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10 Formas Para Ayudarte a Vivir Una Vida Normal Cuando La Vida No Es Normal

Por: Dan Reiland

He estado reflexionando sobre el estrés y las presiones que todos estamos pasando en estos días y he tratado de enfocarme en las cosas prácticas que ayudan a promover la salud espiritual y mental.

Ya sea usted un líder de la Iglesia, un padre liderando su familia o esté dirigiendo en el campo de los negocios, todos necesitamos apoyarnos en aquello que nos ayuda a pensar y vivir saludablemente de manera que podamos cuidar mejor y liderar a otros.

Esto no se descarta:

  • La realidad de la situación.

No hay duda de que están sucediendo cosas devastadoras en el mundo, y el COVID-19 encabeza la lista en este momento. Mi sugerencia no pretende hacer que los grandes problemas desaparezcan mágicamente, pero si nos ayudan a seguir liderando con un espíritu positivo.

  • La necesidad de estar alertas.

Se necesita la vasta mayoría de nuestro tiempo para manejar lo que no es normal en nuestro entorno. Sin embargo, tenemos que permanecer fuertes, humanos, conectados, y recordar las pequeñas cosas, las cosas importantes que resuelven los grandes problemas en todo el mundo.

  • La necesidad de enfocarnos en la esperanza que proviene de Cristo.

Jesús es y ha sido siempre quien ha prometido ayudarnos en aquello que no podemos resolver. Él es quién da sabiduría para resolver los problemas, fortaleza para soportar los retos y es la esperanza para nuestro destino final. Estoy ofreciendo algunos elementos del día a día que realmente ayudan. Mientras más tranquilo, preparado y en paz estés personalmente, mejor podrás guiar a las personas por las que Dios te hizo responsable.

10 Formas Para Ayudarte a Vivir Más “Normal”

(¿Qué es normal? Ya sé…pero cada uno de nosotros tiene un normal, nuestro normal, y cuando esto se perturba, lo reconocemos.)

La meta para ti no es que hagas las 10.

Selecciona las que más te ayudan.

No permitas que esto se convierta en una tarea; deja que sea un estilo de vida.

  • Establece una nueva rutina.

Somos criaturas de hábitos, nuestra rutina es esencial, pero una rutina es distinta a la monotonía. Una rutina ofrece estabilidad de manera que permanecemos saludables y más productivos. La monotonía es cuando estás estancado, sin crecer y no experimentas salud espiritual. Muchos de nosotros hemos interrumpido nuestras rutinas recientemente. Algunos de ustedes tienen niños en casa que van a hacerlo también. Amas a tus hijos, pero tenerlos en casa cambia tu rutina en gran manera.

Además, añádele el hecho de que quizás todos ustedes están en casa todo el tiempo. No es necesario decir más.

Modifica los sistemas de tu familia.

Haz nuevos planes.

Establece nuevas rutinas.

Te animo enfáticamente a organizar y simplificar. Eso no resolverá todos tus problemas, pero ayuda a levantar tu espíritu. Mejor aún, te dará algo en lo que puedes ver resultados inmediatos y tangibles. En un tiempo donde sientes que nada está bajo control, esto ayudará a tu salud mental y disposición.

  • Contacta a tus amigos.                                                                                                                                                                                                              ainur-iman-IrjcB5DbM18-unsplashProbablemente estás en contacto con tus amigos y colegas con los cuales te conectas con regularidad.  Te sugiero que consideres conectarte con amigos y colegas con los cuales no has hablado, a los cuales no les has escrito un mensaje de texto o un mensaje por las redes sociales por un largo tiempo. Contáctalos y dales seguimiento. Déjales saber que piensas en ellos, un mensaje de texto o cualquier otro método es fenomenal. Toma un momento para orar por ellos y hazles saber que lo hiciste.

No hagas de esto un proyecto, o un pendiente en tu lista de cosas por hacer, considéralo un privilegio para animar a alguien hoy. Esto le dará calor a tu corazón y elevará tu pensamiento.

  • Toma tiempo para estar tranquilo.

Tiempo para estar tranquilos es algo que todos necesitamos desesperadamente, en especial durante tiempos de miedo e inseguridad. Mi mundo es ruidoso, la quietud no tiene precio para mí. Voy a admitir que, si estoy mucho tiempo solo o tranquilo, comenzaré literalmente a buscar alguien con quien hablar, pero una reflexión sosegada es esencial para el bienestar de tu alma.

