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Reflexionando Sobre la Pasión Después de la Copa Mundial

Por Scott Armstrong

Muchos lectores de este sitio saben que mi familia y yo pudimos ir a la Copa Mundial en Rusia el mes pasado. Fue un tiempo memorable y una experiencia única en la vida. Quizá la cosa que recuerdo más es la pasión que mucha gente tenía por sus países y por el futbol.

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Lo vi en, literalmente, las decenas de miles de mexicanos y colombianos que viajaron, se disfrazaron y gritaron para sus equipos en todo momento, de día o de noche. Lo vi cuando el equipo de casa, Rusia, inesperadamente goleó a España en la ronda de los 16, y las calles de Moscú estallaron de alegría.

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Pero tal vez no experimenté personalmente los muchos niveles de pasión en la Copa Mundial más que en los dos juegos a los que pudimos asistir. Antes del primer juego, el 26 de junio, estábamos atrapados en el fervor de los aficionados daneses quienes llenaron las estaciones del metro y las calles, gritando y cantando para su equipo y país. Tristemente, la pasión que ellos y sus contrapartes franceses mostraron antes y durante el juego no la compartieron sus equipos nacionales. Francia vs Dinamarca ha sido ampliamente reconocido como el peor juego del torneo.

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Sabíamos que algo andaba mal cuando salieron las alineaciones y casi ninguno de sus jugadores estrellas comenzaron. ¡¿No Pogba ni Mbappe?! ¿Ni siquiera Lloris o Umtiti? Bueno, por lo menos los sustitutos dejaran todo en el juego ¿cierto? No. Ambos equipos sabían que solo necesitaban un empate para pasar hacia la siguiente ronda. Entonces, jugaron como si fuera un partido amistoso. Sin urgencia. Ninguno intentando demasiado. Todos los aficionados neutrales se inquietaron e incluso se enojaron durante esas dos horas. ¿Pagamos por esto? ¡¿Viajamos hasta aquí para ver esta farsa?!

¿Sabías que la palabra “pasión” se origina de la palabra en latín “passio” que está íntimamente relacionada con la raíz griega “path” que significa “sufrir”? Para cuando el juego terminó en 0-0, en todo el estadio llovían abucheos para los equipos debido a su vergonzosa actuación. De verdad es muy difícil explicar qué tan desanimados estábamos todos. De hecho comencé a llorar, estaba muy triste porque nuestra familia había elegido ir a ESE partido.

Pero no todo estaba perdido. El juego final al que asistimos fue el 3 de julio en Moscú. Ronda de los 16 – Colombia vs Inglaterra. No te miento: reuní a mi familia antes de que saliéramos al estadio y oramos que Dios nos diera un gran partido. No me importaba cuál era el resultado: Solo quería que fuera memorable.

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¡Y sí que lo fue! La controversia fue una constante con un penal concedido y con ambos equipos presionando y compitiendo por la posición en cada tiro libre. Yerri Mina, un defensa colombiano, empató el partido 1-1 en tiempo extra al final de la segunda mitad mientras el estadio lleno, mayormente de aficionados colombianos, se volvía loco. Después, se fueron a penales, donde Inglaterra tiene historia de precipitarse y quemarse. Pero ¡no esta vez, amigos! Casi tres horas después de la primera patada, Inglaterra clavó su último penal y pasaron a la siguiente ronda mientras que, tanto aficionados como equipo, celebraban eufóricos. Fue un juego fenomenal y la mayor energía que he experimentado en un juego de futbol por mucho (¡y he ido a docenas de partidos en diferentes países!).

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Debo añadir esto, mientras nos preparábamos para los penales y los aficionados de cada equipo estaban apoyando, abrazándose e incluso orando, comencé a llorar de nuevo. Pero esta vez fue por la felicidad desenfrenada de haber sido parte de un evento como éste.

¿Cuál fue la diferencia de los dos juegos? Esencialmente una cosa: pasión.

Sé que las circunstancias dictan que hay menos en juego en ciertas ocasiones del torneo. Pero esta es la Copa Mundial. Si vas a pisar el terreno de juego, ¡debes darlo todo!

