarios.

Un pastor necesita amistades significativas para poder resistir. Y en mi caso, algunos de mis más significativos amigos y colegas del ministerio han sido forjados en respuesta a la gente difícil de sus iglesias. A veces he visto a la gente hacerse mucho más partidaria mía como pastor debido a que han visto los ataques severos de los críticos. Estoy agradecido de tener muchas amistades significativas que fueron fraguadas en respuesta directa a la gente difícil.

7. La Gente Difícil Me Hace  Mejor Jefe Y Mejor Subordinado.

La gente difícil me ha ayudado a ver lo importante que es reconocer el buen trabajo, aplaudir el trabajo duro y expresar el reconocimiento. También me ayudan a ver que no se deben expresar todas las opiniones. En conjunto, me gustaría creer que soy menos crítico con aquellos que sirven por encima de mí gracias a mis experiencias con la gente difícil.

8. La Gente Difícil Me Lleva A La Oración.

Desearía que esto no fuera cierto, pero lo es. Y si la gente difícil me lleva a estar de rodillas en oración, entonces sé que son un gran regalo. A.W. Tozer escribe: “Cualquiera que se defienda a sí mismo se tendrá a sí mismo para su defensa, y a nadie más. Pero vuélvase indefenso ante el Señor y tendrá como defensor a nada menos que a Dios mismo”. La gente difícil me vuelve loco, así que me hacen arrodillarme en oración, y esa es una de las razones por las que he aprendido a amarlos.

9. La Gente Difícil No Es Un Obstáculo A Conquistar.

Escuché una vez a alguien que dio un sermón sobre Eliab, el hermano mayor de David, quien se puso furioso contra David  cuando éste  le preguntaba a los soldados sobre Goliat. El pastor señaló el hecho de que David había escogido en ese momento presionar sobre cómo derrotar a Goliat en lugar de detenerse a pelear con sus críticos.

Los críticos no son indicadores de éxito ni de fracaso, así que he elegido por adelantado pelear contra gigantes, no contra críticos. He aprendido a amar a la gente difícil porque amarlos es una opción. No quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre sus críticos; quiero ser recordado como el hombre que triunfó sobre gigantes.

10. Soy La Gente Difícil De Alguien.

Sé que he sido la gente difícil en la vida de alguien. A veces le parezco difícil a otras personas debido a un desacuerdo, a veces es solo por conflictos de personalidad, y a veces eso viene junto con ser una persona con liderazgo. Pero he aprendido a amar a las personas difíciles porque amarlas es una forma de hacer a otros lo que me gustaría que hicieran conmigo.

Aprender de las personas difíciles y aprender a amarlas es aún un trabajo en proceso, pero espero algún día ser capaz de amar verdaderamente a la gente difícil como Dios ama al difícil de mí. 

7 Pasos Para Comenzar a Convertirse en Una Iglesia Con la Que la Gente Quiere Comprometerse – Parte 1 de 2

Por Karl Vaters

Las personas que no van a la iglesia, no quieren ir a la iglesia. Ellos no están saliendo tarde de la cama el domingo por la mañana deseando tener un lugar más eclesiástico donde estar.

De hecho, un creciente número de personas que van a la iglesia no quieren ir, tampoco. Si no les damos algo con lo que valga la pena comprometerse, pronto se irán.

No es que las personas sean menos capaces de hacer compromisos de lo que solían ser. Simplemente se comprometen de manera diferente. Pero demasiadas iglesias no han comprendido esa realidad.

Entonces, ¿cómo hacemos que las personas se comprometan con la iglesia / ministerio que lideramos? ¿Especialmente cuando nuestra iglesia es pequeña y está luchando?

No tengo todas las respuestas, ni mucho menos. Pero he aprendido un puñado de principios durante tres décadas de ministerio que han ayudado a nuestra iglesia a ser un lugar con el que la gente se entusiasma por estar comprometida.

