Una Fe Que Nos Mueve

Por: Freya Galindo Guevara

El concepto de bendición se extiende a lo largo del registro bíblico, y hay dos ideas distintas que están presentes. Primero, una bendición era una declaración pública de un estado favorable con Dios. Segundo, la bendición dotaba de poder para la prosperidad y el éxito.

En Génesis 12:1-3 hay varias palabras derivadas del término bendición, para ser exactos aparecen 5 veces en dos versículos. El asunto aquí es que Abraham todavía no tenía la bendición…la promesa de Dios para él es para el futuro: “Y haré de ti…y te bendeciré…y serás.”

Muchas veces las promesas de Dios para nuestras vidas no son para cumplirse en el futuro inmediato, sino que tendremos que ESPERAR. Yo soy una persona muy impaciente y acelerada; esperar por algo en el futuro a mí me resulta muy difícil. Quisiera que las cosas sucedieran en el mismo momento. Quiero ver resultados inmediatos, pero la verdad es que Dios se toma su tiempo.

Me encontré con este texto en mis devocionales: “Pero yo a ti oraba, oh, Jehová, al tiempo de tu buena voluntad; oh, Dios, por la abundancia de tu misericordia, por la verdad de tu salvación, escúchame” (Salmo 69:13).

“Al tiempo de tu buena voluntad.” El tiempo de Dios no es nuestro tiempo.

En este pasaje, Dios le está diciendo a Abraham – VETE. No le dice: “Si tú quieres,” “Si a ti te gustaría,” o “Mira, ¿qué te parece si…?” Dios le había dicho esencialmente: “Vete de tu ciudad o país, de tu familia, y de tu casa.”

Cuando vamos a mudarnos, normalmente tenemos el lugar nuevo, donde viviremos, ya identificado. Abraham no sabía a dónde iba; solo sabía que tenía que irse, y Dios “le mostraría…”

Él tenía que dejar su país, su familia, su casa y herencia. Significaba salir de su zona de comodidad y seguridad. Era lo conocido para él, era con lo que se identificaba, a dónde él pertenecía, y Dios ya no quería que siguiera estando ahí.

Muchas veces Dios también pide que “nos vayamos” de donde estamos. Quizá no nos pide dejar país, familia, casa o herencia – pero sí que nos movamos del lugar o las cosas que nos hacen sentir comodidad o seguridad. A veces Dios nos pide dejar las cosas que son familiares para llevarnos a otro nivel de FE, a otro nivel de intimidad donde podamos experimentarle más de cerca. Cuando no sabemos a dónde nos está llevando, seguramente caminaremos más cerca de Él.

Él pide que nos movamos para poder hacer algo EN nosotros y A TRAVÉS de nosotros. Él quería bendecir a las naciones a través de Abraham. Y en el proceso Dios lo quería transformar. Estoy segura de que todo esto también Dios lo quiere hacer contigo y conmigo.

¿Estamos dispuestos a obedecer a Dios en el PRESENTE para recibir las promesas de Dios en el FUTURO? Quizá Dios nos esté dando una orden AHORA, para que veamos su poder actuar en nuestra vida en el FUTURO. Pero necesitamos FE, y necesitamos que esa FE sea grande. No veremos lo que pasará quizás, pero confiamos en Aquél que ha prometido que lo hará.

Me sorprenden estos versículos en Hebreos: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba…Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (11:8, 13-16).

¿Estamos dispuestos a IR, aunque no sepamos a dónde vamos? ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo, aunque no veamos el cumplimiento de esa promesa? Hoy los animo a confiar en Dios en el presente, y descansar en sus promesas para el futuro. Dios está hablando, pero ¿cuál será nuestra respuesta? ¿Un miedo que nos paraliza, o una fe que nos mueve? La fe verdadera nos mueve a obedecer y esperar en la fidelidad de Dios a sus promesas.

*Freya Galindo Guevara ha vivido como misionera en la República Dominicana y Panamá, trabajando en plantación de iglesias, finanzas, y misión urbana.

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