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Sal de la Tierra

Por Charles W. Christian

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?” — Mateo 5:13  

Hoy en día la sal, de alguna manera, tiene mala fama. Puede causar alta presión arterial y problemas del corazón cuando es consumida en exceso. Parte de la razón por la cual la sal tiene esta reputación es porque es muy accesible. Pero, por supuesto, éste no siempre ha sido el caso. En la antigüedad, la sal era relativamente escasa. La sal que podía ser utilizada para consumo era todavía más escasa.

En la antigüedad, la sal podía ser un método de pago y, hasta la invención de las latas y la refrigeración, la sal fue la principal manera en la cual la comida era preservada para su almacenamiento. Mientras que el consumo excesivo de sal puede tener efectos nocivos para la salud, la sal es un mineral esencial para la vida humana.

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Jesús llama a sus seguidores “la sal de la tierra.”

Esto significa que somos los agentes de Dios para el cuidado y la salud de este mundo. ¡Esto es un gran llamado! Realmente Dios desea usarnos para evitar que el mundo se corrompa. Somos agentes que previenen la decadencia de nuestro mundo, a través de compartir las buenas nuevas del amor y la gracia de Dios. Cuando elegimos no participar en la agenda de Dios para nosotros y para nuestro mundo, nosostros “perdemos nuestro sabor” y de hecho, podemos convertirnos en parte del problema.

Como nazarenos, definimos santidad como una experiencia individual y como una experiencia continua de participar con todo el pueblo de Dios en la expansión de la voluntad de Dios en el mundo. En otras palabras, la santidad posee componentes tanto individuales como sociales.

Individualmente, somos transformados por Dios para que juntos seamos “la sal de la tierra.”

Que, dirigidos por el Espíritu Santo, esta semana y siempre busquemos maneras de ser agentes del amor transformador de Dios en el mundo.

Oración:

Señor, somos tuyos. Mientras nos rendimos a ti, muévenos de la oscuridad a la luz. Al hacerlo, que seamos instrumentos de tu paz, amor y cuidado en el mundo para que otros sean preparados para recibir tu Espíritu Santo y caminar con nosotros en la gloria eterna de tu presencia a través de Cristo nuestro Señor, amén.

*Charles W. Christian el jefe de redacción de Holiness Today.

Este artículo fue publicado originalmente en Holiness Today.

No Morirás sin Antes Verlo

Por Hiram Vega

Profetas, sacerdotes, reyes y plebeyos; esperaron por siglos la llegada del Mesías. 

Una pregunta constante era ¿cuándo vendrá el Mesías? el Ungido de Dios que acabará con todas las desgracias del pueblo de Dios. Habían pasado ya 400 años del profeta Malaquías y Dios no hablaba más. 

Bueno, sí hablaba, pero con unos pocos escogidos. Parecía que uno en particular, un enigma llamado Simeón, tenía línea directa al cielo. ¿Qué persona tan importante podría ser para que Dios mismo le indicara lo que iba a pasar? Humanamente hablando, su importancia era nula. Era un anciano común, con un nombre más común aún, desconocido para todos, pero conocido y respetado en el Cielo. Su carácter era del mismo calibre que el de José y María. El evangelio dice que era un hombre justo. No solo eso, era un buscador sincero de Dios. El Cielo toma nota y Dios derrama su Espíritu Santo sobre él. ¿No se supone que el Espíritu Santo vino en Pentecostés? Dios dice en Jeremías 29:13, Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón.”

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A este anciano del que no sabemos casi nada, el Espíritu Santo le confirma que no moriría hasta que viera al Ungido del SEÑOR. Esas son estupendas noticias para alguien que ha estado esperando ver el cumplimiento de las profecías de antaño.

Hoy día los cristianos esperamos el Regreso del SEÑOR y nadie sabe el día ni la hora de su segunda venida. Pero Simeón sí estaba enterado de su primera venida. Llegado el momento el Espíritu Santo lo guía al templo justo a tiempo para encontrar a un humilde carpintero de Belén y a su esposa presentando a su recién nacido. En la tierra no hubo fanfarrias ni coros ni homenajes reales que resaltaran ese momento, y sin embargo el Cielo daba a un anciano adorador un privilegio anhelado por Reyes y Profetas: ser el primero en reconocer al Mesías.

Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo:
«Ahora, Dios mío, puedes dejarme morir en paz. »¡Ya cumpliste tu promesa! »Con mis propios ojos he visto al Salvador, a quien tú enviaste y al que todos los pueblos verán. »Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y será la honra de tu pueblo Israel.»

Hoy día, el pueblo sigue habitando en tinieblas. Millones no conocen la salvación del SEÑOR. Hoy Dios sigue hablando a sus Simeones, hombres y mujeres cuya prioridad es conocer a Dios y darlo a conocer. Los corazones de ellos anhelan que más gente sea salva, hasta que toda la tierra sea llena de la gloria del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar.

 

 

Piedras Vivas

Por Ken Mitchell

La guía de turistas se presentó en la entrada de las Cavernas de Linville e inmediatamente nos advirtió acerca de no tocar ninguna de las piedras dentro del lugar. Ella explicó que esas eran piedras vivas y que el ácido producido por el contacto humano podía hacer que ellas dejaran de crecer.

Era un sábado por la tarde, Janet, nuestros dos nietos y yo estábamos en nuestra excursión anual. Este año habíamos visitado minas de piedras preciosas y ahora estábamos a punto de explorar el interior de la montaña de Linville en Carolina del Norte. Me pareció interesante la advertencia, pero el concepto de piedras vivas no captó por completo mi atención hasta la mañana del siguiente martes cuando leí 1 Pedro 2. Mientras leía los versículos 4 y 5 recordé nuestro viaje del sábado. “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Me di cuenta que, si soy una piedra viva, debo saber lo que una piedra viva es.

El Espíritu Santo me llevó de regreso a la guía de turistas. Ella había indicado que las piedras estaban vivas porque estaban creciendo. Cuando el agua mineral fluye sobre las piedras, deposita sobre ellas minerales adicionales. Estos depósitos adicionales provocan un crecimiento lento. Creo que ella dijo que crecían aproximadamente 1 pulgada cúbica cada 100 años. Por supuesto que es un crecimiento lento, pero es crecimiento. Ella definió las “piedras vivas” como “piedras crecientes.”

También nosotros debemos ser piedras crecientes si queremos encajar en la definición de piedras vivas en 1 Pedro 2:5.

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Las piedras en las Cavernas de Linville son alimentadas por el flujo constante de agua mineral. Yo me pregunté a mí mismo, ¿cómo puedo alimentarme para crecer y ser una piedra viva?

Encontré la respuesta en el versículo 2: “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Recordé a Elizabeth, nuestra nieta de 7 meses de edad. Cuando ella desea leche, todos a su alrededor lo saben. Ella no se tranquiliza hasta que su hambre es satisfecha. ¿Qué pasaría si solo alimentamos a Elizabeth una vez a la semana los domingos por la mañana? O tres veces a la semana: ¿domingo por la mañana, domingo por la tarde, y miércoles por la tarde? Obviamente esto no funcionaría. Primero, ella no nos dejaría en paz expresando su deseo por tomar leche, y en segundo lugar, ella no crecería.

¿Mi deseo por “la leche espiritual no adulterada” es tan fuerte como el deseo de Elizabeth por leche para su estómago? ¿Mi alma ruega por ser alimentada? Esto es un reto para mí. Elizabeth no se puede alimentar a ella misma ni puede controlar sus horarios de alimentación, pero yo sí puedo. Como un adulto maduro, alimento mi cuerpo físico tres veces al día. ¿Cómo es qué puedo hacer menos por mi vida espiritual? Gracias a Señor por enseñarme cómo ser una “piedra viva.” Espero que otros lean esto y sean desafiados también, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.”

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

3 Maneras de Convertirse en los Ancianos/Mentores Piadosos que la Juventud Actual Necesita y Desea Seguir

Por Karl Vaters

La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

Esta generación quiere honrar a sus mayores y ser guiados por ellos.

Puede que no parezca cierto, especialmente si tú, como yo, tienes la edad suficiente para ser miembro de la tercera edad. Pero te aseguro que lo es.

