Servir 12:7 – Testimonios desde El Salvador

Los 12 jóvenes de Servir 12:7 están en su penúltimo sitio (El Salvador) y en esta última semana han estado reflexionando sobre la fidelidad de Dios y sus llamados.  Quiero compartir algunos de sus testimonios…

¡Dios es la pasión! Por eso hemos llegado hasta aquí, aún después de 4 meses. Es difícil, hay que hacer de TODO, sí literalmente jeje… Pero en medio de todo, crecemos nosotros y las personas alrededor. Como dijimos ayer “estamos aquí por aquellos que no tienen esperanza”… Dios bendiga a cada lugar visitado y nos ayude a terminar esta travesía :D — Erika Chaves

¡Wow! ¡¡Qué locura!! ¡Hemos estado juntos por 4 meses! 4 meses llenos de bendiciones, alegría, lágrimas, risas, cansancio, emociones, aprendizaje… Y en medio de todo, por encima de cualquier cosa y sobre toda situación, ¡¡¡Tú has sido fiel con nosotros!!! 
¡Tú eres la razón!
¡Tú eres la inspiración!
¡Tú eres nuestra fortaleza!
¡¡¡TÚ ERES DIOS!!!

–Carlos Jiménez

Señor, eres fiel y tu misericordia es eterna… Gracias porque hasta aquí nos has sostenido y nos permites realizar tu labor.  –Maura Narvaez

Como ya saben, todos han obtenido sus visas para cada sitio. ¿Hay alguna razón por la cual podamos dudar de que este es el plan de Dios? ¿Hay alguna razón para pensar que no tiene un plan para cada uno de nosotros? ¿Hay alguna razón para no creer? –A.J. Fry

Viviendo misiones de verdad cambia tu perspectiva sobre las cosas…nunca pensé que iba a cantar en un coro y ahora canto con el equipo en casi cada servicio; no puedo jugar futbol, sin embargo, en estos meses ya he jugado tres veces; pero la cosa más importante para mí es que estoy viendo cada día a un Dios quien es fiel a los que él llama.  Y tengo mucho más fe y confianza en Dios, porque sé que a dondequiera que Dios me llame y lo que él pida que deje…en medio de todo…allí Dios estará conmigo.  Estoy tan agradecida porque Dios ha permitido que yo sirva con este equipo y aprenda tanto. Me están encantando las experiencias hasta el final. :)  –Lynda Woolford

Él Se Negó a Sentarse (Parte II)

* Hoy continuamos poniendo nuestra mirada en el legado de William Carey, el padre de las misiones modernas.  La siguiente entrada fue escrita por R. Franklin Cook para Engage Magazine, y es la segunda parte de un artículo empezado hace dos días.

…En los pocos años siguientes William Carey hizo su propia marca, incluso antes de embarcarse con su equipo hacia la lejana tierra de India.  Él escribió lo que en literatura de misiones se considera una obra maestra del siglo XVIII titulado: Investigación de la obligación de los cristianos a ser usados como medios para la conversión de los Impíos. Este documento se convirtió en una justificación racional para las misiones de la era moderna y un toque de trompeta para el llamado para la acción. Carey revisó la escena del mundo como él lo conocía, definió los términos del campo misionero, y proveyó los fundamentos básicos para el envió de misioneros y la plantación de iglesias en otras tierras.

Como Carey empezó a aceptar invitaciones para hablar de toda Inglaterra, desarrolló el tema que está mas asociado con el hoy día, en sus sermones él repitió una y otra vez: “Espera grandes cosas de Dios. Intenta grandes cosas para Dios.”  En el tiempo adecuado y contra todas las posibilidades y oposición – incluso desde su propia esposa – Carey llegó al gran puerto de Calcuta, India e inició a trabajar. Observando desde la perspectiva de nuestro siglo 21, llama la atención lo que Dios realizó a través de este hombre.  (Como una nota al margen, recordemos que él nunca regresó a Inglaterra.  No había nada como una licencia o gira misionera, y cuando él fuera al campo él estaba decidido a ser enterrado en el, como de hecho lo hizo.)  Él estableció el modelo de las misiones modernas, y con su equipo de medicina y educación personal, establecieron el triunvirato de la misiología: evangelismo, salud y enseñanza. Esto fue el modelo que se prolongó por más de dos siglos.

