¿Cómo no perder tu identidad en el ministerio? – Parte 2 de 4

Esta es la continuación de la entrada anterior.

Pero la verdad es que estaba agotada. Estaba cansada de sentirme dividida en un millón de direcciones diferentes, tratando de hacer y ser todo para la comunidad que servía y para mi familia en casa. Estaba cansada de cómo me aferraba a la mentira de “no es suficiente”: que los voluntarios no eran suficientes, que el tiempo del día no era suficiente, y que el dinero nunca era suficiente para hacer todo lo que Dios quería que hiciéramos y lográramos a través del ministerio.

slide5_sm

Esta es la cosa: el ministerio es cualitativo, no cuantitativo. No se trata de números, sino se trata de las historias y del corazón. Se trata de cómo Dios está haciendo su camino en y a través de un montón de seres humanos desordenados, imperfectos, amados.

Pero a veces, sin límites apropiados y cuidado del alma, este trabajo multi-capas, lleno de matices, lleno de seres humanos desordenados, puede llegar a ser muy poco saludable. Podemos sentir que hemos perdido nuestra identidad en medio de tratar de ayudar a otros a encontrar la suya.

Si te sientes como si estuvieras a punto de olvidar quién eres, considera uno de los siguientes pasos antes de que sea demasiado tarde: 

  1. Toma un descanso.

Un papel en la dirección de la iglesia nos puede hacer sentir como si llevamos el mundo sobre nuestros hombros, mientras que simultáneamente giramos un millar de placas diferentes de Jesús por minuto. Pero todo este hacer para el Reino también puede hacer olvidar a Aquel que hemos tratado de servir en primer lugar. Así que tómate un día libre a la semana y guarda ese día como si tu vida dependiera de ello, porque depende de ello. Además, saca un día completo cada mes para tener un día de soledad (retiro). Si tu denominación u organización ofrece a los empleados un sabático cada pocos años, por todos los medios, haz lo que tengas que hacer para tomar este regalo de tiempo de retiro.

Espera más en la siguiente entrada.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 2 septiembre 2016 en El Llamado, El Misionero Nazareno, Liderazgo, Otro, Santidad, Vida Devocional y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: