En la entrada previa, hablamos sobre cómo Dios llamó a todo su pueblo para ser apartado y especial para Él. Ser apartado es sola la primera parte. Hay más de la santidad que sólo ser diferente.
Santidad es también ser moralmente limpio y puro. Otra manera de decir esta idea sería que necesitamos ser libres de pecado. Ser santo es reflejar el carácter moral del Dios Santo. ¡Increíble! ¿No?
Cuando leemos Levítico, vemos página tras página de reglas sobre pureza ceremonial. ¿Por qué? Para nosotros, estas reglas son un ejemplo de cómo Dios es santo, y cómo los instrumentos para uso en su servicio tienen que ser puras. No es una opción. Dios se preocupa de todos los detalles de su templo y en su pueblo. Él se preocupa de todos los detalles en mi vida y en tu vida.
La idea en el Nuevo Testamento es la misma. Dios no cambió. Los autores constantemente nos llaman a una vida de pureza absoluta. No 50% ó 98%, sino absoluta, 100%. Dios es santo. Así como Dios no tiene lugar para el pecado, su pueblo tampoco tiene lugar para el pecado.
El llamado no es sólo para pastores o misioneros. No es un llamado sólo para cristianos maduros que han sido cristianos por muchos años. Si una persona cree en Jesucristo, esa misma persona tiene un llamado a vivir en pureza y santidad.
Muchos cristianos piensan, “No es posible. No puedo tener un corazón y una vida pura por más que intento”. Es verdad, una persona sola no puede. Nuestra única esperanza es el poder de Dios, no nuestro propio esfuerzo. Es muy importante recordar que Dios no nos pide hacer algo sin también proveer el poder de hacerlo. Apartados de Él, no podemos hacer nada. Pero con Él, no hay nada imposible.
La buena noticia es que Él da a cada creyente el deseo y el poder de ser santo. Con Él, tenemos el poder de ser puros en cada parte de nuestra vida.
***Esta entrada es escrita por Mary Lou Riggle, misionera nazarena jubilada quién sirvió en América Latina por muchos años. Además, ha sido redactada por Anne Sickel, misionera voluntaria sirviendo en Costa Rica y MAC Sur. Gracias a las dos por su excelente labor.
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