No me refiero solo o específicamente a tu tiempo de quietud o a tu devocional diario, aunque pueda que prefieras combinarlos, sino a un tiempo de quietud real, solo para permanecer tranquilo para pensar y reflexionar. Yo me tomo una o dos tazas de té al día, y eso es muy centrado y una buena pausa para la reflexión. No descartes el impacto de las cosas pequeñas, las cosas simples de tu vida. ¿Cuáles son esas cosas o simples placeres que te ayudan a mantenerte firme?

  • Mantén tu cuerpo en movimiento.

No estoy promoviendo una rutina de ejercicios o una disciplina específica, aunque esa siempre es una buena idea. Eso depende de ti. Me refiero literalmente a mantener tu cuerpo en movimiento. Es muy fácil permanecer inmóvil y convertirse en un sedentario en la mayor parte de los roles del liderazgo. Permítete moverte varias veces al día. Si estás en un estudio profundo o al teléfono o escribiendo correos, levántate y estírate, da varias vueltas o vuélvete loco y haz algunas flexiones. Camina un poco. Lo que sea.  Mantente en movimiento; tu cuerpo fue diseñado para eso y eso lo ayuda a sentirse mejor y liderar mejor.

  • Haz algo sencillo por alguien más.

Hacer cosas prácticas y físicas por otras personas se está volviendo cada vez más complicado debido a que sabiamente todos permanecemos socialmente distantes. Sin embargo, podemos encontrar maneras de amar y cuidar a las personas. Recientemente escuché sobre alguien que repartía comida a una pareja de ancianos que tenían miedo de ir al supermercado. Fue por medio de una llamada telefónica y un poquito de dinero. Otra persona recogió un medicamento para un amigo. La clave es que esto debe ser un gozo para usted, no una tarea. Sin culpa, es un “voy a hacerlo” y no un “tengo que hacerlo”.

  • Toma un descanso de las redes sociales.

Usándolas sabiamente, las redes sociales son una herramienta útil que mejora nuestro ministerio de manera significativa. Sin embargo, podemos tomar un descanso de estas, incluso es saludable aún por unas horas. Usa ese tiempo para leer un buen libro, uno que no esté relacionado con tu trabajo.

La duración de tu descanso depende obviamente de ti. Algunos ayunan de las redes sociales por semanas; otros solo las cierran por medio día, de vez en cuando. Lo importante es que puedas hacerlo, y lo hagas. Toma pequeños descansos sin importar la duración. Si no puedes dejar el teléfono por unas pocas horas, quizás sea difícil encontrar y experimentar “lo normal”.

7)  ¡Ríe!

ben-white-4K2lIP0zc_k-unsplashEste es un tiempo muy serio en nuestro planeta, pero necesitamos respirar y sentirnos normales por un rato. La risa es maravillosa para tu alma. Es una medicina natural que te ayuda a permanecer fresco y restaura tu energía física y emocional de manera que puedes invertir en ello y guiar a otros a hacer lo mismo. Para mí, puede ser un episodio de un programa de televisión, o simplemente compartir una historia cómica con un amigo por teléfono o ¡un juego de mesa con la familia!

¿Y para ti?

No permitamos que el enemigo tome ventaja de lo que está pasando alrededor nuestro, robándonos todo el gozo de nuestras almas. Encuentra el humor de cada día en tu vida.

8)  Exprese agradecimiento

Pocas cosas restauran y fortalecen más tu alma que un corazón agradecido. En estos días sería muy fácil quedar atrapado pensando en lo que no tienes, esa es una respuesta natural a la pérdida y todos la experimentamos en un nivel u otro. La emoción que acompaña esa experiencia puede ser desde decepcionante hasta aplastante. Pero quedarse varado allí pensando en esto no te ayuda. Trata lo más que puedas de concentrarte en lo que sí tienes y en la esperanza de un futuro mejor. Aquellos a los que diriges no esperan que seas un super humano, pero sí cuentan contigo para tener esperanza.

9)  Escuche música.

Soy un fan de los Beatles y estoy orgulloso de ello. A mi nueva nieta ya le encantan los Beatles a sus seis semanas de edad. (Instruye al niño…)

¿Qué tipo de música te gusta?

La música hace maravillas para el alma. Escucha a alguna de tus melodías favoritas tanto como puedas, y por supuesto, ¡tu música de adoración favorita es una gran elección también! Solo no te sientas culpable…si te gusta la música country, pop, clásica, cualquiera, está bien, ¡súbele al volumen!

