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Informe de Misión: Sé un Enviador

Por Howard Culbertson

En ocasiones, la gente piensa que la única forma en que ellos pueden participar en el evangelismo “hasta lo último de la tierra,” es volando hacia otro país. Están equivocados. “Ir” es solo una de las vías para involucrarse en la misión mundial. De hecho, aquellos quienes dejan su hogar para convertirse en misioneros necesitan un grupo consagrado y entusiasta que los apoye desde casa.

Hace algunos años, Steven Hawthorne escribió un capítulo en Perspectivas en el Movimiento Cristiano, acerca de quienes apoyan a “los que van” (así llamaba a los misioneros). Hawthorne quien creció en una casa pastoral nazarena, llamó a ese capítulo simplemente, “Enviadores.” Él se dio cuenta que el Apóstol Pablo tal vez había pensado, así como Dios, en Enviadores humanos, cuando él preguntó retóricamente: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” (Romanos 10:15).

El Apóstol Juan no tenía duda de animar a las personas para convertirse en Enviadores de misioneros. La versión AMP (Amplified Bible) de la Biblia, interpreta el versículo 7 y parte del versículo 8 en 3 Juan como: “Porque ellos [misioneros viajeros] salieron por el bien del Nombre [de Cristo]. Así que deberíamos apoyarles.” ¿Cómo es que los Enviadores apoyan y cuidan a los misioneros? Bien, el pasaje en 3 Juan parece referirse al apoyo material. Lo mismo es verdad con las palabras de Pablo a los Romanos acerca de un viaje planeado a España (Romanos 15:22-24). Ciertamente, se trata de dinero – mucho dinero – el cual se necesita para el evangelismo mundial. Sin embargo, los enviadores pueden y deben hacer más que dar dinero. Por ejemplo, en casi cada una de las cartas de Pablo, él pedía a sus Enviadores que oraran por su ministerio.

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R.A. Torrey, el fundador del Instituto Bíblico Moody, creía eso. Torrey una vez escribió: “La efectividad del misionero en el campo y los resultados de su labor, están directamente relacionados con el misionero en sí mismo y, de igual forma, con el hombre o la mujer que ora constantemente por él en su casa.”

Además del dinero y la oración, los Enviadores colaboran en el cumplimiento de la Gran Comisión en maneras que van desde mantener actualizados los boletines de misiones hasta ubicar y enviar equipo o recursos necesarios. Ciertamente, una variedad de dones y talentos pueden ser usados para facilitar el trabajo de los misioneros sirviendo en lugares lejanos.

Aquí hay seis áreas en las que los enviadores pueden apoyar a los misioneros:

— Apoyo emocional (dándoles ánimo a través de correos electrónicos, cartas, conversaciones por Skype, yendo a los servicios de gira misionera, etc.).

— Movilización (creando conciencia de las misiones globales en sus iglesias locales y distritos).

— Apoyo financiero (dando, y animando a otros a dar).

— Oración intercesora por el evangelismo mundial (orando e involucrando a otros en la oración).

— Ayuda logística (proveyendo hospedaje y transporte para los misioneros en gira misionera, haciendo arreglos para enviar cosas, solucionando detalles para eventos, entre otras cosas).

— Asistencia en la re-entrada (siendo un oyente “confiable,” ayudando a los misioneros que regresan a encontrar su camino de vuelta en casa, y demás).

Los Enviadores han sido conocidos por ser tan apasionados en su apoyo a los misioneros que ellos han adaptado su estilo de vida para orar más, servir más y dar más.

Sé un Enviador. Impacta “hasta lo último de la tierra” desde tu puerta.

 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

Informe de Misión: Contextualización

Por Howard Culbertson

Cuando los creyentes de una cultura introducen el “evangelio inmutable” a personas de otra cultura, ¿cómo evitan ellos que las Buenas Nuevas no sean rechazadas como una importación foránea? La respuesta breve es una palabra: Contextualización. 

Cuando el cristianismo se mueve de una cultura a otra, hay peligro de que sea enseñado como una pertenencia de la primera cultura, y que esté fuera de lugar en la segunda. Las posibilidades de que eso ocurra pueden ser disminuidas si el Evangelio será proclamado y vivido en formas culturalmente comprensibles. Ese proceso de conectar significativamente la revelación bíblica con una cultura específica se denomina “contextualización.”

