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Un Discipulado Cristocéntrico

Hace pocos meses, el Dr. Rubén Fernández publicó en el sitio web de recursos teológicos: Didache un ensayo sobre el discipulando dentro del contexto de la Región Mesoamérica.  Lo considero una reprensión audaz y perspicaz de nuestro liderazgo y metodología actual (me incluyo en tal distinción). Abajo he provisto un extracto de ese artículo que espero que encuentren retador.  El documento completo se puede descargar aquí.

Necesitamos un mayor compromiso con la vida de santidad. Como discípulos de Cristo necesitamos luchar contra los deseos de la carne que quieren imponerse a los del Espíritu. Deseos que nos llevan a acomodarnos, a evitar situaciones o confrontaciones que puedan causarnos daño, a creer que tenemos derecho a “disfrutar la vida” haciendo la vista gorda al pecado y el sufrimiento que nos rodea.

Tenemos que practicar un discipulado bíblico y cristocéntrico que movilice a la iglesia a servir al mundo.

Hoy, para muchos cristianos (tanto católico romanos como evangélicos), la cruz es simplemente un elemento que forma parte de su vestimenta o una suerte de amuleto protector de su casa o vehículo. Jesús murió por nuestros pecados. Eso es cierto. Pero también es igualmente cierto que Jesús murió por confrontar a la corrupción del poder. El ministerio de Jesús era realmente transformador, contracultura y revolucionario y por lo tanto, altamente peligroso.

Un discipulado bíblico y cristocéntrico debería sacudir a la iglesia de su estado de comodidad y sacarla de su “cielo espiritual” para llevarla a servir a la gente transformando sus comunidades.

Los jóvenes están esperando una iglesia militante, disconforme, reaccionante. Estamos perdiendo a las nuevas generaciones que rechazan a una iglesia interesada en mantener las cosas como están.

¿Qué tanto le enseñamos a la gente lo que significaría tomar la cruz hoy? Ser radicales implicará denunciar la violencia, defender al atacado injustamente, ponerse del lado de los más débiles, los niños, los adultos mayores, los desprotegidos, etc.

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¿Cuál es el precio que una persona paga por eso? No va a tener más dinero, ni ganarse amigos. Al contrario. Probablemente estará “en la mira” de las maras centroamericanas, los carteles de droga o de la trata de personas en México, la policía corrupta, los jueces comprados o los políticos inescrupulosos en casi todas partes. Poniéndonos en el lugar de aquellos hermanos y hermanas que han sido victimados y otros que viven bajo amenaza hacia sus familias, sería difícil creer que nuestra “voz profética” pudiera lidiar con eso.

Juan Wesley decía “el mundo es mi parroquia”.  ¿Cómo podemos movilizar a cada nazareno y nazarena, para que lleve con dignidad su cruz, para que responda a su llamado personal y se involucre activamente en la transformación de ese lugar del mundo donde Dios le envía a servir?

Mi observación en Mesoamérica es que el liderazgo de la iglesia evangélica en términos generales es de modalidad conformista. Lo que hacemos bien es preservar el estatus quo. No desarrollamos un verdadero discipulado en el camino de la cruz. No hacemos liderazgo transformacional real, como el de Jesús; solo ponemos vendas en las heridas (y no es que eso esté mal, pero ¿será suficiente?). Hay algunos de los países de nuestra región como por ejemplo en Centroamérica, en donde el porcentaje de evangélicos es alto y creciente, pero con un minúsculo impacto en el cambio de la sociedad.

El arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, quien fuera asesinado a sangre fría en plena misa en 1980, dijo en una homilía un año antes de su muerte: “Una predicación que no señala el pecado no es una predicación del evangelio… Cuando la Iglesia oye el llanto del oprimido no puede sino denunciar las estructuras sociales que alimentan y perpetúan la miseria de la cual proviene el grito.”

¿Cómo vemos los nazarenos el involucramiento de los miembros de nuestra iglesia en carreras políticas? ¿Qué mensaje estamos comunicando a nuestros miembros acerca del valor de invertir la vida en profesiones relacionadas al servicio y la administración pública?

¿Cómo podemos cambiar el paradigma existente todavía en muchas iglesias de que la única manera de servir a Dios es por medio de la profesión pastoral o el liderazgo intraeclesial?

