Archivo del sitio

Muéstrame tus Manos

Por Leonard Sweet
(European Nazarene College, 18 de enero, 2011)

Le estaba leyendo Salmo 51:10 a mi madre cuando murió: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. 

La clave que lleva a la santidad es tener un corazón limpio.  Entonces dame una imagen de un corazón limpio. ¿Qué es lo que lo acompaña? La única persona santa que ha vivido es Jesús.  Santidad pura.

Lo que pasa aquí con Jesús es el Dios mismo que bajó a la tierra.  ¿Qué tanto bajó? ¿Qué tan abajo vino la Encarnación?  ¿En dónde nació Jesús? ¿En un palacio real? ¿En una cuna? ¿En dónde ocurrió el nacimiento? Ocurrió en un establo oloroso, donde lo primero que Jesús experimentó – ¿qué fue?  Piojos.  Esos pequeños animalitos que viven en la paja. Esos que muerden la carne.  Y el olor del estiércol y de los animales.

Pero Jesús en su Encarnación fue más allá, no solo llegó a lo más bajo de los humanos, sino que también hizo algo que ningún otro Rabino de la historia había hecho o permitido que sucediera.  De hecho, hizo algo que molestó a los mismos discípulos. ¿Qué tan abajo vino la Encarnación? Jesús fue el primer rabino de la historia en ¿qué? Lavarle los pies a sus discípulos.  Eso y más hizo Jesús.  ¡Continuó humillándose!

¡Y déjenme decirles hermanos y hermanas, que ninguno de ustedes puede lavar los pies de alguien sin ensuciarse y mojarse en el proceso!

Manos sucias.jpg

¡Esto es Santidad! ¿Quieres una imagen de lo que es la santidad? ¿Tienes un corazón limpio? Bien, esto es lo que acompaña a un corazón limpio – manos sucias.  ¿Tú me dices que tienes un corazón limpio? Yo te digo, muéstrame tus manos.

Leonard_Sweet.jpg

Leonard Sweet

¿Tienes tus manos limpias? “Oh, la verdad no quiero ensuciarme.”  “Nosotros vivimos en el mundo, pero no somos de él.”  ¿Qué? ¿Entonces tus manos están demasiado limpias como para que las ensucies? Oh, claro, necesitamos rituales de limpieza todo el tiempo para poder estar limpios.  Pero todo el propósito de limpiarnos es para que nos volvamos a ensuciar…

…Mateo 25 nos dice cual será la respuesta en el juicio final: “Por cuanto lo hiciste a uno de estos mis pequeños…” En otras palabras, esta es la pregunta en el Día del Juicio: Muéstrame tus manos.  ¿Están limpias?  Ve a otro lugar.  Porque un corazón limpio implica tener manos sucias.  Esa es la imagen de la santidad.

 

 

Cómo Supe que Dios Estaba Conmigo en el Divorcio de mis Padres

Por Scott Armstrong

Septiembre de 1993. Tenía 15 años. Mi papá y mamá llamaron a una reunión familiar después de la cena. Mi hermano y yo bajamos de nuestras habitaciones, preguntándonos lo que estaba pasando. Normalmente teníamos las famosas “reuniones familiares” una vez al año cuando alguna regla nueva iba a ser implementada o cuando las vacaciones necesitaban planearse o discutirse.

Esta vez era diferente. Había un ambiente estremecedor en la sala. Mi papá exhaló fuertemente mientras mi mamá movía sus manos con nervios e inquietud. Entonces—¡boom!—mi mundo cambió para siempre. Se iban a divorciar. No pudieron resolver sus asuntos. Habían tenido muchas diferencias. Bla, bla, bla.  Aunque no tiene sentido, una parte de mí estaba escuchando todo perfectamente, mientras que otra parte instantáneamente apagó el sonido de sus voces.

Después llegó mi turno. “¿Qué quieren decir, no pudieron resolver sus diferencias? ¿Acaso son una pareja de adolescentes que hoy están juntos y mañana no? ¿Los votos que hicieron hace años significan nada?” Estaba furioso. Estaba triste. Estaba paralizado.

