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Ministrando a los Pobres y con los Pobres

Por David A. Busic

El énfasis del ministerio de Juan Wesley hacia los pobres está bien documentado. Sin embargo, es importante recalcar que Wesley creía que trabajar con y entre los pobres no es meramente un acto de compasión; es un aspecto necesario de la formación de cada cristiano. De este modo, Wesley sostenía que vivir con el pobre es una obra de misericordia y una obra de piedad.

Wesley creía que el evangelio eran buenas noticias para los pobres. Él convirtió la práctica de visitar a los pobres en una disciplina espiritual, y animó— en realidad, les insistió—a los metodistas para que hicieran lo mismo. Incluso ya como un hombre anciano, Wesley arriesgó su propia salud y bienestar en el frío invierno, caminando con dificultad sobre la nieve profunda, para mendigar públicamente por fondos para los necesitados. Teodoro Jennings sugiere “Cada aspecto del metodismo estaba sujeto al criterio, ¿de qué manera esto beneficiará a los pobres?” Sin embargo, como Jennings señala, era más que una preocupación por la comodidad de los pobres lo que motivaba a Wesley; era vitalmente importante para él porque no veía otra manera de entender o identificarse con los pobres sino estando entre ellos. Por esa razón, Wesley creía que era mucho mejor “llevar la ayuda al pobre, en lugar de enviarla,” por el impacto espiritual que resultaba en la vida de quien llevaba esa ayuda.

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Así, el entendimiento de Wesley sobre el ministerio hacia y con los pobres marginados, enfermos y presos, era más que compasión; como un medio de gracia para los cristianos, es indispensable para la espiritualidad wesleyana. Estos actos de misercordia se vuelven maneras por medio de las cuales Dios obra para establecer el carácter de santidad en el pueblo de Dios y para dar crecimiento en la gracia hacia la recuperación de la imagen divina.

El énfasis en los pobres como un medio de gracia comienza a menguar después de la muerte de Wesley y mientras maduró el metodismo americano. Los metodistas ya no eran los nuevos o una secta excluida. Los metodistas se habían vuelto exitosos en los negocios, finanzas, política, educación, etc. Los edificios de la iglesia metodista empezaron a cambiar para acomodar la afluencia recién adquirida. Órganos tubulares y vitrales fueron instalados en los santuarios metodistas, seguidos rápidamente por la práctica de bancos de iglesia como una manera de levantar fondos de la congregación para pagar por sus elaboradas instalaciones, lo que posteriormente segregó a los miembros metodistas más prestigiosos de otros miembros. Incluso la doctrina de la entera santificación empezó a disminuir para dar lugar a preocupaciones éticas más progresistas.

El cambio en la atmósfera fue notable. Metodistas prominentes empezaron a hablar en contra de la injusticia. En un esfuerzo para no perder su conexión vital con los pobres, líderes francos como Phineas Bresee empezaron a llamar a recuperar la visión original hacia los pobres. Bresee dejó una distinguida carrera eclesiástica para regresar a su pasión de ministrar a los pobres y con los pobres. Los edificios de las iglesias nazarenas y la vestimenta formal fueron intencionalmente menos pretenciosos y más simples para que los pobres se sintieran bienvenidos y cómodos. La pasión de Bresee por el pobre se podía sentir fuertemente, él escribió a los primeros nazarenos, “La evidencia de la presencia de Jesús en nuestro medio es que llevamos el evangelio, particularmente a los pobres.”

Los actos de compasión para servir al pobre y oprimido son una parte importante de abrazar el ministerio encarnacional de Cristo y engrandecer el reino de Dios. Además, lo que Dios hará en esas interacciones es un medio de gracia para cada creyente. El discipulado en la eclesiología wesleyana de santidad depende de la búsqueda de la semejanza de Cristo y de ministrar a los marginados y con los marginados.  

La Fe de la Próxima Generación

Por David A. Busic

Se ha realizado mucha investigación y ha habido mucha discusión acerca del impacto de los millennials (aquellos que están llegando a ser adultos en los principios del siglo XXI) en la iglesia y el impacto de la iglesia en los millennials. La mayoría de los datos tienden a enfocarse en los aspectos negativos de su demografía. 