Esta es una creencia que me impulsa en mi vida diaria y me guía en mi caminar espiritual. Si vale la pena hacerlo, vale la pena hacerlo bien. Vivir apasionadamente, y especialmente dejar que la fuente de esa pasión sea más que futbol, o comida, o películas, o trabajo, o incluso tu familia.

La única fuente de pasión que nunca se secará o te decepcionará es Jesucristo. El ofrece vida abundante (Juan 10:10) y salvación gloriosa (Juan 3:16). En mi caso, Él ha puesto un llamado en vida a predicar – y a hacerlo transculturalmente – así que no puedo contenerlo; como Jeremías, es un fuego en mis huesos (Jeremías 20:9).

Cualquiera que me conoce sabe que soy un apasionado del futbol. Pero mi oración es que todos sepan que estoy más apasionado por Cristo y su misión. Después de todo, Él se dio a sí mismo por nosotros en la cruz, en lo que se conoce como – adivinaste – la Pasión.

Si todavía no has experimentado esa fuerza convincente e impulsora en tu vida, permite a la única y verdadera fuente de pasión que inyecte su fuego. Tú – y todos aquellos que te rodean – ¡nunca volverán a ser iguales!

Sacerdotes Ante Dios

Por el Dr. Clark Armstrong

Martín Lutero creía firmemente en el sacerdocio de todos los creyentes, en relación con el hogar cristiano. Él creyó que los padres – y particularmente el padre de cada hogar – era el “sacerdote” de ese hogar.

Lutero es quien comenzó la idea del padre, o los padres, guiando a los hijos en un tiempo devocional o de adoración en familia diariamente. Él escribió un libro proveyendo guía a los padres mientras ellos guiaban a sus hijos en el hogar. En el libro, él da algunas “Oraciones/bendiciones de la mesa” para enseñar a los hijos a dar gracias ofreciendo una oración antes de tener cualquier comida habitual (Lucas 24:30). Una de las oraciones más famosas fue “Dios es grande. Dios es bueno. Agradezcamos por nuestro alimento. Amén.”

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Crecí en una familia de seis hijos (tres niños y tres niñas). Nuestra madre fielmente nos enseñó a orar las “oraciones/bendiciones de la mesa” cuando éramos muy jóvenes. Cuando era nuestro turno, los niños diríamos la oración (la que mencioné anteriormente), y las niñas orarían otra que decía, “Gracias por el mundo tan dulce. Gracias por la comida que comemos. Gracias por las aves que cantan. Gracias, Dios, por todo. Amén.” No es tan importante que la oración rimara (en inglés es así), aunque eso ayuda a que los pequeños lo recuerden. Lo importante es siempre detenerse y orar antes de comer. Tan pronto como fuimos lo suficientemente mayores, cuando era nuestro turno, nos animaron a que cada uno hiciéramos nuestras propias oraciones desde nuestro corazón.

Finalmente, Lutero enseñó que, como creyentes, todos somos sacerdotes ante Dios a través de nuestro gran y sumo sacerdote Jesucristo. Podemos compartir nuestras peticiones de oración entre nosotros, y orar unos por los otros en el cuerpo de Cristo. Hoy tenemos muchos grupos pequeños, clases de escuela dominical, grupos de discipulado, reuniones de ministerio entre hombres o mujeres, o ambientes de adoración donde regularmente nos levantamos el uno al otro en oración, directamente al Señor, como sacerdotes los unos para los otros. Hacemos oraciones por sanidad, por los perdidos, por los santos e intercesión por todos los problemas en nuestro mundo. Constantemente tenemos testimonios maravillosos de milagros y transformación a través de nuestro ministerio sacerdotal por todos los creyentes. ¡¡¡Alabado sea Dios por esta verdad!!!

ClarkA2.jpg*Dr. Clark Armstrong es misionero y Profesor en el Seminario Nazareno Teológico de Asia-Pacífico en Manila, Filipinas donde ha servido con su esposa desde septiembre 2013. Previamente servía como pastor por 32 años en los EUA.

El Sacerdocio de Todos los Creyentes

Por el Dr. Clark Armstrong

Muchas personas no se dan cuenta que el concepto de “sacerdocio de todos los creyentes” fue incluso uno de los principios fundamentales de la Reforma desde sus inicios. Y muchos pastores o profesores han pasado por alto, o han minimizado, esa verdad.

