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Qué Hacer Cuando las Personas Quieren que la Iglesia Crezca…Pero no Quieren que Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación de la entrada anterior.

3. Prohibir la conversación ilusoria

Los que resistimos el cambio, a menudos somos ilusorios.

Puedo seguir siendo grosero con mi esposa y nuestro matrimonio mejorará.

Puedo relajarme en el trabajo y tener una mejor revisión de mi desempeño.

Puedo tener abdomen de acero al hacer 60 segundos de ejercicio.

La mayoría de nosotros se convierte en gente loca cuando enfrentamos el cambio.

Así que, como líder, prohíbe la conversación ilusoria alrededor de la mesa.

Señálala. En amor, deja que las personas vean qué tan loco es su pensamiento.

Yo sé que amas la música Gospel del sur, pero muchos de los adolescentes que queremos alcanzar no.

Me doy cuenta que amas tu organización así como es, pero la edad promedio de nuestros asistentes es 65.

Yo sé que piensas que un nuevo edificio resolverá todos nuestros problemas, pero ¿por qué no podemos resolverlos en nuestro edificio actual que está medio vacío?

No dejes que tus líderes sean ilusorios.

4. Una mirada desde el exterior

La familiaridad genera desprecio y distorsiona la perspectiva. Si tu equipo no responde inmediatamente de forma saludable a una llamada al cambio, tal vez sea apropiada una voz exterior que te ayude a llegar a un nuevo sitio.

Este será el mejor momento para leer un libro juntos, asistir a una conferencia, o (aún mejor), contratar un asesor. Si tu futuro está en juego, no es una mala inversión gastar dinero en una perspectiva exterior.

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5. Ofrecer retroalimentación constante

Mientras te mueves por estas conversaciones, mantén a las personas honestas. Será difícil. Pero necesitas hacer esto.

Sigue llevando al grupo hacia la verdad. Honestamente, con gracia, pero con sinceridad.

Sigue trayendo a las personas de regreso a la realidad. Digo esto porque requiere un esfuerzo titánico asegurar que no termines esperando una solución de una dieta de píldoras y panqué. Probablemente hay poco qué ganar sin dolor significativo.

6. Dibujar una línea y llamarla por lo que es

En algún punto tienes que dejar de hablar y empezar a hacer.

Aquí está mi sugerencia. Si has estado en un diálogo honesto durante por lo menos un año y no hay progreso (esto es, no has hecho un plan para cambiar y ya estás listo para actuar), has llegado al momento de la verdad.

En algún punto, necesitas decirle a todos adonde has aterrizado.

Así que nuestro plan para el cambio es implementar X, Y y Z para esta fecha. ¡Vamos a hacerlo!

O

Esencialmente hemos decidido no crecer. Estamos satisfechos con el status quo. No cambiaremos. Y viviremos con las consecuencias de estancamiento, declive y decaimiento.

¿Adivina qué? 99% de los líderes nunca pronunciarán la segunda declaración.

Y ahí está el porqué están estancados. Ahí está el porqué ellos están perpetuamente frustrados.

Pero esa segunda declaración es exactamente lo que necesitas decir si esa es tu realidad.

Y después—¿estás listo?—necesitas decidir si quieres dirigir esa organización.

Esto no es para nada fácil, pero creo que puede ayudar a los líderes que se sienten estancados liderando una organización que dice que quiere crecer pero no quiere cambiar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Careynieuwhof.com

Qué Hacer Cuando las Personas Quieren que la Iglesia Crezca…Pero no Quieren que Cambie – Parte 1 de 2

Por Carey Nieuwhof

He escuchado esto muchas veces en esta semana de diversas fuentes.

Una de las tensiones con las que muchos de nosotros luchamos como líderes, quienes intentamos manejar el cambio, sucede cuando la gente nos dice:

Quiero que nuestra iglesia crezca. Pero no quiero que cambie.

Cada vez que escucho o leo esto, mi cerebro dice “ugh.”

Por mucho que piense que es tonto vivir en esta realidad, es una realidad que muchos de nosotros enfrentamos en liderazgo.

¿Cómo respondes cuando la gente quiere que una iglesia (u organización) crezca, pero no que cambie?

Aquí tienes, come esta hamburguesa con queso y tocino

El problema que tú y tu organización están enfrentando es un reto que muchos de nosotros experimentamos en la vida.

