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Una Señal Esencial

Por Rev. Ken Childress

1 Corintios 15:17, “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros delitos y pecados.”

La Resurreción da valor a todo lo que creemos. Sin ella, la Biblia es suficientemente audaz para decir, que nuestra fe no tiene valor. Aquellos que piensan que el Cristianismo vale la pena para la vida solo en este mundo no están de acuerdo con Pablo; él pensó que, en efecto, seríamos criaturas miserables si nuestra fe es simplemente una fe de este mundo (Ver versículo 19).

No, Dios nos dio la Resurrección –de Jesús y la nuestra– por una razón. Es una PROMESA, un COMPROMISO, una CONFIRMACIÓN de que nuestra vida en este planeta caído es solo una pequeña fracción de la vida que estamos destinados a vivir. Mientras el resto del mundo está viviendo para el aquí y ahora, nosotros vivimos para la eternidad. Mientras ellos invierten esperando buenos rendimientos en cuestión de años o décadas, nosotros invertimos esperando buenos rendimientos para la eternidad. Mientras ellos interpretan sus pruebas como algo que hará o romperá la calidad de sus vidas, nosotros interpretamos nuestras pruebas como eventos que están formándonos para entender a Dios y heredar sus riquezas. La Resurrección hace toda la diferencia en el mundo. Y más allá.

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Esto, de hecho, fue el propósito de la creación desde el primer día. Génesis es el relato de la creación de Dios, pero la cruz de Cristo y la tumba vacía son el relato de la re-creación. La iglesia primitiva de repente estuvo consciente de que estaban viviendo en el re-génesis, el cumplimiento de todo lo que Dios había prometido, el Reino que no desaparece. Y ese conocimiento guió todo lo que hicieron.

Constantemente pensamos que la Resurrección como un fenómeno de la época de Semana Santa – un milagro pasado que nos da una tenue esperanza para el futuro. Es MUCHO MÁS.

La Resurrección valida nuestra fe en el trabajo redentor de nuestro Sumo Sacerdote, quien ha quitado nuestros pecados. Nos permite vivir con un sentido de riesgo y aventura, porque nos hace parte de un nuevo orden de la creación que finalmente no puede fallar. ¡Nuestras vidas están cimentadas en Alguien que reina eternamente en VICTORIA!

Él resucitó…Él ciertamente resucitó. ¡Sin Resurrección no hay Cristianismo!

¡Ha Resucitado!

Pastor Gerardo Aguilar

De niños jugando a las escondidillas pasamos momentos dulcemente tensos. Era un desafío buscar el mejor lugar posible y guardar silencio con un aguante tremendo de risa nerviosa sin que te descubrieran. ¡Nadie quiere ser encontrado! – Por gracia, no todo en la vida es juegos, sino también realidades.

Hablando de querer encontrar a alguien, recordamos a las mujeres piadosas que fueron a buscar a Jesús a la tumba donde le habían puesto después de ser crucificado y muerto en la cruz. Ellas esperaban encontrarle para poner perfumes y especies aromáticas según la costumbre de su cultura.

El corazón de aquellas mujeres tenía cierta fe y duda al mismo tiempo, pues se preguntaban entre sí quién les movería la enorme roca que cubría la entrada al sepulcro. Sin tiempo de contestarse la pregunta, –de repente– observaron la roca movida y a un ángel del Señor sobre ella que les habló y dijo: ¿porque buscáis entre los muertos al que vive? –Jesús–¡No está aquí, pues ha resucitado!

–¡¿No está aquí?! ¡Ha resucitado!

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Vaya aseveraciones de aquel personaje celestial! –En nuestros días quizá hubiéramos respondido: –¿Estás hablando en serio?–, –¿Alguien podría ponerme eso por escrito?–, o –¿Puedes hablarlo bajo declaración jurada ante la ley?–.

No es fácil recibir tan gloriosa y también tan desconcertante noticia, luego de haber visto al Maestro en sufrimiento y cruel muerte en el madero. Nadie creería eso a menos que, el poco de fe que mantenían como un leve ardor en el corazón, se haya convertido luego en una antorcha interna de gozo y confianza, que trajo a la memoria las mismísimas palabras de Jesús cuando les decía: “el Hijo del Hombre será entregado…y le condenarán a muerte;…para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará–¡Ahora todo tiene sentido!…¡Ha resucitado!

Las tumbas de los llamados profetas e iluminados, de las religiones del mundo, contienen los restos de esos hombres. –Todos murieron como cualquier humano–. Algunos son considerados como dioses, sin embargo no lo son pues en el último y agónico “round” de sus vidas la muerte les venció sin escollo.                                

