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Parte del Regalo

Por Charles W. Christian

Una de mis historias favoritas de Adviento es acerca de una pareja misionera en la costa del este de África. Ellos estaban esperando para regresar a Estados Unidos, su país de origen, después de haber servido por veinte años e impactar dos generaciones de personas en el pueblo donde fueron asignados.

Ellos estaban esperando, temporalmente, en un lugar a muchas millas al interior de la costa, hasta terminar todos sus arreglos para poder regresar a los Estados Unidos para Navidad y su retiro.

Una mañana, durante la época de Adviento, algunos días antes de que salieran, alguien tocó a su puerta. Un joven, hijo de una familia a la que habían conocido durante todo su tiempo en la costa africana, les saludó. Él estaba sosteniendo una pequeña caja que contenía un regalo que, les dijo, decoraría su árbol como un recordatorio del amor de su familia hacia ellos.

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“¿Tu familia viajó contigo?” preguntó el misionero. Él sabía que ellos eran una de las pocas familias en esa pequeña comunidad que tenía un vehículo. “No,” dijo el joven. “Yo caminé. Viajé en vehículos cuando pude, pero la mayor parte del recorrido lo hice caminando. Dejé mi pueblo poco después que ustedes tomaran el tren hacia acá, hace un par de semanas.”

La pareja estaba asombrada. “¡Tú no tenías que caminar todo eso para darnos este regalo!” dijeron. “Aunque apreciamos mucho este adorno, lo hubiéramos atesorado de igual forma si tú lo hubieras enviado.” El joven respondió, “¡El largo recorrido es parte del regalo!”

Mientras realizamos el largo recorrido, a través de Adviento, hacia la celebración del nacimiento de nuestro Salvador, recordamos un viaje más largo todavía: el camino de la encarnación, cuando “La Palabra se volvió carne y sangre, y se mudó a nuestro vecindario” (Juan 1:14, The Message).

Que nuestros corazones sean llenos con expectativa y gratitud, mientras caminamos juntos hacia el Salvador y el nuevo reino que Él trae.

Oración para la semana:

Dios de esperanza y promesa, ven a estar con nosotros durante esta época de Adviento, y acércanos más a ti mientras viajamos juntos hacia el establo y el nacimiento de tu Hijo, nuestro Salvador. Amén. (De John Birch en: Faith and worship)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

 

Porque Esperamos

Por Charles W. Christian

“…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas…” (Isaías 40:31)

La época de Adviento se trata de una espera; no una espera pasiva, pero el tipo de espera que vemos en este pasaje de Isaías es: una espera expectante. Si es que existe un tipo de espera que sea “divertido” ¡es este! Como cristianos, no solamente nos sentamos y esperamos, nerviosos, malas noticias. En lugar de eso, somos personas que esperamos con ansias la mejor noticia de todas: la plenitud de la presencia de Jesucristo.

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Adviento, como todas las épocas centradas en el reposo de Dios, es un recordatorio de que Dios nos ha llamado a esperar para que estemos preparados en lo siguiente que Él está por hacer. En los Evangelios, por ejemplo, Jesús es bautizado y alabado por la voz del Padre, y después es “llevado al desierto” por el Espíritu Santo, para un tiempo de ayuno y reposo enfocado.

Durante este periodo de descanso, Jesús vence la tentación y se prepara para sus próximos pasos. Cuando su viaje por el desierto llega a su fin, Jesús está listo para el siguiente aspecto de su ministerio en conjunto con Dios, avanzando de acuerdo con el Padre y no de acuerdo con el mundo.

Del mismo modo, mientras entramos en la época de espera para el inicio del Calendario Cristiano (Adviento), somos llamados al reposo, la preparación y la esperanza.

¿Podemos comenzar a poner el año pasado detrás nuestro, para entrar en un tiempo dedicado al reposo? ¿Podemos reenfocar nuestros corazones en la plenitud de la época navideña – la plenitud de la presencia de Cristo guiándonos hacia nuevas aventuras? En las palabras del gran teólogo Jurgen Moltmann, los cristianos son “gente de Adviento:” gente que vive sus vidas esperando verdaderamente la guía de Dios y el movimiento hacia el futuro.