¿Cómo podemos cambiar de ser formadores de líderes eclesiales a ser formadores de líderes para nuestro contexto y realidad actual?

***Dr. Rubén Fernández es Rector del Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS) en San José, Costa Rica.

Un Cambio Rápido y Radical

En una colonia de la ciudad, dos misioneras iban evangelizando de casa en casa, tocando puertas para presentar el evangelio a través del “Libro Sin Palabras.” Tocaron insistentemente en una puerta, pero nadie les abría. Cuando estaban a punto de retirarse, una mujer de unos 40 años se asomó por una pequeña ventana, ellas le dijeron el motivo de su visita. Aunque no había frío, la mujer vestía un abrigo, se mostraba nerviosa e inquieta, y se movía de un lugar a otro. Ella les dijo a las misioneras que no las podía recibir porque estaba esperando a una psicóloga quien le daría una terapia. Las misioneras le pidieron solo diezz minutos para contarle una historia de la Biblia y ella se los permitió, así le guiaron a aceptar a Cristo como su Salvador.

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En el momento de la oración la mujer se quebrantó, luego les contó a las misioneras que cuando ellas oraron, empezó a sudar y a sentir mucho calor y descanso. Después de darle algunos consejos ellas se retiraron, prometiéndole regresar al día siguiente para darle una clase de discipulado. Cuando regresaron ella les compartió lo que había sentido el día anterior, por temor quiso cancelar la cita con las misioneras, pero al no lograr tener contacto con ellas, pensó que debía ser importante que las recibiera de nuevo, así que las estaba esperando muy entusiasmada.

Comenzó el discipulado y al final nuevamente las misioneras oraron por ella, pero esta vez el Espíritu Santo comenzó a ministrarle de una manera muy hermosa, haciendo un gran milagro de cambio en su vida. Al regresar las misioneras por tercera vez, fue sorprendente lo que encontraron, la apariencia de la mujer había cambiado, estaba muy bien arreglada, su casa limpia y ordenada. Les compartió que por diez años ella había padecido depresión y ansiedad, y que hacía ocho años que no salía mas allá de la puerta de su casa. Les dijo que ella guardaba muchos resentimientos en su corazón, contra personas que le habían herido, y hasta había pensado en quitarse la vida para dejar de sufrir. Pero aquel día en que las misioneras le hablaron de Jesús y que oraron por ella, sintió un calor extraño que invadió su cuerpo, y que le quitó un peso de encima, empezó a sentir gozo y contó la noticia a sus padres y hermanos, quienes quedaron desconcertados al escucharla.

Después de leer la Biblia las misioneras volvieron a orar por ella. Esta vez la mujer se soltó en llanto pidiendo la sanidad de Dios para su vida. Las misioneras se despidieron prometiendo regresar nuevamente. En la cuarta visita la mujer estaba muy gozosa, les contó que por primera vez en ocho años había salido de su casa junto con su esposo, fueron a la plaza principal. Les dijo que ella estaba asombrada del gozo que sentía, sin tener necesidad de tomar más medicamentos, o de encierros en el psiquiatra, ni terapias de la psicóloga; quien por cierto nunca llegó a la cita.

Las misioneras estaban muy gozosas de ver el cambio tan rápido y tan radical. Cuando se disponían a orar nuevamente, ella les pidió que esperaran un momento. Salió corriendo a la casa contigua a llamar a sus padres, esposo y hermanos para que también fueran parte de la oración. Los familiares vinieron y dijeron a las misioneras que no podían explicar lo que estaban viendo en la vida de ella. Dijeron que ellos eran religiosos, miembros de la iglesia principal del pueblo, pero que estaban asombrados por el cambio en su familiar. Pidieron a las misioneras que oraran también por ellos y por otros familiares ausentes. Ellas oraron por todos, y les prometieron que continuarán compartiendo con esta familia acerca de quien es Jesús. Estas misioneras son hermanas de una Iglesia del Nazareno local y nunca habían hablado a alguien de Jesús.

¡Bendito sea Dios!

Con información del Rev. Manuel Molina.