El misiólogo Darrell Whiteman lo dijo de esta forma: “La contextualización intenta comunicar el mensaje en palabra y acción, y establecer la iglesia en maneras que tengan sentido para las personas en su contexto local cultural.”

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Que el evangelio “tenga sentido” para la gente de una cultura no significa, por supuesto, que todos se apresurarán a aceptarlo. Las personas deben decidir si están dispuestas a hacer los cambios necesarios en su vida para que Jesús sea su Señor y Salvador. Desde luego, eso no quiere decir que la gente debe abandonar su identidad étnica o cultural para seguir a Jesús. La contextualización auténtica está basada en la premisa que cuando las personas permiten al poder transformador de Cristo entrar a sus vidas, ellos serán mejores nicaragüenses, japoneses o búlgaros o navajos de lo que eran antes. 

La contextualización no significa quitar o diluir la esencia del Evangelio para hacerlo más aceptable. Por el contrario, la buena contextualización retrata expresiones del “Evangelio inmutable” que son más fieles a la Escritura de lo que serían de otra manera. El Espíritu Santo guía a la contextualización a permitir que la Escritura sea lo más poderosa y transformadora posible en cada contexto cultural. 

La contextualización adecuada mueve la proclamación del evangelio más allá de una sensación de extrañeza a permitir que cada grupo de personas pueda escuchar a Dios decir: “Este mi diseño para ti.” La contextualización permite que la gente de cada cultura vea que Yahveh, el Creador del universo quien se revela a sí mismo en Jesucristo, los ama y quiere una relación con ellos. 

En términos tangibles, la contextualización implica la formulación de expresiones teológicas en cosas como las ilustraciones de un sermón, estilos de música, arte, toma de decisiones, elecciones de estilo de vida, programas y horarios de iglesias, métodos de predicación y enseñanza, el proceso de discipulado, alcance evangelístico, selección de liderazgo e incluso arquitectura. 

Debe quedar claro, como dice el profesor de misiones Zane Pratt, que el fin último de la contextualización “no es comodidad, sino claridad.” Por tanto, la contextualización auténtica no implica el ablandamiento o blanqueamiento de los mandamientos radicales de Jesús. De hecho, la contextualización permite que el Evangelio sea ofensivo a cada cultura por las razones exactamente correctas. Whiteman ha dicho que la buena contextualización asegura que el Evangelio “encuentre a las personas en el nivel de sus necesidades más profundas.” 

La contextualización auténtica deberá viajar sobre dos rieles. Un riel es una fidelidad inquebrantable a la Escritura. El otro riel es el de la comunicación y vivencia de la Palabra del Señor en maneras que son familiares a las personas en un contexto cultural particular. 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

Los No Alcanzados

Por Greg Crofford

Jesús tenía un corazón por los perdidos. La parábola del Buen Pastor relata la historia de un pastor con 100 ovejas. Cuando descubrió que faltaba una, dejó a salvo las otras 99, entonces se dispuso a rescatar a la oveja perdida (Lucas 15:1-7).

Esta parábola pone de relieve el corazón de Dios, un Padre que quiere que ninguno de ellos perezcan en sus pecados, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

En enero de 1989, este deseo de “cooperar” con el plan de Dios para alcanzar a los perdidos, resultó de la primera Consulta Mundial para la Evangelización Mundial, celebrado en Singapur. Durante la próxima década, el Movimiento AD 2000 (más tarde llamado “AD 2000” y años subsiguientes) estableció la visión de “Una Iglesia para la Población”, y “el Evangelio para cada persona” en el año 2000.”

Aunque en los últimos tiempos el pensamiento ha sido motivado por alguno de los implicados, el movimiento hizo mucho para centrar las energías de las denominaciones y agencias misioneras “de los marginados” o “para los alcanzados”. “Proyecto Josué define estas agrupaciones como culturales que son menos del 2 por ciento “evangélico” o el 5 por ciento inferior a “cristiana adherentes”.

(Para obtener más información, consulte las misiones del Dr. Howard Culbertson en el sitio Web: http://home.snu.edu/~hculbert/).

