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Aprende Lo Que Puedes Y No Puedes Hacer #4

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

Esta es la quinta y última publicación de nuestra serie, en lo que se refiere a cómo los pastores pueden desarrollar límites para tener un ministerio saludable.  Son cuatro claves del proceso, pensando en ellas como cuatro vallas que delimitan un ministerio saludable.

Ya he compartido las primeras tres vallas “Reconoce Tu Rol En La Iglesia, Busca Límites Emocionalmente Sanos y Cuida El Rebaño…Incluso De Otros Cristianos.”

En una iglesia que planté hace muchos años, sabía que poner en práctica esos límites iba a ser vital si continuaba trabajando a tiempo completo en LifeWay Research. Desde el principio, mi equipo de  liderazgo y yo creamos la descripción de mi trabajo tomando en cuenta esos límites.

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Conoce tus límites.

La cuarta publicación apoya que un ministerio saludable involucra conocer lo que puedes y no puedes hacer.

En aquella iglesia hice tres y SOLO tres cosas: me reunía con mi staff/aprendices, oraba cerca del 70% del tiempo, y lideraba un pequeño grupo en mi casa.

Uno de los beneficios que este límite trajo a la iglesia fue que éramos claramente una iglesia que no estaba centrada en el pastor. Estaba a la vanguardia con mi rol en la iglesia. Expliqué que no podía oficiar funerales, ir a visitar, hacer llamadas o realizar juntas. Esto abrió las puertas para que nuestra congregación notara áreas de servicio en las que eran necesitados, y para que respondieran a ellas. 

Escoge los límites de acuerdo a tu situación, iglesia y dones.

Entonces surge la pregunta: ¿Por qué esas tres cosas? Porque esas eran las tres cosas que SOLAMENTE YO podía hacer. Puede que mi límite no se parezca al tuyo, pero Dios me llamó a enseñar y orar, y eso es parte de lo que hago.

Liderar el grupo pequeño era un componente realmente importante de mi descripción laboral. Estaba orientado a la misión e incluía a muchos de mis vecinos.

Mi grupo pequeño me brindó la facilidad de conectarme con la gente que necesitábamos alcanzar. Me previno de desarrollar una visión de túnel y solo predicar y hablar con mi staff cada semana, y al mismo tiempo me recordaba que no podía enseñar lo que no estaba viviendo.

El otro componente importante que me trajo mi grupo pequeño fueron las interacciones personales de manera regular. Cuando tu iglesia crece, necesitas sacrificar algo de interacción personal. Eso puede ser difícil porque mucha gente busca la ministración pastoral  debido a que los pastores son apasionados y poseen dones para servir, proveer cuidados generales etc.

Una sola persona no puede cuidar a la gente de esa manera si pasan de 100. Es por eso que la típica iglesia americana es en tamaño menor de 100 miembros. Cuando una iglesia crece por encima de esa cifra significa que debes estar dispuesto a permitir que algunas de esas relaciones cercanas cambien y se transformen a lo largo del camino.

Un grupo pequeño es un perfecto lugar de encuentro para conocer la necesidad  de cuidado pastoral cuando tu iglesia ha crecido más allá de tu habilidad para proveer a la congregación entera. Ahí es donde el verdadero pastoreo y relaciones de amistad pueden ocurrir.

Ser pastor es un asunto solitario. Interactúas con mucha gente, pero no estás en comunión con muchas de ellas. Un grupo pequeño es una parte integral para la solución de ese problema.

Sé claro y consistente en lo que puedes y no puedes hacer.

La clave para establecer este límite es conocer lo que puedes y no puedes hacer. Las iglesias querrán que hagas todo. Deberás hacer algunas cosas, pero trata de que sean las cosas correctas.

Típicamente, “lo correcto” se alineará con tus dones. Es en las demás otras áreas  donde debes invitar a otros a trabajar a tu lado y formar un equipo. Este equipo es el que en realidad te ayudará a alcanzar lo que Dios te ha llamado a hacer como líder.