Querer crecer pero no cambiar realmente, ¿no sería como decir: “quiero perder peso, pero de verdad quiero una hamburguesa con queso y tocino”? Bueno, sí, es exactamente así.

Las personas contratan entrenadores personales todo el tiempo para ayudarles a perder peso.

El mensaje de un entrenador no es revolucionario.

Casi nunca es “solo toma esta píldora y mágicamente perderás 50 libras mientras comes panquecitos.” Sin embargo, la mayoría de nosotros queremos creer que podemos tomar una píldora, comer hamburguesas, panquecitos y perder peso. Por lo menos yo sí.

Un buen consejo de un entrenador personal siempre es alguna variación de “come porciones más pequeña, come alimentos saludables, ejercítate y asegúrate que tu ingesta de calorías es menor que tu gasto de calorías.”

Y las personas les dan dinero—mucho dinero—para decirles lo que ellos ya saben que es verdad.

Tú no eres tan diferente como líder organizacional. De verdad.

Seis cosas que puedes hacer

Como líder, no trates de manejar el cambio en una reunión congregacional. Te quedarás atrapado en el lodo ants de saber lo que está ocurriendo. 50 o 500 personas no se pondrán de acuerdo en nada. Y ciertamente nunca estarán de acuerdo con nada muy valiente. (Hablo más acerca de manejar las dinámicas del cambio en mi libro, Liderando el Cambio sin Perderlo).

Siéntate con tu verdadero equipo de liderazgo—tu junta, tu personal clave, o incluso con un nuevo grupo que formes para este propósito—e inicia la conversación.

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Mientras diriges la conversación, aquí hay 6 cosas que puedes hacer para abordar el desafío de dirigir un grupo que quiere crecer pero no quiere cambiar:

1. Decir la verdad

Usualmente contratamos entrenadores, instructores, consejeros y asesores para decirnos la verdad que no podemos ver o que, a menudo, ya sabemos pero no enfrentamos.

Ese es mi trabajo y tu trabajo como líder de una organización: necesitamos ayudar a las personas a ver la verdad.

Así que, ¿cuál es la verdad sobre querer crecer pero no querer cambiar?

Es tan simple. Tus patrones, hábitos y nivel de efectividad como iglesia te llevaron a donde estás ahora.

Si tú quieres tu actual nivel de efectividad, sigue haciendo lo que estás haciendo ahora.

Si no quieres tu actual nivel de efectividad, cambia.

Realmente no es más complicado que eso.

Algunas veces un excelente liderazgo se trata simplemente de señalar la verdad de la cual nadie quiere hablar.

Necesitas hacer esto en amor, pero a menudo nuestro deseo de ser amorosos mata nuestra necesidad de ser honestos.

Así que, como líder, ayuda a las personas a ver la verdad.

2. Trazar la trayectoria

Aprender cómo trazar la trayectoria es una de las mejores habilidades que un líder puede traer a la mesa.

Trazar la trayectoria es simplemente planear el curso o camino probable en el que se encuentra una organización, persona u objeto. Esto es crítico porque normalmente, cuando se trata de personas u organizaciones, no estamos seguros adónde nos dirigimos.

El trazo de la trayectoria hace dos preguntas:

Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo hoy, ¿dónde estaremos en 1 año, 2 años y 5 años a partir de ahora?

Si cambiamos X, ¿dónde estaremos en 1 año, 2 años y 5 años a partir de ahora?

Seguramente no sabras con exactitud dónde terminarás, pero si empiezas a hacer la pregunta, estarás asombrado de lo que descubras. Inténtalo.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

¿Negando la Necesidad? ¿Rechazando la Realidad?

Esta semana tuvimos la oportunidad de estar en una aldea de Guatemala muy rural. Con los Jóvenes en Misión ayudamos en plantar una iglesia allá usando evangelismo, Escuelas Bíblicas, trabajo en construcción, y ministerios de compasión. Vimos muchos resultados y aunque estamos cansadísimos, sabemos que no hay mejor cosa que ver la respuesta positiva de la gente a las buenas nuevas.

Durante esa Máxima Misión, el pastor me vino, diciendo que había un hombre de otra ciudad que casi había perdido su vista. Él vino a la iglesia para pedir ayuda para comprar medicina para sus ojos y el pastor me explicó la condición del hombre y pidió ayuda monetaria. Hace algunos años quizás yo hubiera entregado a ellos dinero para la medicina o aun si fuera posible les hubiera llevado a un médico o a la farmacia para comprarles la medicina. Estas opciones no fueron posibles y además no me sentía que fue la mejor respuesta en ese momento.