Esa es la realidad #1. Eso de verdad ocurrió. Y, por eso, nunca volveré a ser el mismo.

Aquí está la realidad #2. Dios con nosotros. “…también estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré…El Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:5,9 NVI). “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Escuchamos mucho de esta segunda realidad alrededor del tiempo de Navidad, ¿no? La “Encarnación.” Dios con nosotros. Nos hace sentir bien dentro de nosotros mismos, especial y particularmente cuando las cosas van bien en la vida.

Pero ¿qué sucede cuando la Realidad #1 y la #2 chocan? Como adolescente, sabía que la Realidad #2 era verdad—había escuchado sobre eso cada Navidad desde que nací. Y ciertamente sabía que la Realidad #1 era verdad—la estaba experimentando tal y como una planta rodadora experimenta un tornado. Y déjame ser honesto: fue muy difícil ver cómo la realidad de “Dios con nosotros” podía ser cierta aun cuando la realidad del divorcio estaba frente a mí cada día. Los gritos. Mi mamá mudándose. La primera vez que tuve dos cenas de Acción de Gracias, dos árboles de Navidad, dos casas y ninguna se sentía como un hogar. ¿Dónde estaba Dios en todo esto?

81114-where-is-God-in-my-loneliness-720x481.jpg

No tengo una respuesta sencilla. En mi cabeza sabía que Dios estaba conmigo, pero mi corazón y mi vida me decían algo distinto. Las personas de la iglesia, con buenas intenciones, pero con poco tacto, se acercaban a mí y me aseguraban, “Tú sabes, Dios siempre está con nosotros, sin importar lo que pase. Vas a superar esto.” Eso es lo que realmente necesitaba–¡un mini-sermón para sentirme mejor! Ya sabía lo que decían las Escrituras, que Dios estaba en algún lugar en todo este desorden de soledad y enojo, pero ¿dónde?

Puedo mirar hacia atrás y ver algunos indicadores de la presencia de Dios en todo ese lío. Primero, aprendí que Dios mismo “se encarna” en y a través de otras personas. Él está con nosotros porque otros cristianos dan de su tiempo y lágrimas para estar con nosotros también. Siempre decimos que somos “el cuerpo de Cristo” y que tenemos que ser “las manos y los pies” de Cristo en el mundo, ¿entonces por qué nos sorprendemos cuando en realidad sucede? Por medio del amor y la compasión de mi pastor de jóvenes y de otros adolescentes y adultos, sentí la presencia de Dios.

Eso no significa que las personas sabían qué decir; muchas veces ellos dijeron cosas demasiado tontas. Tampoco significa que no estaba molesto, frustrado, o incluso deprimido en varios momentos. Todavía, mientras algunos en mi situación deciden hibernar y nunca volver a hablar con las personas de la iglesia, yo tenía que llegar a los servicios de la iglesia cada semana. Ahí fue donde sentí la presencia de Dios—a través de la música y la predicación por supuesto, pero también mediante el pueblo de Dios que me rodeó con amor los domingos y durante la semana.

En segundo lugar, sabía que Dios estaba conmigo por medio de mis tiempos personales con Él. Antes del divorcio de mis padres, tengo que ser honesto: fui un buen chico cristiano que hacía todas las cosas correctas. Aún así, no tenía una relación profunda con Cristo. Bueno, todo esto cambió cuando me encontré sin esperanza y sin alguien con quien hablar. Normalmente en circunstancias difíciles confiaría en mis padres. Eso no iba a suceder ahora; ¡ellos no poseían precisamente una perspectiva objetiva de su divorcio! Pude hablar con mi pastor de jóvenes, pero él realmente no entendía lo que yo estaba pasando porque sus padres aún seguían felizmente casados. Entonces, ¿a quién podía acudir?