Sin embargo, en mi constante interacción con líderes jóvenes nazarenos — tanto pastores como laicos — me siento muy animado con su amor para la iglesia y su compromiso con la tradición Wesleyana de santidad. 

He llegado a varias conclusiones acerca del ministerio con y entre los millennials. 

Primero, dirigir la iglesia como si “aquí no pasara nada,” no los alcanzará. En 2016, 23 por ciento de las iglesias organizadas reportaron que no tienen jóvenes en su congregación. Piensa en ello… 5,207 iglesias nazarenas no tienen ni un solo joven entre 12 y 29 años. Además de esto, investigación reciente sobre todas las iglesias protestantes en los Estados Unidos, informa que 50 por ciento de los estudiantes en nuestros ministerios juveniles se irá de la iglesia después de salir del bachillerato. Una mayor preocupación del Reino, muchos de estos jóvenes adultos también abandonarán su fe en Cristo. 

Es importante preguntar: ¿Por qué estos jóvenes se están yendo?

Tendencias alarmantes demandan que reconsideremos en oración que “aquí no pasa nada.” No es el momento de ir a lo seguro. Los desafíos nunca han sido tan altos ni las oportunidades tan grandes. 

Segundo, y del lado positivo, estudios muestran que 94 por ciento de los cristianos vienen a la fe en Cristo entre los 4 y 30 años (85 por ciento entre los 4 y 14 años). Más allá, a pesar de que la mitad de los jóvenes adultos están yéndose de la iglesia después del bachillerato, la mitad se está quedando. Así como la iglesia debe preguntarse por qué algunos se están yendo, es esencial descubrir por qué la otra mitad se está quedando y encontrar maneras de replicar esas razones en nuestros contextos locales. ¿Cómo es que los jóvenes adultos están encontrando identidad, pertenencia y propósito en sus congregaciones, que los hace querer ser parte nosotros?

Aquellos que están dispuestos a quedarse, tienen esperanza y sueños para la iglesia. Descubrí esto en una serie de grupos de enfoque con millennials, realizada en los últimos 12 meses. Aprendí que ellos quieren ser parte de una iglesia que es auténtica, honesta, encarnacional, que hace la diferencia, y sobre todo, que está centrada en Cristo. Las preguntas que ellos están haciendo a la iglesia son simples, pero al mismo tiempo profundas: 

  1. ¿Ustedes (la iglesia) están haciendo las preguntas correctas? ¿Conocen los problemas más profundos que el mundo está enfrentando ahora, y están dispuestos a enfrentar estos problemas directamente? 
  2. ¿Están siendo honestos acerca de las deficiencias de la iglesia? ¿Están dispuestos a hacer el arduo trabajo de cambiar para ser relevantes en el futuro para la gloria de Dios? 
  3. ¿Ustedes me quieren?
  4. ¿Ustedes me necesitan?

Los millennials, indudablemente, harán las cosas diferentes a sus predecesores. Ellos no están motivados por las mismas cosas que las generaciones anteriores. Ellos no están inspirados por mantener instituciones. Pero ellos darán sus vidas a un movimiento de Dios que desea su ayuda.

Foro de Ministerio Urbano – Parte 3 de 3

Esta es la última parte del discurso del Superintendente General David A. Busic presentado en el Foro de Ministerio Urbano de la Iglesia del Nazareno, realizado en Chicago el 13 de julio de 2016. Puedes encontrar la primera y segunda parte en la entrada anterior.

Tengo una pasión creciente por el contexto de ministerio urbano porque estoy convencido de que la plantación de iglesias y el ministerio de renovación en los centros urbanos del mundo necesita de más estudio y pericia para que la Iglesia del Nazareno siga creciendo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) proyecta que para el año 2030 seis de cada diez personas vivirán en la ciudad y para el 2050 este porcentaje subirá a siete de cada diez. Estas proyecciones casi duplicarán la población urbana global a 6.4 billones de personas.