Permitamos que el Espíritu Santo cree en nosotros un Adviento, como familias e iglesias. Esto dará la pauta para una época navideña que verdaderamente esté centrada en Cristo. Más que eso, abrirá nuestros corazones a lo que sea que Dios esté preparando para nosotros en los días venideros. Que encontremos reposo, reenfoque y renuevo mientras Adviento nos mueve hacia Navidad.

Oración para la Semana:

Oh Emanuel, Dios con nosotros, realmente en esta época de Adviento celebramos que no estás escondido en una nube remota, pero escogiste estar con nosotros en lo difuminado y misterioso de nuestras vidas.

En medio de listas y prisas, estás con nosotros como una canción que hace eco en nuestras mentes, como la luz de una vela, como la carta de un amigo. Son signos de tu presencia.

Nos dirigimos a ti en esta época y oramos que produzcas en nosotros gozo, sanidad, bendición y esperanza.

Que algo hermoso comience en nosotros – algo sorprendente y santo.

Que tu mano esté sobre nosotros. Que tu amor nos inunde. Que tu gozo nos abrume.

Que nuestro anhelo por ti sea satisfecho en una noche venidera: Emanuel con nosotros, otra vez.

Amén. (Escrito por Rev. Jerry Chism).

Publicado originalmente en: Holiness Today

En los Hombros de un Niño

Pastor Ken Childress

Isaías 9:6, Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero, Admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”

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La soberanía reposará en los hombros de un niño. Eso nos dice un poco acerca de Dios – que Él está interesado en gobernar, ahora y siempre; que un niño que depende de Él es más poderoso que un rey guerrero que no depende de Dios; y que los regalos más grandes de Dios vienen en paquetes humildes e inesperados. El niño que nos es nacido es una Presencia poderosa. 

Conocemos la historia de Navidad y sus implicaciones universales, y nos maravillamos cada año en el adviento del Hijo de Dios. Pero frecuentemente, en el panorama de la Natividad, se pierden las implicaciones personales para nosotros. Jesús todavía es un regalo inesperado en nuestras vidas, a menudo disfrazando sus más grandes bendiciones en una vestimenta humilde. Jesús todavía es un modelo de cómo un niño depende de Dios, el tipo de dependencia que no parece ser la clave para experimentar el poder infinito, pero que lo es. Y Jesús todavía está interesado en el gobierno, en la soberanía, no solo del mundo y del Reino infinito, pero de cada pulgada de nuestros corazones. En ambas escalas personales, la grande y la profunda, el niño que nos es nacido es dado por razones de comprensión y que cambian la vida.

El infante en el pesebre de Belén fue un evento de una sola vez, pero también era un patrón de las cosas que vendrían. Él fue Dios incógnito, Aquél que solo podía ser reconocido a través de los ojos de la fe, por aquellos que buscaron el significado de una estrella o por aquellos que no se habrían dado cuenta a menos que fuesen sorprendidos y enviados por ángeles para verlo. Ni Él ni sus advenimientos frecuentes en nuestras vidas son evidentes por sí mismos. Deben ser descubiertos por aquellos que le buscarán a Él. Y aquellos que lo hacen serán capaces de dejar el gobierno y la soberanía de sus vidas en los hombros de Él.

Jesús, dame ojos para verte donde sea. Quiero darme cuenta de cada advenimiento, cada acercamiento que Tú haces en mi vida. Y dependo de Ti para que gobiernes no solo mi mundo, sino también a mí.

Amén.

La Presencia

Pastor Ken Childress

Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”

Toda la Escritura, incluso toda la historia, apunta hacia el Hijo de Dios. Desde la perspectiva revelada de Dios, todas las cosas fueron creadas por el Hijo, la salvación de la humanidad depende del Hijo, y todas las cosas se resumen y completan en el Hijo. La Escritura termina en una boda entre el Hijo y la humanidad redimida, moldeada específicamente para su corazón. Él es principio, el medio y el final de toda la historia.