 

Cuatro Citas de Billy Graham que se Quedaron en mi Mente

Por Scott Armstrong

Desde hace tres semanas cuando murió Billy Graham a la edad de 99, he estado reflexionando sobre su vida y legado. Cuatro de sus citas se han quedado conmigo y me gustaría compartirlas contigo aquí:

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  1. “Ser un cristiano es más que una conversión instantánea – es un proceso diario por medio del cual creces para ser más y más como Cristo.”

Casi cualquier estudioso categorizaría al Rev. Graham como un teólogo y predicador “Reformado,” así que algunos de nosotros como wesleyanos estaríamos sorprendidos de saber que él predicaba y escribía con frecuencia sobre santificación. A pesar de que su comprensión sobre la entera santificación es corta en comparación a cómo la definió Juan Wesley; Graham sabía que las multitudes de nuevos creyentes que se acercaban a sus avivamientos necesitaban continuar en el camino de santidad para ser “hechos justos.” ¿Cómo tendría lugar esta “santificación progresiva”? Graham constantemente se refería a una doble práctica, permanecer en Cristo y obedecer su Palabra.

En su libro, El Espíritu Santo, Graham bellamente lo describe de esta forma, “Somos santificados en la medida en que somos poseídos por el Espíritu Santo. Nunca es una cuestión sobre cuánto poseemos tú y yo del Espíritu Santo, sino cuánto de nosotros tiene Él.”

  1. “Mucha gente está dispuesta a tener a Jesús como parte de sus vidas – mientras que no les cueste nada. Ellos incluso profesan la fe en Jesús y se unen a una iglesia. Pero para ellos Jesús es casi como una póliza de seguro – algo que obtienen y luego olvidan hasta que mueren. ¿Qué te detiene de ser su discípulo?”

En una pequeña reflexión sobre Mateo 8:21-22, Billy Graham escribe esas palabras. Él sabía que Jesús era claro: absolutamente nada se debe interponer en el camino para ser su discípulo. En un eco al libro de Dietrich Bonhoeffer “El Costo del Discipulado,” él exhorta a cualquiera que use a Cristo y el Cristianismo como un bien: algo que nos hace sentir cómodos en nuestro destino eterno mientras no se demande nada de nosotros en nuestras vidas diarias. ¡No! El discipulado requiere disciplina, y, ciertamente, es mejor conocido por ser una cruz que cargamos a lo largo del camino hacia nuestra propia muerte.

  1. “El valor es contagioso. Cuando un hombre valiente asume una postura, las columnas de otros se refuerzan.

Curiosamente, esta puede ser su cita más famosa. Es citada en un sinnúmero de páginas web de “Citas Rápidas” y llegó a tener un amplio atractivo cuando apareció por primera vez en su artículo, “Un Tiempo para el Valor Moral,” en Reader’s Digest en julio de 1964. El Rev. Graham después admitiría que los tiempos habían cambiado drásticamente en las décadas desde que escribió esas palabras, pero esa necesidad de carácter seguía siendo la misma. De hecho, él siempre creyó que el problema de pecado y la esencia del evangelio permanecieron iguales, incluso cuando la cultura y los eventos actuales evolucionaron con una velocidad asombrosa. ¿Quién tendría el valor de vivir una vida íntegra y hablar la verdad en amor a este mundo herido? Su propia vida fue la respuesta a esa pregunta, incluso mientras nos invitaba a responderla – y a vivirla – de la misma manera.

  1. La forma más grande de alabanza es el sonido de los pies consagrados en busca de los perdidos e indefensos.

Finalicemos aquí, pues esta cita habla profundamente sobre misión y evangelismo. ¡Que el corazón y la vida de Billy Graham se multiplique miles de veces en un ejército actual de seguidores de Cristo que demuestren apasionadamente el amor de Dios a un mundo quebrantado!

Aprendiendo de María

Por Charles W. Christian

Una vez escuché a un sacerdote católico contar un chiste acerca de una escena en el cielo. Jesús camina hacia un protestante y un católico, y les dice, “me da gusto ver que se llevan tan bien.” Después Jesús se dirige hacia el protestante y le dice, “quisiera presentarte a mi madre. ¡No creo que ustedes dos se han conocido!”

Nosotros, los protestantes que estábamos entre el público, nos reímos, pero eso me desafío a mirar más de cerca a lo que nosotros como cristianos –ambos protestantes y católicos– podemos aprender de María.

