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¿Una Voz? ¿Cuál Voz?

“Los que iban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba” (Hechos 22:9 DHH).

Arrestado y de pie ante una multitud lista para lincharlo, Pablo relata la historia de su conversión. Fue el momento decisivo de su vida; literalmente (y metafóricamente también) él había sido ciego, pero ahora veía. Ve una luz brillante. Cae al piso. Escucha una voz del cielo. Inicia un diálogo que transformaría para siempre a este terrorista en un apóstol.

Y en medio de su testimonio nos encontramos con la turba enardecida.  Aparentemente, aquellos que iban con Pablo también vieron la luz. Sin embargo, no escucharon nada fuera de lo ordinario. Lo que fue muy claro para Pablo, –suficiente para dar su vida por ello– ni siquiera fue audible para los demás.

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¿Alguna vez has estado en un servicio o un campamento donde los demás están respondiendo en masa al llamado de Dios, mientras que tú cruzas los brazos, confundido o incluso escéptico? Todos están escuchando Su voz y teniendo comunión con Él, pero tú solo te preguntas porqué tanto alboroto.

¿Podría ser que Dios estuviera hablándoles a todos (incluido tú)? La única diferencia es que tú no escuchaste Su voz.

No dejes de escuchar Su voz hoy. ¡Presta atención a la conversación!

*Este mini-devocional fue escrito para la aplicación de la Juventud Nazarena Internacional (JNI) de la Región Mesoamérica. Les animamos a descargar y usar esa app, a través de la cual se estarán compartiendo pensamientos devocionales cortos como éste (escritos por varios líderes).

Informe de Misión: ‘Misionero’

Por Howard Culbertson

Hoy en día, la gente usa la palabra “misionero,” por lo menos, de cuatro formas:

  • Como una descripción para todos los cristianos;
  • Como una etiqueta para las personas que están haciendo cualquier tipo de ministerio en cualquier lugar;
  • Como una categoría especializada para cualquier persona con una experiencia de ministerio transcultural, ya sea de largo plazo o solo por algunos días;
  • Como un título para aquellos que tienen un llamado y poseen dones para un ministerio transcultural.

Así que, ¿cuál es la mejor opción? Y, ¿hay alguna razón para preferir una opción por encima de la otra? Yo estoy a favor de la última opción. Para mí, ese uso de la palabra encaja mejor con cómo los creyentes son descritos en Romanos 12, Efesios 4 y 1 Corintios 12. Esos tres pasajes comparan la Iglesia con un organismo viviente. Así como un cuerpo de carne y sangre, la Iglesia de Cristo está compuesta por muchos miembros diferentes, cada uno tiene un rol importante que jugar para el organismo. Observando que un cuerpo no puede funcionar si solo estuviera hecho de ojos y orejas, Pablo escribe que la iglesia sería disfuncional si todos los creyentes intentan hacer el mismo trabajo. A este respecto, Pablo hace algunas preguntas retóricas: “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿son todos maestros?” Obviamente Pablo espera un “no” a esas tres preguntas hechas en 1 Corintios 12.

At_SKC_0.jpgPara estar seguros, la palabra “misionero” no está en ese pasaje. Una razón es que “misionero” tiene su raíz en el latín, un idioma que solo llegó a ser utilizado años y años después de los tiempos del Nuevo Testamento. No obstante, la metáfora de Pablo de un cuerpo es muy relevante a la manera en cómo usamos “misionero.” Empezando con Pablo y Bernabé, la Iglesia ha reconocido que Dios llama y capacita personas específicas para dar sus vidas cruzando barreras geográficas, culturales, y de idioma para llevar a cabo movimientos de plantación de iglesias; personas como Milly y Agnes Ibanda (ver foto) quienes, junto con su familia, recientemente fueron enviados de la iglesia en la República Democrática del Congo, para servir en Madagascar. Aquellos que van son personas para quienes la palabra “misionero” se acuñó en los años 1600.

La ampliación del significado de “misionero” de su uso original, se ha hecho con buenas intenciones. Sin embargo, no siento que ha infundido urgencia o propósito a los creyentes poco interesados. Por otro lado, quedarse con el uso original limitado de “misionero” sí ayuda a la Iglesia por medio de:

  • Recordarnos la necesidad de ser intencionales acerca de llevar a la iglesia a “donde todavía no hay iglesia” (en lugar de tener personas que digan, “estamos haciendo todo lo que Dios espera de nosotros si somos ‘misioneros’ en nuestros vecindarios”).
  • Abrazar la imagen de la iglesia como un cuerpo hecho de miembros con diferentes funciones, una de las cuales es seguir el llamado de divino de llevar el Evangelio a través de las fronteras culturales, geográficas y de idioma a “donde todavía no hay iglesia.”
  • Reconocer que Dios no espera que todos empaquen sus maletas y tomen un vuelo internacional. Algunos van a ir. Otros van a enviar. Eso representa el significado de la palabra “misionero” tal y como fue acuñada originalmente.

Nota: Reservar el título de “misionero” para aquellos que están haciendo un tipo de ministerio específico, en lugar de aplicarlo más ampliamente, no justifica que cada creyente no esté involucrado apasionadamente por medio de orar, dar, movilizar, o ir y alcanzar tanto a los vecindarios cercanos, como a evangelizar hasta lo último de la tierra.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/mission-briefing-missionary

Esperanza en el Naufragio

Por Ken Childress

“Llevábamos ya mucho tiempo sin comer, así que Pablo se puso en medio de todos y dijo: Señores, debían haber seguido mi consejo y no haber zarpado de Creta; así se habrían ahorrado este perjuicio y esta pérdida. Pero ahora los exhorto a cobrar ánimo, porque ninguno de ustedes perderá la vida; solo se perderá el barco. Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, y me dijo: ‘No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.’ Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal y como se me dijo. Sin embargo, tenemos que encallar en alguna isla.” (Hechos 27:21-26)

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La respuesta de Pablo fue, “Debían haber seguido mi consejo…PERO.” Pablo estaba tan seguro de lo que había escuchado de parte de Dios, que estaba dispuesto a colocarse en la posición de recordarles lo que les había dicho. Pero él no insistió en eso. Al contrario, inmediatamente él les trajo esperanza. El mismo Dios que le habló del naufragio, era el mismo Dios que les prometió vida y seguridad. La Palabra es coherente en su mensaje – Dios es un Dios de esperanza. Incluso, Pablo les anima a comer en medio de la tormenta.

El siguiente punto es muy interesante para mí: “Sin embargo, tenemos que encallar en alguna isla.” Tendemos a pensar que como Dios trae esperanza, todo será cómodo. En ningún lugar de su Palabra encontramos esta declaración. Encuentro promesas de provisión, consuelo, paz, salvación y perdón. Pero en ningún lugar encuentro que tal vez no terminemos en un naufragio. Dios les dijo a estos hombres, a través de Pablo, que ellos vivirían. También les digo que naufragarían.

Siempre he creído que hay un precio que pagar por ignorar la voluntad y dirección de Dios.

Cuando elegimos pecar contra nuestro cuerpo – naufragamos.

Cuando pecamos con nuestras finanzas – naufragamos.

Cuando pecamos en nuestras relaciones – naufragamos.

Hay un precio que pagar por desobedecer. Pero incluso en ese momento, hay ESPERANZA. Después de la tormenta, los marineros se dieron cuenta que todavía tenían vida y que tenían tierra firme a su alcance.

Dios nos da su dirección para nuestras vidas en su Palabra. Cuando ignoramos esas instrucciones, hay algunas cosas como: oscuridad, depresión, desesperanza. Pero incluso en la oscuridad, hay una luz. Y aunque nos encontremos en un naufragio, su amor es lo suficientemente grande para encontrarnos, salvar nuestras vidas y llevarnos a tierra firme. Una vez que estamos en tierra firme, Él nos provee sustento y la mano de otros que nos ayudan a recuperarnos.

Sí, con Dios aprendemos las lecciones de desobediencia y aprendemos que, no importa lo lejos que estemos, su amor incondicional es capaz de alcanzarnos y salvarnos.