En adición, como lingüista, Carey estableció la importancia de la traducción de la Biblia a todas las lenguas, y él mismo hizo traducciones tempranas al Bengalí, hindi y otras lenguas de la India.  Él puso en marcha una operación de impresión e inició colegio universitario de Serampore. Incluso para estos días, Serampore sirve como cuerpo de acreditación de facto de educación teológica para la India y otras partes de Asia. “¡Joven, siéntese!”  La fuerte voz del Dr. Ryland aun se escucha inclusive hoy, pero sobre todo porque William Carey no se sentaría. 

¿Qué aprendimos de esto?

  1. Primero, que el llamado puede suceder en la quietud del estudio, la reflexión, y oración como sucedió con William Carey.
  2. Segundo, que incluso un zapatero puede convertirse en un movilizador de clase mundial y un agitador para Dios.
  3. Tercero, con una fuerte misiología, una persona puede establecer un modelo que pueda durar mucho tiempo. No solo hacemos algo. Lo hacemos por una razón, una filosofía, una razón de ser.
  4. Cuarto, a veces toma una gran cantidad de persistente paciencia ir contra una arraigada burocracia eclesiástica la cual se ha acomodado en las rutinas, y los lineamientos de los procesos y procedimientos.
  5. Quinto, el campo misionero es todo lugar y que cada cristiano tiene la “obligación” de llevar el evangelio a “las naciones.”¿Quién pudo haberse imaginado que ha salido tanto de una persona que se negó a “sentarse”?

–R. Franklin Cook sirvió como director de la Iglesia del Nazareno en la Región Eurasia desde 1989 a 2004. Él ha servido como misionero en India, y editor de la revista Santidad Hoy desde 1997 a 2004.

Él Se Negó a Sentarse (Parte I)

*Continuamos nuestra reseña del “Padre de las Misiones Modernas”, publicando un artículo escrito por R. Franklin Cook para Engage Magazine.  Será continuada en la próxima entrada…

Él era conocido como un simple zapatero, vivió en Inglaterra en las más humildes circunstancias del siglo XVIII.  Su nombre fue William Carey, y él fue conocido como “el padre de las misiones modernas.” ¿Cómo hizo que sucediera? Como zapatero, Carey fue un joven de brillantes inusual.  Para sus 21 años de edad, él tenía dominio del latín, griego, hebreo e italiano, y le fue bien en el dominio del holandés y francés.

Además, Carey tuvo una profunda experiencia (revelación) de Dios que vino a él en la quietud del estudio de la Biblia y la oración, no en una conferencia pública o una reunión. Fue al leer el reporte del capitán Cook, uno de los exploradores más importantes de su época, que Carey escuchó el llamado de Dios. El último viaje del capitán Cook fue el medio por el cual Carey fue capaz de testificar: “Si es el deber de todo hombre creer en el evangelio, entonces es la obligación de todo aquel a quien se le ha confiado el evangelio esforzarse para hacerlo conocer en todas las naciones.”

En nuestros días esta declaración suena normal y previsible. De hecho la Iglesia del Nazareno está en una misión de hacer conocer el evangelio “a todas las naciones.” Pero en la época de Carey esta declaración era revolucionaria, inaudita, ridícula. Recuerden, que en la época en que Carey era joven no había nada como misioneros enviados por denominaciones, no habían sociedades misioneras, ni interés en las misiones. Cuando el joven Zapatero fue a una conferencia, y propuso que se creara una organización que llevará el evangelio a las naciones, el Dr. Ryland, el prototipo burocrático denominacional le gritó a Carey: “¡Joven, siéntese! Cuando Dios quiera convertir al pagano lo hará sin su ayuda o la mía.”

