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¡Fuera toda Barrera!

Por Luz Jiménez Avendaño

“En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros: Bernabé; Simeón, apodado Níger; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: ‘Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.’ Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.” Hechos 13:1-3

La iglesia cristiana ya estaba madura para tomar la más grande de todas las decisiones. Habían consentido, con toda deliberación en llevar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Fue una decisión tomada bajo la dirección del Espíritu Santo. La verdad es que los hombres de la Iglesia primitiva no hacían su voluntad, sino la de Dios.

El pasaje de Hechos 13:1-3 nos habla de profetas y maestros. Éstos tenían funciones diferentes. Los profetas no pertenecían a ninguna iglesia determinada. Eran predicadores errantes que daban toda su vida para escuchar la Palabra de Dios y transmitirla a sus hermanos en la fe. Los maestros pertenecían a las iglesias locales y sus funciones eran las de instruir a aquellos que aceptaban la fe cristiana.

Esta lista de profetas simboliza el llamado universal del evangelio. Bernabé era un judío oriundo de Chipre; Lucio provenía de Cirene en el Norte de África; Simeón era también un judío, pero se da su otro nombre, Níger (el Negro), que es romano y que muestra que se debe haber movido en círculos formados por romanos. Manaén era un hombre con conexiones en la aristocracia y en la corte; y Pablo mismo era un judío de Tarso en Cilicia y un rabí. Como podemos darnos cuenta, en este grupo está ejemplificada la influencia unificadora del cristianismo. Hombres de muchas tierras y con distintos trasfondos habían descubierto el secreto de estar juntos: habían descubierto la unidad en Cristo.

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Dios llama a todo creyente a proclamar su palabra en diferentes partes del mundo. Todos somos llamados a llevar buenas noticias de salvación. Hay mucho que contar, tenemos mucho que decir, pero tenemos algunos problemas: nuestros prejuicios hacia una cultura distinta a la nuestra, costumbres, tradiciones, legalismos, y pretextos vanos.  Todo aquello que no funciona ante el llamado del Señor constituye una barrera para no obedecer a la orden de “ir.”   

Lo cierto es que somos creyentes y ante un llamado que viene del cielo, necesitamos corresponder al amor maravilloso de Dios para que otros puedan conocerle. Estos hombres aceptaron el llamado del Señor. Eran de diferentes culturas, pero formaron un solo equipo para cumplir un solo fin y un solo propósito: predicar el mensaje a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados y necesitaban ser salvos.  ¡Es hora de echar fuera toda barrera y de predicar las buenas noticias!

*Luz Jiménez ha servido por cinco años como misionera voluntaria, y actualmente es la Coordinadora de Misiones Globales y Génesis para el Área Mesoamérica NorCentral: Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua.

¡Hay una Aplicación para eso! Bueno, tal vez no…

Scott Armstrong

Uso aplicaciones en mi smartphone varias horas durante el día. Probablemente tú también.

¿Twitter? ¿Deportes? ¿Conteo diario de pasos? Sí, hay aplicaciones móviles para todo eso.

Pero tú ya sabes eso. ¿Sabías que hay una aplicación para rasurarte virtualmente? ¿Y para ordeñar una vaca? ¿O que hay incluso una aplicación para nada? Es correcto. Literalmente hace nada. La pantalla se vuelve gris y…………hace nada.

Asegúrate de descargarla hoy.

Pareciera que hay una aplicación para todo. Hay millones de aplicaciones para cosas que, verdaderamente, nunca había pensado en toda mi vida.

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Pero en lo que se refiere a ministerio, hay áreas a las que las aplicaciones no han llegado.

¿Darme 26 horas del día en lugar de 24? No hay una aplicación para eso.

¿Ayudarme a encajar sin problemas en una nueva cultura en un periodo de una semana? No existe la aplicación.

¿Hacer que mi vecino al final de la cuadra responda al evangelio y ver su vida transformada? No.

Muchas aplicaciones te ayudan a ahorrar tiempo. Pero no te dan más tiempo. El tiempo es el gran nivelador.