Cuando estableces estas cuatro vallas – Reconoce Tu Rol En La Iglesia, Busca Límites Emocionalmente Sanos, Cuida El Rebaño…Incluso De Otros Cristianos y Aprende Lo Que Puedes Y No Puedes Hacer- habilitarás y alentarás el crecimiento en ti y en tu iglesia. Sin estas cuatro reglas, es muy probable que experimentes el agotamiento en el ministerio y obstaculices el desarrollo de aquellos bajo tu cuidado y la iglesia en general.

Debes ser intencional sobre la viabilidad a largo plazo de ti, de tu familia, tu ministerio y tu iglesia. Si no lo eres, tus límites estarán comprometidos y tu agenda estará saturada y sobre todo tu cuerpo y tu espíritu estarán exhaustos.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Cuida el Rebaño…Incluso de Otros Cristianos #3

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

Esta es la cuarta publicación de nuestra serie con respecto a pastores que desarrollan límites saludables en su ministerio. Estoy compartiendo cuatro puntos clave en el proceso, pensando en ellos como cuatro vallas alrededor de un ministerio saludable.

Ya he compartido las dos primeras publicaciones: Reconoce tu rol en la iglesia y Busca límites emocionalmente sanos.

La siguiente quizás sea la más difícil de implementar en nuestra cultura. También me imagino que generará mucho desacuerdo. Sin embargo, creo que demuestra un enfoque bíblico sobre el pastoreo de una congregación, en lugar de convertir a la iglesia en un lugar donde un grupo de clientes exige que su área de interés sea la primordial.

La tercera valla que apoya un ministerio sano es cuidar tu rebaño, incluso si es de otros cristianos.

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Quizás pueda parecer irónico, pero algunas de las personas de la que debes cuidar tu iglesia más tenazmente son, en efecto, otros creyentes. Si no lo haces, el enfoque del ministerio será responder a los intereses especiales de los clientes cristianos. Eso significa que tu ministerio (y sus límites) estarán concentrados en mantener clientes felices –y no existirán límites-.

Escribí sobre esto en otra publicación llamada “Por qué no tengo problemas para ayudar a los cristianos a avanzar”.

La inspiración para ese tema vino de un incidente que ocurrió después de un servicio en “Grace Church”, la iglesia que planté y pastoreé cuando trabajé tiempo completo en “LifeWay Research” (algo que me fue posible hacer gracias a muchos límites).

Básicamente animé a un visitante que estaba claramente bien preparado en cuanto a las profecías del Apocalipsis (y disfrutaba compartiendo sus interpretaciones con cualquiera que conocía) a salir de nuestra iglesia y moverse a otra que encajaría mejor con su pasión y creencias.

Ahora, permíteme clarificar el pensamiento detrás de mis acciones. Si alguien de mi congregación acude a mi después del servicio diciendo: “He estado leyendo y tengo algunas dudas sobre las profecías ¿podemos platicarlo?” Me tomaría un tiempo enseguida para discutir sobre ello. Sin embargo este no era el caso.

Esta persona era obviamente un profesional. De hecho, me comentó que sus amigos lo llamaban: “el Terrorista de las Profecías”. Esa fue su presentación. Él no tenía preguntas. Quería entrar en mi iglesia para encontrar gente que le diera la atención que deseaba. Quería que tuviéramos una conversación solo para debatir conmigo- y convencerme.

Y yo tenía mis límites. No hago ese tipo de cosas. Además, en ese entonces pastoreaba una congregación que también tenía límites. No necesitábamos al “Terrorista de las Profecías” distrayéndonos de nuestra misión.

Quizás tu no hayas conocido al “Terrorista de las Profecías”, pero te apuesto que has conocido a otros cristianos similares. Hay “Calvinistas”, “Carismáticos”, Maestros Particulares”, Cristianos Políticos”, y la lista continua y continua.

Tu iglesia no es una plaza pública para que la gente debata u opine. Es un lugar que debes proteger y pastorear. Tú creas los límites – tanto personal como congregacionalmente.

A la gente no le gustará eso, pero si tú permites que tu iglesia se convierta en una reunión de grupos con intereses especiales, entonces tu ministerio estará construido sobre una base que será el mantenerlos contentos. O en mantenerlos separados. Además de prometerles atención y pasar el resto de tu vida tratando de cumplirles.