Lo sé porque lo veo todo el tiempo. Los jóvenes, tanto dentro como fuera de las paredes de la iglesia, están buscando relaciones genuinas con sus mayores.

Quieren aprender, conectarse y crecer. Quieren ser discipulados y discípulos.

No, no todos. La mayoría de nosotros no quería conscientemente eso cuando teníamos su edad, tampoco. Pero en mi experiencia, más de los jóvenes de hoy quieren hombres y mujeres piadosos en sus vidas, comparado con lo que queríamos nosotros cuando teníamos su edad.

Convertirse en los ancianos que ellos necesitan que seamos

Hace un par de semanas, escribí, ¡Hola, Boomers! Avancemos Y Seamos Ahora Mismo Los Ancianos Que La Iglesia Necesita Desesperadamente , y recibimos muchos comentarios, la mayoría de ellos muy alentadores.

Pero también hubo algún retroceso. Todas las críticas expresaron el mismo punto de vista: los jóvenes de hoy tal vez puedan necesitar a ancianos en sus vidas, pero es imposible encontrar a quienes realmente están dispuestos a ser discipulados.

Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia en las experiencias que algunos creyentes mayores tienen con los más jóvenes? ¿Y cómo podemos mejorar esto?

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Creo que se reduce a tres factores principales, todos los cuales tienen más que ver con la forma en que nosotros, como ancianos, nos acercamos a nuestro rol, que con la manera en cómo se comportan los jóvenes o cómo se sienten.

1. Ve hacia donde ellos están

Los ancianos deben estar dispuestos a conocer a los jóvenes de hoy en su territorio en lugar de exigirles que vengan al nuestro.

Comienza sirviendo, no exigiendo.

Vivir y caminar con ellos, no solo hablarles.

Esto significa escuchar antes de hablar. Realmente escuchar lo que están pasando.

Cuando lo hagamos, descubriremos que tienen tres tipos de desafíos.

Primero, tienen desafíos que son obviamente universales. Cómo negociar relaciones y tomar decisiones sabias, por ejemplo. Con ellos, podemos ofrecer sabiduría a partir de nuestra propia experiencia en Cristo.

En segundo lugar, expresarán ideas y deseos que al principio parecerán extraños (como su elección de entretenimiento o querer tatuarse), pero mientras más escuchemos, más encontraremos un terreno común. Debajo de la mayoría de esas opciones está el deseo de encajar y destacarse. Cuando éramos más jóvenes sentimos la misma confusión, pero la expresamos de diferentes maneras. (¿Recuerdas cómo reaccionaron nuestros padres ante nuestros peinados y la elección de la música?) En esas situaciones, podemos compartir la sabiduría de nuestras necesidades subyacentes comunes, incluso si no compartimos sus gustos.

Finalmente, están los desafíos que enfrentan que realmente son diferentes de todo lo que tuvimos que enfrentar. Por ejemplo, es probable que la generación de nuestros hijos y nietos, por primera vez en la historia de nuestra nación, gane menos dinero que sus padres. También enfrentan una cultura que es cada vez más indiferente, incluso hostil a un testigo cristiano. Nada de eso es su culpa, pero tienen que vivir en consecuencia. En tales situaciones, el mejor obsequio que podamos tener para ellos no será un buen consejo, sino un oído comprensivo y comprensivo y una amistad amorosa y llena de oración.

Para convertirse en los ancianos eficaces que la próxima generación necesita, debemos tener un enfoque similar al de los misioneros cuando entran en una cultura que es nueva, y por lo tanto se sienten extraños y a veces nos dan miedo. En tales situaciones, la humildad recorre un largo camino. Tenemos que escuchar y aprender antes de que tengamos algo para enseñar.

2. Sé alguien digno de respetar

Necesitamos comportarnos como ancianos dignos de honor. Vivir vidas que la gente quiera emular. Seguir a Jesús con tanta alegría, pasión y esperanza que otros no puedan evitar sentirse atraídos por él.