Estos pasos no te costarán ningún dinero extra y muy poco tiempo extra – el tiempo extra debido a la curva de aprendizaje. No se trata de añadir a tu calendario ya limitado y sobrecargado de presupuesto. No se trata de hacer más grandes las cosas. Se trata de enfocarse en hacer mejor la iglesia. Trabajar de manera más inteligente, no más difícil.

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Donde Nuestro Enfoque Necesita Estar

Pero primero, a pesar del título de este artículo, el desafío que tenemos ante nosotros no es que la gente vaya a la iglesia.

Se trata de inspirar a la gente a comprometerse a:
• Adorar a Jesús
• Relaciones genuinas con el pueblo de Dios
• Hacer discípulos
• Hacer ministerio para los necesitados

Si tu enfoque es tratar de lograr que las personas se comprometan con tu horario de servicio dominical, tu preferencia denominacional, mantener tu iglesia o algo así, podrías dejar de leer ahora mismo. De hecho, podrías cerrar tu iglesia ahora mismo.

Los días de las personas que van a la iglesia por algo menos que una relación genuina con Jesús han terminado. Sí, todavía hay un residuo de esas personas, pero están muriendo, literalmente. Y no serán reemplazados por un nuevo grupo. Tampoco deberían serlo.

Pero si quieres a la gente de tu iglesia porque tienes una pasión por ayudarlos a conectar con Jesús y la familia de Dios, sigue leyendo.

1. Eliminar lo que no sea Jesús

Si la gente continúa yendo a la iglesia, no será porque tienen un sentido de lealtad a una tradición, la mayoría de ellos nunca la han tenido en sus vidas para empezar. Y no será porque quieren divertirse. Tienen mejor entretenimiento en el teléfono que está en su bolsillo, con el que nunca podríamos competir. 

Lo único que los sacará de su casa y los llevará a nuestras iglesias es si les damos una causa digna de vivir (y morir). Es decir, una presentación auténtica del evangelio de Jesús – a través de nuestras palabras y nuestras vidas.

Si tus tradiciones generacionales u otra cosa, ayudan a la gente a hacer eso, ¡genial! Sigue haciéndolo. Pero si no, no dejes que las preferencias personales de tu iglesia eviten que la gente vea a Jesús.

Ya sea que esté escondido detrás de vitrales o luces láser y máquinas de niebla, cualquier cosa que oscurece a Jesús en lugar de revelarle, necesita ser desechada.

2. Enfatizar las Relaciones por Encima del Espectáculo o la Tradición

Para las pequeñas iglesias especialmente, ser una iglesia con la que la gente quiere comprometerse, comienza y termina con las relaciones.

Necesitamos ayudar a las personas a hacer conexiones con Jesús y el uno con el otro.

Necesitamos ayudar a las personas a hacer conexiones con Jesús y el uno con el otro. Luego trabajar juntos para construir puentes con los que están fuera de las paredes del templo. 

Mucho después de que nuestras tradiciones se han vuelto obsoletas y el espectáculo ha sido reemplazado por un espectáculo más grande en algún otro lugar, las relaciones genuinas, con Jesús y la gente, durarán.

3. Sé Genuino

La gente es mucho menos ingenua de lo que solía ser. Pueden detectar la falsedad en las personas muy rápidamente.

Esto es especialmente importante para los líderes de la iglesia, porque tenemos una cultura en la que el respeto por el liderazgo es menor de lo que ha sido en un laaaaargo tiempo – mayormente por buenas razones.

El respeto ya no viene con la posición de pastor o líder. De hecho, es probable que se vea más con escepticismo que con honor. Ese escepticismo sólo será superado practicando lo que predicamos.

Deja De Ir Simplemente A La Iglesia

Por Jeff Vanderstelt

Todo comenzó en un bote en un lago con unas cuantas cañas de pescar. Fue ahí, rodeado de la tranquilidad del agua, que mi padre y yo tendríamos una conversación clave que cambiaría la trayectoria de mi vida. Mi padre me estaba dando una simple actualización de su vida y me compartió que su iglesia estaba contratando a un pastor de discipulado.