 

Informe de Misión: Sé un Enviador

Por Howard Culbertson

En ocasiones, la gente piensa que la única forma en que ellos pueden participar en el evangelismo “hasta lo último de la tierra,” es volando hacia otro país. Están equivocados. “Ir” es solo una de las vías para involucrarse en la misión mundial. De hecho, aquellos quienes dejan su hogar para convertirse en misioneros necesitan un grupo consagrado y entusiasta que los apoye desde casa.

Hace algunos años, Steven Hawthorne escribió un capítulo en Perspectivas en el Movimiento Cristiano, acerca de quienes apoyan a “los que van” (así llamaba a los misioneros). Hawthorne quien creció en una casa pastoral nazarena, llamó a ese capítulo simplemente, “Enviadores.” Él se dio cuenta que el Apóstol Pablo tal vez había pensado, así como Dios, en Enviadores humanos, cuando él preguntó retóricamente: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” (Romanos 10:15).

El Apóstol Juan no tenía duda de animar a las personas para convertirse en Enviadores de misioneros. La versión AMP (Amplified Bible) de la Biblia, interpreta el versículo 7 y parte del versículo 8 en 3 Juan como: “Porque ellos [misioneros viajeros] salieron por el bien del Nombre [de Cristo]. Así que deberíamos apoyarles.” ¿Cómo es que los Enviadores apoyan y cuidan a los misioneros? Bien, el pasaje en 3 Juan parece referirse al apoyo material. Lo mismo es verdad con las palabras de Pablo a los Romanos acerca de un viaje planeado a España (Romanos 15:22-24). Ciertamente, se trata de dinero – mucho dinero – el cual se necesita para el evangelismo mundial. Sin embargo, los enviadores pueden y deben hacer más que dar dinero. Por ejemplo, en casi cada una de las cartas de Pablo, él pedía a sus Enviadores que oraran por su ministerio.

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R.A. Torrey, el fundador del Instituto Bíblico Moody, creía eso. Torrey una vez escribió: “La efectividad del misionero en el campo y los resultados de su labor, están directamente relacionados con el misionero en sí mismo y, de igual forma, con el hombre o la mujer que ora constantemente por él en su casa.”

Además del dinero y la oración, los Enviadores colaboran en el cumplimiento de la Gran Comisión en maneras que van desde mantener actualizados los boletines de misiones hasta ubicar y enviar equipo o recursos necesarios. Ciertamente, una variedad de dones y talentos pueden ser usados para facilitar el trabajo de los misioneros sirviendo en lugares lejanos.

Aquí hay seis áreas en las que los enviadores pueden apoyar a los misioneros:

— Apoyo emocional (dándoles ánimo a través de correos electrónicos, cartas, conversaciones por Skype, yendo a los servicios de gira misionera, etc.).

— Movilización (creando conciencia de las misiones globales en sus iglesias locales y distritos).

— Apoyo financiero (dando, y animando a otros a dar).

— Oración intercesora por el evangelismo mundial (orando e involucrando a otros en la oración).

— Ayuda logística (proveyendo hospedaje y transporte para los misioneros en gira misionera, haciendo arreglos para enviar cosas, solucionando detalles para eventos, entre otras cosas).

— Asistencia en la re-entrada (siendo un oyente “confiable,” ayudando a los misioneros que regresan a encontrar su camino de vuelta en casa, y demás).

Los Enviadores han sido conocidos por ser tan apasionados en su apoyo a los misioneros que ellos han adaptado su estilo de vida para orar más, servir más y dar más.

Sé un Enviador. Impacta “hasta lo último de la tierra” desde tu puerta.

 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

La Peor Marca de la Historia

Por Rev. Brady Wisehart

Muriendo para vivir

Mientras depuraba mi bandeja de entrada esta mañana, me encontré con un correo electrónico con el título: “Podemos AYUDAR a la marca de tu Iglesia,” este e-mail fue enviado por una compañía de marketing para iglesias. Yo no había solicitado ayuda de esta compañía y estaba a punto de mover el correo a la papelera cuando me detuve y quedé cautivado por los siguientes pensamientos…

¿Cuál es la marca de la iglesia? No solo de mi iglesia local pero de la Iglesia de Jesucristo. ¿Hay alguna diferencia entre la marca de la Iglesia de Jesucristo y mi iglesia local? ¿En nuestra cultura occidental, hemos puesto las marcas de nuestras iglesias locales por encima de la marca fundamental del Cristianismo?