Si te resulta difícil encontrar jóvenes que deseen ser tener un mentor, hazte esta pregunta en serio. ¿Te comportas de una manera digna de ser respetada? ¿Realmente estás estableciendo un ejemplo a seguir? No solo en comportamiento (propio) justo, sino en generosidad desinteresada y capacidad de enseñanza humilde.

Nadie quiere escuchar a un viejo chiflado con una mentalidad de “¿qué le pasa a los jóvenes hoy?” O una actitud de “cuando tenía tu edad sabíamos cómo respetar a nuestros mayores.”

Como ancianos, no es nuestro trabajo condenar el pecado o corregir su comportamiento. Ese es el trabajo de Jesús. Y Él lo hace muy bien.

Es nuestro trabajo amarlos. Para liderar con el ejemplo a medida que vivimos una vida de humildad, santidad, paciencia y alegría.

Ciertamente habrá momentos de corrección. Pero tenemos que ganarnos el derecho de hacerlo demostrándonos ser confiables primero. La mejor manera de ayudar a fomentar el Fruto del Espíritu en los demás no es exigirlo a ellos, sino vivirlo con ellos.

3. Ayúdalos a ser como Jesús, no como nosotros

El objetivo de un anciano o un mentor cristiano no es ayudar a la próxima generación a ser más como nosotros. Es ayudarlos a ser más como Jesús. La única forma en que podemos hacer eso es volvernos más como Cristo.

Las generaciones actuales y venideras no quieren hacer la iglesia de la manera en que lo hicimos. Esto es algo bueno.

Convertirte como tus mayores no es discipulado, es mimetismo. Repetir sus hábitos y comportamientos no es crecimiento, es repasar los movimientos.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también.

Cuando los ancianos se vuelven más como Jesús, les mostramos a los que vienen detrás de nosotros cómo hacerlo también. Entonces, cuando se vuelvan más como Jesús, nos desafiarán a seguir creciendo aún más. Cada uno sirve y bendice al otro en un ciclo ascendente de fe.

Un sirviente siempre se volverá como su amo. Pero un anciano no es un maestro. Un anciano sigue al Maestro y ayuda a otros a seguirlo también.

Este artículo fue publicado originalmente: Christianity Today

Llamados a Santidad – Parte 3 de 3

Esta semana hemos explorado las características de una vida santa como ha esbozado la Dra. Nina Gunter. Hemos reproducido la introducción y la primera parte del sermón “Llamados a Santidad.” Hoy terminamos este mensaje detallando las últimas cinco características de un pueblo santo.

6. Fe (vida) holística basada en el origen y preeminencia de Dios.

Él es la fuente de todo lo que somos, y Él es Señor de todo lo que hacemos. Las disciplinas están integradas.

Todo es permeado con la presencia de Dios…todo lo que somos 7 días a la semana, 24 horas al día, y en todo lo que hacemos.

Nuestras vidas no están divididas. Es Dios en nosotros—en todo: en la casa, trabajo u oficina, escuela, iglesia, viajes—vivir la realidad de la presencia constante de Dios.

La pregunta de Juan Wesley al principio de sus reuniones de clase era, “¿Cómo va esto con tu alma?” La fe holística influencia cada paso de la vida.

7. Corazones con propósito basados en el amor de Dios.

El amor de Dios—el incondicional, el amor santo de Dios—es la esencia. Es el corazón del mensaje de Dios.

Se trata de la teología del amor…el amor de Dios no está basado en una actuación. El amor de Dios no está basado en buenas obras, sino en el amor, la gracia y la misericordia de Dios mismo.

Somos quienes somos—hijos de Dios—porque somos llenos del amor de Dios. Este amor nos empodera a ser personas íntegras y auténticas. Dios habla en serio sobre amarle con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esta es la esencia de la santidad.

Sean santos.

Sean mis testigos. Ser viene antes de hacer.

Sean el pueblo de Dios.

8. Liderazgo siervo basado en la mente de siervo de Cristo.

“Jesús se humilló a sí mismo.” Él se ciñó a sí mismo con la toalla del Servicio. Estaba interesado en la toalla—no en juguetes, títulos y baratijas.

Servimos a Dios en ministrar a las personas.

Nos despojamos de nuestros derechos en sumisión a la justicia de Dios.