Mi única respuesta era Dios. Yo comencé a ver mis tiempos devocionales no como un quehacer de mi lista, sino como el único tiempo en el que podía ser yo mismo. Yo lloraba delante de Dios. Le gritaba. Comencé a luchar con las palabras que estaba leyendo en las Escrituras. Algunas veces lo que leía me hacía enojar; otras veces me confortaba. No siempre escuchaba una respuesta. Nunca escuché voces del cielo ni recibí otras pruebas tangibles de su existencia. Pero en mis tiempos devocionales, empecé a confiar más en Él. En los momentos más difíciles de mi vida, Él se volvió mi amigo más cercano, y continúa siéndolo hasta este día.

Dios con nosotros. Parece absurdo, ¿no? Especialmente cuando tú estás experimentando la realidad de una vida llena de quebrantamiento y vacío. Pero eso es lo que hace la segunda realidad más fuerte—Dios se especializa en estar con nosotros, no solo en los buenos tiempos cuando lo “sentimos,” pero en los tiempos oscuros llenos de miedo y soledad. Deja que hoy Dios hable su realidad en tu realidad. Dios. Con. Nosotros.

Joan Chittister: Reflexiones sobre la Importancia del Calendario Cristiano

Anillos del árbolCon Adviento empezamos el año cristiano.  Desde mi perspectiva personal, nadie expresa el significado de esta realidad mejor que Joan Chittister en su libro, El Año Litúrgico: La Aventura en Espiral de la Vida Espiritual.

Cada año es un punto de crecimiento distinto en la vida, el quitarse de otra cáscara de la vida.  Cada año aporta algo único para nosotros y pide algo diferente de nosotros.

El año litúrgico comienza el primer domingo de Adviento, que normalmente inicia a finales de noviembre… El año litúrgico es una aventura para llevar la vida cristiana a la plenitud, alertar al corazón, y enfocar el alma.

El nuevo año cívico, según lo conocemos, es un evento puramente solar, es decir el movimiento del planeta alrededor del sol.  Sin embargo, el Adviento es más que nada la historia de cada uno de nosotros en el más privado y personal de los medios, el relato de nuestra vida espiritual.  Esa historia comienza y termina, y empieza de nuevo cada año con el viaje del alma a través del año litúrgico.  Ese año marca los momentos importantes en la espiritualidad cristiana, y así sucesivamente los puntos de nuestra propia vida en la misma dirección.

El año litúrgico es el año que tiene por objeto armonizar la vida del cristiano a la vida de Jesús, el Cristo.  Se propone, año tras año, sumergirnos una y otra vez en el sentido y la sustancia de la vida cristiana, hasta que, finalmente, llegamos a ser lo que decimos que somos – los seguidores de Jesús, quien es el camino hasta el corazón de Dios.  El año litúrgico es una aventura en el crecimiento humano, un ejercicio de madurez espiritual.

Ahora sé que es posible crecer físicamente cada día, pero, al mismo tiempo permanecer jóvenes espiritualmente, si nuestras vidas no son dirigidas por un esquema, sino mucho más allá de la marcha de nuestro planeta alrededor del sol.  Al igual que los anillos de un árbol, los ciclos de las fiestas cristianas tienen el propósito de marcar el nivel de nuestro crecimiento espiritual de una etapa a otra en el proceso de crecimiento humano.

Si estamos abiertos y atentos al calendario cristiano, este nos llevará cada vez más alto hacia Aquel que nos invita a unirnos con Él, libertados del Tiempo para poder llegar a ser uno con el universo y su Creador.

Navidad Desde la Eternidad

Por Hiram Vega

Los evangelios cuentan el nacimiento del Mesías prometido, situándolo en el contexto del pueblo Israelita, con detalles históricos y presentando largas genealogías para probar que era un legítimo descendiente del rey David. Sin embargo, el libro de Juan recorre la cortina del tiempo y nos cuenta una historia que inicia en la eternidad:

En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.

El que es la Palabra existía en el principio con Dios.

Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él.

La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

Juan comienza su historia estableciendo y afirmando la divinidad de Cristo Jesús.

“En el principio…”  Nos habla de su eternidad.

“…estaba con Dios…” Nos dice que es parte de la Trinidad.