10)  Ora por las promesas de Dios de amor y esperanza.

He dejado lo mejor para el final. Acércate a Dios, y Él se acercará a ti. “Mientras más tiempo llevo de cristiano más perplejo y desorientado” me siento cuando no estoy íntima y, diariamente cercano en mi relación con Jesús. Me encanta pasar tiempo con Dios. Sus promesas me mantienen avanzando en los días duros.

Uno de mis pasajes favoritos se encuentra en el Salmo 34:4-9:

Busqué a Jehová, y él me oyó,

Y me libró de todos mis temores.

Los que miraron a él fueron alumbrados,

Y sus rostros no fueron avergonzados.

Este pobre clamó, y le oyó Jehová,

Y lo libró de todas sus angustias.

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen,

Y los defiende.

Gustad, y ved que es bueno Jehová;

Dichoso el hombre que confía en él.

Temed a Jehová, vosotros sus santos,

Pues nada falta a los que le temen.

© 2020 Dan Reiland | El Entrenador del Pastor – Desarrollando los líderes de la Iglesia.

Jeremías 29:11 – Un Poema de Ana Brunk

Algunas de las mejores personas del planeta son Hijos de Misioneros (HMs).  Emily y yo hemos podido invertir en diferentes grupos de HMs a través de los años, y también tenemos, por supuesto, dos Hijos de Misioneros en casa a los cuales consideramos increíbles.

Los Hijos de Misioneros poseen un montón de inteligencia cultural y parecen ser capaces de adaptarse a una multitud de situaciones desafiantes.  Pero eso no hace que sean impermeables al dolor o las pérdidas.  Recientemente leí de nuevo un poema escrito en 2011 por una HM maravillosa, cuando tenía 14 años de edad.  Espero que te ofrezca una ventana para que veas un poco de lo que una adolescente Hija de Misioneros experimenta y la esperanza que se puede encontrar en Dios aun cuando las cargas parecen inaguantables.

Jeremías 29:11

Ana Brunk, Hija de Misioneros nazarenos en Singapur, 14 años de edad

(Escrito Julio 2011)

Trad. Scott Armstrong y Liliana Reza

Imagínate en el cielo,

Donde la hermosura de la creación de Dios florece

Donde la luz y el amor de tu Padre te rodean

Imagínate sentada en un campo inmenso lleno de color y belleza

Tu Padre está allí contigo

Te subes a su regazo y le tomas de la mano

Y mientras, él levanta tu dedo pulgar y lo acerca para contemplarlo

¿Ves todas estas líneas cubriendo tu dedo?

Tu huella es muy especial y única, tal como tú, dice con un guiño

Miras a tu Papá y sonríes

Tengo un propósito para todo lo que hago

Aun el patrón de huella en tu dedo pulgar fue hecho así a propósito

Antes de volver a tu hogar aquí en el cielo sufriste muchas cosas

Amigos queridos tuvieron que irse

Tu mejor amiga se mudó muy lejos de ti también

Te sentiste sola, como si fueras a la única que verdaderamente le importara su relación conmigo

Sentí tu dolor en todas esas situaciones

Lloré contigo en los tiempos malos y celebré en los buenos

Pero yo sabía los pensamientos que tenía acerca de ti; pensamientos de paz, y no de mal

Para darte esperanza y un futuro.

Miras a tu Padre con lágrimas de gozo en los ojos

Y todo salió perfecto, gracias Papi.

 

Cómo Supe que Dios Estaba Conmigo en el Divorcio de mis Padres

Por Scott Armstrong

Septiembre de 1993. Tenía 15 años. Mi papá y mamá llamaron a una reunión familiar después de la cena. Mi hermano y yo bajamos de nuestras habitaciones, preguntándonos lo que estaba pasando. Normalmente teníamos las famosas “reuniones familiares” una vez al año cuando alguna regla nueva iba a ser implementada o cuando las vacaciones necesitaban planearse o discutirse.

Esta vez era diferente. Había un ambiente estremecedor en la sala. Mi papá exhaló fuertemente mientras mi mamá movía sus manos con nervios e inquietud. Entonces—¡boom!—mi mundo cambió para siempre. Se iban a divorciar. No pudieron resolver sus asuntos. Habían tenido muchas diferencias. Bla, bla, bla.  Aunque no tiene sentido, una parte de mí estaba escuchando todo perfectamente, mientras que otra parte instantáneamente apagó el sonido de sus voces.