En sus inicios, sin embargo, los puntos principales de la Reforma eran sola scriptura (solo la escritura como fuente de autoridad), sola fide (salvación solo por fe y no por obras), y el sacerdocio de todos los creyentes. Las otras “solas” fueron agregadas a medida que la Reforma avanzó. Todas ellas fueron una reacción a las prácticas y enseñanzas prevalecientes de la Iglesia Católica en aquella época. El gran principio conocido como “el sacerdocio de todos los creyentes” fue una reacción al hecho de que la Iglesia Católica enseñó que las oraciones, confesiones y ministerio solo podían hacerse a través o por los sacerdotes de la iglesia.

Los reformadores creyeron literalmente que todos los creyentes son un “real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). El libro de Hebreos enseña que Jesucristo es nuestro único y verdadero sumo sacerdote y que podemos ir a Él directamente con nuestras oraciones (4:14-16). La palabra sacerdote significa “puente o mediador.” En 1 Timoteo 2:5, dice “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…” Lutero enseñó que un pecador podía confesar sus pecados personales directamente a Dios a través de Cristo y encontrar perdón (Heb. 2:17-18, 1 Juan 1:9), lo cual era un pensamiento muy radical en aquel tiempo.

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Los reformadores enseñaron que, como creyentes, todos tenemos acceso directo a Dios a través de Jesús y no hay necesidad de un mediador terrenal. Las oraciones de los sacerdotes pueden ser de ayuda, pero Lutero vio a la práctica en aquella época, como una perversión y mala aplicación del sacerdocio Aarónico o Levítico, el cual estaba claramente cumplido en Cristo y eliminado por el Nuevo Testamento. Las prácticas a las que él se opuso en sus 95 tesis fueron vistas, por los sacerdotes de la iglesia, como una negligencia flagrante.

Cada vez que, directamente, un pecador se arrepiente al Señor; cada vez que, libremente, ofrecemos oraciones a Dios; cada vez que, personalmente, invocamos el nombre del Señor, ¡deberíamos alabar a Dios por esta maravillosa doctrina de la Reforma!

*Dr. Clark Armstrong es misionero y Profesor en el Seminario Nazareno Teológico de Asia-Pacífico en Manila, Filipinas donde ha servido con su esposa desde septiembre 2013.  Previamente servía como pastor por 32 años en los EUA.

 

Lutero y los Nazarenos

Hoy (13 de octubre, 2017) celebramos el 109 Aniversario de la fundación de la Iglesia del Nazareno. ¡Feliz cumpleaños, nazarenos!

Durante este mes, también estamos celebrando el 500 Aniversario de la Reforma Protestante, así que pensamos, “¿Por qué no combinar dos celebraciones hoy, en una sola publicación?”

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El Rev. Klaus Arnold es un nazareno alemán y rector del Colegio Nazareno Europeo en la frontera alemana/suiza. También es un amigo, y él y su esposa fueron nombrados como misioneros globales en nuestra denominación, junto con Emily y yo en febrero 2007. Arnold recientemente escribió un artículo en Holiness Today titulado “Creciendo a la Sombra de Lutero,” en el cual finaliza comparando la teología de Lutero con la de los nazarenos:

En Alemania todos los cristianos, incluyendo los nazarenos, han crecido a la gran sombra de Martín Lutero. Por supuesto, hay diferencias claves. Como Lutero, nosotros los nazarenos creemos que el bautismo es un sacramento: un tiempo donde la gracia de Dios se hace presente en una forma especial. Sin embargo, Lutero fue conocido por afirmar que el bautismo era el medio por el cual Dios nos purifica del pecado original, y esta no es una enseñanza consistente con los estatutos doctrinales de la Iglesia del Nazareno.

Otra diferencia está en las doctrinas de la justificación y santificación. Creemos (como Lutero) que somos justificados solo por gracia por medio de la fe, por lo que Dios hizo a través de la persona y obra de Jesucristo. Sin embargo, para Lutero el cambio de la relación entre un creyente y Dios, es solamente relativa, pero no hay un cambio real en el creyente.

Él creyó que un cristiano es siempre “pecador y justificado” mientras él/ella viva. La Iglesia del Nazareno cree que, mientras que hay un cambio relativo en la justificación, también hay un cambio real que ocurre: llegamos a ser una nueva creación.