Algunas aplicaciones te ayudan a aprender un idioma o descubrir más sobre una cultura o país. ¿Pero el trabajo difícil de pasar tiempo con gente real, comiendo su comida, empezando a amarlos por quienes son, sin motivos egoístas ni etnocéntricos? Eso no es instantáneo.

He explorado muchas aplicaciones que proveen formas para compartir el evangelio, pero no existe ninguna aplicación que garantice la transformación de vida.

La idea de las aplicaciones usualmente es para hacer la vida más fácil. Ellas nos pueden ayudar a que el trabajo se haga, a interactuar con otros, o a divertirnos. Las aplicaciones son formas prácticas para, de alguna manera, asistirnos directamente y agilizar los procesos diarios que algunas veces son complicados.

Pero el ministerio no es así. Honestamente, me vuelve loco.

Recientemente estaba hablando con mi esposa, lamentándome porque la iglesia local que plantamos en República Dominicana no está avanzando como yo quisiera. Supuestamente estamos preparados, somos ministros capaces quienes han sido efectivos en muchos y distintos lugares y ministerios. No solo hemos asistido a los seminarios de entrenamiento sobre cómo impactar la ciudad; ahora ¡nosotros ENSEÑAMOS esos seminarios de entrenamiento! Entonces, ¡¿cuál es el problema?! ¿Por qué no todos los vecinos que amamos, y por quienes nos preocupamos, acuden al servicio cada semana? ¡¿Por qué los nuevos cristianos toman dos pasos hacia adelante y pareciera que dan tres pasos hacia atrás en su caminar con Cristo?! En un nivel menos espiritual, ¡¿por qué nuestras cuentas siempre están en números bajos y por qué ese tonto baño fuera del santuario sigue sin funcionar?! ¡Qué fastidio!

Mucho en nuestra vida está dominado por aplicaciones que nos ayudan a hacer cosas de forma más rápida, más barata y más eficiente. Pero casi siempre el ministerio – si es un ministerio genuino, arduo, y encarnacional – no es así.

Me gustaría que existieran atajos. Pero no existe ninguna aplicación para eso. El Espíritu Santo necesita hacer un trabajo profundo en las vidas de las personas, las finanzas, e incluso en los baños.

Señor, rápido o lento, con o sin aplicación, empieza ese trabajo en nosotros.

Sal de la Tierra

Por Charles W. Christian

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?” — Mateo 5:13  

Hoy en día la sal, de alguna manera, tiene mala fama. Puede causar alta presión arterial y problemas del corazón cuando es consumida en exceso. Parte de la razón por la cual la sal tiene esta reputación es porque es muy accesible. Pero, por supuesto, éste no siempre ha sido el caso. En la antigüedad, la sal era relativamente escasa. La sal que podía ser utilizada para consumo era todavía más escasa.

En la antigüedad, la sal podía ser un método de pago y, hasta la invención de las latas y la refrigeración, la sal fue la principal manera en la cual la comida era preservada para su almacenamiento. Mientras que el consumo excesivo de sal puede tener efectos nocivos para la salud, la sal es un mineral esencial para la vida humana.

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Jesús llama a sus seguidores “la sal de la tierra.”

Esto significa que somos los agentes de Dios para el cuidado y la salud de este mundo. ¡Esto es un gran llamado! Realmente Dios desea usarnos para evitar que el mundo se corrompa. Somos agentes que previenen la decadencia de nuestro mundo, a través de compartir las buenas nuevas del amor y la gracia de Dios. Cuando elegimos no participar en la agenda de Dios para nosotros y para nuestro mundo, nosostros “perdemos nuestro sabor” y de hecho, podemos convertirnos en parte del problema.

Como nazarenos, definimos santidad como una experiencia individual y como una experiencia continua de participar con todo el pueblo de Dios en la expansión de la voluntad de Dios en el mundo. En otras palabras, la santidad posee componentes tanto individuales como sociales.

Individualmente, somos transformados por Dios para que juntos seamos “la sal de la tierra.”