resize-of-mex1The Associated Press reportó en junio de 2014 que por primera vez en un siglo la información del censo Americano indica que la mayoría de las ciudades más grandes de Estados Unidos están creciendo con mayor velocidad que los suburbios que las rodean. La Región Asia-Pacífico de la Iglesia del Nazareno ha reportado 107 ciudades de más de un millón que tienen menos de 3% de presencia Cristiana. A medida que la Iglesia del Nazareno ha ido creciendo en afluencia y socioeconómicamente en las últimas décadas, ha hecho un trabajo adecuado en alcanzar las áreas suburbanas y rurales. Sin embargo, al ministerio en las ciudades no le ha ido tan bien. Esta es una realidad desconcertante especialmente teniendo en cuenta las predicciones recientes en cuanto al crecimiento urbano que no muestra buena señal para el futuro de nuestra denominación.

Las ciudades son centros de diversidad cultural. Las ciudades marcan el paso de la economía global y local. Las ciudades moldean las áreas artísticas, educativas y tecnológicas de la sociedad. Los profesionales jóvenes e inmigrantes están moviéndose a las áreas urbanas por decenas de miles. Pero las ciudades permanecen como un desafío para las iglesias porque son caras, complejas y secularizadas. Además, los habitantes en la ciudad moderna son resistentes y escépticos al concepto de que la religión de cualquier tipo pueda solucionar los problemas globales de nuestro día. Por estas y otras razones la mayoría de nuestras ciudades no tienen suficientes iglesias.

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Las estrategias más comunes para el ministerio urbano de la Iglesia del Nazareno se han concentrado en centros de ministerio de compasión y en las congregaciones étnicas. Mientras que éstos continúan siendo modelos importantes, no pueden ser los únicos métodos para tratar las complejidades del mundo urbano. El “mundo urbano” se ha convertido en algo más que las personas que lo habitan en sus límites – se ha convertido en una cosmovisión en donde todos vivimos independientemente de donde esté localizada nuestra dirección.  

Si nuestras estrategias urbanas han de ser exitosas debemos aprender a dirigir la misión en vez de preocuparnos por la estructura. A mi amigo, Michael Mata, le gustaba decir: “Cuando se trata de las ciudades, la función debe preceder la forma.” Y por lo tanto hemos hecho algo más que invitarte a participar de esta mesa redonda. Te hemos invitado a que entres hasta la cocina y nos ayudes a determinar qué comida debemos servir al orar por tener la mente de Cristo.

Timothy Keller dijo: “Así como va la ciudad, va el mundo.” ¿Puede la Iglesia del Nazareno crear un movimiento urbano otra vez? Esta es mi esperanza y oración.

Puedes leer y descargar el discurso completo en el siguiente enlace: busic-presentation-urban-forum-july-2016-spanish

Foro de Ministerio Urbano – Parte 2 de 3

Esta es la segunda parte del discurso del Superintendente General David A. Busic presentado en el Foro de Ministerio Urbano de la Iglesia del Nazareno, realizado en Chicago el 13 de julio de 2016. Puedes encontrar la primera parte en la entrada anterior.

Dos meses antes, en octubre del mismo año, Bresee escribió: “El primer milagro después del bautismo del Espíritu Santo fue en la vida de un mendigo. Esto significa que el primer servicio de la iglesia recién bautizada por el Espíritu Santo es al pobre; que su ministerio es hacia aquellos que más lo necesitan. Así como el Espíritu estaba sobre Jesús para predicar el evangelio al pobre, Su Espíritu está sobre Sus siervos con el mismo propósito.”

Otra vez vemos que Paul Benefiel habla al respecto: “Aunque los padres fundadores de la Iglesia del Nazareno vieron que su ministerio primordial era hacia el pobre, y en las ciudades, también es aparente que las iglesias de la denominación generalmente se estaban moviendo fuera de las ciudades y lejos del pobre. De hecho, la mayoría de las iglesias no podían con el tumulto, la tensión y las frustraciones de la ciudad.”