Después llegó mi turno. “¿Qué quieren decir, no pudieron resolver sus diferencias? ¿Acaso son una pareja de adolescentes que hoy están juntos y mañana no? ¿Los votos que hicieron hace años significan nada?” Estaba furioso. Estaba triste. Estaba paralizado.

Esa es la realidad #1. Eso de verdad ocurrió. Y, por eso, nunca volveré a ser el mismo.

Aquí está la realidad #2. Dios con nosotros. “…también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré…El Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:5,9 NVI). “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Escuchamos mucho de esta segunda realidad alrededor del tiempo de Navidad, ¿no? La “Encarnación.” Dios con nosotros. Nos hace sentir bien dentro de nosotros mismos, especial y particularmente cuando las cosas van bien en la vida.

Pero ¿qué sucede cuando la Realidad #1 y la #2 chocan? Como adolescente, sabía que la Realidad #2 era verdad—había escuchado sobre eso cada Navidad desde que nací. Y ciertamente sabía que la Realidad #1 era verdad—la estaba experimentando tal y como una planta rodadora experimenta un tornado. Y déjame ser honesto: fue muy difícil ver cómo la realidad de “Dios con nosotros” podía ser cierta aun cuando la realidad del divorcio estaba frente a mí cada día. Los gritos. Mi mamá mudándose. La primera vez que tuve dos cenas de Acción de Gracias, dos árboles de Navidad, dos casas y ninguna se sentía como un hogar. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?

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No tengo una respuesta sencilla. En mi cabeza sabía que Dios estaba conmigo, pero mi corazón y mi vida me decían algo distinto. Las personas de la iglesia, con buenas intenciones, pero con poco tacto, se acercaban a mí y me aseguraban, “Tú sabes, Dios siempre está con nosotros, sin importar lo que pase. Vas a superar esto.” Eso es lo que realmente necesitaba–¡un mini-sermón para sentirme mejor! Ya sabía lo que decían las Escrituras, que Dios estaba en algún lugar en todo este desorden de soledad y enojo, pero ¿dónde?

Puedo mirar hacia atrás y ver algunos indicadores de la presencia de Dios en todo ese lío. Primero, aprendí que Dios mismo “se encarna” en y a través de otras personas. Él está con nosotros porque otros cristianos dan de su tiempo y lágrimas para estar con nosotros también. Siempre decimos que somos “el cuerpo de Cristo” y que tenemos que ser “las manos y los pies” de Cristo en el mundo, ¿entonces por qué nos sorprendemos cuando en realidad sucede? Por medio del amor y la compasión de mi pastor de jóvenes y de otros adolescentes y adultos, sentí la presencia de Dios.

Eso no significa que las personas sabían qué decir; muchas veces ellos dijeron cosas demasiado tontas. Tampoco significa que no estaba molesto, frustrado, o incluso deprimido en varios momentos. Todavía, mientras algunos en mi situación deciden hibernar y nunca volver a hablar con las personas de la iglesia, yo tenía que llegar a los servicios de la iglesia cada semana. Ahí fue donde sentí la presencia de Dios—a través de la música y la predicación por supuesto, pero también mediante el pueblo de Dios que me rodeó con amor los domingos y durante la semana.

En segundo lugar, sabía que Dios estaba conmigo por medio de mis tiempos personales con Él. Antes del divorcio de mis padres, tengo que ser honesto: fui un buen chico cristiano que hacía todas las cosas correctas. Aún así, no tenía una relación profunda con Cristo. Bueno, todo esto cambió cuando me encontré sin esperanza y sin alguien con quien hablar. Normalmente en circunstancias difíciles confiaría en mis padres. Eso no iba a suceder ahora; ¡ellos no poseían precisamente una perspectiva objetiva de su divorcio! Pude hablar con mi pastor de jóvenes, pero él realmente no entendía lo que yo estaba pasando porque sus padres aún seguían felizmente casados. Entonces, ¿a quién podía acudir?