De acuerdo con los Evangelios, aquí hay algunas lecciones que vienen a mi mente:

  • Podemos estar disponibles para la obra de Dios: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (Lucas 1:38).
  • Podemos permitir que nuestra fe en Dios anule nuestros miedos: [Elisabet dijo a ella] “Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45).
  • Podemos ser ejemplo de gratitud: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47).
  • Podemos permitir que Dios hable proféticamente a un mundo que necesita un Salvador: “[Dios] Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes” (Lucas 1:51-52).
  • Podemos aprender a atesorar las dádivas de Dios: “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19).

Hay muchas otras lecciones que podemos aprender del ejemplo de María. Durante esta temporada de Adviento, que, así como María, nos acerquemos al futuro con humildad, fidelidad, y esperanza. Dios ha escogido a su Iglesia para ser los portadores de buenas noticias de la persona y obra de Jesucristo. Adorémoslo, y compartamos estas buenas noticias por el poder del Espíritu Santo, mientras seguimos caminamos juntos a través de Adviento.

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Oración para la semana:

Enséñanos obediencia, Señor
En cada parte de nuestras vidas
Oídos para escuchar tu palabra
Manos para realizar tu obra
Pies para andar por tu camino
Un corazón por tu pueblo
Una boca para gritar tu alabanza
Fe como la de un niño
Humildad
Confianza
Que le diga
A lo posible
Y a lo imposible
Soy el siervo del Señor
Hágase conmigo conforme a tu voluntad
Amén

(De John Birch en faithandworship.com)

Este artículo fue publicado originalmente en: Holiness Today

Porque Esperamos

Por Charles W. Christian

“…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas…” (Isaías 40:31)

La época de Adviento se trata de una espera; no una espera pasiva, pero el tipo de espera que vemos en este pasaje de Isaías es: una espera expectante. Si es que existe un tipo de espera que sea “divertido” ¡es este! Como cristianos, no solamente nos sentamos y esperamos, nerviosos, malas noticias. En lugar de eso, somos personas que esperamos con ansias la mejor noticia de todas: la plenitud de la presencia de Jesucristo.

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Adviento, como todas las épocas centradas en el reposo de Dios, es un recordatorio de que Dios nos ha llamado a esperar para que estemos preparados en lo siguiente que Él está por hacer. En los Evangelios, por ejemplo, Jesús es bautizado y alabado por la voz del Padre, y después es “llevado al desierto” por el Espíritu Santo, para un tiempo de ayuno y reposo enfocado.

Durante este periodo de descanso, Jesús vence la tentación y se prepara para sus próximos pasos. Cuando su viaje por el desierto llega a su fin, Jesús está listo para el siguiente aspecto de su ministerio en conjunto con Dios, avanzando de acuerdo con el Padre y no de acuerdo con el mundo.

Del mismo modo, mientras entramos en la época de espera para el inicio del Calendario Cristiano (Adviento), somos llamados al reposo, la preparación y la esperanza.

¿Podemos comenzar a poner el año pasado detrás nuestro, para entrar en un tiempo dedicado al reposo? ¿Podemos reenfocar nuestros corazones en la plenitud de la época navideña – la plenitud de la presencia de Cristo guiándonos hacia nuevas aventuras? En las palabras del gran teólogo Jurgen Moltmann, los cristianos son “gente de Adviento:” gente que vive sus vidas esperando verdaderamente la guía de Dios y el movimiento hacia el futuro.

Permitamos que el Espíritu Santo cree en nosotros un Adviento, como familias e iglesias. Esto dará la pauta para una época navideña que verdaderamente esté centrada en Cristo. Más que eso, abrirá nuestros corazones a lo que sea que Dios esté preparando para nosotros en los días venideros. Que encontremos reposo, reenfoque y renuevo mientras Adviento nos mueve hacia Navidad.

Oración para la Semana:

Oh Emanuel, Dios con nosotros, realmente en esta época de Adviento celebramos que no estás escondido en una nube remota, pero escogiste estar con nosotros en lo difuminado y misterioso de nuestras vidas.

En medio de listas y prisas, estás con nosotros como una canción que hace eco en nuestras mentes, como la luz de una vela, como la carta de un amigo. Son signos de tu presencia.

Nos dirigimos a ti en esta época y oramos que produzcas en nosotros gozo, sanidad, bendición y esperanza.