Ilustración: Un pastor de la República Democrática del Congo caminó por días para llegar a la Asamblea y ser ordenado. Se le hicieron las preguntas tradicionales por el Superintendente General: ¿Predica la santidad? ¿Su gente entiende la santidad? ¿Cómo lo sabe? Su respuesta: “Cuando los problemas vienen, nos unimos. Identificamos el problema, y así juntos en amor buscamos la solución.”

Un pueblo santo se despoja de sí mismo para servir a los propósitos de Dios.

9. Trabajo significativo basado en el llamado de Dios.

El significado de nuestra trabajo no es visto a través de los resultados—aunque son importantes. No—el significado de nuestro trabajo se basa en el llamado de Dios.

Creemos en un ministerio por el llamado de Dios.

¿Escuchaste “La Voz”?

Es el corazón de Dios. Detrás de la voz hay una persona. Ese es Dios.

¿Dónde está el valor en lo que hacemos? No el dinero…no los beneficios. Pero hay alguien que nos llama, quien da significado y propósito a nuestro trabajo.

El que nos llama no nos deja ni nos abandona. Cuando las nubes están bajas, las noches son largas, y los deberes son muchos—El que nos llama está ahí dándole significado a todo lo que hacemos. Salmo 46:10.

No hay lugar abandonado por Dios.

10. El ser restaurado basado en la imagen de Dios.

Un sentido de ser quebrantado lleva a la gente a buscar la plenitud para ser restaurado.

La salvación es la restauración de la imagen de Dios en nosotros.

“Humpty Dumpty en una pared se sentó,

Humpty Dumpty de ahí arriba se cayó.

Todos los caballos del Rey y todos los hombres del Rey

No pudieron poner a Humpty entero otra vez.”

Pero Dios puede hacer plena a la gente otra vez.

Nosotros los nazarenos creemos que nadie está tan perdido que no pueda ser encontrado—nadie tan malo que no pueda ser redimido—nadie tan lejos que no pueda regresar.

Si estás convencido que tienes un tesoro, es fácil recomendarlo a otros.

En cada persona, está la imagen cubierta de Dios.

La santidad nunca será una teología anticuada porque la naturaleza humana no ha cambiado. La santidad se trata de la naturaleza de Dios transformando nuestra naturaleza para que sea como la naturaleza de Él.

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Por lo tanto, podemos predicar un mensaje de esperanza y santidad. El mensaje de santidad es un mensaje de esperanza.

¡Podemos ser liberados del poder del pecado! Podemos ser purificados, santificados totalmente, empoderados con la llenura del Espíritu Santo, restaurados en la imagen de Dios.

Hay momentos de crisis en esto. Y hay un proceso en esto.

Dios puede liberarnos de cualquier cosa que hay en nuestra vida contraria a la naturaleza de Dios y que nos esclaviza.

Conclusión:

Juan Wesley: “No tengo miedo que la gente llamada metodista deje de existir en Europa de América. Temo que existan solo como una secta muerta, teniendo la forma de religión sin poder. Y esto indudablemente será el caso a menos que se mantengan firmes en la doctrina, el espíritu y la disciplina que los afirmó la primera vez.”

Nazarenos, ¿cuál es nuestra doctrina, espíritu y disciplina básicos? Es la misma que Juan Wesley definió para los metodistas—la experiencia y el crecimiento en santidad de corazón y vida en los nazarenos.

El gran cumplido pagado a ustedes como distritos, iglesias, oficinas o escuelas: un Dios santo camina entre un pueblo santo en este lugar.

¿El movimiento de santidad está vivo en su distrito? ¿En el Centro Global de Ministerios? ¿Su iglesia? ¿Su escuela? ¿Su casa?

Está en tus manos.

Llamados a Santidad – Parte 2 de 3

En la entrada anterior del blog, compartí la introducción de un mensaje de santidad memorable por la Dra. Nina Gunter. Hoy y en la última entrega de la semana, compartiré el resto de su sermón.

En las 11 páginas del Estatuto Histórico de nuestro Manual, las palabras santidad y santificación son referenciadas más de 70 veces.

La Santidad es nuestro llamado.

La Santidad es nuestro ímpetu.