Mis pensamientos no estaban debatiendo distinciones denominacionales, o volcándose sobre el marketing como herramienta. Mis pensamientos eran todo lo contrario. Yo creo que las más grandes noticias en el mundo, el evangelio, es digno de nuestros mejores esfuerzos para comunicarlo tan efectivamente como podamos.

Los asesores de marketing nos dicen que tu marca es muy importante. Es lo que cuenta la historia de tu mensaje principal. Es lo que tú presentas al mercado como quien eres, lo que eres, y lo que tienes para ofrecer.

Por siglos, la marca de la Iglesia de Jesucristo fue encarnada por la cruz. Encima de una catedral o la iglesia en cierto país, la marca era consistente, una cruz. Por siglos, la imagen de la cruz ha sido universal. Sin estar limitada a una cultura, alrededor del mundo, la cruz comunica el mensaje del Cristianismo.

Pero piensa en esto junto conmigo, por un momento. La marca fundamental de la imagen del Cristianismo es un artefacto de ejecución. ¿Puedes imaginar un consultor de marketing motivándote a que tu identidad institucional sea una silla eléctrica? Bienvenido a nuestra Iglesia, ¡la iglesia de la muerte! ¡Pero este es el mensaje! Cuando Pablo dice “No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes… Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado…” (1 Co. 2:2-4) El mensaje de la cruz es uno de muerte al pecado y vida en Cristo (Ef. 2:16; He. 12:12; 1 Co. 1:17-18; Gl. 5:11-14; Fil. 3:18). 

Es en la muerte de Cristo que encontramos libertad del pecado y vida en Él. Esta marca de la cruz no solo es un símbolo de lo que Cristo hizo por nosotros. Jesús aclara este mensaje cuando dice “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará.” (Mr. 8:34-35). Jesús nos llama a elegir. Cuando elijo aceptar a Cristo solamente por gracia y fe, camino con Él como una nueva creación. Lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado (2 Co. 5:17).

El apóstol Pablo escribe, “Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.” (Gá. 5:24) “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.” (Gá. 2:20-21).

Para ser una marca principal, esto habla mucho de la muerte. Puedo ver cómo algunos serán tentados a “actualizar” la marca y dar un pequeño giro al mensaje. Pero Pablo nos ayuda a ver que en Gálatas 2:21 si la justificación pudiera obtenerse de otra manera distinta a Jesús, entonces Cristo murió por nada.

En pocas palabras, una marca “actualizada” o “retocada,” desinfectando las partes incómodas del mensaje y reemplazándolas con una narrativa “amistosa” no solo es peligroso, sino que perjudica completamente al evangelio. Dejándonos con un “producto” que no tiene poder.

Me topé con este gráfico hoy que plasma cómo murieron los apóstoles. De repente me golpeó, ¡ellos vivieron la marca! Todos ellos dieron su vida por Cristo. Esto no fue simplemente una evidencia su devoción a la marca, pero más allá…ellos “vivieron” la marca en sus muertes.

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No estoy sugiriendo que Dios está llamando a cada uno de nosotros a ser físicamente martirizados por nuestra fe en Cristo, sí creo que esta marca es clara. A través de la cruz encuentro vida en Cristo. Cuando estoy en Cristo lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado. Seguir a Jesús verdaderamente nos lleva a morir a nosotros mismos y al pecado. El punto es…si no estás listo para morir, no estás listo para vivir de verdad.

¿Eres cristiano? ¿Eres un verdadero seguidor de Jesucristo? Si es así, ¿estás viviendo la marca de la cruz de Cristo? ¿O te has envuelto en una fijación formulada de tu “idea” preferida de Cristianismo? ¿Tu fe se ha vuelto más enfocada en tus preferencias, tus intereses y tu agenda? ¿Ha existido una erosión del llamado que Cristo nos dio de amarlo tanto que, en comparación, es como si tú odiaras todo lo demás? (Lucas 14:26).