“…la Palabra era Dios.” Confirma que Jesús es Dios.

“Todas las cosas por medio de Él fueron creadas.” Afirma que la creación es obra suya.

¡Qué perspectiva tan emocionante! Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo. Los antiguos adoraban al sol, ya que sin su luz no habría vida en la tierra. No concebían un mundo sin sol, pero Juan presenta a alguien infinitamente más grande que la creación: el Creador del sol, la luna y las estrellas. Él, la Palabra, se había hecho hombre y venía a vivir entre nosotros.

lights-1088141_960_720.jpg

Ante semejante revelación, cualquiera hubiera asegurado que el mundo estaría expectante por su llegada, agradecido por su presencia entre nosotros. Sin embargo, la realidad fue diferente. Vino al mismo mundo que Él había creado, pero el mundo no lo reconoció. Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron.

Los religiosos no lo reconocieron, la mayoría del pueblo no lo identificó. ¿Terminó todo allí? Por supuesto que no.  ¡La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla!

Hubo otros que sí vieron su luz y confiaron en Él. Por eso, a todos los que creyeron en Él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

La historia de salvación no ha terminado, la luz verdadera sigue alumbrando, y hay muchos Portadores de la luz llevándola a lugares de densa oscuridad. Algunos la rechazan, mas otros la aceptan. Las tinieblas no pueden extinguir la luz. Los portadores de luz son hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que en todo lugar y en todo momento proclaman las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

¡Sigamos alumbrando a nuestro mundo con la luz de Cristo!

 

 

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Para todo, hay una época (cambio, cambio, cambio)

El ser humano es una criatura sujeta a plazos determinados por diseño divino. Naturalmente tendemos a organizar nuestras vidas alrededor de diferentes ritmos que se desarrollan a tiempo. Dependiendo de nuestra vocación, las diferentes épocas traen diferentes expectativas y demandas.

Provengo de una línea de granjeros de un lado de mi familia y pastores del otro lado. He observado que tanto con los pastores como con los granjeros, las épocas cambiantes determinan mucho la manera en cómo vivimos nuestras vidas.

Los contadores tienen que lidiar con la temporada de impuestos. Los políticos y funcionarios públicos tienen ciclos de elección. Los semestres y recesos del año escolar determinan el tiempo para estudiantes y maestros. Y algunas veces nuestra recreación, en lugar de nuestra vocación, determina cuáles épocas importan más: cuando podemos cazar o pescar, qué deportes podemos seguir, si podemos salir en bote, o en motocicleta o en los esquís de nieve.

Creciendo como hijo pastor en la Iglesia del Nazareno, no seguí el calendario cristiano rigurosamente; pero sin falta, observábamos el Adviento. Cada año, en el domingo después de Acción de Gracias entraríamos en un santuario decorado para Navidad: árboles y guirnaldas junto a nacimientos y la corona de Adviento con sus velas, las tradiciones entremezcladas con lo sagrado. Para cada uno de los cuatro domingos que conducen hacia Navidad, encendimos las velas, usualmente acompañado de la lectura de la profecía del Antiguo Testamento, y cantábamos canciones como “¡Oh Ven, oh Ven Emanuel!”

Algunas veces perdíamos un poco la trama, y cantábamos “Allá en el Pesebre” o “Del Oriente Somos” durante Adviento. Es difícil resistir la urgencia de avanzar hacia el clímax del día de Navidad, justo tan difícil como es durante Semana Santa permanecer en la desolación del viernes y el sábado santo cuando sabemos que “¡el domingo viene!”

Pero el Adviento se trata de esperar.

La paciencia y la esperanza son virtudes a menudo descuidadas en nuestros días, pero esto es precisamente lo que el Adviento busca cultivar en nosotros: paciencia, la anticipación expectante de que nuestro Dios es confiable y no hace promesas vacías.

pexels-photo-280263.jpeg

Mirando hacia al futuro mientras miramos el pasado

Durante Adviento, no solamente anticipamos un evento que ya sucedió—la primera venida de Jesús—sino que también miramos adelante y anticipamos ¡su segunda venida!