¿De qué manera retomó la Iglesia del Nazareno su ministerio en el contexto urbano? ¿Cuáles fueron las influencias internas y externas que operaban a fin de cambiar su trayectoria inminente y regresar al énfasis original de la Iglesia para con el pobre de las zonas urbanas y el bienestar de las ciudades?

pobreza1Aún así otra visión empezó a surgir a la misma vez. Timothy Smith, un historiador respetado de la Universidad Johns Hopkins, escribió lo que es considerado por muchos como la historia preeminente de la Iglesia del Nazareno. Él describe la historia denominacional en su libro, Llamados a la Santidad. Smith sostuvo que los primeros años de la Iglesia del Nazareno fueron forjados en un acuerdo mutuo con visiones similares pero ligeramente diferentes sobre la vida Cristiana. El resultado fue una tensión creativa y, a su vez, una fuente de conflicto.

En las palabras de Smith: “Ni el origen ni la historia subsecuente de la Iglesia del Nazareno puede ser entendida sin un conocimiento de las dos tradiciones de santidad, una urbana y la otra rural.” 

Las características distintivas que Smith vio como agente leudante en la iglesia urbana (primordialmente por la influencia del norte) incluía una visión nacional, con una inclinación educativa y un gran sentido de entendimiento y empatía con el Wesleyanismo original, vistas en las enseñanzas teológicas y reformas sociales de John Wesley. Sus centros de fuerza eclesiástica fueron primordialmente en las ciudades o suburbios periféricos cercanos.

el-cauca-colombiano-vive-esceptico-y-en-guerra-el-dialogo-entre-el-gobierno-y-las-farc-617x410En contraste, el grupo sureño de Nazarenos que se unieron a la Iglesia poco después fue predominantemente rural y reconocido por su rigurosidad contra la “formalidad y mundanería.” Su enfoque estaba más direccionado hacia el evangelismo agresivo, mover al creyente a que tenga una crisis personal de entera santificación así como la influencia predominante del ethos presente en las famosas campañas evangelísticas del movimiento de Santidad en el siglo XIX.

Esta unión un tanto incómoda entre las tradiciones de la santidad urbana y la rural fue considerada un milagro por muchos y, como Smith observa, una clave para entender el ADN Nazareno. Sin embargo, trajo también una tensión que permaneció a través de los años dentro de la estructura, política y estrategia de la denominación. La denominación ciertamente evolucionó en gran manera desde esos tiempos tempranos. Pero las preguntas polémicas de aquellos días siguen sonando: ¿Puede una iglesia de mentalidad urbana existir junto a una iglesia de mentalidad rural? ¿Será que una iglesia rural puede reorientarse efectivamente para alcanzar los grandes centros urbanos del mundo?

 

Espera la última parte de este discurso en la próxima entrada.

Puedes leer y descargar el discurso completo en español en el siguiente enlace: busic-presentation-urban-forum-july-2016-spanish

Foro de Ministerio Urbano – Parte 1 de 3

Esta es la primera parte del discurso del Superintendente General David A. Busic presentado en el Foro de Ministerio Urbano de la Iglesia del Nazareno, realizado en Chicago el 13 de julio de 2016.

La Iglesia del Nazareno empezó en 1895 en la ciudad de Los Ángeles, California. Phineas F. Bresee es considerado el fundador de la Iglesia del Nazareno, quien dejó una posición prominente y cómoda en la Iglesia Metodista para servir a los pobres y adictos en el centro de la ciudad de Los Ángeles. Una de sus entradas en su diario decía: “Había sido mi deseo tener un lugar en el corazón de la ciudad, el cual podría convertirse en un “centro de fuego santo” y donde el evangelio pudiera ser predicado al pobre.”

La Iglesia del Nazareno recibió su nombre cuando sus líderes laicos y ministros fundadores pasaron una noche entera en oración. La mañana siguiente, un laico llamado J.P. Widney (el segundo presidente de la Universidad del Sur de California), sugirió el nombre como señal de que esta nueva Iglesia pudiera ser identificada con ese aspecto del ministerio de Jesús quien se dedicó a servir a las clases más bajas y aquellos que habían sido marginados.  