¡Tengo excelentes noticias para ti, mi amigo! ¡No hay mejor manera de vivir que morir! Cuando permitimos que Cristo nos salve de nuestro ser pecaminoso, cuando permitimos que el poder de su Espíritu nos lleve a crucificar nuestros deseos para que podamos abrazar los deseos de Dios…¡Empezamos a VIVIR DE VERDAD! ¡Lo viejo se ha ido y lo NUEVO HA LLEGADO!

 

Hacia la Efectividad Misional: La Marca de la Multiplicación – Parte 6 de 7

Por Ed Stetzer

Ve a donde está la gente, haz discípulos, planta iglesias

Estoy en una serie de artículos abordando el tema de la efectividad misional. En los dos artículos anteriores, he explicado las marcas de la misión de Dios. Lo que he procurado hacer es destacar el énfasis principal de cada marca en un esfuerzo por construir una imagen de la representación del mensaje y el movimiento de la misión. Hoy, abordaré la marca misional de multiplicación.

La Marca Misional de Multiplicación Explicada

Hasta ahora, he intentado resaltar las marcas misionales de comunidad y envío cuando la missio Dei es puesta en práctica en una iglesia local. Pero hay más de una marca misional que es representada cuando la iglesia abraza la totalidad de la misión de Dios, y la marca es multiplicación.

La multiplicación es usada por Dios para avanzar su misión a lo largo de todo el mundo. Mientras el impulso de multiplicación es esbozado en el Antiguo Testamento en lugares como Génesis 1:28 (“fructificad y multiplicad”), Génesis 15:5 (el número infinito de Abraham de la descendencia de Abraham), y Jeremías 29:6; se vuelve muy claro en el Nuevo Testamento.

La marca misional de multiplicación, particularmente en el Nuevo Testamento, se basa  en Mateo 28:18-20, Hechos 1:8, Hechos 9:15, y Romanos 15:20. En estos pasajes, es claro que la misión de Dios se extiende hacia fuera, a las naciones—a aquellos que no han escuchado el evangelio.

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El apóstol Pablo evidentemente comprendió esto. De hecho, Pablo vio la misión global de Dios conectada a un aspecto del pacto de Dios con Abraham. Pablo escribe a las iglesias de Galacia, “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.” (Gal. 3:8). 

Entendiendo que la misión de Dios es dirigida hacia las naciones, Pablo implementó una estrategia de misiones que incluyó focalizar los centros urbanos poblados, evangelizar la ciudad (micro multiplicación), y plantar y establecer iglesias (macro multiplicación).

De acuerdo con Eckhard Schnabel, hay [por lo menos] quince fases o ubicaciones del trabajo misionero de Pablo que tuvieron lugar en 35 años entre su conversión (31/32 d.C.) y su muerte en Roma (67 d.C.). Durante esos años, Pablo tuvo tres viajes misioneros. Mientras Pablo iba a las naciones, él iría a sus ciudades.

Tim Keller afirma que esa parte de la estrategia de misión de Pablo incluyó ir a las ciudades más grandes de la región. Rara vez vemos a Pablo navegando lejos de las ciudades. Parece que Pablo creyó que las ciudades estaban donde el potencial para el impacto del evangelio y la multiplicación del evangelio sería mayor. Alvin Reid expresa que si las iglesias alcanzan las ciudades, ellas alcanzarán el mundo.

Parece que Pablo pensó lo mismo.

Una vez que Pablo estaba en la ciudad hacía al menos dos cosas: evangelizar personas y plantar iglesias. Pablo evangelizaba a través de predicar en las sinagogas locales, participar en grupos pequeños de estudio bíblico, conocer personas en los mercados, alquiler de salones y conferencias, e involucrando personas en su profesión (fabricación de carpas). Mientras hacía discípulos, después él plantaría y establecería iglesias.