Seguramente este se ha convertido en uno de los más notorios sentimientos y aun con frecuencia nosotros en la iglesia sublimemente adoptamos esta noción de que “Cuando Dios esté listo, Dios lo hará”. Esto podría ver con nuestros propios ministerios en nuestras ciudades y nuestros vecindarios. Esto podría tener que ver hecho con decir unas palabras de redención a un compañero de trabajo o una persona en necesidad. Esto podría tener que ver con dar soporte a un programa de extensión o el esfuerzo de un ministerio…


El Padre de las Misiones Modernas (Parte II)

Esta entrada es continuación de la biografía escrita por Dra. Erika Ríos Hasenauer comenzada hace dos días.

…El respiro vino cuando Carey fue el encargado de una fábrica textil. Sus habilidades administrativas y su sabiduría se hicieron notar enseguida. Todo empezó a mejorar para Guillermo y su familia. Intensificó su estudio del idioma hasta llegar a predicar fluidamente en Bengalí y a la traducción, al que se dedicó esmeradamente. Sin embargo, las pruebas nunca faltan. Este vio morir a su hijo Pedro, el más pequeño. Las condiciones sanitarias y de salud en ese tiempo (y aun ahora), ¡dejaban mucho que decir!

Sin embargo Carey no desmayó. Vería el primer fruto de su esfuerzo años más tarde, al ver el primer hindú convertido y bautizado, vio traducido el NT al bengalí y de hecho tanto llegó a dominar esta lengua que llegó a ser maestro de bengalí en universidades nacionales y a ser bien pagado. Aún así, cuando tuvo más que suficiente, no se dio unas vacaciones a Europa, lo dio todo a las misiones, quedándose con solo una mínima parte para su familia.

La Sra. Carey fallecería después de haber padecido de una larga y crónica enfermedad mental. Lastimosamente ella vino a ser el aguijón para Carey.  Aun así, éste nunca perdió su pasión por la obra ni descuidó sus obligaciones familiares.

Otro tipo de obras sociales como escuelas, y hospital para leprosos entre otras actividades fueron también obra de este loco de las misiones – quien dio 41 años de su vida a su Señor y su amada India.

Prácticamente no regresó a Inglaterra en todo ese tiempo. Fue incomprendido por muchos de sus colegas, pero muy respetado y amado por todo el pueblo de la India.  Honores fueron rendidos a este estudiado doctor, poliglota, y fundador de las misiones modernas.

¡Inspiradora es la historia de Guillermo Carey! Nadie puede dejar de ser conmovido y sacudido al mismo tiempo, al leer más detenidamente esta biografía.

Si Dios usó a un hombre quien posiblemente para el mundo no tenia oportunidades ningunas, quien conoció el significado de la palabra SACRIFICIO, pero quien le creyó al Dios de los Imposibles, ¿qué impide que tú y yo seamos usados por Él?

-  ¿Es que Dios ha dejado de utilizar a hombres y mujeres comunes y corrientes en nuestros días y solo los estudiados, ricos, y de tez diferente son los escogidos?

- ¿Por qué tendemos a ser conformistas y hasta mediocres en nuestras metas, preparación, y sueños?

- ¿No crees que es tiempo que América Latina, tú y yo reconozcamos que aun en medio de nuestra desventaja social y económica, Dios no es pequeño ni sus recursos se han agotado? ¡Él nos ha dotado con TODO para vencer!

¡Su RESPALDO está garantizado mientras vayamos por fe y demos lo mejor de nosotros! Una cosa es segura, nada nos va a llegar sentados en nuestros cómodos asientos.  Tenemos que pagar un precio, y un precio alto. Se llama sacrificio, despojo, y rendición, pero ten ánimo:

“Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas a que no tienen ningunas…” Is. 40:36.

El Padre de las Misiones Modernas (Parte I)

Hoy Dra. Erika Ríos continúa nuestro recorrido por las biografías de algunos grandes líderes de la fe, esta vez resaltando al “Padre de las Misiones Modernas”.