La Santidad es nuestra pasión.

La Santidad es nuestro fuego.

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  • Las personas hacen preguntas sobre santidad.
  • Las principales denominaciones quieren saber más sobre el movimiento de santidad.
  • La iglesia católica romana está haciendo preguntas. De hecho, ellos enviaron un representante a la reunión del Proyecto de Estudio Wesleyano de Santidad.
  • Los jóvenes se sienten atraídos hacia la fuerza integral del mensaje de santidad.

La Junta de Superintendentes Generales con superintendentes generales y obispos de la tradición wesleyana participaron, a través de representación de la Junta, en un consorcio para definir el movimiento de santidad.

El coordinador, Kevin Mannoia, antiguo obispo de la Iglesia Metodista Libre y actualmente capellán graduado de la Universidad de Azusa Pacífico, publicó 10 frases (las primeras cinco las compartiré aquí, las últimas cinco al finalizar la semana) que son elementos descriptivos de características del movimiento de santidad.

  1. Carácter transformado basado, mayormente, en la alteridad de Dios.

Nosotros también seremos “otro.”

Hemos recibido el mandato: “No se conformen a este mundo.”

  • Jesús oró por sus seguidores, “Ellos no son de este mundo, así como yo no soy del mundo.”
  • Como creyentes, estamos “apartados.”
  • Jesús se dio a sí mismo por nosotros y purificó para sí mismo “un pueblo elegido” o “un pueblo especial totalmente comprometido a hacer buenas acciones.” Tito 2:14
  • Esto no significa que somos extremistas—si así fuera, tendemos a ser sectarios. Sino que somosun pueblo especial.
  • La comunidad alrededor entonces verá a los seguidores de Cristo como personas diferentes con valores piadosos, principios cristianos, ciudadanos íntegros.
  • A través de los años, alrededor del mundo, la Iglesia del Nazareno ha ido a donde no somos deseados, nos hemos quedado, hemos vivido como Cristo hasta que la comunidad ha dicho, “No se vayan. No podríamos lograrlo sin ustedes.”
  1. Compromiso responsable basado en la encarnación de Dios.

Dios no estuvo satisfecho siendo “otro,” sino que tomó la iniciativa de vivir con y en nosotros.

Como resultado nosotros tomamos la iniciativa para comprometernos con aquello que está quebrantado entre nosotros. Esta es la Missio Dei que deriva de la naturaleza de Dios.

Un compromiso social y misional—expresiones encarnacionales de santidad personal y social.

Esto incluye ministerio—hacer discípulos semejantes a Cristo en todas las naciones. No puedes separar santidad y misiones.

Este compromiso misional está aquí—allá—en todas partes—e incluye el ministerio entre los pobres, los marginados y excluidos. Nos compromete a compensar la injusticia. Ahora nos unimos con Dios en sus propósitos. Este es el optimismo de la gracia. La gracia trae la plenitud a partir del caos.

La Missio Dei (La Misión de Dios) es comprendida de una mejor manera en el idioma del Reino. Vivir el Reino abraza a Dios en adoración en medio de contextos transnacionales, multilingües, multiculturales y transgeneracionales.

  1. Relaciones saludables basadas en la naturaleza trina de Dios.

Relaciones basadas en el modelo recíproco del Reino.

  • Sumisión voluntaria
  • Unidad a partir de la diversidad

No hay unidad hasta que primero haya diversidad. Si no hay unidad, no hay poder.

  • Tenemos desacuerdos, pero no nos destruimos.

Fue dicho de la iglesia en el Nuevo Testamento, “Miren cuánto se aman unos a otros.” Esto es, “Miren cómo se relacionan, se aceptan y se incluyen unos a otros.”

Las relaciones saludables son una característica de un pueblo santo—una iglesia santa.

El Espíritu Santo es el gran unificador. La prueba del Espíritu son sus obras de amor. Juan Wesley habló de un “amor puro hacia Dios y los hombres.” Dios santifica a todos juntos.

  1. Decisiones sabias basadas en la libre elección de Dios de impartir el libre albedrío.

Dios nos ha dado la gracia de tener libertad para elegir.