Que, dirigidos por el Espíritu Santo, esta semana y siempre busquemos maneras de ser agentes del amor transformador de Dios en el mundo.

Oración:

Señor, somos tuyos. Mientras nos rendimos a ti, muévenos de la oscuridad a la luz. Al hacerlo, que seamos instrumentos de tu paz, amor y cuidado en el mundo para que otros sean preparados para recibir tu Espíritu Santo y caminar con nosotros en la gloria eterna de tu presencia a través de Cristo nuestro Señor, amén.

*Charles W. Christian el jefe de redacción de Holiness Today.

Este artículo fue publicado originalmente en Holiness Today.

No Morirás sin Antes Verlo

Por Hiram Vega

Profetas, sacerdotes, reyes y plebeyos; esperaron por siglos la llegada del Mesías. 

Una pregunta constante era ¿cuándo vendrá el Mesías? el Ungido de Dios que acabará con todas las desgracias del pueblo de Dios. Habían pasado ya 400 años del profeta Malaquías y Dios no hablaba más. 

Bueno, sí hablaba, pero con unos pocos escogidos. Parecía que uno en particular, un enigma llamado Simeón, tenía línea directa al cielo. ¿Qué persona tan importante podría ser para que Dios mismo le indicara lo que iba a pasar? Humanamente hablando, su importancia era nula. Era un anciano común, con un nombre más común aún, desconocido para todos, pero conocido y respetado en el Cielo. Su carácter era del mismo calibre que el de José y María. El evangelio dice que era un hombre justo. No solo eso, era un buscador sincero de Dios. El Cielo toma nota y Dios derrama su Espíritu Santo sobre él. ¿No se supone que el Espíritu Santo vino en Pentecostés? Dios dice en Jeremías 29:13, Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón.”

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A este anciano del que no sabemos casi nada, el Espíritu Santo le confirma que no moriría hasta que viera al Ungido del SEÑOR. Esas son estupendas noticias para alguien que ha estado esperando ver el cumplimiento de las profecías de antaño.

Hoy día los cristianos esperamos el Regreso del SEÑOR y nadie sabe el día ni la hora de su segunda venida. Pero Simeón sí estaba enterado de su primera venida. Llegado el momento el Espíritu Santo lo guía al templo justo a tiempo para encontrar a un humilde carpintero de Belén y a su esposa presentando a su recién nacido. En la tierra no hubo fanfarrias ni coros ni homenajes reales que resaltaran ese momento, y sin embargo el Cielo daba a un anciano adorador un privilegio anhelado por Reyes y Profetas: ser el primero en reconocer al Mesías.

Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
«Ahora, Dios mío, puedes dejarme morir en paz. »¡Ya cumpliste tu promesa! »Con mis propios ojos he visto al Salvador, a quien tú enviaste y al que todos los pueblos verán. »Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y será la honra de tu pueblo Israel.»

Hoy día, el pueblo sigue habitando en tinieblas. Millones no conocen la salvación del SEÑOR. Hoy Dios sigue hablando a sus Simeones, hombres y mujeres cuya prioridad es conocer a Dios y darlo a conocer. Los corazones de ellos anhelan que más gente sea salva, hasta que toda la tierra sea llena de la gloria del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar.

 

 

Piedras Vivas

Por Ken Mitchell

La guía de turistas se presentó en la entrada de las Cavernas de Linville e inmediatamente nos advirtió acerca de no tocar ninguna de las piedras dentro del lugar. Ella explicó que esas eran piedras vivas y que el ácido producido por el contacto humano podía hacer que ellas dejaran de crecer.

Era un sábado por la tarde, Janet, nuestros dos nietos y yo estábamos en nuestra excursión anual. Este año habíamos visitado minas de piedras preciosas y ahora estábamos a punto de explorar el interior de la montaña de Linville en Carolina del Norte. Me pareció interesante la advertencia, pero el concepto de piedras vivas no captó por completo mi atención hasta la mañana del siguiente martes cuando leí 1 Pedro 2. Mientras leía los versículos 4 y 5 recordé nuestro viaje del sábado. “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Me di cuenta que, si soy una piedra viva, debo saber lo que una piedra viva es.

El Espíritu Santo me llevó de regreso a la guía de turistas. Ella había indicado que las piedras estaban vivas porque estaban creciendo. Cuando el agua mineral fluye sobre las piedras, deposita sobre ellas minerales adicionales. Estos depósitos adicionales provocan un crecimiento lento. Creo que ella dijo que crecían aproximadamente 1 pulgada cúbica cada 100 años. Por supuesto que es un crecimiento lento, pero es crecimiento. Ella definió las “piedras vivas” como “piedras crecientes.”

También nosotros debemos ser piedras crecientes si queremos encajar en la definición de piedras vivas en 1 Pedro 2:5.

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Las piedras en las Cavernas de Linville son alimentadas por el flujo constante de agua mineral. Yo me pregunté a mí mismo, ¿cómo puedo alimentarme para crecer y ser una piedra viva?

Encontré la respuesta en el versículo 2: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Recordé a Elizabeth, nuestra nieta de 7 meses de edad. Cuando ella desea leche, todos a su alrededor lo saben. Ella no se tranquiliza hasta que su hambre es satisfecha. ¿Qué pasaría si solo alimentamos a Elizabeth una vez a la semana los domingos por la mañana? O tres veces a la semana: ¿domingo por la mañana, domingo por la tarde, y miércoles por la tarde? Obviamente esto no funcionaría. Primero, ella no nos dejaría en paz expresando su deseo por tomar leche, y en segundo lugar, ella no crecería.

¿Mi deseo por “la leche espiritual no adulterada” es tan fuerte como el deseo de Elizabeth por leche para su estómago? ¿Mi alma ruega por ser alimentada? Esto es un reto para mí. Elizabeth no se puede alimentar a ella misma ni puede controlar sus horarios de alimentación, pero yo sí puedo. Como un adulto maduro, alimento mi cuerpo físico tres veces al día. ¿Cómo es qué puedo hacer menos por mi vida espiritual? Gracias a Señor por enseñarme cómo ser una “piedra viva.” Espero que otros lean esto y sean desafiados también, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.”

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

3 Maneras de Convertirse en los Ancianos/Mentores Piadosos que la Juventud Actual Necesita y Desea Seguir

Por Karl Vaters

La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

Esta generación quiere honrar a sus mayores y ser guiados por ellos.

Puede que no parezca cierto, especialmente si tú, como yo, tienes la edad suficiente para ser miembro de la tercera edad. Pero te aseguro que lo es.

Lo sé porque lo veo todo el tiempo. Los jóvenes, tanto dentro como fuera de las paredes de la iglesia, están buscando relaciones genuinas con sus mayores.

Quieren aprender, conectarse y crecer. Quieren ser discipulados y discípulos.

No, no todos. La mayoría de nosotros no quería conscientemente eso cuando teníamos su edad, tampoco. Pero en mi experiencia, más de los jóvenes de hoy quieren hombres y mujeres piadosos en sus vidas, comparado con lo que queríamos nosotros cuando teníamos su edad.

Convertirse en los ancianos que ellos necesitan que seamos

Hace un par de semanas, escribí, ¡Hola, Boomers! Avancemos Y Seamos Ahora Mismo Los Ancianos Que La Iglesia Necesita Desesperadamente , y recibimos muchos comentarios, la mayoría de ellos muy alentadores.

Pero también hubo algún retroceso. Todas las críticas expresaron el mismo punto de vista: los jóvenes de hoy tal vez puedan necesitar a ancianos en sus vidas, pero es imposible encontrar a quienes realmente están dispuestos a ser discipulados.

Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia en las experiencias que algunos creyentes mayores tienen con los más jóvenes? ¿Y cómo podemos mejorar esto?

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Creo que se reduce a tres factores principales, todos los cuales tienen más que ver con la forma en que nosotros, como ancianos, nos acercamos a nuestro rol, que con la manera en cómo se comportan los jóvenes o cómo se sienten.