Mi única respuesta era Dios. Yo comencé a ver mis tiempos devocionales no como un quehacer de mi lista, sino como el único tiempo en el que podía ser yo mismo. Yo lloraba delante de Dios. Le gritaba. Comencé a luchar con las palabras que estaba leyendo en las Escrituras. Algunas veces lo que leía me hacía enojar; otras veces me confortaba. No siempre escuchaba una respuesta. Nunca escuché voces del cielo ni recibí otras pruebas tangibles de su existencia. Pero en mis tiempos devocionales, empecé a confiar más en Él. En los momentos más difíciles de mi vida, Él se volvió mi amigo más cercano, y continúa siéndolo hasta este día.

Dios con nosotros. Parece absurdo, ¿no? Especialmente cuando tú estás experimentando la realidad de una vida llena de quebrantamiento y vacío. Pero eso es lo que hace la segunda realidad más fuerte—Dios se especializa en estar con nosotros, no solo en los buenos tiempos cuando lo “sentimos,” pero en los tiempos oscuros llenos de miedo y soledad. Deja que hoy Dios hable su realidad en tu realidad. Dios. Con. Nosotros.

Harmon Schmelzenbach III: Un Legado Misionero

Hace algunos días la Iglesia del Nazareno alrededor del mundo fue informada del fallecimiento de Harmon Schmelzenbach III, el 2 de enero de 2019. NCN News publicó un obituario digno de Harmon, el cual ciertamente debe ser leído por cualquier nazareno que quiere familiarizarse con misiones en nuestra denominación.

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Nunca conocí formalmente a Harmon III, aunque he ministrado junto a su hijo, Harmon IV, y su nieto, Quinton, en diferentes contextos en los últimos años.  Sin embargo, sin conocerme, Harmon III hizo un impacto en mi vida.

Crecí siendo parte de la Iglesia del Nazareno Central en Lenexa, Kansas, EEUU. Frecuentemente teníamos de 8 a 10 misioneros por año predicando en nuestros servicios (nota al margen: no puedo entender cuando las iglesias que reciben uno o dos misioneros por año se quejan de “tener muchos misioneros”). Todos fueron importantes en la construcción del fundamento de lo que después reconocería como el llamado misionero de Dios sobre mi vida, aunque no puedo decir que muchos fueron memorables per se. 

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Quinton y Harmon Schmelzenbach IV han continuado el legado de misiones de su familia.

¡Harmon Schmelzenbach III fue la excepción! Como adolescente, recuerdo sus historias atravesando el paisaje africano para predicar el evangelio a nuevas aldeas y grupos de personas. Recuerdo algunos de los peligros de la vida silvestre que él encontró en esos viajes. Para el momento en que él nos dijo tuvo que cruzar el cuarto río, miré mi reloj y me di cuenta que literalmente había predicado por ¡una hora y 45 minutos! Eso podría parecer impactante, pero lo que me asombra más es que a esa edad ¡ni siquiera me había dado cuenta del tiempo transcurrido! Él tenía a todo nuestro grupo de jóvenes (y el resto de la congregación) capturados por su pasión evangelística y habilidad para contar la historia de misiones y de Dios mismo.

Evidentemente, cuando Dios me llamó cinco o seis años después para ser misionero, estaba listo. No fue algo inesperado. Si Dios me estaba llamando para ser como Harmon, mi respuesta sería un “sí” inmediato. Y ahora, he ministrado transculturalmente por 16 años, veo cómo he sido influenciado por este “gigante de la fe” tanto en el campo y mientras comparto con iglesias durante la gira misionera.

Las misiones han cambiado en las últimas tres décadas, desde entonces, y ahora, más de nosotros vivimos como misioneros en centros urbanos grandes y estratégicos. Muchos de nosotros no tendremos que cruzar muchos ríos ni ahuyentar serpientes venenosas a cada paso. Pero la pasión por compartir las buenas noticias de Jesucristo nunca debe menguar. Harmon III aprendió de sus padres y abuelos, y lo transmitió a las futuras generaciones de Schmelzenbachs. Y también me lo transmitió a mí.

 

Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo anterior.

La mayoría de las iglesias de las que he sido parte están diseñadas para alguien como yo.

Así como disfruto el sabor caribeño de nuestra adoración, es un recordatorio constante de que nuestro servicio y programas no están diseñados para alcanzarme–están diseñados para hablar el lenguaje del corazón y satisfacer las necesidades de otras personas en nuestra comunidad.

Por supuesto, así es como debe ser. Pero me golpea que durante toda mi vida he sido parte de iglesias que activamente estaban complaciendo a personas como yo–personas de mi edad, mi raza y mi estatus socioeconómico. Y nunca pensé en nuestra adoración y programas como algo que definiera la manera en “cómo hacemos iglesia.” Pensaba que esas cosas eran la manera en “cómo las personas deberían hacer iglesia.”