Hay una mejor manera, aunque no a todos les guste.

Crear límites saludables para tu iglesia significa saber quiénes  son como iglesia, en dónde están, hacia dónde van y qué significa eso para la gente de afuera. Tu iglesia no es un lugar para cristianos conflictivos que quieren dominar tu tiempo para que les des la libertad de hacer lo que quieran. Aprovecha ese tiempo para dar consejerías, no para argumentar con ese tipo de personas.

Por otra parte, una plática de ese tipo con personas no cristianas siempre será bienvenida, podría hacerlo todo el día. Si alguien se me acerca y dice: “He estado leyendo a Deepak Chopra y me puso a pensar profundamente.” Me sentaría y hablaría con él en un dos por tres sobre lo que Jesús dice acerca de Deepak.

Hay una gran diferencia entre esas dos situaciones.

Los cristianos que quieren discutir quieren entrar a la iglesia para que se les preste atención, y eso destruye los límites. Los no cristianos que quieren discutir necesitan ser llevados a la iglesia para que puedan escuchar el evangelio de Jesucristo.

La realidad más importante es que “los Terroristas de las Profecías” y otros cristianos problemáticos no van a dejar de caminar con Jesús porque no estén mi iglesia. Encontrarán un lugar –probablemente una iglesia (y un pastor) que no tenga límites establecidos.

Sin embargo, si es en tu iglesia, supongo que hay mucha gente que va a ser expulsada, incluyendo a muchos que necesitan a Jesús.

Los límites son establecidos por los cuidadores del rebaño. Esos son los términos usados en muchos lugares de la Escritura. Debes ser un cuidador del rebaño. Tu iglesia no es una sociedad voluntaria de opiniones o grupos de intereses personales. Es un cuerpo que necesita estar en una comunidad en la que sirvan el uno al otro, guiados por pastores y líderes enfocados en una misión en común.

Así que, esta es una valla valiente dentro del ministerio, pero es esencial. Tú y tu iglesia deben reconocer que la misión es más importante que los grupos con intereses especiales. Tu iglesia necesita límites para que no pases tu tiempo tratando de mantener a los cristianos problemáticos felices y tranquilos.

Esos límites te costarán que algunas personas se vayan, pero guiarán a tu iglesia de maneras poderosas y te liberarán para ministrar sobre el dolor, que de otra forma será pasado por alto.

En la conclusión de esta serie, explicaré la valla final del ministerio: Aprende lo que puedes y no puedes hacer.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Busca Límites Emocionalmente Sanos #2

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

En la introducción a esta serie, hablé acerca de cómo tus horarios no son el problema principal que te conduce al agotamiento, en lugar de eso, no establecer límites saludables en el ministerio si es un problema. La última vez dije que la primera valla era “reconocer tu rol en la iglesia.”

Para esta segunda publicación tenemos que entender que un pastor insalubre crea límites insalubres.

Mira, se siente bien sentirse indispensable. Cuando la gente de la iglesia te busca para todo, y  lo haces, creen que eres lo máximo. Querer que los demás piensen que eres lo máximo no es necesariamente malo. Puede ser perfectamente normal. El disfrute de la alabanza merecida, sin embargo, puede rápidamente convertirse en una dependencia poco saludable de la alabanza.

Tu congregación no va a ayudarte con esto de forma natural. En la mayoría de los contextos eclesiales, muchas personas miran a los pastores como “un distribuidor de bienes y servicios religiosos.”

La congregación siente que te ha elegido y que te están pagando regularmente por tu servicio. Como resultado, tienen ciertas expectativas sobre lo que debes hacer. Esas expectativas pueden incluir cosas como por ejemplo realizar visitas personales a todas las personas enfermas. Si esto no se hace, la gente puede enojarse o decir que su caminar espiritual ha sido comprometido.

La segunda valla apoya que un ministerio saludable busca límites emocionalmente saludables.

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Con el objetivo de crear límites apropiados, los pastores deben ser saludables y lo suficientemente confiables para decir “No” cuando la gente quiere que digan “Si”, aun y cuando no comprendan por qué el pastor tiene que decir que no.