1. Ve hacia donde ellos están

Los ancianos deben estar dispuestos a conocer a los jóvenes de hoy en su territorio en lugar de exigirles que vengan al nuestro.

Comienza sirviendo, no exigiendo.

Vivir y caminar con ellos, no solo hablarles.

Esto significa escuchar antes de hablar. Realmente escuchar lo que están pasando.

Cuando lo hagamos, descubriremos que tienen tres tipos de desafíos.

Primero, tienen desafíos que son obviamente universales. Cómo negociar relaciones y tomar decisiones sabias, por ejemplo. Con ellos, podemos ofrecer sabiduría a partir de nuestra propia experiencia en Cristo.

En segundo lugar, expresarán ideas y deseos que al principio parecerán extraños (como su elección de entretenimiento o querer tatuarse), pero mientras más escuchemos, más encontraremos un terreno común. Debajo de la mayoría de esas opciones está el deseo de encajar y destacarse. Cuando éramos más jóvenes sentimos la misma confusión, pero la expresamos de diferentes maneras. (¿Recuerdas cómo reaccionaron nuestros padres ante nuestros peinados y la elección de la música?) En esas situaciones, podemos compartir la sabiduría de nuestras necesidades subyacentes comunes, incluso si no compartimos sus gustos.

Finalmente, están los desafíos que enfrentan que realmente son diferentes de todo lo que tuvimos que enfrentar. Por ejemplo, es probable que la generación de nuestros hijos y nietos, por primera vez en la historia de nuestra nación, gane menos dinero que sus padres. También enfrentan una cultura que es cada vez más indiferente, incluso hostil a un testigo cristiano. Nada de eso es su culpa, pero tienen que vivir en consecuencia. En tales situaciones, el mejor obsequio que podamos tener para ellos no será un buen consejo, sino un oído comprensivo y comprensivo y una amistad amorosa y llena de oración.

Para convertirse en los ancianos eficaces que la próxima generación necesita, debemos tener un enfoque similar al de los misioneros cuando entran en una cultura que es nueva, y por lo tanto se sienten extraños y a veces nos dan miedo. En tales situaciones, la humildad recorre un largo camino. Tenemos que escuchar y aprender antes de que tengamos algo para enseñar.

2. Sé alguien digno de respetar

Necesitamos comportarnos como ancianos dignos de honor. Vivir vidas que la gente quiera emular. Seguir a Jesús con tanta alegría, pasión y esperanza que otros no puedan evitar sentirse atraídos por él.

Si te resulta difícil encontrar jóvenes que deseen ser tener un mentor, hazte esta pregunta en serio. ¿Te comportas de una manera digna de ser respetada? ¿Realmente estás estableciendo un ejemplo a seguir? No solo en comportamiento (propio) justo, sino en generosidad desinteresada y capacidad de enseñanza humilde.

Nadie quiere escuchar a un viejo chiflado con una mentalidad de “¿qué le pasa a los jóvenes hoy?” O una actitud de “cuando tenía tu edad sabíamos cómo respetar a nuestros mayores.”

Como ancianos, no es nuestro trabajo condenar el pecado o corregir su comportamiento. Ese es el trabajo de Jesús. Y Él lo hace muy bien.

Es nuestro trabajo amarlos. Para liderar con el ejemplo a medida que vivimos una vida de humildad, santidad, paciencia y alegría.

Ciertamente habrá momentos de corrección. Pero tenemos que ganarnos el derecho de hacerlo demostrándonos ser confiables primero. La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

3. Ayúdalos a ser como Jesús, no como nosotros

El objetivo de un anciano o un mentor cristiano no es ayudar a la próxima generación a ser más como nosotros. Es ayudarlos a ser más como Jesús. La única forma en que podemos hacer eso es volvernos más como Cristo.

Las generaciones actuales y venideras no quieren hacer la iglesia de la manera en que lo hicimos. Esto es algo bueno.