Las implicaciones de esta lección no se detienen con mi experiencia del pasado con la iglesia. Se ha vuelto más claro para mí en los últimos meses que la gran mayoría de los recursos del ministerio, incluso más ampliamente los recursos cristianos, son producidos teniendo en mente a personas como yo. He disfrutado de un estatus privilegiado por largo tiempo y nunca me había dado cuenta. Lo percibo tan pronto me encuentro con algo que no está hecho a la medida de mis gustos.

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El regalo que viene de adorar en un servicio que no está diseñado para mí es que revela la profundidad de mi relación consumista con la iglesia. No es una lección divertida, pero es una muy importante.

La diversidad no solo “ocurre.”

Pensamos que mudarnos a una de las ciudades más diversas en Estados Unidos significaría que encontraríamos diversidad confortable en todos lados. Estábamos equivocados. Mientras más vivo en la ciudad de Nueva York más me sorprende lo segregado de la ciudad. Los barrios e incluso cuadras dividen denominaciones étnicas. Las escuelas pueden ser monoculturales incluso en un barrio con diversidad cultural. Es más difícil de lo que pensé encontrar iglesias en la ciudad que están comprometidas con la diversidad radical.

Todos nuestros sistemas sociales y cívicos trabajan contra la integración étnica y socioeconómica. Es posible que yo supiera esto intelectualmente esto antes. Pero vivir donde vivimos y adorar donde adoramos ha enfatizado el mensaje: la diversidad no solo “ocurre.” Se necesita una intencionalidad deliberada e incómoda. Se necesita un grupo de personas que están felices de escuchar dos veces los anuncios de la iglesia–una vez en inglés y después otra vez en español–felices de cantar las canciones en dos idiomas. Se necesita un grupo de personas dispuestas a sacrificar sus preferencias para que alguien que se siente cerca de ellos pueda escuchar a Dios hablándole de la forma en que ellos necesitan escucharlo.

Supongo que el verdadero regalo de adorar con una iglesia multiétnica y urbana ha sido la hospitalidad tangible. Mientras nuestro servicio no está diseñado para atraer mis gustos, constantemente soy conmovido por cómo personas serviciales se aseguran de que mi familia se sienta bienvenida. Hemos sido los recipientes de una enorme gracia y bondad. Esa gracia y bondad ha hecho que esta nueva y gran ciudad se sienta pequeña y familiar.

Este artículo fue publicado originalmente en: City to City

Regalos al Adorar con una Iglesia Multiétnica y Urbana – Parte 1 de 2

By Brandon O’Brien

Cuando nos mudamos de Arkansas a la ciudad de Nueva York, nos instalamos en Washington Heights en la parte alta de Manhattan. Nuestra decisión de vivir en Washington Heights estuvo principalmente determinada por la economía. No podía imaginar pagar mucho dinero por un espacio tan pequeño en algún lugar de la zona Oeste del Alto Manhattan.

Así, de manera totalmente ingenua, nos mudamos a Heights e inmediatamente nos convertimos en una minoría étnica.

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Además de ser blancos en un vecindario predominantemente dominicano, mi esposa y yo también tenemos dos hijos adoptivos. Ambos son étnicamente diferentes a nosotros y entre ellos. Somos todo un espectáculo. Y hemos recibido una buena cantidad de miradas en los últimos meses–no solo en Heights. Pero un lugar en el que nos sentimos totalmente normales es con la iglesia.

Adoramos con una nueva iglesia llamada Iglesia de Heights Comunidad Cristiana. Nuestro servicio es bilingüe con música y anuncios en español e inglés, y un sermón en Inglés, traducido en vivo por hablantes hispanos. En su mayoría la congregación es latina, pero muy diversa. De hecho, la congregación refleja la diversidad étnica del vecindario (apróximadamente 60% son latinos y 40% son “otros”). El número de parejas trans-raciales es igual al número de parejas de la misma raza.

Para una familia como nosotros, estar rodeado por familias diversas es un regalo en sí mismo. Hemos recibido otros regalos al adorar en una iglesia multiétnica y urbana. A continuación algunos, expresados como lecciones aprendidas. Por ejemplo, he aprendido:

Puedes usar tus caderas para adorar.