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La pieza central del universo es llamada Emanuel – “Dios con nosotros” – está cargada de significado. El nombre apunta a su deidad, apunta hacia nuestra importancia como objetos de su amor, y apunta hacia la Presencia que nos une a Él. Eso significa que toda la creación fue diseñada para traernos a un contacto personal con el afecto de nuestro Creador. Esto fue evidente cuando el Espíritu sopló vida en el primer Adán, estuvo claro cuando Jesús sopló su Espíritu en sus discípulos, y es aparente en la unión del Hijo y su esposa en la siguiente era. Aunque muchos ven el evangelio a través de un enfoque en nuestra depravación y salvación, en nuestra obligación y servicio a Él, o en la expansión de su Reino – todas las verdades importantes y valiosas – su Presencia se dirige a una verdad más alta: afecto. Él nos quiere. Nuestra existencia es el desbordar de su amor.

Nunca reduzcas el rol de la Presencia a un asunto de simplemente salvarnos, equiparnos para servir, o enviarnos en misión. Él está con nosotros para todos estos propósitos, pero Él está con nosotros para algo más. Él se acerca para disfrutarnos y expresar su amor por nosotros. Esa es la fuerza motriz detrás de la creación – y necesita ser la fuerza motriz detrás de cada uno de nuestros días.

Jesús, déjame conocer tu Presencia y sentir tu afecto, y por favor recibe el afecto que tengo por ti ahora. Ayúdame a expresarlo bien. Que esto moldee todo lo que hago todos los días de mi vida. Te lo pedimos en tu maravilloso nombre. 

Amén.

¡Jesús es la Navidad!

album-christmas¡Jesús es la Navidad!

Pastor Gerardo Aguilar

¿Quién no recuerda esas celebraciones de Navidad cuando fuimos niños? Fueron los mejores momentos en familia. El álbum de fotos muestra a mamá y papa jóvenes; los tíos y abuelos también lucen así; se aprecian sus peinados y ropas de la época y en realidad se ven más atractivos de lo que pensamos. En el mismo álbum vemos fotos de nosotros, los niños del momento con los peinados casi sin cuidado y sin gel para fijar el cabello, con pecas en el rostro y huecos en la sonrisa por los dientes que nos hacían falta. La gran mayoría con mejillas y abdómenes no tan planos como quisiéramos. Esas fotos son como el “comic” de nuestra infancia.

Estas memorias son especiales, y nos llevan a pensar: ¿Por qué celebramos en familia? ¿Por qué cancelan las clases en las escuelas? ¿Por qué tanto movimiento y compra de regalos?

A veces lo olvidamos: Jesús vino un día para encarnarse en el vientre virginal de María, nacer como un niño y desarrollar el ministerio redentor durante su vida y muerte en el Calvario. Navidad es un motivo célebre que todo creyente en Cristo debe tener con énfasis – no como una fecha, sino como un evento – que merece una celebración especial y de alabanza.

Leemos en Mateo 1:21: Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

La Navidad no se trata de un árbol lleno de luces, una réplica a escala del nacimiento en el pesebre o de la tradición de intercambio de regalos. Todo eso es un adorno del evento que celebramos: Jesucristo vino a este mundo para cumplir su misión redentora. ¡Manifestemos adoración y gratitud por ello!

Por otro lado, la Navidad adquiere el mayor de los sentidos cuando Jesucristo habita y gobierna en el corazón de las personas. Cuando venimos por la fe a Jesús, algo pasa en nuestro interior. Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Así como el niño descansó en el humilde pesebre, de esa misma manera Jesucristo reposa en ti y en mí por esa decisión de fe en recibirle como Señor y Salvador personal. Quizá Él pudo reposar en otros mejores que nosotros, pero Jesús eligió que el lugar de su reposo sería en todo aquel que le reciba en ese “pesebre” de su corazón y crea por la fe en Su Nombre. Por esto y todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida y familia, celebremos y proclamemos al mundo entero: ¡Jesús es la Navidad!