Este Adviento, mientras nos preparamos para darle la bienvenida al Dios que viene a nosotros, nos deseo a todos un “Feliz Año Nuevo,” y nos invito a comenzar el viaje a través de la historia de salvación de Dios a través del los ritmos del calendario cristiano. Haciendo esto, nos unimos con un sinnúmero de cristianos a lo largo del tiempo y el espacio, quienes han ordenado sus vidas y su adoración de acuerdo con este patrón, todo para la gloria de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente: Holiness Today

Esperando a que el Mundo Cambie – Parte 1 de 2

Por Brannon Hancock

La época de Adviento—una palabra que significa llegada—es una época de espera.

“¡Casi no podemos esperar! / Por favor no llegues tarde, Navidad.” Muchos de ustedes pueden escuchar esta canción en su cabeza inmediatamente, ¿verdad? Esas voces de ardilla cantando la canción de navidad que amamos odiar. Esta canción es un ejemplo trillado (¡y fastidiosamente persistente!) del enfoque de la cultura secular hacia el consumismo navideño. Pero para los cristianos con ojos para ver y oídos para oír, puede servir como un recordatorio de que la época de Adviento—una palabra que significa llegada—es precisamente una época de espera, de anticipación, y preparación para el Gran Día, el día después, cuando nada fue igual.

Nuestra cultura practica esta anticipación, incluso mientras perdemos el enfoque. Las decoraciones navideñas llenan los estantes de las tiendas después de Halloween (y aparentemente antes de esta fecha cada año). Las estaciones de radio comienzan su programa navideño tan pronto como termina Acción de Gracias. Los niños en la escuela comienzan a ensayar “canciones navideñas” para finalizar sus programas semestrales. Las ventas de Black Friday (o viernes negro) y el Cyber Monday (o lunes cibernético) llaman la atención de los consumidores, y los cupones y ventas continúan incluso hasta el día antes de navidad para los procastinadores.

Si tienes hijos o si has estado alrededor de alguna pareja preparando la bienvenida de un bebé al mundo, has experimentado esto. Recibimos las grandes noticias. Después esperamos. Comenzamos a prepararnos. Pintamos las paredes y decoramos la habitación del bebé, la emoción crece. Compramos una cuna y la ensamblamos. Y esperamos. Leemos libros para padres con títulos como “Qué esperar cuando se está esperando”…y esperamos. Esas últimas semanas parecieran durar para siempre. Y esperamos. ¡Imagina lo que María y José deben haber sentido!

pexels-photo-100733.jpeg

El tiempo sigue deslizándose hacia el futuro

El adviento debe ser considerado en el contexto del calendario cristiano para ser completamente valorado. El calendario cristiano, también llamado calendario litúrgico o el año cristiano, es un patrón a través del cual la Iglesia narra la historia del Dios que estaba en Cristo. Mientras algunas iglesias han seguido este patrón por siglos, muchas congregaciones evangélicas están empezando a (re)descubrir y abrazar el calendario cristiano, y lo han encontrado enriquecedor para su adoración y discipulado. Es simplemente una manera más en la que podemos “contar la antigua, antigua historia de Jesús y su amor.”

El calendario cristiano no está preescrito en la Biblia, y no fue transmitido por decreto divino con el mandato de que servilmente nos sometiéramos a él. Pero es bíblico y fue transmitido a través de la Iglesia que llamamos “única, santa, universal y apostólica,” la cual mediante el Espíritu Santo, nos dio nuestra Biblia.

La Escritura revela que Dios dio el tiempo como un buen regalo. De acuerdo con el relato de la creación en Génesis 1, en el cuarto día, Dios declara: “¡Que haya luces en el firmamento que separen el día de la noche; que sirvan como señales de las estaciones, de los días y de los años, y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra… .”

El tiempo tiene un propósito, y ese propósito tiene que ver con la manera en cómo adoramos y cómo observamos el tiempo sagrado.