“Emprende grandes cosas para Dios, y espera grandes cosas de Dios” – fue una de las frases más conocidas de Guillermo Carey.

Aparentemente nadie podía ser menos “elegible” para el mundo de las misiones que el joven Guillermo Carey. Aunque dotado de una mente brillante, una sed de conocimiento poco común para su edad y un espíritu aventurero, su débil salud ni su bolsillo le ayudaban mucho para ser candidato a misionero.

La familia Carey era muy pobre. Dios sin embargo, es experto en hacer todo con nada y le mostraría esto al mundo a través de la vida de Carey.

¡Lo que verdaderamente entorpece el plan de Dios es la pobreza de visión¡ y de esto último, el joven Carey no tenía nada. En el tiempo de Dios, éste llegó a ser ni más ni menos que el padre de las misiones modernas.

A sus 17 años, Carey se vio obligado a buscar un trabajo. El único puesto disponible entonces era aprender a remendar zapatos. Sin embargo, un año después, su vida daba un giro de 180 grados. Nuevas oportunidades estaban a la puerta. No solo aceptó al Señor, se comprometió en serio con él, e inició el estudio de las Escrituras como pocos jóvenes de su edad. Un tiempo después, contraería nupcias con Dorothy – quien resultaría ser no exactamente la compañera idónea, pero aún así, el amor y ternura de Carey nunca faltó hacia su esposa.

Dios empezó a abrir más y más puertas para este entusiasta joven. Aun así, tenía que aprender a vivir modestamente. Su economía era bastante precaria. ¡Ganaba un poco más de cincuenta dólares – al año!

En 1789 Carey fue llamado al pastorado. Inició a predicar, a enseñar y a ganar almas para Cristo. Este no dejó de lado sus estudios. Entre zapato y zapato, se esmeraba por aprender otras lenguas. El tenía que ser su propio maestro pues no disponía de tiempo ni de dinero.

Un día Carey escuchó hablar a un médico misionero. Había retornado recientemente de la India. Su corazón palpitó fuerte por ese vasto y desconocido país. 

Historia en breve, en poco tiempo estaba en la ciudad de Calcuta con su esposa, y 3 niños iniciando a reconocer el área.

Su carencia económica se acentuaba más y más. Sin el soporte que otros misioneros tenían, inadecuada comunicación con sus iglesias en casa,  hicieron para los Carey un tiempo difícil. ¡La Sra. Carey nunca estaba contenta!  Aun mas, otro bebe en camino no vino necesariamente a aliviar la situación. Ahora eran seis bocas que alimentar – por fe.

El respiro vino cuando Carey fue el encargado de una fábrica textil. Sus habilidades administrativas y su sabiduría se hicieron notar enseguida. Todo empezó a mejorar para Guillermo y su familia. Intensificó su estudio del idioma hasta llegar a predicar fluidamente en Bengalí y a la traducción, al que se dedicó esmeradamente. Sin embargo, las pruebas nunca faltan. Este vio morir a su hijo Pedro, el más pequeño. Las condiciones sanitarias y de salud en ese tiempo (y aun ahora), ¡dejaban mucho que decir!

*Esta entrada será continuada el viernes…

Juan Wesley: Apasionado por Dios

John Wesley (1703-1791), founder of Methodism

John Wesley (1703-1791), fundador de Metodismo (Photo credit: Wikipedia)

Hoy Dra. Erika Ríos continúa nuestro recorrido por las biografías de algunos grandes líderes de la fe, esta vez resaltando a uno de los más importantes.

¡Se dice que Juan Wesley era el hombre más ocupado de toda Inglaterra! – Predicaba dos o tres veces al día, formó sociedades, plantó iglesias, fundó escuelas, hizo obras de compasión como orfanatorios, y escribió y tradujo tratados teológicos de los cuales la Iglesia del Nazareno fundó su doctrina.  Viajó incansablemente (más de 400,000 Km) para tocar a otros con el evangelio, y predicó más de 40,000 veces en su vida.

Pocos hombres han sido más revolucionarios que Juan Wesley, el fundador del metodismo y de donde vienen nuestras raíces nazarenas.