He levantado mis manos en adoración. He doblado mis rodillas en adoración. Me encanta, hasta he aplaudido y me he movido un poco. Pero nunca antes mis caderas habían sido tentadas a involucrarse en la adoración. Y la verdad es que: son muy malas para eso.

En algún lugar aquí hay un punto muy serio. El estilo de adoración es más que cuestión de gustos. Formas diferentes de música abren diferentes posibilidades, incluso posibilidades teológicas. Por ejemplo, he cantado la canción “Bendito sea Dios” en muchas iglesias en los últimos quince años. En todas ellas, el tono de la canción ha variado de reflexiva, a ser de arrepentimiento, y a triunfante. Pero cuando la canto sobre una línea de bajo y una sección de ritmo caribeño, se abre una nueva posibilidad. La canción se convierte positivamente en celebración.

En este caso, el estilo musical es el reflejo de valores profundos y personalidad cultural. Nuestros hermanos y hermanas dominicanas saben cómo hacer una fiesta y saben cómo traer esa fiesta a la iglesia. Nunca pensé que podía cantar “Tú quitas y Tú das” con una sonrisa en mi rostro. El hecho de que lo puedo hacer ahora es un regalo de parte de mi congregación tan diversa.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

8 Formas de Destruir un Matrimonio

El día de ayer mi esposa y yo celebramos nuestro 18º aniversario de bodas. Aparte de mi salvación y santificación, Emily probablemente ha sido el regalo más extravagante de Dios para mí a través de los años. Hemos compartido lágrimas y muchas risas. Y hoy nos amamos el uno a otro más que en el día de nuestra boda – de hecho, ¡muchísimo más!

Hace muchos años leí un artículo de Dave Willis sobre cómo destruir un matrimonio. No te sorprendas; el propósito de él para escribir sobre relaciones destruidas fue ayudar a sus lectores EVITEN tal devastación. En esa línea de pensamiento, mientras mi esposa y yo celebramos nuestro aniversario de bodas, con cierta ironía comparto las 8 Formas de Destruir un Matrimonio de Dave Willis.

A medida que he interactuado con parejas de todo el mundo, he descubierto que la mayoría de los problemas matrimoniales pueden reducirse a algunos errores mortales (pero también muy comunes). Aquí está una lista de los comportamientos más comunes que acaban con los matrimonios. Evítalos a toda costa y estarás tomando un gran paso hacia construir un matrimonio ¡a prueba de divorcio!

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  1. Dejar de comunicarte con tu cónyuge.

La comunicación le hace a un matrimonio lo que la respiración a los pulmones. La comunicación es el sustento de cualquier relación, así que si dejas de comunicarte con tu esposo(a), estás eligiendo que tu matrimonio padezca de una de sus necesidades más básicas.

  1. Confiar en un “amigo(a)” del sexo opuesto.

Uno de los patrones más comunes que he visto entre parejas divorciadas es aquel en el que los esposos desarrollan un vínculo con alguien del sexo opuesto, para apoyo emocional en lugar de buscar ese apoyo con su pareja. En el momento que permites que alguien más tome el lugar de tu esposo(a) en tu mente, tu corazón o tu cama, has elegido destruir tu matrimonio.

  1. Dejar de hacer el amor.

El sexo es un regalo dado por Dios para traer satisfacción, intimidad y unión mutua al esposo y la esposa. En el momento en que dejas de priorizar lo que sucede en la habitación, tu matrimonio podría estar dirigiéndose al juzgado.

  1. Menospreciar, regañar o insultar a tu cónyuge. 

Tú debes ser el motivador más grande de tu pareja, ¡no su crítico más grande! Si su comunicación ha tomado un tono negativo constantemente, también su matrimonio rápidamente tomará un tono negativo.

  1. Guardar secretos a tu cónyuge. 

Los secretos en el matrimonio son tan peligrosos como las mentiras. Si empiezas a esconder dinero, conversaciones, o cualquier otra cosa, de tu cónyuge, estás eligiendo sabotear tu relación. 

  1. Culpar a tu cónyuge de tus problemas.

Las parejas que lo logran son aquellas que trabajan juntas para encontrar soluciones. Las parejas que no lo logran son aquellas donde se culpan el uno al otro en lugar de apoyarse mutuamente.

  1. Rodearse de personas que no conocen o a quienes les desagrada tu cónyuge. 

Tener los amigos incorrectos puede destruir tu matrimonio. Si te rodeas de personas que apoyan tu matrimonio, probablemente tu matrimonio mejore. Si te rodeas de personas que no apoyan tu matrimonio, entonces necesitas nuevos amigos. 