La determinación no tiene sentido.

La sabiduría viene de la presencia de Cristo en nosotros.

“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.” Santiago 1:5

Dios nos da libertad para usar la sabiduría que Él nos da.

  1. Pensamiento curioso basado en lo impresionante que es Dios.

En su creatividad Dios nos hizo a su imagen. Él desató su creatividad en nosotros. Dios no es un micro-administrador. Él es el Creador y Él la entrega a la humanidad. Dios dijo, “Ve y señorea sobre la tierra. Cuida de mi creación.”

Este pensamiento curioso se relaciona a nuestra filosofía de artes liberales. Buscamos a Dios en todas las disciplinas…con todas las aventuras…todos los grandes descubrimientos. Nos volvemos aprendices de por vida de la verdad de Dios…de su mundo…su gente.

Por lo tanto, la iglesia abraza el aprendizaje—artes liberales—en la educación.

J.B. Champan dijo, “Necesitamos construir escuelas o morir como iglesia. “Necesitamos ser espiritualmente rectos, intelectualmente correctos y académicamente fuertes.” En un movimiento de santidad, hay pensamiento curioso y crítico, basado en lo impresionante que es Dios.

***El resto de este sermón será publicado más adelante en esta semana.

Llamados a Santidad – Parte 1 de 3

Hace varios años, tuve el privilegio de traducir para la Dra. Nina Gunter en la Cumbre de Santidad celebrada en San José, Costa Rica. Su mensaje, así como muchos otros de sus mensajes, tenía que ver con santidad. Mientras reflexionaba nuevamente sobre sus palabras hace algunos días, decidí reproducir su sermón esta semana, con el permiso de ella. La siguiente es la introducción de su maravilloso sermón.

Llamados a Santidad
1 Pedro 1:13-16

Por Nina Gunter

Una reunión de académicos y líderes wesleyanos exploró la misión de las iglesias del movimiento de santidad. Este Proyecto de Estudio Wesleyano de Santidad hizo serias preguntas, tales como, “¿Es relevante el concepto de santidad para los cristianos del siglo XXI o es una reliquia del pasado?”

Ofrezco estas conclusiones para la Iglesia del Nazareno:

  1. La Iglesia del Nazareno inequívocamente insiste que la santidad no solo es relevante sino esencial en el mundo posmoderno.
  2. Los nazarenos están hambrientos de un mensaje coherente y que sea convincente.
  3. Los nazarenos tienen una oportunidad, como nunca antes, de abrazar las realidades emergentes de esta doctrina de santidad y volverse catalizadores de una renovación y crecimiento espiritual en la iglesia cristiana a través del extraordinario poder del Espíritu Santo.
  4. Si los nazarenos invirtieran más esfuerzo en predicar y enseñar la santidad con convicción y claridad, y dando testimonio a la vida llena del Espíritu, habría una victoria y un crecimiento sin precedentes en nuestras iglesias.

Ilustración: Un pequeño niño travieso atrapa un ave y piensa que tendrá un poco de diversión con un viejo y sabio hombre que era ciego. El niño sostuvo el ave en sus manos, se acercó hacia el anciano y dijo, “Señor—si usted es tan sabio—dígame. ¿El ave en mis manos está viva o muerta?”

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El hombre anciano pensó para sí mismo, “Si digo que está viva, el niño va a aplastar al ave hasta que muera. Si digo que está muerta, el niño volteará y soltará al ave.”

Así que el sabio anciano contestó, “Está en tus manos.”

Yo les pregunto líderes en la Iglesia del Nazareno, ¿la doctrina y experiencia de la santidad continuará siendo el bendito mensaje, misión y estilo de vida de las personas que llamadas nazarenos? ¿O la santidad se volverá una parte de nuestra historia, que es bonita, interesante, pero anticuada?

Un Discipulado Cristocéntrico

Hace pocos meses, el Dr. Rubén Fernández publicó en el sitio web de recursos teológicos: Didache un ensayo sobre el discipulando dentro del contexto de la Región Mesoamérica.  Lo considero una reprensión audaz y perspicaz de nuestro liderazgo y metodología actual (me incluyo en tal distinción). Abajo he provisto un extracto de ese artículo que espero que encuentren retador.  El documento completo se puede descargar aquí.