¿Dónde viven los pueblos no alcanzados? De acuerdo con un artículo en el World Watch (01 de septiembre 2008) el año 2008, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población del mundo está en las ciudades.

Mientras que muchos pueblos no alcanzados viven en zonas remotas, la juventud va cada vez más hacia las ciudades en busca de trabajo o educación. Al darse cuenta de esta tendencia —y en armonía con la estrategia urbana centrada con la de Pablo en el libro de Hechos— la Iglesia del Nazareno ha centrado sus esfuerzos misioneros recientes en las grandes ciudades.

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Así como Pablo primero dirigió Corinto o Éfeso como capitales regionales, así nosotros centramos nuestros esfuerzos iniciales en los principales centros económicos y culturales.

Cuando los jóvenes encuentran a Cristo en la ciudad, a menudo están ansiosos de compartir su nueva fe con los familiares de vuelta a casa durante las vacaciones, o los descansos de la escuela. En África, por ejemplo, en ocasiones éstas se convierten por exposiciones rurales de la película “Jesús”, o por un campamento de fútbol juvenil. De esta manera, los marginados son alcanzados para Cristo, el Reino de Dios crece, y nos ayuda a cumplir el sueño de “una iglesia para cada pueblo.”

El AD 2000 y más allá del movimiento de la llamada “Ventana 10-40”, estos países entre 10 grados y 40 grados de latitud norte del planeta, son donde vive la mayoría de la gente no alcanzada. En lugares donde la plantación de iglesias abiertas es imposible, estamos encontrando maneras creativas de llegar a los marginados, para hacer realidad la visión del Evangelio “para cada persona.”

En nuestra preocupación por los marginados que viven lejos, no debemos olvidar a los que viven cerca. Incluso en los Estados Unidos hay muchos que nunca han escuchado una presentación clara del evangelio. ¿Cómo podemos ser “sal” y “luz” a los marginados que viven en la calle?

Jesús vendrá en un momento elegido por el Padre (Mateo 24:36). Nuestro trabajo es simplemente estar ocupados con la tarea confiada a nosotros, ya sea que el Señor venga mañana o retrasa su regreso otros mil años. Llegar a los no alcanzados por Cristo es nuestra tarea sagrada, y nuestra gran alegría.

Crofford Greg, Ph.D., es Director del Instituto Nazareno de Teología. Él y su esposa, Amy, viven en Nairobi, Kenia.

El Corazón de Dios: Parábola de la Semilla de Mostaza

Por Howard Culbertson

“Es [la semilla de mostaza], por cierto, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, se hace más grande que las otras plantas del huerto, y llega a ser como un árbol, tan grande que las aves van y se posan en sus ramas.” — Mateo 13:32 DHH

Mateo 13 contiene más de una docena de las parábolas de Jesús acerca del Reino. Jesús inicia con la parábola del sembrador. Después, Él habla de la invasión de la cizaña o mala hierba, la semilla de mostaza, la levadura, el tesoro escondido, la perla, la red y el dueño de una casa. 

Para explicar la parábola de la semilla de mostaza, el Pastor Leo Hartshorn usa solo diez palabras: “Un puñado de discípulos se convierte en una iglesia universal.” Sin lugar a dudas, el hecho de que el Reino de Dios va a extenderse es el punto central de la analogía de la semilla de mostaza. Hay, sin embargo, un detalle en esto que recibe poca atención: las aves. 

La transformación de una semilla de mostaza en un gran árbol, enfatiza el aspecto orgánico de expansión continua del Reino. Lo que las aves enfatizan es que el Reino está abierto a todos. Desafortunadamente, cuando las personas piensan en las aves, ellos las ven como una “fachada” o una simple indicación de lo grande que es el árbol. 

Tristemente, esto pierde la idea original de las aves. Aquí, como en un escenario similar en Ezequiel 17, las aves representan varios grupos de personas. Jesus mencionó a las aves para decir que el Reino no es solo para “mi tipo” de personas (aquellos que piensan, actúan y hablan como yo). ¡El Reino es para todo tipo de aves!

Los observadores de aves dicen que la tierra de Israel es un paraíso para ellas. Ciertamente lo es. En esta área bastante pequeña — con 70 millas de ancho y 270 millas de largo — más de 400 especies de aves han sido avistadas. Es por esto que el área donde Jesús vivió y ministró es una ruta importante de migración de aves, hacia y desde Europa y Asia, hacia el norte, y de África hacia el sur. 