Convertirte como tus mayores no es discipulado, es mimetismo. Repetir sus hábitos y comportamientos no es crecimiento, es repasar los movimientos.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también. Entonces, cuando se vuelvan más como Jesús, nos desafiarán a seguir creciendo aún más. Cada uno sirve y bendice al otro en un ciclo ascendente de fe.

Un sirviente siempre se volverá como su amo. Pero un anciano no es un maestro. Un anciano sigue al Maestro y ayuda a otros a seguirlo también.

Este artículo fue publicado originalmente: Christianity Today

Llamados a Santidad – Parte 3 de 3

Esta semana hemos explorado las características de una vida santa como ha esbozado la Dra. Nina Gunter. Hemos reproducido la introducción y la primera parte del sermón “Llamados a Santidad.” Hoy terminamos este mensaje detallando las últimas cinco características de un pueblo santo.

6. Fe (vida) holística basada en el origen y preeminencia de Dios.

Él es la fuente de todo lo que somos, y Él es Señor de todo lo que hacemos. Las disciplinas están integradas.

Todo es permeado con la presencia de Dios…todo lo que somos 7 días a la semana, 24 horas al día, y en todo lo que hacemos.

Nuestras vidas no están divididas. Es Dios en nosotros—en todo: en la casa, trabajo u oficina, escuela, iglesia, viajes—vivir la realidad de la presencia constante de Dios.

La pregunta de Juan Wesley al principio de sus reuniones de clase era, “¿Cómo va esto con tu alma?” La fe holística influencia cada paso de la vida.

7. Corazones con propósito basados en el amor de Dios.

El amor de Dios—el incondicional, el amor santo de Dios—es la esencia. Es el corazón del mensaje de Dios.

Se trata de la teología del amor…el amor de Dios no está basado en una actuación. El amor de Dios no está basado en buenas obras, sino en el amor, la gracia y la misericordia de Dios mismo.

Somos quienes somos—hijos de Dios—porque somos llenos del amor de Dios. Este amor nos empodera a ser personas íntegras y auténticas. Dios habla en serio sobre amarle con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esta es la esencia de la santidad.

Sean santos.

Sean mis testigos. Ser viene antes de hacer.

Sean el pueblo de Dios.

8. Liderazgo siervo basado en la mente de siervo de Cristo.

“Jesús se humilló a sí mismo.” Él se ciñó a sí mismo con la toalla del Servicio. Estaba interesado en la toalla—no en juguetes, títulos y baratijas.

Servimos a Dios en ministrar a las personas.

Nos despojamos de nuestros derechos en sumisión a la justicia de Dios.

Ilustración: Un pastor de la República Democrática del Congo caminó por días para llegar a la Asamblea y ser ordenado. Se le hicieron las preguntas tradicionales por el Superintendente General: ¿Predica la santidad? ¿Su gente entiende la santidad? ¿Cómo lo sabe? Su respuesta: “Cuando los problemas vienen, nos unimos. Identificamos el problema, y así juntos en amor buscamos la solución.”

Un pueblo santo se despoja de sí mismo para servir a los propósitos de Dios.

9. Trabajo significativo basado en el llamado de Dios.

El significado de nuestra trabajo no es visto a través de los resultados—aunque son importantes. No—el significado de nuestro trabajo se basa en el llamado de Dios.

Creemos en un ministerio por el llamado de Dios.

¿Escuchaste “La Voz”?

Es el corazón de Dios. Detrás de la voz hay una persona. Ese es Dios.

¿Dónde está el valor en lo que hacemos? No el dinero…no los beneficios. Pero hay alguien que nos llama, quien da significado y propósito a nuestro trabajo.

El que nos llama no nos deja ni nos abandona. Cuando las nubes están bajas, las noches son largas, y los deberes son muchos—El que nos llama está ahí dándole significado a todo lo que hacemos. Salmo 46:10.

No hay lugar abandonado por Dios.

10. El ser restaurado basado en la imagen de Dios.

Un sentido de ser quebrantado lleva a la gente a buscar la plenitud para ser restaurado.

La salvación es la restauración de la imagen de Dios en nosotros.