En una ocasión cuando servía como pastor interino, una familia de la iglesia que eran miembros desde hacía mucho tiempo, me preguntaron si podía hablar con el pequeño “Johnny” para que pudiera recibir a Cristo. Tranquila y amablemente les dije que no. Los padres se quedaron un poco confundidos de que no pudiera reunirme con ellos, pero les expliqué que no quería quitarles esa oportunidad a ellos.

Protestaron de nuevo, explicándome que el niño tenía muchas preguntas. A decir verdad, el pequeño apenas tenía 8 años. ¿Estaría luchando con algún argumento ontológico sobre la existencia de Dios? Expresé que estaba seguro de que las preguntas del niño serían básicas, que ellos serían capaces de contestarlas porque habían sido parte de una gran iglesia desde hacía 15 años.

Si la gente necesita de ti como pastor para conocer a Jesús, su entendimiento del evangelio es bastante limitado.

Desafortunadamente, los padres de Johnny no lo vieron de esa manera. De hecho, lo vieron de manera tal que llamaron a dos pequeños grupos de personas para explicarles que el pastor interino era, a lo menos, un diablo yankee.

En las siguientes dos semanas, sin embargo, me buscaron después del servicio y me agradecieron por no quitarles la oportunidad de orar con su hijo. No siempre resulta de esa manera pero en este caso los límites propiciaron un momento sumamente especial para esta familia. Aunque nunca llamaron a las familias con la que se quejaron 2 semanas atrás.

Crear límites es difícil para todos, pero es necesario para la longevidad en el ministerio.

Al final del día, los pastores no deben permitir que la gente de sus congregaciones añada expectativas culturales a sus límites. En lugar de eso, deben buscar que la Biblia sea la que forme sus implementaciones y límites saludables. Aunque la Biblia manda y describe lo que los pastores deben hacer, la mayoría de los límites que se establecen no están relacionados a los mandamientos bíblicos, sino que son dirigidos por las expectativas culturales de la iglesia.

El establecimiento apropiado de los límites crea pastores e iglesias más saludables. Parte de la salud de la iglesia viene de nuestra tercera publicación, la cual examinaremos seguidamente.

Esta serie de artí­culos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Reconoce tu Rol en la Iglesia #1

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero.

En la primera publicación de esta serie, empecé a discutir sobre la importancia de que los pastores establezcan límites saludables para su ministerio.

Dado que es un área con la que personalmente he luchado mucho, una en la que sigo creciendo, me apasiona compartir lo que he aprendido, con la intención de ayudar a otros a no cometer los mismos errores que yo.

En las siguientes cuatro publicaciones compartiré las claves para establecer estos límites. Piensa en ellos como cuatro vallas delineando un ministerio saludable.

La primera valla para desarrollar un ministerio saludable es: reconocer tu rol en la iglesia.

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Tú como el pastor, no eres el absoluto responsable de la iglesia. Aunque eres parcialmente responsable, solo el Rey Jesús tiene la responsabilidad final.

Cuando este límite es ignorado, la iglesia termina siendo construida alrededor del pastor, quien entonces comienza a ser parte del problema en lugar de ser parte de la solución.

En mi segunda iglesia plantada, habíamos crecido para ser una congregación de 125 personas luego de 18 meses. Aunque esto puede parecer un desarrollo positivo, se convirtió en mi talón de Aquiles. El número de asistentes llegó a ser mi fuerza motora semana a semana.

Me tomaba el tiempo cada sábado para llamar personalmente a todos nuestros miembros regulares y ocasionales para animarlos a estar en la iglesia el día siguiente. Estaba convencido de que si no llamaba a todos, la iglesia se desmoronaría el domingo. Debido a que mi identidad estaba tan apegada a nuestra asistencia semanal, si el número de miembros de la iglesia colapsaba, mi vida, en efecto, colapsaría con ella.

Cuando los pastores no comprenden su rol, como me sucedió a mí, tienden a fijar toda la atención en una visión predeterminada de éxito, en lugar de en aquellas cosas a las que somos bíblicamente llamados, como el pastoreo y equipamiento.