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A la luz de eso, las “aves del aire” (en palabras de la versión en inglés King James) seguramente se refiere a más que solo algunos gorriones o estorninos. Palestina tuvo 70 especies indígenas de aves. Con esos diferentes tipos de aves alrededor, además de toda esa migración de aves cruzando, ¿no será que Jesús quería que pensáramos cuán inclusivo es el Reino de Dios?

Más allá, las aves ilustran que el Reino de Dios es atrayente a todas las personas. Mientras que la versión King James habla de “posarse,” traducciones como New Living y New American Standard usan “anidar.” De este modo el Reino se convierte en un “hogar.” “Anidar” significa que el Reino que proclamamos es algo atractivo. 

La inclusividad presentada en la parábola de la semilla de mostaza, para mí evoca palabras que he cantado frecuentemente: “Cristo ama a los niños, cuantos en el mundo están, no le importa su color, a Jesús, el Salvador; Cristo ama a los niños por doquier…”

Lo maravilloso para nosotros es que ¡llegamos a guiar a todas las “aves” (personas del mundo) diferentes hacia el extraordinario árbol llamado Reino de Dios!

Reflejando a Cristo: Él vivió entre nosotros

Escrito por: Howard Culbertson.

En las palabras iniciales de su evangelio, el apóstol Juan declaró que Jesús el Mesías había vivido “entre nosotros”. La versión bíblica The Message vistosamente interpreta Juan 1:14 como “El Verbo se hizo carne y sangre y se mudó al vecindario” mientras que la versión Common English Bible dice “Él hizo su hogar entre nosotros.”

Estas expresiones variadas recalcan el hecho de que Jesús, claramente, vivió como un judío del primer siglo. Él habló en la lengua materna de la gente. Él comió en sus mesas. Él celebró las fiestas con ellos. Él viajaba a los alrededores con ellos. Él interactuaba con los hijos de ellos. Jesús estaba de verdad como en casa en la cultura judía del primer siglo.

Wedding_feast_at_CanaEn este día de comunicación instantánea, viajes en avión, y traductor de Google, los misioneros novatos pueden estar tentados a probar atajos o incluso optar por evitar el trabajo duro del aprendizaje del idioma y adquisición cultural. Eso puede verse como un movimiento estratégico que les permite lanzarse inmediatamente al ministerio. Sin embargo, omitir el idioma y la adquisición cultural sería una decisión corta de vista para nuevos misioneros. Los misioneros efectivos nunca ven a seguir el ejemplo de Jesús de “moverse en el vecindario” como una pérdida de tiempo. Como Jesús, los misioneros perspicaces aprenden el lenguaje de un grupo de personas. Se adaptan a costumbres que no les son familiares. Abrazan una cultura a la que no pertenecen y llegan a sentirse en ella como en casa. No hay atajos sin dolor en ese camino.

¿Recuerdas lo que Jesús dijo en Mateo 18:2-4 acerca de volverse “como niños”? Sin duda, Jesús usó esas palabras en una línea de pensamiento diferente de ir como un misionero transcultural. No obstante, esa idea de convertirse en un pequeño niño se refiere al tema de asimilar la cultura de las personas a quienes queremos ministrar. Necesitamos convertirnos en niños pequeños mientras entramos en una cultura desconocida. Necesitamos entrar con nuestros ojos bien abiertos, intentando aprender todo lo posible. Claro, eso tomará tiempo, y los misioneros cometerán errores en el camino, pero el proceso incrementará su productividad de largo plazo como embajadores de Cristo.

Si fuéramos a ministrar en la manera que Jesús lo hizo, debemos “colocar nuestra tienda de campaña entre ellos” (como algunos estudiantes dicen que se podría interpretar el verbo griego en Juan 1:14). ¿”Habitar entre ellos” será difícil y algunas veces sacrificial? Sí. Pero debemos hacerlo si vamos a seguir verdaderamente el ejemplo de nuestro Señor.

Publicado originalmente: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-he-lived-among-us

Reflejando a Cristo: Empoderamiento

Escrito por: Howard Culbertson.