“Humpty Dumpty en una pared se sentó,

Humpty Dumpty de ahí arriba se cayó.

Todos los caballos del Rey y todos los hombres del Rey

No pudieron poner a Humpty entero otra vez.”

Pero Dios puede hacer plena a la gente otra vez.

Nosotros los nazarenos creemos que nadie está tan perdido que no pueda ser encontrado—nadie tan malo que no pueda ser redimido—nadie tan lejos que no pueda regresar.

Si estás convencido que tienes un tesoro, es fácil recomendarlo a otros.

En cada persona, está la imagen cubierta de Dios.

La santidad nunca será una teología anticuada porque la naturaleza humana no ha cambiado. La santidad se trata de la naturaleza de Dios transformando nuestra naturaleza para que sea como la naturaleza de Él.

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Por lo tanto, podemos predicar un mensaje de esperanza y santidad. El mensaje de santidad es un mensaje de esperanza.

¡Podemos ser liberados del poder del pecado! Podemos ser purificados, santificados totalmente, empoderados con la llenura del Espíritu Santo, restaurados en la imagen de Dios.

Hay momentos de crisis en esto. Y hay un proceso en esto.

Dios puede liberarnos de cualquier cosa que hay en nuestra vida contraria a la naturaleza de Dios y que nos esclaviza.

Conclusión:

Juan Wesley: “No tengo miedo que la gente llamada metodista deje de existir en Europa de América. Temo que existan solo como una secta muerta, teniendo la forma de religión sin poder. Y esto indudablemente será el caso a menos que se mantengan firmes en la doctrina, el espíritu y la disciplina que los afirmó la primera vez.”

Nazarenos, ¿cuál es nuestra doctrina, espíritu y disciplina básicos? Es la misma que Juan Wesley definió para los metodistas—la experiencia y el crecimiento en santidad de corazón y vida en los nazarenos.

El gran cumplido pagado a ustedes como distritos, iglesias, oficinas o escuelas: un Dios santo camina entre un pueblo santo en este lugar.

¿El movimiento de santidad está vivo en su distrito? ¿En el Centro Global de Ministerios? ¿Su iglesia? ¿Su escuela? ¿Su casa?

Está en tus manos.

Llamados a Santidad – Parte 2 de 3

En la entrada anterior del blog, compartí la introducción de un mensaje de santidad memorable por la Dra. Nina Gunter. Hoy y en la última entrega de la semana, compartiré el resto de su sermón.

En las 11 páginas del Estatuto Histórico de nuestro Manual, las palabras santidad y santificación son referenciadas más de 70 veces.

La Santidad es nuestro llamado.

La Santidad es nuestro ímpetu.

La Santidad es nuestra pasión.

La Santidad es nuestro fuego.

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  • Las personas hacen preguntas sobre santidad.
  • Las principales denominaciones quieren saber más sobre el movimiento de santidad.
  • La iglesia católica romana está haciendo preguntas. De hecho, ellos enviaron un representante a la reunión del Proyecto de Estudio Wesleyano de Santidad.
  • Los jóvenes se sienten atraídos hacia la fuerza integral del mensaje de santidad.

La Junta de Superintendentes Generales con superintendentes generales y obispos de la tradición wesleyana participaron, a través de representación de la Junta, en un consorcio para definir el movimiento de santidad.

El coordinador, Kevin Mannoia, antiguo obispo de la Iglesia Metodista Libre y actualmente capellán graduado de la Universidad de Azusa Pacífico, publicó 10 frases (las primeras cinco las compartiré aquí, las últimas cinco al finalizar la semana) que son elementos descriptivos de características del movimiento de santidad.

  1. Carácter transformado basado, mayormente, en la alteridad de Dios.

Nosotros también seremos “otro.”

Hemos recibido el mandato: “No se conformen a este mundo.”

