“Yo tenía el sentimiento físico de que oraban por mí. Aún cuando no tenía noticias o no recibía correspondencia, yo sentí el calor como si estuviera sentado junto al fuego. Algunas veces esto pasaba en las celdas de castigo, las cuales eran muy fría. Era como si pudiera escuchar que alguien oraba y pensaba en mí. Esto me sirvió de mucho apoyo. Es muy difícil de explicar… yo sentía y sabía que no me habían olvidado. Esto fue suficiente para ayudarme a resistir los momentos más difíciles.”
–Irina Ratushinskaia, una poeta cristiana encarcelada en la antigua Unión Soviética hasta 1987.
Deja un comentario