Después de hacer a un lado mi diálogo interno, acerca de cómo contratar a un pastor para discipulado traicionaba el hecho de que la iglesia no veía todo lo que hacían como discipulado, escuché a mi padre decir que estaba emocionado de aprender cómo hacer discípulos—finalmente.

Yo estaba agradecido por la tremenda energía de mi padre hacia la comisión de Jesús pero también me sentí un poco turbado. Mi papá no parecía darse cuenta que él me crió en un hogar donde la vida diaria estaba conectada con un ministerio intencional. Él era dueño de varios negocios pequeños y creía que su negocio estaba destinado a ser una bendición a las personas y a la ciudad donde él vivía. Como resultado, nos unimos a nuestros padres en incontables actos de bondad, generosidad y hospitalidad.

No era extraordinario para ninguno de nosotros sus hijos, dar nuestro cuarto por una temporada como espacio para un joven que estaba comenzando de nuevo, un esposo quebrantado con un matrimonio difícil, o un adolescente huyendo que necesitaba algo de estabilidad. Mi papá amaría y sería el mentor de estas personas durante el día en uno de sus negocios, mientras mi mamá se encargaría de alimentar y cuidar de ellos, como si fueran de la familia.

Yo vi a jóvenes y viejos conocer el amor de Jesús y recibir entrenamiento bastante informal pero efectivo en cómo hacerse responsables, ser hombres trabajadores y amorosos. A causa del ministerio de mis padres en casa y en el trabajo, muchos hombres todavía consideran a nuestra familia como su familia.

Sin embargo, la iglesia nunca le dio a esto el nombre de “ministerio.” Ellos no vieron que la gentil hospitalidad de mi mamá y el mentoreo de mi papá a través del trabajo crearon tanto el ambiente como los medios para que el discipulado ocurriera.

No estaba entristecido solamente porque el ministerio de mis padres nunca fue reconocido; Jesús estuvo trabajando a pesar de todo y Dios el Padre estaba complacido de ver a sus hijos trabajando. Lo que me entristeció fue que muchas iglesias (y muchos en la iglesia) no ven sus hogares como uno de los mejores contextos para ministrar, y sus lugares de trabajo son algunos de los lugares que pasan por alto cuando piensan en mentoreo y misión.

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La mayoría de las personas pasarán un tercio de sus vidas en el trabajo y al menos otro tercio dentro o alrededor de sus hogares; lo que significa que más de dos tercios de sus vidas son considerados como espacio de no-ministerio. Además, muchos todavía creen que la iglesia es un lugar al que uno va de una a cuatro horas por semana, y que es donde la mayoría del discipulado ocurre. Esto significa que una gran mayoría de cristianos solo ve un pequeño porcentaje de sus vidas dedicado a la misión de hacer discípulos. No hay duda de porqué son tan pocos los creyentes fructíferos en el ministerio.

¿Qué pasaría si pudiéramos ayudar a la gente común a vivir el evangelio intencionalmente en la vida diaria, tanto en el trabajo como en el hogar, para hacer discípulos? ¿Qué sucedería si cada lugar de trabajo, escuela, vecindario y café fueran llenos de la plenitud del Espíritu, el amor de Jesús y los hacedores de discípulos, cada día? Tal vez podríamos ver ciudades saturadas con la presencia, poder y amor de Jesús a través de las personas comunes como mi mamá y papá.

Pastores y líderes de la iglesia no son llamados por Dios a hacer el ministerio para muchos. Ellos están en la iglesia para equipar a muchos para el ministerio en el supermercado y en el hogar. Es tiempo de equipar y movilizar a la iglesia de Cristo fuera del edificio y dentro de la vida.

Dejemos de ir simplemente a la iglesia y empecemos a ser la iglesia todos los días y en todo lugar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Verge Network

3 Pasos Para Desarrollar Una Cultura de Servicio – Parte 1 de 2

 Escrito por Ed Stetzer. Trad. por Ariadna Romero

Tener una cultura misional establecida a través de inculcarla, repetirla y celebrarla, provocará que los miembros se amen y realicen buenas obras.