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Cuando Jesús dio la Gran Comisión, no estaba simplemente asignando una tarea a la gente. Estaba empoderándolos. Ciertamente, el verbo “comisionar” posee algunos de los mismos matices que el verbo “empoderar.”

Empoderamiento significa dar a las personas autoridad y poder. Jesús no vaciló para hacer eso. Él no trató de mantener a sus seguidores con una “soga corta.” A pesar de que su misión terrenal sólo duró tres años, los Evangelios mencionan ocasiones donde Jesús envió a sus seguidores a predicar/sanar/liberar en misiones de corto plazo. Más importante, Jesús empoderó a otros para el futuro cuando Él no estuviera ahí. Por ejemplo, la noche antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus discípulos más cercanos: “…mayores cosas que estás harán” (Juan 14:12). Al ser palabras que emanaban confianza y dieron a las personas permiso para soñar, fueron de empoderamiento.

Jesús sabía verdaderamente cuán falibles pueden ser los humanos. A pesar de eso, expresó confianza en sus seguidores. ¿Por qué? ¿Fue por que el empoderamiento tiende a resultar en crecimiento y madurez? Tal vez. El empoderamiento abre nuevas perspectivas para la gente. Las convierte en personas que toman decisiones. Fomenta el desarrollo de habilidades de liderazgo latentes. Las personas empoderadas ganan confianza porque alguien cree en ellas.

Empoderamiento no significa empujar a la gente afuera de la puerta y dejarlas a la deriva sin mentor o ningún tipo de estructura de rendición de cuentas. Jesús interrogó a aquellos a quienes envió de dos en dos. Su Gran Comisión incluyó las palabras: “y estaré con ustedes.”

El apóstol Pablo siguió el ejemplo de Jesús de liderazgo de empoderamiento. Mientras Pablo realizaba sus viajes misioneros, él eligió “ancianos” o líderes para las iglesias que plantó. Después, él mantuvo contacto con esas iglesias, escribiéndoles cartas y visitándoles. Cuando un pastor/evangelista necesitaba algún entrenamiento, Pablo se dirigió a una pareja de Roma: Aquila y Priscila. Pablo también empoderó a gente como Tito y Timoteo como “supervisores” o superintendentes de grupos de iglesias.

Los misioneros globales sueñan con alcanzar a las personas perdidas (o al menos deberían soñar así). Una manera potente de convertir estos sueños en realidad es empoderar a las nuevas iglesias en desarrollo y a sus líderes. Entre otras cosas, empoderar a otros multiplica el alcanza y la efectividad de los ministerios de evangelismo y discipulado.

De vez en cuando, los misioneros caen en la trampa de quedarse a cargo mientras esperan a que surja el sucesor perfecto. Otros piensan que han empoderado a la gente cuando todo lo que han hecho realmente es dar una lista de tareas para ser completadas. Jesús no asumió su ministerio terrenal en ninguna de esas maneras. Los misioneros que siguen a el modelo de liderazgo de Cristo, empoderarán a la gente en el mismo modo en que Jesús lo hizo.

Artículo publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-empowering

Reflejando a Cristo: Misericordioso y perdonador

Escrito por: Howard Culbertson

christ-in-the-house-of-simon-the-pharisee-claude-vignon“Juez” está entre los títulos o roles atribuidos a Jesús. Mateo 25, Hechos 10, 17 y 2ª Corintios 5, llaman a Jesús nuestro juez. Dicho esto, la imagen más común de Jesús, que aparece en las mentes de las personas, no es esa de “juez.” ¿No es la imagen más común de Jesús como Salvador misericordioso y perdonador?

A veces, pensamos en la justicia como lo opuesto de misericordia. Eso no es verdad en el caso de Jesús. Él denunció el pecado y advirtió de las consecuencias de hacer las cosas mal. Él condenó la hipocresía de aquellos cuyo caminar quedó extremadamente corto respecto de sus dichos. Él gritó contra los cambistas de monedas que estaban profanando el Templo.

Por otro lado, ¿no oró Jesús: Padre, perdónalos? También está su encuentro con la mujer junto al pozo en Samaria, y su perdón por la falta de Pedro. Al mismo tiempo, debe quedar claro que la misericordia y el perdón de Jesús no se convirtió en una codependencia de pecadores que permanecieron atrapados. La misericordia y el perdón de Jesús fueron transformadores.