Keller resume el involucramiento misional de Pablo en las ciudades, en esta manera:

Cuando Pablo empezó a reunirse con ellos [los convertidos], ellos eran llamados ‘discípulos’ (Hch. 14:22), pero cuando él los dejó, ellos eran conocidos como ‘iglesias’ (ver Hch. 14:23). Para ponerlo de forma simple, la multiplicación de las iglesias es tan natural en el libro de los Hechos como la multiplicación de individuos.

Como se ha visto en la vida de Pablo, la multiplicación requiere intencionalidad. Requiere ir a donde está la gente, compartir las buenas nuevas de Jesús, así como plantar y establecer iglesias autosustentables, autogobernadas y auto-propagada.

La Marca Misional de Multiplicación Ejemplificada

La iglesia en Antioquía ejemplifica la marca misional de multiplicación. Ellos se multiplicaron exponencialmente en Antioquía—alcanzando tanto judíos como a gentiles. No solo se multiplicaron en Antioquía, también alcanzaron personas más allá de su cuidad. Antioquía se convirtió en la primera iglesia enviadora a través del envío los primeros misioneros y se volvió la primera iglesia plantadora de iglesias (Hch. 13:1-3). Sencillamente, ellos se volvieron una iglesia multiplicadora. 

La marca misional de multiplicación es realmente el programa misional de la Iglesia Primitiva. El resultado final del programa misional de la iglesia se encuentra en Apocalipsis 5:9 y 7:9, donde Juan ve una visión del pueblo de Dios, de toda tribu e idioma, pueblo y nación. Por tanto, para que una iglesia sea misionalmente efectiva, debe convertirse en una iglesia multiplicadora—yendo donde está la gente, haciendo discípulos (micro multiplicación), y plantando iglesias (macro multiplicación). 

Artículo publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2017/january/towards-missional-effectiveness-mark-of-multiplication-part.html

¿Cuál es tu MEGA?

Por Scott Armstrong

“Si piensas que eres muy pequeño para hacer una diferencia, intenta dormir con un mosquito.” – Dalai Lama XIV

Soy fan de Jim Collins, un escritor e investigador empresarial. Aunque la palabra tal vez haya sido inventada antes, creo que Collins popularizó el término “MEGA” en su libro Creadas para Durar. ¿Qué es una MEGA? Es el acrónimo para una “Meta Espeluznante, Grande y Audaz.”

“Una MEGA compromete a la gente – los alcanza y los agarra,” dice Collins. “Es tangible, energizante, y altamente especializada. La gente ‘la entiende’ de inmediato; requiere poca o ninguna explicación.”   

Cada empresa debería tener una MEGA. Todas las compañías tienen metas. Pero hay una diferencia entre simplemente tener una meta y comprometerse con un enorme e intimidante desafío—como una gran montaña para escalar. Collins lo usa como una ilustración de la misión a la luna en los años 60’s. El Presidente John F. Kennedy y sus asesores podrían haber ido a un salón de conferencias y formulado algo como “Reforcemos nuestro programa espacial,” o algunas otras declaraciones así de superficiales. Sin embargo, Kennedy proclamó el 25 de mayo de 1961, “que esta Nación se debe comprometer con el cumplimiento de la meta, antes que finalice esta década, de enviar un hombre a la luna y hacer que regrese a salvo a la tierra.”

Eso, mis amigos, es espeluznante, grande, y audaz. Pero también es específico. Peligrosamente específico. Dadas las circunstancias, un compromiso tan audaz era, en ese momento, escandaloso. Pero eso probó ser un instrumento poderoso para impulsar a los Estados Unidos hacia lo que parecía inalcanzable. 

¿Cuántos cristianos tienen metas parecidas a “enviar-un-hombre-a-la-luna”? Como iglesias, ¿alcanzamos las estrellas, o estamos satisfechos con admirar un edificio de oficina de dos pisos?

Si cada empresa debe tener una MEGA, entonces con mayor razón, cada cristiano, cada iglesia y cada ministerio. Después de todo, a diferencia de las empresas, no estamos tratando de vender más productos o hacer más dinero. ¡Nuestra misión es el impacto y la transformación global! Además, estamos sirviendo al Todopoderoso, Rey de reyes y Señor de señores: ¿por qué no soñamos en grande y establecemos algunas metas locas y elevadas? No importa cuán grandes sean, ¡no pueden ser más grandes que las que Él tiene para nosotros!