Que algo hermoso comience en nosotros – algo sorprendente y santo.

Que tu mano esté sobre nosotros. Que tu amor nos inunde. Que tu gozo nos abrume.

Que nuestro anhelo por ti sea satisfecho en una noche venidera: Emanuel con nosotros, otra vez.

Amén. (Escrito por Rev. Jerry Chism).

Publicado originalmente en: Holiness Today

¿Qué es lo Que Haces Con el Ladrón?

El Dr. Donald M. Joy escribe en su libro, El Espíritu Santo y Tú, acerca del pecado como un ladrón. Su analogía equipara el principio del pecado con un ladrón armado en el hogar de una persona, un forajido en el corazón. Esto no es exagerado: Juan 10:10 nos dice “el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.”

Imagínate a ti mismo llegando a casa tarde una noche, para descubrir que un invasor estuvo dentro de tu casa, sosteniendo a tu hijo a punta de pistola. Mientras esperas afuera de tu casa, tienes que tomar una decisión. Debes hacer algo. ¿Pero qué?

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¿Deberías simplemente ignorar el problema y esperar que el criminal decida irse sin hacer daño, saliendo quietamente de tu casa?

¿Deberías entrar lentamente a tu casa, con cuidado de no asustar al forajido, y tratar de negociar con él? ¡Quizá prometa robar solo un artículo por día si lo dejas vivir en tu casa!

O, quizá, debes ir apresuradamente a tu casa, enfrentar al ladrón en potencia, tirarlo al suelo y mantenerlo hacia abajo para que no pueda usar su pistola. Pero después, ¿te sentarías encima de él, día tras día, reprimiendo su intento de maldad hasta que un día te fatigues y él te domine a ti?

Como claramente explica el Dr. Joy, en tus propias fuerzas no puedes destruir al intruso. La única solución real es pedir ayuda de alguien que tiene autoridad y habilidad para eliminar al ladrón.

¿Estás encontrando los paralelismos? Muchos de nosotros minimizamos las capacidades destructivas del pecado. Pero eso nos roba nuestro gozo, mata nuestras relaciones, y destruye nuestras vidas. Si lo ignoramos, el problema empeora. Negociar con el pecado también nos lleva a extraviarnos (¿recuerdas a Adán, Eva y la serpiente?). Tratar de refrenarlo con nuestro propio poder nos deja agotados y, a la larga, derrotados. ¡¿No es esta la descripción de la triste existencia de muchos cristianos?!

La única forma de quitar al intruso es llamar a una autoridad superior, más poderosa. El Dr. Joy finaliza su reflexión exclamando: “¡Aleluya! ¡Dios ha hecho provisión en Cristo para limpiar nuestros corazones de todo pecado!” ¡Sí, aleluya!

Así que, ¿qué estás esperando? ¡El ladrón ha estado presente el tiempo suficiente!

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Rom. 7:24-25)

Hacia la Efectividad Misional: El Mensaje de la Misión de Dios – Parte 2 de 7

Por Ed Stetzer

Dios está en misión para glorificarse a Sí mismo. 

En el primer artículo expliqué que la efectividad misional es abrazar la totalidad de la missio Dei —incluyendo su mensaje, movimiento y marcas—y es representada en la vida de la iglesia local y más allá.

Yo no sé ustedes, pero yo he tenido en muchas listas de quehaceres a lo largo de mi matrimonio. Esa lista es simplemente cuando su esposa los envía afuera (o ya están afuera) para conseguir cosas para ella. La misión es hacer algo por tu esposa, lo que es importante por derecho propio.

Sin embargo, la efectividad de la misión también dependerá del entendimiento de lo que ella quiere que ustedes consigan. En otras palabras, el mensaje es un componente vital para la efectividad misional. Si ustedes malinterpretan u olvidan qué es lo que les pidió su esposa que consigan, fallará la efectividad de la misión.

Con respecto a la missio Dei, el mensaje de misión es un componente vital para la efectividad misional. Si malinterpretamos el mensaje, o recibimos el mensaje incorrecto, la misión se apagará o será completamente errónea. Por tal motivo, es esencial que entendamos el mensaje de la misión de Dios.