De muchas facetas de Wesley, la que deseo destacar aquí es su faceta misionera. 

Nacido en Epword, Inglaterra, Wesley fue el hijo número 15 de una familia numerosa de 19. Su padre fue un ministro evangélico y su madre Susana, ¡una extraordinaria mujer de Dios y madre, quien supo enseñarle a sus hijos a amar a Dios y estudiar Su palabra desde que tenían cinco años! Juan ocupaba un lugar especial en el corazón de Susana. Dios lo había salvado milagrosamente de un incendio de pequeño, y ella guardó eso en su corazón como solo una madre puede hacer. Seguramente había un plan especial para él.

El joven Wesley se propuso vivir una vida recta e intachable. Se esforzó por ser un buen religioso. Un día, incluso, se embarcó para ir a evangelizar a América. Este sería su primer viaje misionero (fallido), ¡aun antes de ser cristiano! A su regreso, en el plan perfecto de Dios estaba que se encontrara con los moravos, medio que fue usado para traer Wesley a los pies de Cristo.  Ese sería el verdadero inicio de la jornada ministerial y misionera de Wesley.

Su primera oportunidad de predicar al aire libre llegó. Entre emocionado y nervioso, se preguntaba cómo irían las cosas. Sabía que su voz no era la de un predicador como Whitefield, pero con valentía asumió su llamado. Lo haría una y otra vez… hasta llegar a ser un maestro en la predicación al aire libre.

Dios le ungiría de tal forma que atraería multitudes que vendrían a escuchar de Jesús y convertirse a través de él. Wesley era sin embargo una polémica figura en esos tiempos. 

Múltiples viajes dentro y fuera del país saturaron la agenda del joven Wesley. Por cierto, no tenía una asistente personal, una cuenta bancaria impresionante o buenos patrocinadores de su ministerio.  No había hecho gira misionera (aunque siempre estaba compartiendo su visión).  No perteneció al programa de viajero frecuente con aerolíneas británicas aunque calificaría más que cualquier ejecutivo.  No tenía siquiera un coche para su travesía.

Con lo único que contaba Wesley además de su fe, era:

  • Su Biblia
  • Su caballo

Con todo esto, Wesley nunca paró.  Sabía que servía al Dios de los imposibles.

Por sobre todo, Wesley cuidó de su intimidad con Su Padre. Era un apasionado por Dios. ¡Eso, es lo más digno de imitar!

Si Dios y traer gente a sus pies no es nuestra pasión, ¿cuál es? ¿Qué o quién ocupa su lugar en nuestro corazón y ministerio?

Hudson Taylor: Intercesor por China (Parte II)

Esta entrada es continuación de la biografía escrita por Dra. Erika Ríos Hasenauer comenzada hace dos días.

La primera oración de Hudson Taylor como movilizador fue por 10 obreros por la mies – sin paga ni derechos de ningún tipo. Dios se lo concedió. Un tiempo más adelante, necesitaba más obreros, la obra ameritaba más y más voluntarios y ¡oró por 100¡  Era algo loco. Nadie en su propio juicio pediría eso, pero Hudson sabía que si oraba de acuerdo a la voluntad de Dios, cualquier cosa seria otorgada, cualquier puerta abierta, cualquier oración respondida, cualquier necesidad satisfecha. Sabía que Su Padre era un Dios misionero, y que era el tiempo de Dios para la China.

Los cien misioneros y después otros cientos vinieron a la China.

Hudson Taylor circa 1865

Hudson Taylor circa 1865 (Photo credit: Wikipedia)

Pero confrontaba pruebas. Nadie está exento de ellas. Una de las más conmovedoras en esta historia fueron las palabras de Taylor al lado de la tumba de su pequeña bebita de solo una semana de vida. Su esposa, la, Sra. Taylor había contraído cólera y ahora daba luz a su sexto bebé en esas condiciones. Con un poco más de 30 años, y doce largos años de apoyar a su esposo en esa incansable y difícil labor pionera, de hacer una labor de amor por la China y por su esposo, ahora estaba cansada y no podía siquiera alimentar a su frágil bebé, quien fallecería en breve.