En la Escritura, encontramos amplia evidencia de la idoneidad de los días sagrados, celebraciones religiosas, ayunos, rituales, y ritmos, particularmente en la adoración del pueblo de Israel. Sin embargo, a mayor escala, vemos que esa historia relatada a través del calendario cristiano es la historia de la Biblia—la historia de la obra salvadora de Dios a través de los siglos.

El calendario cristiano es una manera en que la Iglesia ha procurado “dar la hora” como el tiempo de Dios. Para los cristianos, 1º de enero no es un día significativo; es simplemente ¡el octavo día de Navidad! Cuatro domingos antes de Navidad, el primer domingo de Adviento, realmente es “Día de Año Nuevo” para la Iglesia. Después caminamos a través de Navidad y Epifanía antes de entrar a la época de Cuaresma. Durante Cuaresma nos unimos a Jesús en sus 40 días de ayuno en el desierto en preparación para sus años de ministerio terrenal. Buscamos acercarnos más a Dios purificando nuestras vidas, arrepintiendónos de nuestros pecados, y preparando nuestros corazones para experimentar los eventos de Semana Santa.

Los días entre el domingo de Ramos y el domingo de Pascua o Resurrección pueden llevarnos en una montaña rusa de emociones mientras caminamos a través de los días finales de Jesús: la Última Cena, el Getsemaní, su arresto y crucifixión, nos dirigimos a la Ascención de Cristo al Padre (40 días después de la Pascua), y la venida del Espíritu Santo en el Pentecostés (50 días después de la Pascua), seguido de la larga época conocida como Tiempo Ordinario, durante la cual nos enfocamos en cómo Dios ha trabajado en la vida y la misión de la Iglesia.

*Este artículo continuará en la siguiente entrada.

Adviento: Cuatro Elementos de “Entrenar para Esperar”

En la entrada anterior, escuchamos del Pastor Rich Villodas mientras nos enseñó sobre el Adviento como una época de “entrenar para esperar.” En la segunda parte de su artículo, originalmente publicado en Missio Alliance, veremos cuatro maneras prácticas por medio de las cuales podemos aprender a llevar fruto en nuestras vidas espirituales mientras esperamos.

Por Rich Villodas

Cuatro Elementos Importantes sobre ESPERAR

1. Oración Reflexiva

Henri Nouwen ha dicho, “La espera activa es una espera que pone atención, está completamente presente en lo que está sucediendo en realidad, aunque de acuerdo con todas las apariencias externas nada esté sucediendo.”

Una de las formas principales de este tipo de espera que pone atención es en oración reflexiva. La oración no es simplemente articular nuestras necesidades ante Dios. También es disponernos nosotros mismos para que Dios articule sus movimientos ante nosotros.  

El adviento es una epoca de esperar en una postura de atención en oración. Muchas veces es cuando nos quedamos callados que empezamos a rastrear los movimientos de Dios en nuestras vidas.

2. Amigos en el Viaje

Esperar es mucho más fácil cuando se hace en comunidad. Esta es una de las razones por las que Jesús les pidió a sus discípulos que se unieran a Él mientras esperaba su muerte (desafortunadamente ¡ellos se quedaron dormidos!). El adviento es un recordatorio de que la espera es un acto colectivo.

María y Elisabet esperaron juntas.

Simeón y Ana esperaron en comunidad.

El pueblo de Dios, atentos, esperaron juntos.

El adviento es una invitación a buscar amigos en el viaje quienes nos ayudarán a procesar, discernir y se sentarán en silencio con nosotros mientras discernimos la actividad de Dios.

train-station-1868256_960_720.jpg

3. Escuchar el Evangelio Predicado

Mientras esperamos, nuestras almas necesitan estar conectadas a la esperanza que viene de la proclamación del evangelio. Cada uno necesita una palabra hablada a nosotros regularmente que nos recuerde la fiel venida de Dios en Jesús.

La adoración del domingo no es un tiempo para conseguir golosinas religiosas y regresar a casa. Es una oportunidad de abrirnos nosotros mismos a la palabra creativa de Dios, que está para anclarnos en una historia que a menudo está en desacuerdo con las historias que nos decimos a nosotros mismos.