Sencillamente, el mensaje de la missio Dei es que Dios está en misión para glorificarse a Sí mismo por medio de avanzar su reino en la tierra a través de los medios de su pueblo, empoderados por su Espíritu, quienes comparten y muestran el evangelio del reino de Dios en Jesucristo.

Hay por lo menos cinco temas que sirven como elementos del mensaje de la misión de Dios.

Elemento 1: La Gloria de Dios

El mensaje de la misión de Dios es que ¡todo se trata de Él! Su gloria es el objetivo final y el punto de la misión. Fuimos creados a su imagen para reflejar su gloria en todas las áreas de nuestras vidas, pero nos rebelamos y distorsionamos la imagen de Dios. Por lo que, Dios está en la misión de redimir y restaurar nuestra imagen dañada para que podamos reflejar su gloria otra vez.

Elemento 2: El Reino de Dios

El mensaje de la misión de Dios incluye el establecimiento de su reino. Richard Bauckham expresa, “La Biblia es un tipo de proyecto orientado al reino de Dios, que es, hacia el cumplimiento de los propósitos de Dios para el bien de toda la creación de Dios…” Porque el núcleo de su misión incluye ambos: su gloria y su reino, Dios siempre ha tenido un patrón de crear un lugar para su pueblo (nosotros) y nos llama a vivir bajo su gobierno y reino.

Desde el principio, Dios deseó que la humanidad extendiera su gobierno y reino a través de todo el orden creado. G.K. Beale argumenta que así como Adán y Eva fueron fieles a Dios en el jardín, viviendo sus mandamientos, disfrutando perfecta comunión con Él, ellos inevitablemente extenderían los límites geográficos del Edén (es decir, su reino) hasta que el Edén cubriera por completo la tierra. Como resultado de vivir bajo el gobierno y reino de Dios, experimentamos bendición.

Elemento 3: El Rey Jesús

El mensaje de la misión de Dios gira en torno a su rey, el Rey Jesús. El primer Adán falló en reflejar la imagen de Dios y gobernar efectivamente como vice-regente de Dios sobre el orden creado. Como resultado de la caída de la humanidad (Gn. 3), somos incapaces de glorificar a Dios. Además, no solo somos incapaces de glorificar a Dios, pero hemos sido aislados y separados de una relación y una conexión con él.

Sin embargo, por el gran amor de Dios por su gloria, reino y creación (y especialmente por los portadores de su imagen), Él envió un segundo y mejor Adán, el Rey Jesús, para redimir a los pecadores (sin mencionar al cosmos en su totalidad).

Por la vida obediente de Cristo, su muerte sacrificial, su sepultura temporal, resurrección victoriosa y ascensión gloriosa al trono, Dios ha exaltado a Cristo hasta lo sumo, otorgándole

…el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Flp. 2:9-11)

Jesús es el centro del reino de Dios (y su misión), porque es en Jesús que Dios está reconciliando al mundo consigo mismo (Col. 1:20).

Elemento 4: El Espíritu de Dios (Poder)

El mensaje de la misión de Dios involucra la morada permanente del Espíritu Santo para que resulte la misión efectiva. Mientras que el Espíritu está definitivamente presente en el Antiguo Testamento (bajo el Antiguo Pacto), el Espíritu bajo el Nuevo pacto habitará en todos los creyentes, empoderándolos para vivir en el reino y el avance de la misión. (Jr. 31:31–34; Ez. 36:22–32; Mt. 28:18–20; Jn. 20:21–22; Hch. 1:8).

Los dos papeles más grandes del Espíritu Santo son convencer al mundo de pecado (Jn. 16:8) y conformar el pueblo de Dios en una comunidad misional adoradora alrededor del mundo (Hch. 1:8) quienes son enviados en misión. Por lo tanto, antes de su ascensión, Jesús les dice a sus discípulos que esperen en Jerusalén para recibir al Espíritu Santo. Alvin Reid afirma:

Cuando Jesús declaró que sus seguidores recibirían poder después de que el Espíritu Santo hubiera venido sobre ellos y que serían testigos, Él se refería a que pudiéramos ser testigos efectivos—pero no en nuestra propia fuerza. La efectividad viene a través del poder del Espíritu Santo.

En resumen, el Espíritu de Dios es la fuente de poder para abrazar, encarnar y representar la misión de Dios.