    8. Rendirse.

Las parejas que lo logran no son aquellas que nunca tuvieron una razón para divorciarse, simplemente son quienes eligieron encontrar una manera de resolverlo. Ellos han descubierto que un “matrimonio perfecto” solo son dos personas imperfectas ¡quienes se rehúsan a rendirse como pareja!

Abatidos…y Gozosos

Por Scott Armstrong

En el mundo nazareno y más allá saben que hace una semana un avión Boeing 737 con más de 110 pasajeros, incluida la tripulación, se estrelló en las cercanías del aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, Cuba, poco después de haber despegado. El vuelo, Cubana 972, se dirigía a Holguín, Cuba cuando ocurrió el accidente cerca de las 12 p.m. hora local.

A bordo de la aeronave, 10 parejas del Distrito Este regresaban a casa en la Provincia de Holguín, después de haber sido parte de una Conferencia Nacional para Pastores de la Iglesia del Nazareno. En los días posteriores, se pudieron sentir las expresiones de luto y solidaridad por parte de los Superintendentes Generales, así como de hermanos y hermanas alrededor del mundo. El 21 de mayo, la Dra. Carla Sunberg dedicó su mensaje en el servicio de la capilla del Centro Global de Ministerios a las parejas que fallecieron, a los miembros de sus familias, y también a los líderes cubanos quienes se están recuperando después de esta tragedia.

En República Dominicana los misioneros y el liderazgo de la Oficina Nacional se reunieron como cada semana, para devocional y oración. Esta vez el ambiente fue lúgubre. Conocemos la teología correcta: Dios es soberano. Él tiene un plan. Él ofrece vida eterna a quienes mueren en Él. Sin embargo, las preguntas quedan: ¿por qué sucedió esto? ¿Por qué Dios no lo detuvo? ¿Qué pasará con los 10 hijos que han quedado en la orfandad y tristeza de no ver a sus padres de este lado del cielo?

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En medio de esta dificultad, la Coordinadora de Ministerio Nazarenos de Compasión en el Área Central (Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá y Puerto Rico), Paquita Bidó, comenzó a leer el Salmo 100:

“Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra;

adoren al Señor con regocijo.

Preséntense ante él

    con cánticos de júbilo.

Reconozcan que el Señor es Dios;

    él nos hizo, y somos suyos.

    Somos su pueblo, ovejas de su prado. 

Entren por sus puertas con acción de gracias;

    vengan a sus atrios con himnos de alabanza;

    denle gracias, alaben su nombre.

Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno;

    su fidelidad permanece para siempre.” 

¿Adorar con regocijo? ¿Cánticos de júbilo? ¿Acción de gracias y alabanza? ¡Claramente, este no es un salmo de lamento! 

Paquita reconoció que nos entristecemos junto con nuestra familia cubana, y reconocemos nuestro desconcierto. No debemos explicar esta pérdida devastadora con palabras trilladas de afirmación o máximas teológicas. Al mismo tiempo, ella explicó que leyó este Salmo a nosotros como una expresión de en medio del dolor. El Señor es Dios; nosotros no. Él es Creador, y somos su creación. Como ovejas, disfrutamos el cuidado del Pastor y obedecemos su voz. Qué privilegio servirle por el tiempo en que Él nos dé aliento. 

Paquita continuó. Si proclamamos que Dios es fiel solo en los momentos buenos, ¿qué de bueno tiene eso? Nuestra confianza estaría basada solo en circunstancias que se presentan en el camino, no en un Padre amoroso que permite el dolor en nuestras vidas porque sabe qué es lo mejor. Sin embargo, declaramos, de hecho, que Él es bueno, que su amor es para siempre, incluso cuando – o especialmente cuando – esta amarga realidad nos confronta. Y su fidelidad es una promesa no solo para nosotros, pero continúa a través de todas las generaciones.

A la luz de esta realidad, e incluso en medio de la tristeza ¡gritamos de gozo! Nuestras lágrimas se mezclan con acción de gracias y alabanza. Dios es bueno. Todavía.  Aun ahora.

Nuestra región entera está devastada. Nos hemos movilizado para dar y orar por Cuba. Y mientras lloramos, también nos regocijamos porque servimos a un Dios bueno y fiel.  Sí, su amor es para siempre.

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