El pecado no necesita reinar sobre nosotros, y nosotros no tenemos que pecar deliberada o consistentemente. Con la llenura del amor de Dios a través del Espíritu Santo, nuestra naturaleza pecaminosa es purificada en entera santificación.

La misión de Dios es la renovación de su creación. Y parte de eso es la transformación de los creyentes a la imagen de Dios (a la semejanza de Cristo). Mientras somos llenos con el amor de Dios, queremos compartir eso con el resto de la creación, hacer verdaderamente una diferencia en nuestro mundo y participar en la misión de Dios ¡dondequiera que estemos! Afirmamos, junto con Lutero, que nuestra vida comienza y continúa por gracia a través de la fe en Cristo Jesús.

La Peor Marca de la Historia

Por Rev. Brady Wisehart

Muriendo para vivir

Mientras depuraba mi bandeja de entrada esta mañana, me encontré con un correo electrónico con el título: “Podemos AYUDAR a la marca de tu Iglesia,” este e-mail fue enviado por una compañía de marketing para iglesias. Yo no había solicitado ayuda de esta compañía y estaba a punto de mover el correo a la papelera cuando me detuve y quedé cautivado por los siguientes pensamientos…

¿Cuál es la marca de la iglesia? No solo de mi iglesia local pero de la Iglesia de Jesucristo. ¿Hay alguna diferencia entre la marca de la Iglesia de Jesucristo y mi iglesia local? ¿En nuestra cultura occidental, hemos puesto las marcas de nuestras iglesias locales por encima de la marca fundamental del Cristianismo?

Mis pensamientos no estaban debatiendo distinciones denominacionales, o volcándose sobre el marketing como herramienta. Mis pensamientos eran todo lo contrario. Yo creo que las más grandes noticias en el mundo, el evangelio, es digno de nuestros mejores esfuerzos para comunicarlo tan efectivamente como podamos.

Los asesores de marketing nos dicen que tu marca es muy importante. Es lo que cuenta la historia de tu mensaje principal. Es lo que tú presentas al mercado como quien eres, lo que eres, y lo que tienes para ofrecer.

Por siglos, la marca de la Iglesia de Jesucristo fue encarnada por la cruz. Encima de una catedral o la iglesia en cierto país, la marca era consistente, una cruz. Por siglos, la imagen de la cruz ha sido universal. Sin estar limitada a una cultura, alrededor del mundo, la cruz comunica el mensaje del Cristianismo.

Pero piensa en esto junto conmigo, por un momento. La marca fundamental de la imagen del Cristianismo es un artefacto de ejecución. ¿Puedes imaginar un consultor de marketing motivándote a que tu identidad institucional sea una silla eléctrica? Bienvenido a nuestra Iglesia, ¡la iglesia de la muerte! ¡Pero este es el mensaje! Cuando Pablo dice “No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes… Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado…” (1 Co. 2:2-4) El mensaje de la cruz es uno de muerte al pecado y vida en Cristo (Ef. 2:16; He. 12:12; 1 Co. 1:17-18; Gl. 5:11-14; Fil. 3:18). 

Es en la muerte de Cristo que encontramos libertad del pecado y vida en Él. Esta marca de la cruz no solo es un símbolo de lo que Cristo hizo por nosotros. Jesús aclara este mensaje cuando dice “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará.” (Mr. 8:34-35). Jesús nos llama a elegir. Cuando elijo aceptar a Cristo solamente por gracia y fe, camino con Él como una nueva creación. Lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado (2 Co. 5:17).

El apóstol Pablo escribe, “Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.” (Gá. 5:24) “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.” (Gá. 2:20-21).

Para ser una marca principal, esto habla mucho de la muerte. Puedo ver cómo algunos serán tentados a “actualizar” la marca y dar un pequeño giro al mensaje. Pero Pablo nos ayuda a ver que en Gálatas 2:21 si la justificación pudiera obtenerse de otra manera distinta a Jesús, entonces Cristo murió por nada.

En pocas palabras, una marca “actualizada” o “retocada,” desinfectando las partes incómodas del mensaje y reemplazándolas con una narrativa “amistosa” no solo es peligroso, sino que perjudica completamente al evangelio. Dejándonos con un “producto” que no tiene poder.