Elemento 5: Pueblo de Dios

El mensaje de la misión de Dios incluye la participación de su pueblo. Esencialmente, la misión de Dios crea el instrumento de su misión, es decir su pueblo. Somos nosotros. Desde Adán a Israel, de Jesús a la Iglesia, el pueblo de Dios está llamado a participar en la misión de su reino. En Jesús, la Iglesia fue creada como los santos redimidos de Dios para ser sus agentes y testigos mundiales. Por lo tanto, como Emil Brunner una vez directamente señaló, “La iglesia existe por la misión, así como el fuego existe por la llama.”

Para cumplir la misión de Dios, su pueblo (la Iglesia, nosotros) estamos para compartir verbalmente y demostrar las buenas noticias del reino en Jesús el Rey, a través del poder del Espíritu Santo. Haciendo esto, proclamamos la buena noticia de que Jesús está haciendo todas las cosas nuevas (Ap. 21:5), mientras demostramos esa realidad poniendo en práctica la ética del reino de Dios en todas las áreas de nuestra vida—personal, marital, familiar, social, relacional, cultural, vocacional, etc.

La próxima vez, hablaré de los movimientos de la misión de Dios.

Artículo publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2016/december/towards-missional-effectiveness-message-of-gods-mission-par.html

Compasión por los Perdidos

Rev. Ken Childress

Isaías capítulo 6, versículo 8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.”

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¿Es posible, después de haber sido bautizados con el Espíritu Santo, estar satisfechos con lo que vemos? ¿Qué hizo que Jesús llorará sobre Jerusalén? Él tenía un corazón de compasión. Por dondequiera hay almas enfermas de pecado. Necesitamos un bautismo de amor que va hasta el fondo de la enfermedad. Necesitamos clamar a Dios hasta que Él nos traiga a ”la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Jesús dijo una parábola: “un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones…” (Lucas 10:30). ¿Quién de los que pasó cerca y vio su predicamento fue su prójimo? Aquél que tuvo misericordia de él y lo ayudó (v. 36-37). ¿Estamos despiertos al hecho de que Dios nos ha dado vida eterna? Con el poder que Dios ha puesto a nuestra disposición, ¿cómo podemos descansar cuando vemos a nuestros prójimos? ¿Cómo hemos pecado contra Dios? ¡Cómo nos falta este espíritu de compasión! ¿Lloramos mientras vemos a los que no son salvos? Si no, no estamos llenos del Espíritu Santo. Jesús fue movido a la compasión. ¿Y tú?

Todavía no hemos comprendido la difícil situación de los que no son salvos. Desde mis días de seminario, he tenido muchos amigos que fueron al campo misionero, tengo un poco de idea de lo que significa que Dios amó tanto al mundo que DIO a Jesús (Juan 3:16). Dios dio a Jesús. ¿Qué significa? COMPASIÓN. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Si no tienes poder, no te has arrepentido. Estás pensando, “Eso es lenguaje fuerte.” Es verdad.

¿Quién es el guarda de tu hermano? (Ver Génesis 4:9). ¿Quién es el hijo y heredero? (Ver Gálatas 4:7). ¿Eres sal? (Ver Mateo 5:13). ¿Tienes una vida pura? No te dejes engañar; no vivas en una posición falsa. El mundo quiere conocer cómo ser salvo, y el poder está a tu disposición. ¿Cumpliremos con las condiciones? Dios dice, “Si tú lo haces, Yo lo haré.” Dios lo hará.

Daniel conocía el tiempo en el que él estaba viviendo; él respondió a Dios, y una nación fue salvada. Nehemías cumplió con las condiciones de Dios para su tiempo, y la ciudad fue reconstruida. Dios ha puesto las condiciones. Él derramará su Espíritu en sobre su pueblo.

Si no continuamos, tendremos que enfrentarlo. Tal vez dependa de nosotros traer el Evangelio a las naciones y a nuestra ciudad. Podemos ganar el mundo para Jesús. Podemos abrir la llave. ¿Cuál es la condición? Es rendimiento incondicional. “…no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). La santidad abre las ventanas del cielo. El Espíritu de Dios será derramado sin medida, hasta que la gente diga, “…¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30).

Con el bautismo del Espíritu Santo viene una demolición del hombre completo y una compasión por el mundo en que vivimos.

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