Yo dije al pastor que esta fue una buenísima oportunidad para que la iglesia se movilizara para ofrecerle ayuda al ciego. Le dije que se anotaba el deseo de apoyar en la cara y en la voz del pastor, y le pregunté como podía la iglesia ayudar al ciego. El pastor me miró y dijo, “No tenemos nada. No podemos hacer nada.” Le dije que yo sabía que los recursos para ellos eran muy escasos y que yo podía apoyar el 50% para comprar la medicina; es decir, si la iglesia decidiera recaudar 20 quetzales (U$3.00), que yo iba a apoyar con Q20 también hasta cualquier cantidad. El pastor me dijo, “No vamos a hacerlo. No tenemos nada.” Entonces, reconociendo que Dios podía sanar con o sin medicina o dinero, impusimos manos sobre el ciego y oramos por su sanidad física.

¿Qué piensan de esta historia? Hay muchos temas sobre los cuales podemos conversar. ¿Cuál es el rol o el deber del misionero en un caso así? ¿Cuál es el rol de la iglesia local en suplir las necesidades de la comunidad? ¿Qué significa de verdad la palabra “compasión”?

La Bicicleta Precaria

“La vida es como montar una bicicleta; para no perder el equilibrio tienes que seguir moviéndose.”–Einstein

No soy tan viejito (cállense todos ustedes jóvencitos), pero he podido ver a muchas iglesias y muchos ministerios que están en un proceso difícil de balancearse entre dos realidades. De un lado hay una realidad que se llama tradición. Esa realidad es importante y de hecho ha formado mucho del carácter del ministerio a través de los años. Dios ha hecho grandes cosas muchas veces en esta realidad. Del otro lado hay otra realidad que se llama cambio. Usualmente la comunidad que rodea la iglesia vive de este lado y parece chocar contra la tradición.

He observado que iglesias que se paran firmemente en una realidad sin hacerle caso a la otra usualmente marchitan y mueren dentro de algunos años. La iglesia que se mantiene firme en tradición sin cambiar rápidamente llega a ser irrelevante. La iglesia que se tira al cambio sin importar la tradición pierde muchos miembros, y peor, no puede ofrecer algo profundo a la cultura que les rodea.

Nuestro llamado es permanecer en la bicicleta, balanceándonos entre Cambio y Tradición. Pero lo esencial es seguir moviéndose. Muchas iglesias saben que tienen que mantener el equilibrio entre las dos realidades, pero no siguen en moción. Esperan hasta que saben 100% qué hacer o qué no hacer, qué programa funciona o qué estrategia es lo mejor. ¿Has tratado de balancearse en una bicicleta sin moverse? No es una experiencia tan agradable y muchas iglesias están justo en ese apuro.

Montar la bicicleta que se llama ministerio requiere que siempre nos movamos. Dios aclara su llamado y su voluntad no a siervos que se quedan sentados esperando alguna confirmación del cielo, sino que a ellos que están ministrando, que están siempre en moción.

Conozcamos la Realidad

Algunos de los mensajes de nuestros 3 jóvenes de Proyecto Isaías han venido y han contenido fotos de ellos en la playa, cenando en algún lugar, etc. Además, sus informes están en código, hablando de empresas o de deporte en lugar de hablar de la iglesia. Quizás por estas razones escuché recientemente que un líder dijo, “Ahh, ¿por qué estamos invirtiendo tanto dinero en ellos si sólo están paseando?”

Esto me molesta mucho. Es por falta de información que dice esto. ¡Recordemos que ellos no pueden enviar fotos de sí mismos en la iglesia u orando con alguien! ¡Recordemos que no pueden decir que dos nuevos convertid0s han aceptado a Jesús como su Salvador personal! Hay personas allá que están revisando los correos y buscando palabras claves. Un misionero allá dice que hasta las llamadas se revisan muchas veces.

Hermanos, mejoremos nuestro conocimiento y ayudemos a los demás que lo mejoren también. E hinquémonos regularmente para levantar a estos hermanos en nuestras oraciones. ¡La eficacia de su ministerio depende en gran parte de nosotros!

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