Pero nuestro Señor Jesucristo en un encuentro cara a cara con la muerte, le venció y resucitó al tercer día, significando así “la muerte de la misma muerte”, y por ello también el apóstol Pablo testificó con poder diciendo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? –¡Sorbida es la muerte en victoria!–.

Para nosotros hoy en día, traer a la memoria la victoria de Jesús sobre la muerte es algo que debe aumentar nuestra fe y confianza hasta lo sumo. De hecho la Resurrección de Cristo es el evento que le da sentido y esperanza a nuestra fe. Al adorar a un Cristo vivo, el mismo Espíritu que le levantó de los muertos también nos sostiene en Sus Promesas y Palabras de poder que alimentan el alma cada día. ¡Jesús ha resucitado!

Por Qué la Resurrección es Importante: Parte III

Stone Rolled Away“Por Qué La Resurrección es Importante”

La revista Holiness Today le preguntó a algunos teólogos lo que quizás toda la gente de fe se ha preguntado en algún momento: “¿Por qué la resurrección de Cristo debe importarnos?

La Resurrección: Sin la Resurrección, no Habría Fe Cristiana.

Thomas A. Noble.

La Resurrección es central para la fe cristiana. Aquí tenemos 5 razones por las cuales ésta afirmación es verdadera:

1.-Sin la Resurrección no habría fe cristiana. Otros que se hicieron llamar “Mesías” fueron crucificados y después de eso sus seguidores se dispersaron.  Sólo la Resurrección de Jesús puede explicar históricamente el levantamiento de la Iglesia Cristiana.

2.- Sólo la Resurrección demuestra que la Cruz fue una Victoria.  Jesús les permitió a los poderes malignos ensañarse con Él, pero a través de la Resurrección entendemos que al final ellos fueron derrotados.  Si Jesús no se hubiera levantado de la muerte, la cruz hubiera significado la derrota final de Dios. 

3.-La Resurrección revela que la Cruz muestra el amor de Dios. Una horrible y cruel crucifixión parece significar que aquel que fue crucificado ha sido abandonado por Dios. ¿Cómo puede esto revelar el amor de Dios? Pero la Resurrección revela que en Jesús, Dios mismo estaba colgado de ese madero, llevando los pecados del mundo.

4.-La Resurrección revela que a través de la Cruz fuimos reconciliados con Dios.  Un Dios Santo debía ser movido a sufrir de un dolor profundo, por todo el abuso, la crueldad y la violencia de la raza humana.  Pero la Resurrección revela que en Jesús la culpabilidad humana es borrada y el pecado es lavado.

5.-La Resurrección corporal de Jesús significa que nosotros también debemos levantarnos.  La redención no es sólo espiritual sino también física y cósmica. El Señor Resucitado es el prototipo de la nueva humanidad que vivirá en la renovada creación con un cielo nuevo y una tierra nueva. 

En resumen, la Resurrección significa que Jesús es Dios Encarnado.

*Thomas A. Noble es Profesor de Teología en el Seminario Teológico Nazareno en Kansas City.

Por Qué la Resurrección es Importante: Parte I

Empty tomb“Por Qué La Resurrección es Importante”

Escrito por: Filimao Chambo, Jim Edlin, Thomas Noble y Floyd Cunningham.

La revista Holiness Today le preguntó a algunos teólogos lo que quizás toda la gente de fe se ha preguntado en algún momento: “¿Por qué la resurrección de Cristo debe importarnos?

Este es un elemento clave de la Teología Cristiana que traza el camino de la fe para todos los creyentes.  Aprendamos de estas agudas respuestas en las siguientes cuatro entradas.

La Resurrección: El Fundamento de la Fe Cristiana.

Filimao Chambo.

La Resurrección de Jesucristo es el fundamento de la fe cristiana. El plan de Dios para la Salvación a través de las Escrituras incluía no solo el sufrimiento y la muerte sacrificadora de Cristo para la salvación del mundo, sino también Su victoriosa Resurrección para nuestra justificación (Génesis 3:15, Isaías 53, Marcos 9:31, Juan 2:18-21, Romanos 3:24, 10:9. 1 Corintios 15).

La Resurrección cumplió todo lo que se predijo acerca de Jesús (Lucas 24:44), y reavivó la fe de Sus discípulos.  Aunque Jesús habló de Su muerte y Resurrección, Sus seguidores no entendieron ni aceptaron esto como una posibilidad real (Mateo 16:21-23, Lucas 9:22, 24:6-8).  La muerte de Cristo parecía sugerir que el Plan para la Salvación y el establecimiento del Reino de Dios habían fallado. La esperanza de Sus discípulos se había destrozado con Su muerte.  Su Resurrección y testimonio del mismo reafirmaron la fidelidad de Dios y revivieron la esperanza y la fe en Cristo (Juan 2:22, Lucas 4:23-35, Hechos 1:3).