Afortunadamente, una combinación de mi esposa y un pastor amigo de otro poblado, amorosamente me señalaron que necesitaba hacer algunos cambios. El resultado fue mi renuncia. Bueno, más o menos.

En realidad, me levanté un domingo y “renuncié” (sí, entre comillas). Le dije a mi congregación que iba a renunciar a ser el único pastor y cuidador de la iglesia.

Me disculpé por no haber creado los límites adecuados y les expliqué que iba a hacer una reestructuración. Usando un lenguaje muy de los 90’s (lo cual no fue muy terrible porque eran los 90’s) les expliqué que iba a cambiar hacia un rol más “ranchero” y que designaría a los “pastores” que trabajarían ahora. Fue un gran paso hacia el crecimiento para ambos, para la iglesia y para mí.

Aunque cambiar a un modelo de  ministerio descentralizado fue un buen paso, fue difícil.

La siguiente publicación examinará la dificultad de crear límites saludables: el pastor tiene que ser lo suficientemente sano para crear ese tipo de límites.

Esta serie de artículos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

No Culpes a tu Agenda de tu Agotamiento

Escrito por: Ed Stetzer. Trad. por: Ariadna Romero

Vivimos en un mundo que está definido por límites. Nuestros caminos están delimitados, los juegos deportivos están diseñados de acuerdo a ciertos límites, y nuestros psicólogos nos dicen que necesitamos expandirlos alrededor de esa loca tía co-dependiente nuestra.

Quizás sea cierto que el término “límite” ha sido modificado en los últimos años de acuerdo a los programas de televisión, sin embargo pienso que es un área vital en la vida de los plantadores de iglesias y los pastores.

La gente a menudo señala el tener demasiada actividad como la culpable inherente de la fatiga y la retirada temprana del ministerio. El problema, sin embargo, va más allá de una agenda ocupada.

Los pastores y líderes ministeriales que experimentan el agotamiento tienden a exhibir estilos de vida que desatienden la disciplina necesaria para manejar sus actividades. Sin límites establecidos y defendidos adecuadamente, las personas experimentarán el agotamiento tanto del cuerpo como del espíritu.

Cuando planté mi primera iglesia al interior de la ciudad de Búfalo, junto con todo lo que eso conlleva, era esposo de Donna, ahuyentaba a la soledad para sostenerme, y era también estudiante de seminario en Pittsburgh, manejando cuatro horas en la nieve cuesta arriba en ambos sentidos. Puede que haya exagerado esa última parte, pero era Búfalo después de todo.

Sorprendentemente, fui capaz de mantener todos esos roles hasta que fallé en la creación de límites fuertes. Eso fue lo que al final me hundió. Si un coche atropella a un perro, el perro no ha sido lastimado porque estaba corriendo muy rápido. Es lastimado porque no respetó los límites establecidos para él.

De manera similar, no fue la velocidad de mis actividades lo que me hirió, sino la falta de límites sólidos en mis horarios, particularmente en la iglesia. Me convertí en el punto focal de todo el ministerio. Era con el que todos necesitaban hablar si querían seguir a Cristo, recibir consejería, o recibir una visita después de una cirugía de las uñas de los pies.

Tenía una congregación llena de gente que se apoyaba en mí en todas direcciones para su crecimiento espiritual. Fue esta falta de límites que deshabilitó cualquier ministerio efectivo y me condujo al agotamiento.

El hecho de que estoy en el ministerio hasta ahora, debe decirte que he aprendido algunas lecciones a lo largo del camino.

Me apasiona compartir los 4 pasos que aprendí de mi propia experiencia con otros pastores y líderes.

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Piensa en ellos como cuatro vallas que definen los límites alrededor de un ministerio saludable.

Son las cuatro publicaciones que verás en los próximos días.

Esta serie de artículos fue publicada originalmente en: EdStetzer.com

Consejos Prácticos Para Liderar a Personas Difíciles

Esta es la continuación de la entrada anterior escrita por Dan Reiland. 

1) Descubre el trasfondo.

Cuando una persona se vuelve difícil, y la situación parece persistir, trata de poner el tema a un lado y llevar la conversación a un nivel más personal.