Conforme los misioneros transculturales entran a otras culturas, ellos verán fuerzas satánicas trabajando. Ellos verán cómo patrones corrosivos en formas de vivir, destruyen relaciones y hasta personas, y se sentirán impulsados a hablar. Ellos se sentirán llamados a denunciar el pecado. Ellos deben levantarse en contra de los opresores. Incluso haciendo eso, sin embargo, porque son embajadores de Cristo, ¿no deberían también reflejar la parte misericordiosa y perdonadora de nuestro Señor?

Hace algún tiempo, escuché cómo la gente en otro país describía a un misionero de Estados Unidos que había pasado cuatro años en su país. Ellos dijeron que era difícil entenderlo. Cada vez que ese misionero americano predicaba, él parecía muy sensible de corazón, hasta el punto de llorar. Sin embargo, ellos dijeron que fuera del púlpito, era una historia diferente. Cuando no estaba predicando, ese misionero se volvía severo, susceptible e implacable. Las personas con y a las que él intentaba ministrar no cuestionaron el llamado de ese hombre o su determinación de seguir a Jesús. Pero, tristemente, nunca escuché a nadie considerarlo como ejemplo o señalarlo como un mentor espiritual significativo.

En situaciones transculturales, distintas expectativas y malentendidos pueden estar a la orden del día. Los misioneros cometerán errores culturales y se quedarán cortos de alguna forma. Ellos necesitan misericordia y perdón. A cambio, ellos mismos deben ser misericordiosos y perdonadores, siguiendo el modelo transformador de su Señor y Salvador.

Publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-merciful-and-forgiving

Reflejando a Cristo: Servicio

Escrito por: Howard Culbertson

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Jesús se acercó al liderazgo de una manera muy diferente a la que la mayoría de la gente lo hace. Piensa, por ejemplo, en lo que Jesús hizo la noche antes de su arresto y crucifixión. Con el entusiasmo de la “entrada triunfal” en Jerusalén días antes de permanecer en el aire, Jesús asombró a sus discípulos al lavarles los pies. Pedro protestó, sin duda pensando en el estatus y los privilegios usualmente concedidos a los líderes. Los líderes, y especialmente los mesías, no realizaban tareas serviles como ¡lavar los pies de alguien!

Pedro y los otros discípulos debieron haberse dado cuenta mucho antes del enfoque de servicio en el liderazgo de Jesús. Durante los tres años de ministerio de Jesús, en Él no había nada pretencioso, nada de auto promoción, o de búsqueda de poder. Jesús no esperaba el mejor asiento. Él siempre se veía más cómodo relacionándose con gente pobre que con personas ricas y poderosas. Él nunca buscó los encabezados, Él nunca se promocionó a sí mismo. Ciertamente, en más de una ocasión después de sanar a un enfermo o sacar un demonio de alguna persona, Jesús decía, “No le digan a nadie.”

El Reino que Jesús anunció es un reino “al revés.” Al menos es así como lo llama Donald Kraybill. Kraybill usó esta frase como título de un libro, diciendo que capturaba la esencia de las palabras de Jesús, “Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos” (Mateo 20:16).

Tristemente, los líderes cristianos a veces fallan para digerir completamente lo que Jesús dijo e hizo. Algunos asumen que a los líderes de la iglesia (incluidos los misioneros) se les deben ciertos privilegios y mejores cosas porque son “embajadores de Cristo” e “hijos del Rey.” Eso no es verdad. Nosotros representamos al rey del “reino al revés” en donde los privilegios y lujos como embajadores de este mundo están fuera de lugar. En el reino al revés, los líderes (y especialmente los misioneros transculturales) deben imitar a Jesús asumiendo un papel de siervos como Él lo hizo aquella noche hace mucho tiempo en el aposento alto.

Ser un líder siervo no se da naturalmente. Requiere un esfuerzo consciente. Sin embargo, los misioneros que consistentemente siguen el modelo de Jesús de liderazgo de servicio fomentarán y formarán movimientos en los cuales Jesús verdaderamente reine como Señor y Rey.

Artículo originalmente publicado en: http://engagemagazine.com/content/reflecting-christ-servanthood

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