La Resurrección de Cristo simboliza la victoria sobre la muerte y el pecado. Los creyentes pueden disfrutar de vidas transformadas y relaciones reconciliadas con Dios en y a través de Cristo el Señor Resucitado (1 Juan3:1-10).  Los seguidores de Cristo tienen la garantía de disfrutar la vida eterna como resultado de la victoria de Cristo sobre la muerte (1 Juan 3:1-3, 1 Cor. 15:12, 20 y  1Tes. 4:13-18).

La Resurrección de Cristo nos tranquiliza porque nos demuestra que Dios tiene el poder y la autoridad sobre Su creación.  Ni siquiera la muerte puede limitar Su poder.  Él puede traer a la vida a quien esté muerto.  “La muerte ha sido sorbida en victoria” (1 Cor 15:54).  “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Cor 15:22, también ver 1 Juan 4:9).

*Filimao Chambo es Director de la Región África de la Iglesia del Nazareno.

La Vía Dolorosa: Perder para Ganar

*Continuamos nuestro enfoque en el Cuaresma con la segunda entrada escrita por David González, Vice-Presidente de la JNI Global.

Perder para Ganar

Lucas 9:23

Después de que Pedro y los otros discípulos creyeron y declararon que Jesús era el Mesías, Él les dijo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). No me sorprende que tanta gente lo haya abandonado. ¡No era fácil seguirle! Pero puedo ver que los valientes que decidieron seguirle, revolucionaron su mundo. ¿Cuál fue la clave? Cumplieron con los dos requisitos para seguir a Jesús: Se negaron y murieron a sí mismos.

Jesús nos mostró que la lógica del Reino de Dios era muy diferente a lo que en ese entonces el pueblo judío sabía o esperaba que sería el Reino. Por eso es que para muchos fue un fracaso el hecho de que Jesús muriera en la cruz, en pleno apogeo de su ministerio. Sin embargo, para Jesús fue la victoria sobre el enemigo más cruel. Significó el principio del fin de aquel que tenía el imperio de la muerte. Y de manera particular, su muerte en la cruz significó, para los que creemos en él como nuestro salvador, vida eterna con Dios.

Si ésta fue la ruta que marcó nuestro Maestro, no debería ser diferente para nosotros, sus discípulos. Fue así como lo expresó Pablo en Gálatas 2:20, “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se dio a sí mismo por mí”.

Es cuando morimos, a los deseos egoístas, que experimentamos la libertad para realmente vivir la vida que Dios diseñó para sus hijos. Fue así como iniciamos nuestra jornada espiritual con Cristo, a través del compromiso total de morir a nosotros mismos, para ser transformados y capacitados para seguirle día con día por el poder del Espíritu Santo.

En el ministerio no se aplica una lógica diferente, pues si queremos declarar victoria en su misión es necesario seguir el patrón que Jesús nos marcó, morir a nosotros mismos.

Por supuesto, existe el riesgo de prolongar nuestra agonía y no llegar al punto de morir a nosotros mismos. ¡Cuántas veces Dios nos ha llamado a una tarea en particular, y el temor -muchas veces válido- nos hace dudar y hasta retroceder! Al hacerlo, nos damos cuenta de que lo único que logramos es atraer frustración, amargura y derrota a nuestras vidas. Por otro lado, podemos testificar que cuando estamos dispuestos a obedecerle hasta las últimas consecuencias y entregarnos por completo a Dios (aun con nuestros temores y dudas), podemos disfrutar la victoria que significa experimentar la gracia, provisión, gozo, libertad y cuidado que Jesús nos ofrece por su sacrificio en la cruz.

Gente a nuestro alrededor podrá pensar que al entregarnos por completo a Dios, hemos fracasado porque “perdimos” muchas cosas, tales como ciertas comodidades, talvez cercanía a nuestra familia, prestigio en nuestra profesión, etc., pero sabemos que esa pérdida no se compara para nada con el hecho de que hemos “ganado” a Cristo. Y cuando hemos experimentado lo que significa ganar a Cristo podemos decir con toda seguridad, ¡es todo lo que necesito!

Batallando Juntos…

*Dedico la siguiente entrada a todos los guerreros y co-laboradores quienes están orando por nosotros y batallando en la obra con nosotros.  Se ha adaptado del artículo “El Valor de Cada Persona” publicado en el Heraldo de Santidad y escrito por Mike Gough.

Josué fue un gran líder a quien Dios usó para guiar a los israelitas hacia la Tierra Prometida. En una ocasión (Éxodo 17:8-13), Moisés pidió a Josué escoger algunos hombres y pelearan con los Amalecitas.