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El apóstol Pablo lo describe de esta forma — “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros…” (Ef. 3:20 RVR1960).

Las MEGAs para el cristiano están basadas en un Dios que hace, abundantemente mucho más, de nuestros sueños y peticiones más grandes.

Para resaltar esto, me gustaría dirigir nuestra atención a dos ocasiones en que el mismo Dios encarnado se asombró. Estas historias deberían ayudarnos a ver la relación entre una meta espeluznante, grande y audaz y una fe espeluznante, grande y audaz (¿deberíamos llamarla FEGA?).

En Marcos 6, el mismo Jesús se encuentra en su ciudad de origen donde todos lo escuchan enseñar, lo ven hacer milagros, y literalmente se escandalizan a causa de Él (v. 3). ¡Ellos conocían a Jesús! Lo vieron crecer. ¡De ninguna manera podría ser el Mesías! “¡Nada que ver aquí, amigos! Solo es el hijito del carpintero tratando de actuar como alguien que no es.”

“En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos. Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos.” (v. 5-6 NVI).

Bueno, esa es una manera de asombrar a Jesús.  El Hijo de Dios estaba sorprendido por su mezquindad e incredulidad. 

Pero otro pasaje nos muestra esto de una mejor manera. En Lucas 7, un centurión va hacia Jesús y le pide que sane a su siervo. No hay necesidad de fanfarria y ceremonia para que Jesús recorra todo el camino hasta su casa. El centurión creyó que Jesús podía sanar a su siervo con una sola palabra. 

“Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (v. 9 RVR1960). Y en ese instante aquel hombre fue sanado. 

En dos ocasiones diferentes Jesús se asombró: 

  1. Falta de fe
  2. Gran fe 

Si Jesús observara tu nivel de fe, ¿estaría asombrado por lo espeluznante, grande y audaz que sería? ¿O estaría asombrado por tu pensamiento a pequeña escala?

Craig Groeschel, fundador del visionario y creciente canal LifeChurch.tv, nos pide que pensemos en esta última semana de nuestras vidas. ¿Cuáles son los grandes pasos de fe que tomaste en la última semana? ¿Intentaste algo tan audaz que estaba destinado al fracaso, salvo que Dios estuviera en ello? ¿Cuál fue tu oración? Si Dios contestara todas y cada una de tus oraciones en un instante, ¿qué sería diferente, no solo para ti, pero en el mundo?

“Si algunos de ustedes, oraran grandes oraciones,” dice Groeschel, “se habría encontrado la cura para el cáncer o se habría resuelto el problema del hambre, se habría salvado un matrimonio, o niños habrían sido adoptados por familias. Eso sería grandioso. Otros de ustedes tendrían comida bendecida.  Y tendrían un viaje seguro a la casa de tu abuela. ¿Qué sería diferente en el mundo si Dios contestara sí a tus oraciones y que sería inmediato? Para algunos de ustedes, nada sería diferente porque no oraron y no fueron audaces.”

Es un insulto para Dios pensar a pequeña escala. Es una completa tergiversación de su carácter. Tal vez suene tonto, pero estoy comenzando a pensar que no tener una MEGA, que hemos desarrollado en oración y audacia, es un asunto de pecado. Es, ciertamente, una falta de fe. 

Así que, ¿cuál es la MEGA que Dios te ha dado? Si no sabes, es imperativo que pases tiempo buscando el rostro de Dios y el “mucho más abundantemente” que Él tiene. Probablemente, también necesite desarrollarse y pulirse en comunidad. Asegúrate que sea clara y específica. Y después deja que esto moldee tus oraciones y acciones en los próximos días. ¡Tú – y el mundo entero – serán cambiados para siempre!

Por Qué Jesús Nunca Nos Mandó a Plantar Iglesias – Parte 2 de 2

Esta es la segunda parte del artículo publicado en la entrada anterior.