Necesitamos un mayor compromiso con la vida de santidad. Como discípulos de Cristo necesitamos luchar contra los deseos de la carne que quieren imponerse a los del Espíritu. Deseos que nos llevan a acomodarnos, a evitar situaciones o confrontaciones que puedan causarnos daño, a creer que tenemos derecho a “disfrutar la vida” haciendo la vista gorda al pecado y el sufrimiento que nos rodea.

Tenemos que practicar un discipulado bíblico y cristocéntrico que movilice a la iglesia a servir al mundo.

Hoy, para muchos cristianos (tanto católico romanos como evangélicos), la cruz es simplemente un elemento que forma parte de su vestimenta o una suerte de amuleto protector de su casa o vehículo. Jesús murió por nuestros pecados. Eso es cierto. Pero también es igualmente cierto que Jesús murió por confrontar a la corrupción del poder. El ministerio de Jesús era realmente transformador, contracultura y revolucionario y por lo tanto, altamente peligroso.

Un discipulado bíblico y cristocéntrico debería sacudir a la iglesia de su estado de comodidad y sacarla de su “cielo espiritual” para llevarla a servir a la gente transformando sus comunidades.

Los jóvenes están esperando una iglesia militante, disconforme, reaccionante. Estamos perdiendo a las nuevas generaciones que rechazan a una iglesia interesada en mantener las cosas como están.

¿Qué tanto le enseñamos a la gente lo que significaría tomar la cruz hoy? Ser radicales implicará denunciar la violencia, defender al atacado injustamente, ponerse del lado de los más débiles, los niños, los adultos mayores, los desprotegidos, etc.

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¿Cuál es el precio que una persona paga por eso? No va a tener más dinero, ni ganarse amigos. Al contrario. Probablemente estará “en la mira” de las maras centroamericanas, los carteles de droga o de la trata de personas en México, la policía corrupta, los jueces comprados o los políticos inescrupulosos en casi todas partes. Poniéndonos en el lugar de aquellos hermanos y hermanas que han sido victimados y otros que viven bajo amenaza hacia sus familias, sería difícil creer que nuestra “voz profética” pudiera lidiar con eso.

Juan Wesley decía “el mundo es mi parroquia”.  ¿Cómo podemos movilizar a cada nazareno y nazarena, para que lleve con dignidad su cruz, para que responda a su llamado personal y se involucre activamente en la transformación de ese lugar del mundo donde Dios le envía a servir?

Mi observación en Mesoamérica es que el liderazgo de la iglesia evangélica en términos generales es de modalidad conformista. Lo que hacemos bien es preservar el estatus quo. No desarrollamos un verdadero discipulado en el camino de la cruz. No hacemos liderazgo transformacional real, como el de Jesús; solo ponemos vendas en las heridas (y no es que eso esté mal, pero ¿será suficiente?). Hay algunos de los países de nuestra región como por ejemplo en Centroamérica, en donde el porcentaje de evangélicos es alto y creciente, pero con un minúsculo impacto en el cambio de la sociedad.

El arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, quien fuera asesinado a sangre fría en plena misa en 1980, dijo en una homilía un año antes de su muerte: “Una predicación que no señala el pecado no es una predicación del evangelio… Cuando la Iglesia oye el llanto del oprimido no puede sino denunciar las estructuras sociales que alimentan y perpetúan la miseria de la cual proviene el grito.”

¿Cómo vemos los nazarenos el involucramiento de los miembros de nuestra iglesia en carreras políticas? ¿Qué mensaje estamos comunicando a nuestros miembros acerca del valor de invertir la vida en profesiones relacionadas al servicio y la administración pública?

¿Cómo podemos cambiar el paradigma existente todavía en muchas iglesias de que la única manera de servir a Dios es por medio de la profesión pastoral o el liderazgo intraeclesial?

¿Cómo podemos cambiar de ser formadores de líderes eclesiales a ser formadores de líderes para nuestro contexto y realidad actual?

***Dr. Rubén Fernández es Rector del Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS) en San José, Costa Rica.

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