Las minutas de la reunión organizativa de la Primera Iglesia del Nazareno en Los Ángeles, California, en el día 20 de octubre de 1895, decían lo siguiente:


reflejo-de-lo-que-ocurre-en-el-sur-de-la-ciudad-315x180Habiendo sido claramente llamados por Dios para continuar con su obra en la conversión de pecadores, la santificación de creyentes y edificación en la santidad de aquellos encomendados a nuestro cuidado, nos asociamos con la Iglesia de Dios bajo el nombre Iglesia del Nazareno. Deseamos buscar la simplicidad y poder de la Iglesia primitiva del Nuevo Testamento. El campo de trabajo al cual nos sentimos llamados es a los barrios olvidados de las ciudades y dondequiera que haya lugares desechados y almas buscando perdón y purificación del pecado. Este trabajo lo haremos a través de agencias en misiones urbanas, servicios evangelísticos, visitas casa en casa, cuidado a los pobres y moribundos. Para este fin nos esforzamos personalmente a caminar con Dios e invitar a otros a hacer lo mismo.

Con esta declaración, el Dr. Phineas F. Bresee y otros Nazarenos apasionados por esta misión se juntaron con un mismo propósito y lanzaron el movimiento urbano. El compromiso de los Nazarenos con las ciudades trajo un nuevo interés por las masas por parte de otros grupos e iglesias.

img_5067Este compromiso a las ciudades sirvió como una motivación viable a lo largo de los primeros años de esta nueva denominación. Pero con el pasar del tiempo, el concepto del crecimiento de iglesia conocido como “Redención y Ascensión” trajo una tendencia en desarrollo para las iglesias de reubicarse en los suburbios a donde sus miembros se estaban mudando. Paul Benefiel, superintendente de distrito en el Distrito de Los Ángeles en ese tiempo, sugirió que era posible que la Iglesia del Nazareno se estaba apartando del propósito original del Dr. Bresee en 1901, evidenciado en una declaración que escribió en Nazarene Messenger, el 31 de diciembre de 1901: “La evidencia de la presencia de Jesús en nuestro medio es llevar el evangelio, especialmente al pobre. Esto debe ser algo genuino; es más que un sentimiento; no puede ser simulado o imitado con éxito.”

 

Espera más de este discurso en la siguiente entrada.

Puedes leer y descargar el discurso completo en español aquí: busic-presentation-urban-forum-july-2016-spanish

 

Mirando adelante con esperanza

Escrito por: Dr. David A. Busic.

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Los últimos meses han sido extremadamente difíciles para la familia global. Noticias de violencia, racismo, terrorismo, sufrimiento, y gran tragedia parecen ser los sucesos diarios. Con tantas malas noticias, ¿qué significa ser personas de esperanza? Más específicamente, ¿qué es la esperanza cristiana y cómo esto cambia nuestra perspectiva?

La esperanza cristiana está basada en una persona.

La esperanza cristiana no es el poder del pensamiento positivo. No está basada en las circunstancias, sean buenas o malas. No son las nuevas y mejores ideas, las filosofías utópicas o la política reformada. La esperanza cristiana es enfocada objetivamente en la persona de Jesucristo quien ha sido revelado a nosotros como “la gracia de Dios,” “la salvación a todas las personas,” y nuestra “bendita esperanza” (Tito 2:11-13 NVI). La esperanza en cualquier otra cosa no nos dará lo que buscamos. Jesús es el único que puede satisfacer el hambre profunda en nuestros corazones.

La esperanza cristiana mira hacia un futuro prometido.

La manera en que manejamos nuestra vida presente está completamente determinada por cómo creemos que será nuestro futuro. Si nuestra esperanza está arraigada o fundada en un futuro que es mucho mejor y más grande de donde nos encontramos hoy, es posible enfrentar las tremendas adversidades y grandes dificultades con paz y gozo. Cuando ponemos nuestra esperanza en un futuro prometido que sabemos no fallará, incluso los más grandes sacrificios pueden ser soportados y ser encontrados significativos.

Nuestra esperanza en Jesucristo es la esperanza de que vendrá un día cuando Dios hará que todas las cosas que están mal en el mundo, vuelvan a estar bien otra vez. Nuestra esperanza es que Dios hará que el mundo sea como debe ser. Nuestra esperanza es que viviremos una vida resucitada con Jesús y la familia de Dios por la eternidad en el cielo.

La esperanza cristiana mira hacia un futuro mejor.

Esa esperanza nos cambia.