Llega a lo obvio para descubrir si hay algo más profundo. Mi pregunta favorita es “¿Qué es lo que realmente te molesta aquí?” Es importante hacer esa pregunta de una manera amable y cuidadosa.

Cuando te conectas con el problema real, es mucho más fácil amar y liderar a alguien.

2) Maneja bien tus propias emociones.

Es vital permanecer emocionalmente consciente de ti mismo y en control. Cuando pierdes el control, pierdes.

Esto no significa reprimirse o distanciarse, sino que de las cosas que aparecen en la lista del fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, amabilidad, tolerancia, bondad, fidelidad, mansedumbre, ¡el dominio propio está incluido! (Gálatas 5:22)

Cuando te enfadas, pierdes tu liderazgo.

No puedes impedir que alguien “presione tus botones”, pero no tienes que bajar a su nivel.

Aquí está un plan práctico para cuando una persona difícil esté desequilibrándote.

  • Cuenta hasta 5.
  • Baja el volumen.
  • Siéntate en tu silla.
  • Habla deliberadamente.
  • Pide tiempo de espera, si es necesario.

A largo plazo, los impulsivos nunca ganan la carrera.

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3) Establece términos y límites.
Hasta ahora, he enfatizado nuestro enfoque con personas difíciles. Cómo manejamos nuestro corazón, pensamientos y emociones.

Pero algunas personas son simplemente difíciles casi todo el tiempo. No queremos estar cerca de ellos, y puede ser difícil amarlos.

Los términos y los límites son saludables y necesarios. Aquí están los límites que uso.

Mi primer límite es el respeto. La persona puede estar en desacuerdo conmigo y expresar su insatisfacción con mi liderazgo, pero debe ser respetuoso.

Mi segundo límite es la alineación. Necesitamos ponernos de acuerdo sobre la misión general y dirigirnos en la misma dirección. No puede llegar a ser todo acerca de su agenda personal.

Mi tercer límite es el progreso. Las conversaciones difíciles son parte del liderazgo, y no es raro quedarse atrapado por un tiempo. ¡Pero necesitamos progresar pronto!

4) Comunica expectativas claras.
Establecer claras expectativas es vital para trabajar con una persona difícil.

Piensa en lo que se necesita para una relación sana, para progresar en el ministerio y deja eso claro.

5) Llévalos a un terreno más elevado.
Esta es tu oportunidad para alentar e inspirar.

No se trata de vender y ganar, no se trata de cerrar un trato como si estuvieras en oferta.

¡Ayúdalos a verse a sí mismos y a la situación de manera distinta y para su bienestar!
• Establece un terreno en común.
• Comunica su valor. Afirma a la persona.
• Apunta hacia la visión más grande.
• Adviérteles de las consecuencias de continuar en el mismo camino.

6) Elije tus batallas.
A veces la gente llamará a tu puerta con la intención de “tener una pelea.” Y a veces la situación aumenta al nivel de una batalla.

Siempre pregúntate, ¿es necesario pelear esta batalla? A veces es importante dejarla de lado para escalar una montaña más alta.

7) Enfócate en las soluciones.
La resolución de algún tipo es necesaria.

Las soluciones productivas son las mejores.

Lo peor es dejar una situación que es un desastre. Alguien tiene que limpiarlo. Si no lo haces, alguien más debe hacerlo.

Dos preguntas cruciales que ayudan a aportar discernimiento y resolución:
• ¿Qué te gustaría que yo hiciera de manera diferente?
• ¿Qué deseas?

Cuando sabes lo que la persona quiere, puedes ser claro acerca de si serás o no capaz de acceder. Al final, a veces tienes que decir no y mantener tu terreno. Y a veces debes quitar a la persona del liderazgo.

Siempre habrá personas difíciles a quienes serás responsable de liderar. Definitivamente: ¡La forma en que los lideras puede cambiarte, puede cambiarlos a ellos y también a la iglesia!

¿Cómo no perder tu identidad en el ministerio? – Parte 2 de 4

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Pero la verdad es que estaba agotada. Estaba cansada de sentirme dividida en un millón de direcciones diferentes, tratando de hacer y ser todo para la comunidad que servía y para mi familia en casa. Estaba cansada de cómo me aferraba a la mentira de “no es suficiente”: que los voluntarios no eran suficientes, que el tiempo del día no era suficiente, y que el dinero nunca era suficiente para hacer todo lo que Dios quería que hiciéramos y lográramos a través del ministerio.