  • Jesús oró por sus seguidores, “Ellos no son de este mundo, así como yo no soy del mundo.”
  • Como creyentes, estamos “apartados.”
  • Jesús se dio a sí mismo por nosotros y purificó para sí mismo “un pueblo elegido” o “un pueblo especial totalmente comprometido a hacer buenas acciones.” Tito 2:14
  • Esto no significa que somos extremistas—si así fuera, tendemos a ser sectarios. Sino que somosun pueblo especial.
  • La comunidad alrededor entonces verá a los seguidores de Cristo como personas diferentes con valores piadosos, principios cristianos, ciudadanos íntegros.
  • A través de los años, alrededor del mundo, la Iglesia del Nazareno ha ido a donde no somos deseados, nos hemos quedado, hemos vivido como Cristo hasta que la comunidad ha dicho, “No se vayan. No podríamos lograrlo sin ustedes.”
  1. Compromiso responsable basado en la encarnación de Dios.

Dios no estuvo satisfecho siendo “otro,” sino que tomó la iniciativa de vivir con y en nosotros.

Como resultado nosotros tomamos la iniciativa para comprometernos con aquello que está quebrantado entre nosotros. Esta es la Missio Dei que deriva de la naturaleza de Dios.

Un compromiso social y misional—expresiones encarnacionales de santidad personal y social.

Esto incluye ministerio—hacer discípulos semejantes a Cristo en todas las naciones. No puedes separar santidad y misiones.

Este compromiso misional está aquí—allá—en todas partes—e incluye el ministerio entre los pobres, los marginados y excluidos. Nos compromete a compensar la injusticia. Ahora nos unimos con Dios en sus propósitos. Este es el optimismo de la gracia. La gracia trae la plenitud a partir del caos.

La Missio Dei (La Misión de Dios) es comprendida de una mejor manera en el idioma del Reino. Vivir el Reino abraza a Dios en adoración en medio de contextos transnacionales, multilingües, multiculturales y transgeneracionales.

  1. Relaciones saludables basadas en la naturaleza trina de Dios.

Relaciones basadas en el modelo recíproco del Reino.

  • Sumisión voluntaria
  • Unidad a partir de la diversidad

No hay unidad hasta que primero haya diversidad. Si no hay unidad, no hay poder.

  • Tenemos desacuerdos, pero no nos destruimos.

Fue dicho de la iglesia en el Nuevo Testamento, “Miren cuánto se aman unos a otros.” Esto es, “Miren cómo se relacionan, se aceptan y se incluyen unos a otros.”

Las relaciones saludables son una característica de un pueblo santo—una iglesia santa.

El Espíritu Santo es el gran unificador. La prueba del Espíritu son sus obras de amor. Juan Wesley habló de un “amor puro hacia Dios y los hombres.” Dios santifica a todos juntos.

  1. Decisiones sabias basadas en la libre elección de Dios de impartir el libre albedrío.

Dios nos ha dado la gracia de tener libertad para elegir.

La determinación no tiene sentido.

La sabiduría viene de la presencia de Cristo en nosotros.

“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.” Santiago 1:5

Dios nos da libertad para usar la sabiduría que Él nos da.

  1. Pensamiento curioso basado en lo impresionante que es Dios.

En su creatividad Dios nos hizo a su imagen. Él desató su creatividad en nosotros. Dios no es un micro-administrador. Él es el Creador y Él la entrega a la humanidad. Dios dijo, “Ve y señorea sobre la tierra. Cuida de mi creación.”

Este pensamiento curioso se relaciona a nuestra filosofía de artes liberales. Buscamos a Dios en todas las disciplinas…con todas las aventuras…todos los grandes descubrimientos. Nos volvemos aprendices de por vida de la verdad de Dios…de su mundo…su gente.

Por lo tanto, la iglesia abraza el aprendizaje—artes liberales—en la educación.

J.B. Champan dijo, “Necesitamos construir escuelas o morir como iglesia. “Necesitamos ser espiritualmente rectos, intelectualmente correctos y académicamente fuertes.” En un movimiento de santidad, hay pensamiento curioso y crítico, basado en lo impresionante que es Dios.

***El resto de este sermón será publicado más adelante en esta semana.

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