El dolor agónico de corazón no se hizo esperar. Aquél invencible hombre de voluntad de oro, e inigualable fe, ahora se tambaleaba, pero eso no le hizo dejar de orar a Su Padre. No en reclamo, sino en desesperación.

- “¿Solo? En la hora de máximo dolor, estaba Él solo? Yo estoy aparentemente solo… en el sufrimiento y dificultades, pero no solo, pues Dios está aquí conmigo más cerca que nunca. Estoy decaído pero no olvidado, Jesús es mi vida, mi fuerza, y su resplandor.  ¡Es mi oasis ahora y siempre!”  Esas fueron las palabras que le sostuvieron hasta el final.

¿Qué o quién te sostiene a ti cuando te encuentras en necesidad?

¿De qué dependes para tener éxito en tu vida, tu carrera, tu ministerio? Si tú y yo confiamos más en los métodos, estrategias, recursos, o cualquier otra cosa, el Señor Taylor nos recuerda hoy, que todo lo que no esté centrado en Dios no será edificado.

Cuando Taylor murió había 125,000 cristianos en China, aun pese a situaciones de persecución.

Taylor llegó a cambiar el rumbo de la historia de ese país, y de la historia de la iglesia.  Especialmente vino a enseñarle cómo orar.

Es tiempo de estar más de rodillas que de pie; tiempo de guardar silencio y de hablar menos; ¡tiempo de creerle más a Él que a nosotros mismos!

Hudson Taylor: Intercesor por China (Parte I)

English: From Hudson Taylor In Early Years: Th...

English: From Hudson Taylor In Early Years: The Growth of A Soul by Dr. and Mrs. Howard Taylor; Morgan & Scott; 1911 (Photo credit: Wikipedia)

En estas semanas, después del Día de Pentecostés, Dra. Erika Ríos ha estado compartiendo sobre algunos grandes misioneros de la historia quienes se han caracterizado por la unción del Espíritu Santo.  En las entradas de hoy y este miércoles, tenemos el privilegio de mirar la vida de Hudson Taylor.

Hubo pocos movilizadores de hombres y mujeres tan efectivos en la historia de las misiones y de la iglesia como lo fue Hudson Taylor – el gran misionero de la China.

Lo más remarcable de su historia fue su principal “arma” (y la única) del éxito – la oración. Así, llegó a ser el Director de las Misiones al Interior de ese vasto país que llegó a adoptar como suyo, China, y fundar 205 bases misioneras, viendo 849 misioneros cuando murió.

De todos los dones o cualidades que podríamos aprender de este hombre e imitar, sin duda la más importante fue su dependencia absoluta de Su Padre y su estilo de vida de oración.

Taylor decidió desde joven probarse a sí mismo, si en verdad su fe era fuerte y estaba listo para irse al campo misionero. Creía que debía enfrentar muchas pruebas aún, y si no tenía una fe fuerte no estaba listo para irse a ningún lado. Así, se obligó a vivir de la forma más modesta posible y a depender de Dios absolutamente para todo.

Un día Taylor se encontró en extremo hambriento y sin dinero. Aun así, no quería preguntarle al doctor para quien trabajaba sobre su paga. Hacía 3 semanas que estaba atrasada. Esa noche, oró intensamente a Dios, que satisficiera su necesidad. En ese momento, el doctor tocaba a la puerta.

- Vine a darle su dinero debido y aun una semana adelantada, dijo un tanto molesto porque Taylor no le había recordado antes.

Esa noche, Taylor cayó de rodillas ante su Padre. Tan solo tenía 19 años. Una y otra vez en el futuro, haría exactamente lo mismo ante los milagros y respuestas increíbles de Dios a sus peticiones. Él nunca oró por sí mismo, por bienes, o renombre, ni siquiera salud. Oraba que el sueño de Dios fuera hecho en ese lugar y que él fuera parte de él.

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