Si nos saltamos al final, diríamos que Josué superó a la armada amalecita.  Dios usó el liderazgo de Josué para ganar la batalla, pero eso no cuenta toda la historia.  En este primer entrenamiento de liderazgo, Josué aprendió una valiosa lección de vida que él seguiría en su liderazgo con Israel.

En una inusual estrategia de ganar una batalla, Dios le dijo a Moisés, Aarón y Hur que llegaran a la cima de una colina cercana.  “Y sucedía que cuando alzaba Moisés sus manos, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba sus manos, prevalecía Amalec” (v.11). Entonces Moisés se sentó en una roca y Aarón y Hur levantaban sus manos.  Ellos hicieron esto hasta el atardecer, y Josué y los israelitas ganaron la batalla.

Dios podría haber ayudado fácilmente a Josué a ganar la batalla sin la inusual ayuda de Moisés, Aarón y Hur.  Pero Él usó esta primera experiencia para enseñar a Josué una importante lección de vida.  Dios mostró a Josué que la batalla no tenía que ver con él solo.  El trabajo de Aarón y Hur lo vemos menos comparado con Josué liderando la armada dentro de la batalla.

Josué es probablemente el que tuvo su foto en los periódicos de  la mañana siguiente, pero él no podía haber ganado sin esos tres ayudantes cumpliendo el trabajo que Dios les había encomendado.  Josué aprendió que era participante en el plan de Dios para la victoria, no el centro.  Dios estaba interesado en la meta de ganar la batalla, no en quién era más importante o quien obtenía los créditos.

Dios incluyó a Moisés, Aarón y Hur, no sólo a Josué, en la descripción de la victoria. ¿Por qué? Porque para Dios cada uno es importante en la historia.

“¡Algo Está Aconteciendo!”: Parte I

Cumbre-de-Santidad*Las siguientes dos entradas sobre el impacto de los Cumbres de Santidad fueron escritas por Dr. Louie E. Bustle, Director de Misión Mundial en la Iglesia del Nazareno, y originalmente aparecieron en el Heraldo de Santidad, Edición 1 – Año 2009.

…Un grupo de personas oramos y soñamos en continuar propagando el mensaje de santidad, el mensaje de pureza de corazón, de recibir poder para servirle al Señor y tener una vida victoriosa al recibir la plenitud del Espíritu Santo.  En nuestra iglesia llamamos a esta experiencia la “Entera Santificación”.  Nuestros Superintendentes Generales y 13 denominaciones de santidad estuvieron de acuerdo en participar en las “Cumbres de Santidad”.  Nuestra visión es que las “Cumbres de Santidad” se esparzan por todo el mundo.

En las dos que hemos tenido vimos la presencia de Dios en “vivo y en directo.”  El Espíritu de Dios se movía sobre nosotros.  La única actitud que pudimos tener fue de humildad y sumisión a su Presencia.  En medio de tal experiencia, llegó convicción, hubo arrepentimiento, confesión, restitución y sanidad.

En una Cumbre, ola tras ola de personas llegaron por más de una hora y media.  ¡Tuvimos nuestro propio monte de transfiguración! Se escuchaban en voz alta testimonios como: “¡Gracias, Dios!  ¡Soy todo tuyo!”; otro decía: “¡Ya tengo la victoria, ya tengo la victoria!”

Sin que nadie nos dirigiera, comenzamos a cantar: “¡Cuán grande es nuestro Dios!”  Otros seguían clamando, había llanto de júbilo y gozo en todo el santuario.  Pronto comenzamos de una manera muy solemne a cantar: “¡Yo me rindo a Él, yo me rindo a Él, todo a Cristo, yo me entrego, yo me rindo a Él!”

Fueron como seis grupos de personas que llegaron al altar para ser santificadas.  Nadie quería salir del templo.  La presencia de Dios fue tan real que todos volvimos a casa renovados, llenos.  Experimentamos una vez más la plenitud del Espíritu Santo al estilo “Hechos de los Apóstoles: Capítulo 4”.  Todos salimos de allí “empoderados” para ganar nuestro mundo, para ser testigos “hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

*Para más información sobre la Cumbre de Santidad o para inscribirse antes del 31 de julio para un descuento en el costo de inscripción, ponte en contacto con Edwin Martínez ( HYPERLINK “mailto:emartinez@nazmac.orgemartinez@nazmac.org) o marca acá.

1 Corintios 15:14, 20-22, 55-57

Pensando en el cimiento de nuestra fe, es decir, la crucifixión y resurrección de nuestro Señor, he seleccionado la siguiente lectura. Espero que Dios nos bendiga por medio de su palabra.

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe….Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados….¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. ¡Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”

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