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¿Nuestras acciones coinciden con nuestras palabras? 

Decimos que queremos ver iglesias plantadas desde afuera de nuestra cosecha, pero nuestras acciones y nuestras prácticas de liderazgo frecuentemente no coinciden con nuestras palabras. Y lo triste es que aunque nos enfrentamos con esas inconsistencias, probablemente vamos a seguir repitiendo nuestros comportamientos pasados—esperando resultados futuros diferentes (¿Quizá Ridley Assessment tiene que decir algo a aquellos de nosotros que supervisamos plantadores de iglesias?).

Cada vez que un modelo bíblico para plantación de iglesias es visto como anormal, el camino del cambio vendrá con dolor. 

Para que el cambio saludable ocurra, tenemos que cambiar nuestra eclesiología, misiología, así como lo que celebramos, recompensamos y esperamos. 

Definiciones incompletas = prácticas deficientes

Tenemos una comprensión incompleta de nuestra Comisión. Actuamos como si Jesús nos hubiera enviado a plantar iglesias. Somos enviados a hacer discípulos. Como resultado de hacer discípulos, las iglesias nacen. La importancia del modelo bíblico descansa aquí. No en el crecimiento transferido. No en las divisiones reñidas. Es el evangelismo que resulta en discípulos, quienes acuerdan estar y funcionar como la expresión local del Cuerpo de Cristo. 

Tenemos una compresión incompleta de la iglesia local. Si nuestra definición está incompleta, entonces todo lo que decimos y hacemos, relacionado con la plantación de iglesias, será deficiente. Frecuentemente esperamos que las nuevas iglesias plantadas manifiesten estructuras y organizaciones como las que se observan en iglesias con 20, 40, o 50 años. Con frecuencia, nuestra definición de iglesia local está encerrada con nuestros deseos culturales que no sabemos la diferencia entre las preceptos bíblicos y las preferencias culturales. 

Trabajamos desde una definición incompleta de plantador de iglesia. Si no reconocemos la naturaleza misionera (y de este modo las funciones apostólicas) de los plantadores de iglesia, entonces terminaremos igualándolos con los pastores. Y tómenlo de un pastor que ha estado involucrado en plantación de iglesias: misioneros y pastores tienen diferentes llamados, mezclas de dones, pasiones, y funciones que desempeñar en Reino. Acabamos enviando pastores para hacer trabajo apostólico, o enviando misioneros y esperando que sean pastores. Esto es una tormenta perfecta de problemas, frustraciones, agotamiento y desastres. 

¿Hay otras maneras para plantar iglesias además de las que leemos en el ministerio de Pablo?

Los problemas con nuestros modelos actuales

Sí, y estoy a favor de algunos de estos modelos. ¿Hay momentos cuando una iglesia debe dejar ir a algunos miembros para que ellos comiencen a trabajar en otra área? Sí. ¿Es bueno para una congregación enviar un pastor con varios miembros a plantar una iglesia “instantánea” en una comunidad? Sí, bajo ciertas circunstancias. 

Si bien, esos modelos tienden a ser difíciles de reproducir (en vista de nuestros cuatro millones de no creyentes), suponiendo desafíos de contextualización, que son costosos y a menudo el resultado no es un gran número de discípulos. La importancia de la definición bíblica para la plantación de iglesias no se encuentra aquí. Dichos modelos deberían ser la excepción cuando se trata de plantación de iglesias. Hoy, generalmente, son la expectativa. 

Espero que mis conversaciones “sorprendentes” continúen en el futuro. Esto es necesario mientras nos movemos hacia una dirección donde el modelo bíblico es considerado como la excepción. Pero hasta que nuestras expectativas de plantación de iglesias cambien, debemos hacernos a nosotros mismos una pregunta y reconocer la inquietante respuesta: 

¿Qué es lo que tenemos cada vez que un modelo bíblico es visto como anormal? 

Tenemos un grave problema.

Este artículo fue publicado originalmente en: http://www.vergenetwork.org/2013/09/09/why-jesus-never-commanded-us-to-plant-churches/3/

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