Me topé con este gráfico hoy que plasma cómo murieron los apóstoles. De repente me golpeó, ¡ellos vivieron la marca! Todos ellos dieron su vida por Cristo. Esto no fue simplemente una evidencia su devoción a la marca, pero más allá…ellos “vivieron” la marca en sus muertes.

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No estoy sugiriendo que Dios está llamando a cada uno de nosotros a ser físicamente martirizados por nuestra fe en Cristo, sí creo que esta marca es clara. A través de la cruz encuentro vida en Cristo. Cuando estoy en Cristo lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado. Seguir a Jesús verdaderamente nos lleva a morir a nosotros mismos y al pecado. El punto es…si no estás listo para morir, no estás listo para vivir de verdad.

¿Eres cristiano? ¿Eres un verdadero seguidor de Jesucristo? Si es así, ¿estás viviendo la marca de la cruz de Cristo? ¿O te has envuelto en una fijación formulada de tu “idea” preferida de Cristianismo? ¿Tu fe se ha vuelto más enfocada en tus preferencias, tus intereses y tu agenda? ¿Ha existido una erosión del llamado que Cristo nos dio de amarlo tanto que, en comparación, es como si tú odiaras todo lo demás? (Lucas 14:26).

¡Tengo excelentes noticias para ti, mi amigo! ¡No hay mejor manera de vivir que morir! Cuando permitimos que Cristo nos salve de nuestro ser pecaminoso, cuando permitimos que el poder de su Espíritu nos lleve a crucificar nuestros deseos para que podamos abrazar los deseos de Dios…¡Empezamos a VIVIR DE VERDAD! ¡Lo viejo se ha ido y lo NUEVO HA LLEGADO!

 

Jesús Fue Un Refugiado – Parte 2 de 2

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Por JT English

En este momento, el mundo está enfrentando la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas, el número de personas desplazadas está en el número más alto que se haya registrado: 59.5 millones, la mitad son niños. 14.4 millones están desplazados fuera de su frontera estatal. Incluido está el siempre creciente número de refugiados sirios, que ahora ha alcanzado los 9 millones. Desde la superficie, las cuentas son simplemente asombrosas. Muchos están muriendo, ahogándose, sin hogar, temerosos, sin esperanza.

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Desafortunadamente, muchos están respondiendo a la actual catástrofe con un sentimiento que es manejado por el miedo y un deseo de priorizar su auto-protección. No hay duda que la crisis de refugiados, simultánea al aumento del terrorismo global, está generando desafíos sin precedentes para muchos en el Occidente –desafíos que, sin duda, pueden presentar amenazas legítimas para nuestra propia seguridad.

Sin embargo, a pesar de esas amenazas legítimas, los discípulos de Jesús son exhortados a ser como Cristo y a considerar los intereses de otros antes de los suyos (Filipenses 2:3-4). Nosotros simplemente no podemos ser la Iglesia si no estamos dispuestos a amar a nuestros vecinos, buscar la justicia y combatir la opresión. Debemos recordar que seguimos a Aquel que fue un refugiado mucho antes de cargar con una cruz.

En este tiempo de crisis sin precedentes, los cristianos están llamados a responder con compasión sin precedentes. Para aquellos de nosotros que llamamos a Jesucristo “Señor”, debemos recordar que nuestro sumo sacerdote se identifica con la situación del débil, quebrantado y desplazado. Para Jesús, la crisis de refugiados no son solamente estadísticas o números; es el tipo de crisis con la que Él puede identificarse. Los hombres, mujeres y niños que están huyendo, tratando de escapar con sus vidas, tienen un sumo sacerdote que sabe lo que es eso. La Iglesia, el cuerpo global de cristianos, debemos demostrar ser el tipo de personas que adora a Cristo quien una vez fue un refugiado. Si fallamos en seguir el señorío de Cristo en esto, entonces quizá el no es para nada nuestro Señor.

Una de las preguntas más importantes que aparecen en los Evangelios fue hecha por un maestro de la ley. Él le preguntó a Jesús, “¿Quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús es una de las parábolas más conocidas que se ha arraigado a la imaginación social de nuestra cultura –el Buen Samaritano (Lucas 10:25-37). Tal vez haríamos bien en revisarla. Jesús explica que ser un prójimo significa mostrar compasión a aquellos en necesidad. Quizá debemos preguntarnos esto, ¿Quién es nuestro prójimo?” Esto nos ayudará a empezar a cultivar una postura cristiana.

Artículo publicado originalmente en: http://www.thevillagechurch.net/the-village-blog/jesus-was-a-refugee/

Mirando adelante con esperanza

Escrito por: Dr. David A. Busic.

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Los últimos meses han sido extremadamente difíciles para la familia global. Noticias de violencia, racismo, terrorismo, sufrimiento, y gran tragedia parecen ser los sucesos diarios. Con tantas malas noticias, ¿qué significa ser personas de esperanza? Más específicamente, ¿qué es la esperanza cristiana y cómo esto cambia nuestra perspectiva?

La esperanza cristiana está basada en una persona.

La esperanza cristiana no es el poder del pensamiento positivo. No está basada en las circunstancias, sean buenas o malas. No son las nuevas y mejores ideas, las filosofías utópicas o la política reformada. La esperanza cristiana es enfocada objetivamente en la persona de Jesucristo quien ha sido revelado a nosotros como “la gracia de Dios,” “la salvación a todas las personas,” y nuestra “bendita esperanza” (Tito 2:11-13 NVI). La esperanza en cualquier otra cosa no nos dará lo que buscamos. Jesús es el único que puede satisfacer el hambre profunda en nuestros corazones.

La esperanza cristiana mira hacia un futuro prometido.

La manera en que manejamos nuestra vida presente está completamente determinada por cómo creemos que será nuestro futuro. Si nuestra esperanza está arraigada o fundada en un futuro que es mucho mejor y más grande de donde nos encontramos hoy, es posible enfrentar las tremendas adversidades y grandes dificultades con paz y gozo. Cuando ponemos nuestra esperanza en un futuro prometido que sabemos no fallará, incluso los más grandes sacrificios pueden ser soportados y ser encontrados significativos.

Nuestra esperanza en Jesucristo es la esperanza de que vendrá un día cuando Dios hará que todas las cosas que están mal en el mundo, vuelvan a estar bien otra vez. Nuestra esperanza es que Dios hará que el mundo sea como debe ser. Nuestra esperanza es que viviremos una vida resucitada con Jesús y la familia de Dios por la eternidad en el cielo.

La esperanza cristiana mira hacia un futuro mejor.

Esa esperanza nos cambia.

Mirar hacia adelante en esperanza cambia nuestro comportamiento. De repente nos encontramos a nosotros mismos actuando muy diferente y pensando muy diferente. “…y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas” (Tito 2:12a NVI). La antigua manera de vivir no tiene el mismo empuje en nosotros como antes.

Mirar hacia adelante en esperanza cambia nuestro propósito. Nuestras prioridades cambian. Nuestras pasiones son redirigidas. “…y nos enseña a… vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio” (Tito 2:12b NVI). Empezamos a vivir hoy como si el futuro prometido por Dios ya estuviera a nuestra alcance.

C.S. Lewis dijo una vez, “Si tú lees historia encontrarás que los cristianos que hicieron más por el mundo presente fueron aquellos que pensaron más en el próximo.”

Mirar adelante con esperanza significa que vemos la visión de Dios de un mundo sin más pobreza, ni más guerra, ni más violencia, ni más injusticia. Y porque esa es una fotografía de cómo se ve nuestro futuro, como ciudadanos del reino celestial y como personas que creen que Dios siempre cumple sus promesas, comenzamos a trabajar hacia esa visión ahora mismo, aquí en la tierra. Empezamos a esperar, a orar, y a trabajar por un tiempo donde haya justicia y paz, donde las personas hambrientas puedan comer y donde la gente enferma pueda estar bien. Empezamos a vivir hacia el tiempo donde no hay odio, prejuicio, sistemas injustos, ni racismo. Vivimos hoy a la manera en que Dios quiere que su mundo sea mañana.

La esperanza es el lenguaje de intercambio de el trabajo y ministerio cristianos. Porque tenemos un futuro prometido, nos da la valentía de arriesgar mucho más que si no lo tuviéramos. “Todas las cosas son hechas nuevas” es la esperanza escatológica del mañana de Dios y nos da la fortaleza para orar, “Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

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