Dios con Nosotros: El Rey en la Casa

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Dios con nosotros: el Rey en la casa

Pastor Gerardo Aguilar

Imagine un día en su lugar de residencia – alguien corre con la noticia: ¡Un rey en el vecindario!, vaya suceso! -diría usted-; no suele pasar tal cosa en estos entornos. ¿Quién de tal linaje visitaría una humilde región como la nuestra? o lo que sería menos probable, recibir a un rey en nuestra propia casa.

Con certeza sabemos que no es común que alguien de nobleza sean príncipes, reinas y reyes transiten nuestros barrios o cantones. De ser así, seguro te prepararías para el recibimiento. Después de todo -“No todos los días se recibe a un rey en tu vecindario”-.

Algo similar ocurrió hace más de 2 mil años. Un rey se dispuso a visitarnos en nuestra casa planetaria, el vecindario común de todos los hombres – nuestro mundo – el cual al momento de la excelsa visita se encuentra al borde del colapso moral, de la decadencia humana y de la muerte eterna.figurines

Quien nos visitó no es cualquier rey, sino el Rey Supremo enviado del cielo. Jesucristo estuvo dispuesto como Rey a venir en carne para convivir con nosotros, saber de nuestra experiencia como humanos, y más adelante redimirnos y restaurarnos.

Cuando el ángel Gabriel contó a María el plan de Dios de traer al Mesías a través de su vientre, también le dice que uno de sus nombres sería Emanuel, que traducido es “Dios con nosotros”. No solo es un nombre; es una promesa. Y dicha promesa ha sido una realidad desde entonces teniendo un agregado significativo: “El Señor Jesucristo no vino sólo a manera de visita, sino vino en calidad de residente”. Sí, él vino para quedarse con nosotros. Hebreos 3:6 dice: “Cristo…es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros….” También en Juan 14:23 leemos: “Jesús…dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”.

Así pues, luego del sacrificio expiatorio en la cruz, la visita de Jesús se transformó en residencia – ya no sólo en un vecindario global, sino en una casa personal – una habitación espiritual, la casa de nuestro propio ser: espíritu, alma y cuerpo.

Recordemos que nadie merece por méritos propios tener a Dios de residente en nuestra vida. Pero en su infinita misericordia, Dios decidió habitar y residir en vasos viles, haciéndonos para Él mismo vasos de honra y llenarnos de su santa presencia.

En esta época de Adviento adoremos a Jesús, el Rey residente. Alcemos nuestras voces en alabanza y exclamación santa. Vivamos en obediencia como ofrendas vivas de gratitud y testifiquemos a todo el mundo que Él es Emanuel, Dios con nosotros. Él es el Rey en la casa. ¡Aleluya!

¡Un Niño, la Esperanza del Mundo!

nativity-set¡Un niño, la esperanza del mundo!

Pastor Gerardo Aguilar

En algunos pueblos era costumbre mientras un cortejo fúnebre salía de la iglesia, que la campana sonase tantas veces como años había vivido el muerto. Cierto hombre dijo: “Con ansiedad cuento los tañidos de campana para ver cuántos años podía yo seguir viviendo! – Cuando sonaba setenta u ochenta veces yo suspiraba aliviado al pensar que me quedaba mucho tiempo. Pero otras veces los tañidos eran muy pocos y entonces el terror se apoderaba de mí, cuando pensaba que yo también podría, dentro de muy poco, ser apresado por aquel monstruo tan temido, – la muerte”.

Vivimos en una sociedad que busca constantemente la fórmula del éxito y la felicidad. Algunos tienen su esperanza en la cantidad de dinero que poseen y en las inversiones, otros en las cualidades físicas como la belleza exterior, habilidades artísticas, deportivas o la inteligencia en los negocios. Para nosotros –los más comunes-, la esperanza pudiera estar en el solo hecho de tener fuerza, juventud, salud y posición. Ciertamente todo lo descrito, son confianzas vulnerables que caen con el tiempo, el infortunio y a veces por las propias decisiones de la vida. La bancarrota, la enfermedad, el envejecimiento o la misma muerte son el fin de todas esas esperanzas terrenales.