Mirar hacia adelante en esperanza cambia nuestro comportamiento. De repente nos encontramos a nosotros mismos actuando muy diferente y pensando muy diferente. “…y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas” (Tito 2:12a NVI). La antigua manera de vivir no tiene el mismo empuje en nosotros como antes.

Mirar hacia adelante en esperanza cambia nuestro propósito. Nuestras prioridades cambian. Nuestras pasiones son redirigidas. “…y nos enseña a… vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio” (Tito 2:12b NVI). Empezamos a vivir hoy como si el futuro prometido por Dios ya estuviera a nuestra alcance.

C.S. Lewis dijo una vez, “Si tú lees historia encontrarás que los cristianos que hicieron más por el mundo presente fueron aquellos que pensaron más en el próximo.”

Mirar adelante con esperanza significa que vemos la visión de Dios de un mundo sin más pobreza, ni más guerra, ni más violencia, ni más injusticia. Y porque esa es una fotografía de cómo se ve nuestro futuro, como ciudadanos del reino celestial y como personas que creen que Dios siempre cumple sus promesas, comenzamos a trabajar hacia esa visión ahora mismo, aquí en la tierra. Empezamos a esperar, a orar, y a trabajar por un tiempo donde haya justicia y paz, donde las personas hambrientas puedan comer y donde la gente enferma pueda estar bien. Empezamos a vivir hacia el tiempo donde no hay odio, prejuicio, sistemas injustos, ni racismo. Vivimos hoy a la manera en que Dios quiere que su mundo sea mañana.

La esperanza es el lenguaje de intercambio de el trabajo y ministerio cristianos. Porque tenemos un futuro prometido, nos da la valentía de arriesgar mucho más que si no lo tuviéramos. “Todas las cosas son hechas nuevas” es la esperanza escatológica del mañana de Dios y nos da la fortaleza para orar, “Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

En el Corazón de la Ciudad

Escrito por: David A. Busic

unnamedPhineas F. Bresee es ampliamente considerado como el fundador de la Iglesia del Nazareno. Dejó una posición destacada, muy cómoda en la Iglesia Metodista para trabajar con los pobres y adictos en Skid Row en el centro de la ciudad de Los Ángeles. En una de sus entradas del diario declaró: “Había sido mi largamente acariciado deseo tener un lugar en el corazón de la ciudad, donde se pudiera hacer un centro de fuego santo, y donde el evangelio se pudiera predicar a los pobres.”

La Organización Mundial de la Salud proyecta que para el 2030, seis de cada 10 personas vivirán en una ciudad, y en 2050 esta proporción aumentará a siete de cada 10 personas. Estas proyecciones, casi doblan la población mundial urbana a 6,4 millones de personas.

La organización llamada Associated Press informó en junio 2014 que, por primera vez en un siglo, los datos del censo de Estados Unidos de América indican que la mayoría de las ciudades más grandes de América están creciendo a un ritmo más rápido que sus suburbios circundantes. A medida que la Iglesia del Nazareno se ha vuelto más rica y resucitado socioeconómicamente en las últimas décadas, se ha hecho un adecuado, si no un buen trabajo, de llegar a las zonas suburbanas y rurales. Sin embargo, el ministerio en el contexto urbano no ha ido tan bien. Esta es una realidad preocupante, especialmente a la luz de los recientes pronósticos de crecimiento urbano.

Las ciudades son centros de diversidad cultural. Ciudades dirigen economías regionales y mundiales, y las ciudades son las forjadores de la sociedad educativa, artística y tecnológica. Los jóvenes profesionales y los inmigrantes se están moviendo hacia las zonas urbanas como decenas de miles de personas. Como dice Tim Keller, “En la medida que las ciudades van, así va el mundo.”

Sin embargo, las ciudades siguen siendo un desafío para las iglesias, porque a menudo son caras, complejas y secularizadas. Además, los ciudadanos modernos suelen ser resistentes y escépticos de la idea de que la religión de cualquier tipo puede resolver los profundos problemas globales de nuestro tiempo. Por estas y otras razones, la mayoría de nuestras ciudades están devaluando la iglesia por mucho hoy.