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¿Por qué las iglesias con frecuencia se estancan y se encierran en sus cuatro paredes?  ¿Qué se puede hacer para revertir este enfoque centrado en el interior?

Muchas veces, cuando una iglesia crece en número (o también cuando se hace más vieja) tiende a enfocarse en el mantenimiento y servicio de lo que ya existe. Los ministerios internos agobian la misión hacia el exterior. Cualquier iglesia es susceptible de caer en esa abrumadora tentación.

Sin embargo, en muchas partes de la Escritura se señala a la iglesia como un cuerpo de sirvientes —usados por Dios para ministrarse unos a otros y a un mundo herido. Por ejemplo, 1 Pedro 4:10 dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

La frase clave aquí es “a otros.” Cada uno de los miembros de la iglesia está para servir a los otros. La mayor parte del tiempo leemos versículos como estos y entendemos que hay que servirse unos a otros dentro del cuerpo, pero hay muchos otros versículos que hablan sobre los pobres y heridos que conocemos; muchos son llamados a servir también fuera del cuerpo. Me gusta decir que podemos servir en, a través y más allá de nuestra iglesia local. Pero desgraciadamente, hay un gran abismo entre este pasaje y nuestra práctica.

De acuerdo a la investigación para el libro del que soy co-autor junto a  Thom Rainer, Transformational Church, muchas de las personas en la mayoría de las iglesias no están comprometidas con algún ministerio o misión significativos. Llegan por el show —y eso puede suceder en una iglesia contemporánea, tradicional, litúrgica etc. porque los números no muestran diferencias— pero no se quedan para servir.

Así que, ¿Cómo podemos evitar tener una iglesia llena de clientes en lugar de tener una iglesia llena de colaboradores en el Evangelio? 

Desarrollamos una cultura e implementamos una estructura.

Las iglesias necesitan una cultura que los motive y una estructura que le permita a la gente moverse de la pasividad a la actividad, de ser espectadores pasivos a ser participantes activos de la misión de Dios. 

Hoy quiero concentrarme en el desarrollo de la cultura. Aquí hay 3 pasos para desarrollar una cultura con mentalidad de servicio: incúlcala, repítela y celébrala.

Incúlcala.

Un pastor que conozco lo dijo de una forma que considero que fue realmente de mucha ayuda. Dijo que puede ver cuatro categorías de gente que llegan a la iglesia: tres categorías que le agradan y una que no:

  • Categoría uno: El visitante o que anda buscando.
  • Categoría dos: El discípulo en crecimiento que empieza a caminar.
  • Categoría tres: El discípulo maduro que sirve a otros.
  • Categoría cuatro: Las personas que piensan que son maduros pero que no quieren compromisos y no sirven a otros.

Y esto es lo que les dijo a los de la última categoría: “necesitamos sus lugares para los de las otras tres categorías.”

Con algunas contadas excepciones (alguien en transición, con problemas personales, etc.) creo que esa mentalidad es de mucha ayuda. Mientras más rápido se aplique ese enfoque en el ADN de la iglesia, será mejor, porque cuando se alcance a nuevos individuos se querrá que lleguen a un lugar donde la norma sea servir. La persona nueva llegará a ser lo que la mayoría de los miembros ya es.

Se puede ayudar a desarrollar esto dentro de la iglesia. Como Mike Dodson y yo descubrimos en nuestro libro Comeback Churches, el factor principal para la revitalización de la iglesia es el liderazgo. La misma verdad se aplica para el desarrollo de la cultura de servicio. Los líderes, incluidos pero no limitados al pastor y su staff, deben trabajar intencionalmente para injertar la nueva mentalidad en el cuerpo. ¿Cómo se puede lograr eso? Repitiendo una y otra vez los valores de la cultura que se quiere inculcar.

Predíquelo regularmente. Explique por qué es importante. Exprese la idea de que se puede ser maduro y aun así no estar sirviendo a otros. Enseñe servicio.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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