Luego que un ángel del Señor habla a los pastores de Belén sobre el nacimiento del Cristo, el Salvador, éstos encuentran al niño Jesús envuelto en pañales y acostado en un pesebre. ¿Será posible que un niño sea la esperanza del mundo? Cualquiera pudo haberlo pensado y -honestamente – no los culpo, no es algo que podamos asimilar racionalmente y tampoco algo fácil de entender naturalmente.light-bethlehem

Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

En ese niño al que se refiere el profeta Isaías creció y fue el Dios hecho hombre. Caminó entre nosotros sin pecado, se dio asimismo en la cruz y venció a la misma muerte resucitando al tercer día. Estableció un cuerpo de hijos espirituales y prometió regresar por ellos, una nación santa y un pueblo escogido. – Ese niño en pañales, el Hijo que nos es dado – Jesucristo – vendrá con el principado sobre su hombro, y todas las naciones del mundo de rodillas lo llamarán Señor y Rey, el Dios Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

No esperes que las campanas suenen muchas veces.

No confíes en los números de tu libreta de ahorro.

No mires tu juventud como dios ni tampoco tu fuerza y salud como fuentes eternas.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1). ¡¿Ves?! ¡Habrá esperanza eterna solo en Cristo!

Finalmente, te animo a contar a otros sobre la esperanza de Dios para toda persona. Sin duda tendrás a alguien cerca que necesite saberlo. En esta época de Adviento, no hablemos del niño del pesebre solo como algo de historia, sino que hablemos con énfasis especial y real del niño, -de Jesús- ¡la esperanza del mundo!

Misionero de Cristo

Por pastor Gerardo Aguilar

¿Sabías que la Navidad es una celebración misionera?

Los pastores de Belén fueron testigos de primera fuente del nacimiento de Jesús. Contemplaron su gloria y sin duda esto marcó sus vidas para siempre. Con los años muchos mas hablaron en testimonio de lo que habían visto y oído. Dios les encomendó la tarea de testificar de Jesús a otros. Eso de manera completa se registra en Mateo 28:19-20 con el anuncio de la Gran Comisión. Es una misión para todo creyente.

Muchas veces hablamos de los misioneros cristianos de profesión – esos   valientes consiervos que han recibido el llamado a predicar a Jesucristo como soldados de su causa. Ellos dejan atrás familia, costumbres y comodidades en sus propias naciones para servir en zonas foráneas de gran necesidad del Evangelio. Tenemos alta estima para todas aquellas personas que atienden ese llamado, y oremos por el llamado de más misioneros para las naciones.

Ahora bien, no todo el trabajo está fuera de nuestros países. Queda aún mucho por hacer en nuestras áreas urbanas locales, comunidades de barrio, cantón o colonia. Llevar consigo la loable misión de compartir el evangelio implica también levantar la mirada tan cerca de sí mismo, a escasos metros de su ubicación diaria, en su propio circulo familiar, en su esfera social cercana y en la misma comuna a la cual perteneces.

Romanos 5:8 dice: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Al predicar de Jesús, la evidencia mayor es la entrega de Cristo quien pagó por nuestros pecados y nos da acceso a la vida eterna. Pero la evidencia más cercana – y al mismo tiempo palpable – somos nosotros mismos.

En esta época de Adviento y en todo tiempo, compartamos a Jesús a todo aquel que Dios coloque en nuestro paso por la vida: al que está junto a nuestro escritorio, a aquel vecino de silla en el salón de clase. Compartamos a Jesús mientras cenamos en familia o mientras celebramos algo especial. O quizá no haya nada que celebrar; siempre cualquier momento es un buen momento para hablar de Cristo a otros.

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En Hechos 20:24 Pablo exclamó: “Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.

Somos misioneros cada uno en su trinchera, cada uno en un espacio y tiempo específico. Y somos todos los llamados a servir a nuestra propia generación en proclamar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús. ¡Levántate y atiende el llamado a ser un misionero de Cristo!

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