Las estrategias de los ministerios urbanos más comunes para la Iglesia del Nazareno se han concentrado en los centros de ministerios de compasión y congregaciones étnicas. Estos siguen siendo modelos importantes y eficaces, pero no pueden ser los únicos enfoques metodológicos para abordar las complejidades del mundo urbano. Debemos reimaginar el ministerio en nuestras ciudades. El “mundo urbano” se ha convertido en más que los que viven dentro de los límites de la ciudad; ahora es una visión del mundo en el que vivimos todos, independientemente de nuestro domicilio.

Los primeros días formativos de nuestra iglesia comenzaron en “el corazón de la ciudad.” Creo que Dios podría solo estar llamándonos a volver a la ciudad.

¿Ayunan los líderes espirituales?

¡Hoy inicia la Cuaresma! En esta semana iniciamos con algunas publicaciones sobre la oración, la negación o el sacrificio (ayuno, silencio, meditación, etc.). Por eso, vamos a iniciar con un artículo de nuestro superintendente general que habla sobre el ayuno. Esperamos que estas entradas les ayuden a pensar en el camino al gran sacrificio de amor que hizo nuestro Señor Jesucristo por cada uno de nosotros.

Por: David A. Busic, Superintendente General

unnamed¿Ayunan los líderes espirituales hoy en día? No estoy tratando de ser provocativo. Realmente no lo sé.

Juan Wesley creía que mientras que la gracia de Dios no se puede ganar, los cristianos no son llamados a permanecer de brazos cruzados para recibir la gracia, sino que han de participar activamente en los medios de gracia. Los medios de gracia son las diversas maneras en que Dios trabaja para dar a sus hijos la fuerza diaria, paz suficiente, renovación de la fe, poder espiritual y un corazón puro.

Históricamente, los medios de gracia se pueden dividir en dos categorías: obras de piedad y las obras de misericordia. Obras de piedad son principalmente lo que hacemos para mejorar nuestra relación personal con Cristo. Las obras de misericordia son lo que hacemos para participar en un ministerio y en la misión de Dios en el mundo. Ambas obras de piedad y obras de misericordia tienen un componente individual (lo que podemos hacer solos) y el componente comunitario (lo que debemos hacer con los demás).

Trabajos individuales de piedad incluyen la meditación de las Escrituras, asistir fielmente a los cultos de adoración, compartir nuestra fe con otros, la oración y el ayuno. Obras comunales de piedad incluyen la participación en los sacramentos, la rendición de cuentas el uno al otro (también conocida como la conferencia cristiana), estudio de la Biblia y la predicación.

Yo sé que los líderes espirituales meditan en las Escrituras, comparten su fe, y oran. Pero, ¿siguen ayunando?

Juan Wesley creía que el ayuno era tan importante que ayunaba todos los miércoles y viernes, y exhortó a sus primeros metodistas a hacer lo mismo. Incluso se negó a ordenar a cualquier persona para el ministerio Metodista si no ayunaba en esos dos días.

Jesús practicó regularmente tanto la oración como el ayuno. Aunque no puedo encontrar un lugar en la Escritura donde Jesús manda explícitamente a ayunar, el supuesto implícito es que Él espera que sus seguidores lo practiquen. Por ejemplo, la enseñanza de Jesús sobre el ayuno en el Sermón de la Monte es en el contexto de dar y orar. Él parece asumir que el dar, orar y ayunar se entrelazan como un aspecto vital de la práctica y la devoción cristiana. Por lo tanto, excluir el ayuno de nuestra práctica espiritual sería como excluir la oración o el dar.

Al igual que todos los medios de gracia, el ayuno no se hace para el bien de Dios. Es para nosotros. No creo que el ayuno haga que Dios nos quiera llevar a una cima más de lo que ya desea hacerlo. Más bien, el ayuno nos coloca en una postura de humildad, con un aumento de la sensibilidad al Espíritu de Dios, donde podemos ser abiertos, honestos y más en sintonía con su voluntad y propósitos para nuestras vidas.

Como seguidor de Jesús, ya no veo el ayuno como algo que debo hacer para conseguir la atención de Dios. Yo lo veo como una invitación para que la gracia fluya.

No puedo hablar de obras de piedad en los demás. Pero como un líder espiritual, voy a ayunar.

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