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Esta es la cosa: el ministerio es cualitativo, no cuantitativo. No se trata de números, sino se trata de las historias y del corazón. Se trata de cómo Dios está haciendo su camino en y a través de un montón de seres humanos desordenados, imperfectos, amados.

Pero a veces, sin límites apropiados y cuidado del alma, este trabajo multi-capas, lleno de matices, lleno de seres humanos desordenados, puede llegar a ser muy poco saludable. Podemos sentir que hemos perdido nuestra identidad en medio de tratar de ayudar a otros a encontrar la suya.

Si te sientes como si estuvieras a punto de olvidar quién eres, considera uno de los siguientes pasos antes de que sea demasiado tarde: 

  1. Toma un descanso.

Un papel en la dirección de la iglesia nos puede hacer sentir como si llevamos el mundo sobre nuestros hombros, mientras que simultáneamente giramos un millar de placas diferentes de Jesús por minuto. Pero todo este hacer para el Reino también puede hacer olvidar a Aquel que hemos tratado de servir en primer lugar. Así que tómate un día libre a la semana y guarda ese día como si tu vida dependiera de ello, porque depende de ello. Además, saca un día completo cada mes para tener un día de soledad (retiro). Si tu denominación u organización ofrece a los empleados un sabático cada pocos años, por todos los medios, haz lo que tengas que hacer para tomar este regalo de tiempo de retiro.

Espera más en la siguiente entrada.

¿Cómo no perder tu identidad en el ministerio? – Parte 1 de 4

Escrito por: Cara Meredith. Traducido por Yadira Morales.

Identidad

Cuando tomé un descanso del ministerio, me di cuenta de que había perdido más que mi trabajo.

“¿Qué haces?” Me había hecho la pregunta cientos de veces antes, pero esta vez era diferente. Esta vez, yo no tenía un título ministerial para informar mi respuesta. Ya no tenía una posición de liderazgo en el ministerio, ni tenía personas con las que ejercer mis dones y talentos, mis llamamientos, y mis inclinaciones dados por Dios.

Así que no dije nada. Cuando ella, una extraña que nunca volví a ver, me preguntó una segunda vez, le di la respuesta más honesta que pude: “Estoy en una transición de empleos en este momento.” ¿No tener un trabajo ministerial realmente hace o rompe una conversación? ¿Debería haberle dicho quien había sido y lo que había hecho?” Pero no lo hice. Nuestra conversación terminó tan pronto como comenzó. No sabía quién era yo sin un trabajo en el ministerio. Me sentía como si hubiera perdido mi misma identidad. Y no creo que sea el único que se ha sentido de esa forma alguna vez.  A veces, cuando no estamos funcionando de manera saludable, una posición en el liderazgo puede irse a nuestras cabezas. Había derramado mi ser en un trabajo, en personas, y en una comunidad, sin saberlo, dejando que se convirtieran en la esencia de mi alma.

Por supuesto, Jesús vivía en lo más profundo de mi interior también, pero compartía el espacio. Me había invertido en sus corazones que cuando me fui, cuando ya no eran una parte regular de mi vida y no compartíamos el vínculo común de ministerio, me sentí como la alfombra había sido sacada por debajo de mí. Me preguntaba si significaban más para mí de lo que yo significaba para ellos. Y me preguntaba por qué esto me molestaba tanto.

Mientras estaba hablando de Jesús a izquierda y derecha, también me estaba sintiendo como la estrella más brillante que hay. El ministerio se había convertido todo acerca mí. Y para ser honesta, no era tan agradable. No ayudó que estuviera cansada, que no hubiera dejado espacio en mi agenda para el margen y el descanso. Durante un tiempo, le eché la culpa a las demandas del ministerio. Le eché la culpa a las expectativas de las noches entre semana, a las expectativas de los fines de semana y las expectativas del verano. Le eché la culpa a todos y a todo, sin ver mi falta de límites o mi falta de descanso como el problema.

 Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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