4. Esperar es una Actividad Activa

Esperar en el Señor no significa inactividad. No significa rehusarnos a tomar la iniciativa, a intentar o a buscar oportunidades (un nuevo trabajo, una relación romántica, etc.). En lugar de eso es la negativa de avanzar sin conectar nuestras vidas a Dios en oración y reflexión, en primer lugar y de manera continua.

Eugene Peterson ha dicho, “Esperar en oración es el rechazo disciplinado de actuar antes de que Dios actúe.”

Algunas veces esperar en el Señor significa “permanecer quieto” en una situación en particular hasta que recibamos más instrucciones. Otras veces, se nos requiere avanzar—pero en una manera que está cimentada en la oración.

Por último, esperar en el Señor es una manera de vida que viene en contra de nuestras tendencias de ser impulsivos, ansiosamente reactivos y sabios en nuestra propia opinión.

Si las decisiones están siendo tomadas reaccionando ansiosa e impulsivamente, hay probabilidades de que necesitemos práctica en esperar al Señor.

El adviento nos recuerda que Dios ha venido, viene y vendrá otra vez. Es una gran oportunidad de entrenar nuestras almas a esperar.

Este artículo fue publicado originalmente en: Missio Alliance.

Adviento: Una Época de “Entrenar para Esperar”

Por Rich Villodas (Originalmente publicado en Missio Alliance)

No hay nada que nos una en la experiencia de ser humanos tanto como la espera. No importa nuestra edad, nuestra educación, nuestros logros, o el tiempo que hemos pasado siguiendo a Jesús, todos tendremos que esperar.

Por esta razón la época de Adviento es necesaria para moldear nuestras vidas.

Cada una de las épocas del Calendario Litúrgico nos guía en poner especial atención a los temas y prácticas cristianas. La Cuaresma nos recuerda, entre muchas otras cosas, poner la voluntad de Dios—y no nuestros apetitos—como el principio rector para nuestras vidas. La Pascua nos llama a vivir una espiritualidad de celebración y gozo anclados en la resurrección de Cristo. El Pentecostés nos da una visión de la vida llena del poder de Dios porque el Espíritu ha sido derramado sobre nosotros.

La época de Adviento es una en la que Dios nos entrena para esperar.

airport-802008_960_720.jpg

Entrenamiento para Esperar

Este entrenamiento está orientado hacia la formación de nuestras vidas porque lo que Dios hace en nosotros mientras esperamos es más importante que lo que estamos esperando en sí.

Muchas de las historias de la Escritura apuntan al dolor y dificultad terribles experimentados por el pueblo de Dios debido a su negativa para esperar por Dios. Esta ha sido nuestra historia hasta este día.

Por ejemplo, en Éxodo 32 (la historia del becerro de oro), los israelitas, en un momento de ansiedad, impulsivamente diseñaron un ídolo para proveer seguridad para ellos mismos porque Moisés no se encontraba en ninguna parte. La creación de este ídolo vino días después de que Dios les informó que este tipo de práctica religiosa estaba fuera de los límites ahora que habían sido librados del Faraón.

La ansiedad nos hace hacer cosas irracionales.

Su espera fue difícil porque ellos no pudieron ver lo que Dios tenía preparado.

Es difícil para nosotros esperar—y no solo porque somos impacientes.

Es difícil esperar porque constantemente no creemos que Dios está trabajando en nuestras vidas.

Pero el adviento nos recuerda que Dios ha venido, viene y vendrá otra vez. Es el recordatorio anual de que Dios es para la creación y se mueve hacia nosotros.

Aún así, es difícil esperar. Una de las razones principales por la cual es difícil esperar es debido a que nuestro entendimiento de esperar ha estado incompleto.

Como pastor, frecuentemente me piden ayudar a las personas a entender lo que significa esperar en el Señor. En la próxima entrada presentaré cuatro elementos que he aprendido en el camino sobre ESPERAR.

A %d blogueros les gusta esto: