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Lutero y los Nazarenos

Hoy (13 de octubre, 2017) celebramos el 109 Aniversario de la fundación de la Iglesia del Nazareno. ¡Feliz cumpleaños, nazarenos!

Durante este mes, también estamos celebrando el 500 Aniversario de la Reforma Protestante, así que pensamos, “¿Por qué no combinar dos celebraciones hoy, en una sola publicación?”

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El Rev. Klaus Arnold es un nazareno alemán y rector del Colegio Nazareno Europeo en la frontera alemana/suiza. También es un amigo, y él y su esposa fueron nombrados como misioneros globales en nuestra denominación, junto con Emily y yo en febrero 2007. Arnold recientemente escribió un artículo en Holiness Today titulado “Creciendo a la Sombra de Lutero,” en el cual finaliza comparando la teología de Lutero con la de los nazarenos:

En Alemania todos los cristianos, incluyendo los nazarenos, han crecido a la gran sombra de Martín Lutero. Por supuesto, hay diferencias claves. Como Lutero, nosotros los nazarenos creemos que el bautismo es un sacramento: un tiempo donde la gracia de Dios se hace presente en una forma especial. Sin embargo, Lutero fue conocido por afirmar que el bautismo era el medio por el cual Dios nos purifica del pecado original, y esta no es una enseñanza consistente con los estatutos doctrinales de la Iglesia del Nazareno.

Otra diferencia está en las doctrinas de la justificación y santificación. Creemos (como Lutero) que somos justificados solo por gracia por medio de la fe, por lo que Dios hizo a través de la persona y obra de Jesucristo. Sin embargo, para Lutero el cambio de la relación entre un creyente y Dios, es solamente relativa, pero no hay un cambio real en el creyente.

Él creyó que un cristiano es siempre “pecador y justificado” mientras él/ella viva. La Iglesia del Nazareno cree que, mientras que hay un cambio relativo en la justificación, también hay un cambio real que ocurre: llegamos a ser una nueva creación.

El pecado no necesita reinar sobre nosotros, y nosotros no tenemos que pecar deliberada o consistentemente. Con la llenura del amor de Dios a través del Espíritu Santo, nuestra naturaleza pecaminosa es purificada en entera santificación.

La misión de Dios es la renovación de su creación. Y parte de eso es la transformación de los creyentes a la imagen de Dios (a la semejanza de Cristo). Mientras somos llenos con el amor de Dios, queremos compartir eso con el resto de la creación, hacer verdaderamente una diferencia en nuestro mundo y participar en la misión de Dios ¡dondequiera que estemos! Afirmamos, junto con Lutero, que nuestra vida comienza y continúa por gracia a través de la fe en Cristo Jesús.

Ofrenda de Acción de Gracias 2017 para el Fondo de Evangelismo Mundial

 

Debemos fijar nuestra mirada en lugares donde la iglesia aún no está, participando en la oración de intercesión, dar sacrificialmente y físicamente ir y movilizar a otros para que vayan a estos lugares. Cada vez que das al Fondo para la Evangelización Mundial, envías el mensaje del evangelio a lugares donde “la iglesia aún no está”.

Para más información y descargar los recursos para promocionar la ofrenda, visite el sitio web oficial: nazarene.org/generosidad

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8 Buenas Preguntas Para Evaluar a tu Iglesia

Por Dan Reiland

Es fácil estar tan ocupado haciendo el ministerio que no tomas el tiempo para evaluar tu ministerio.
Pero evaluar es mejorar.

Es como tu examen físico anual. Nadie quiere hacerse un chequeo, un análisis de sangre, y tal vez una prueba o dos, pero así aprendes lo que necesitas saber.

Entonces, por supuesto, necesitas poner en práctica lo que aprendes.

Plan de 4 puntos para mejorar:

  • Haz las preguntas correctas.
  • En un proceso grupal, da respuestas honestas.
  • Determina el plan de prioridades para mejorar.
  • Toma acción.

Comienza por hacer las preguntas correctas.

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8 buenas preguntas que ayudarán a que tu ministerio mejore:

1) ¿Cómo es que la cultura única de tu iglesia te ayuda a progresar?

Sam Chand escribió un excelente libro titulado Rompiendo el Código de Cultura de tu Iglesia. Afirma que más que la visión, los programas, el dinero o el personal, la cultura tiene el mayor impacto en el futuro de tu iglesia.

¿Cómo describirías tu cultura? ¿Esto es lo que quieres? ¿Tu cultura de iglesia, está ayudando o perjudicando mientras persigues el propósito de Dios para tu iglesia? ¿Qué cambios necesitas hacer? Si la cultura es saludable, ¿qué prácticas existen para mantenerse saludable?

2) ¿Cómo describirías la moral general de tu iglesia?

¿Están las personas felices con tu iglesia? Esa pregunta parece muy subjetiva, pero es sorprendentemente fácil de responder.

¿Confían en el liderazgo? ¿Están motivados acerca de la misión? ¿Están apasionados por seguir a Jesús? ¿Hay impulso? ¿Se resuelven los problemas con relativa facilidad (sin resistencia significativa)? Tienes la idea.

La moral y la cultura están estrechamente vinculadas. Si estás luchando y, la cultura y la moral no son ideales, te insto a verter tu energía de liderazgo allí primero.

3) ¿Cuál es tu acercamiento a la formación espiritual en tu iglesia?

¿Existe un sentido general de que la gente está buscando a Dios? No se trata de perfección, pero ¿ves progreso? ¿Qué factores consideras importantes para ayudar a evaluar la madurez espiritual? Considera cosas como la oración, el servicio a los demás, la obediencia y la generosidad financiera. ¿Qué tal el fruto del Espíritu como el amor, la alegría y la paz, etc.?

¿Utilizan grupos pequeños? ¿Cómo se desarrolla la comunidad? ¿Qué prioridad tiene la verdad bíblica? Un gran enfoque general para evaluar el crecimiento espiritual es reunir historias de cambio de vida.

4) ¿Estás desarrollando nuevos líderes?

Junto al favor de Dios, todo se eleva y cae en el liderazgo. ¿Los líderes de tu iglesia demuestran una fuerte profundidad espiritual y corazón de siervo? ¿Cuál es tu plan para encontrar y desarrollar nuevos y mejores líderes? No alcanzarás tu potencial como iglesia sin una dedicación seria a este proceso.

5) ¿Cómo describirías la fuerza de tus equipos de voluntarios?

¿Son tus voluntarios parte de equipos vibrantes y productivos o una banda de supervivientes que luchan? Mucho de eso depende de cómo seleccionas, entrenas, animas y empoderas a tus voluntarios. ¿Reclutas para una visión o simplemente para hacer una tarea?

Todas las iglesias se enfrentan a la presión de necesitar personas que sirvan como voluntarios, pero la forma en que construyas los equipos hace una diferencia significativa. ¿Cómo calificarías la conciencia de grupo de tus ministerios voluntarios? ¿Cuál es el primer y mejor paso para fortalecer tus equipos?

6) ¿Qué te dicen los indicadores financieros?

Es relativamente fácil medir los resultados cuando se trata de dinero. La oferta semanal define la realidad. Al mismo tiempo, uno de los desafíos más grandes que un líder enfrentará es inspirar exitosamente a la gente a confiar en Dios con sus finanzas y permanecer fiel para dar con generosidad.

¿Eres audaz en tu enseñanza de la verdad de Dios sobre el dinero? ¿Ofrecen formación práctica sobre la gestión del dinero? ¿Personalmente, modelas la generosidad? ¿Dónde eres más fuerte con respecto al dinero, la fe o la práctica?

7) ¿Estás en misión?

Primero debes estar claro sobre el propósito de tu iglesia. ¿Cuál es tu misión/visión – exactamente? ¿Tu congregación tiene un buen sentido de lo que eso significa? ¿Estás actuando sobre esa misión?

Es esencial que tus líderes se vuelvan y permanezcan alineados juntos en esa misión. Siempre se sentirá como si estuvieras nadando río arriba si no se dirigen hacia la misma dirección.

8) ¿Su gente invita con entusiasmo a otros a sus servicios de adoración?

He entrenado iglesias donde la gente tenía obviamente sentimientos tibios sobre el servicio de adoración. No estaban motivados para invitar a alguien, aunque tuvieran un amigo que querían traer.

No siempre es el servicio de adoración, pero comienza allí. ¿Hay algo con tu iglesia que haría que tu congregación se detuviera para invitar a sus amigos?

Esta es una enorme combinación evangelística. Si tu gente está comprometida con la visión lo suficiente para invitar a la gente a la iglesia, y su experiencia de adoración (desde la guardería para los pequeñitos hasta la manera de hacer la invitación) vale la pena invitar a la gente – ¡es la combinación por la que trabajas!

Confío en que estas preguntas te serán útiles a ti y a la salud de tu iglesia.

¡Oro por la sabiduría de Dios para tu liderazgo y su favor sobre ti!

Este artículo fue publicado originalmente en: danreiland.com

 

Consejos Prácticos Para Liderar a Personas Difíciles

Esta es la continuación de la entrada anterior escrita por Dan Reiland. 

1) Descubre el trasfondo.

Cuando una persona se vuelve difícil, y la situación parece persistir, trata de poner el tema a un lado y llevar la conversación a un nivel más personal.

Llega a lo obvio para descubrir si hay algo más profundo. Mi pregunta favorita es “¿Qué es lo que realmente te molesta aquí?” Es importante hacer esa pregunta de una manera amable y cuidadosa.

Cuando te conectas con el problema real, es mucho más fácil amar y liderar a alguien.

2) Maneja bien tus propias emociones.

Es vital permanecer emocionalmente consciente de ti mismo y en control. Cuando pierdes el control, pierdes.

Esto no significa reprimirse o distanciarse, sino que de las cosas que aparecen en la lista del fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, amabilidad, tolerancia, bondad, fidelidad, mansedumbre, ¡el dominio propio está incluido! (Gálatas 5:22)

Cuando te enfadas, pierdes tu liderazgo.

No puedes impedir que alguien “presione tus botones”, pero no tienes que bajar a su nivel.

Aquí está un plan práctico para cuando una persona difícil esté desequilibrándote.

  • Cuenta hasta 5.
  • Baja el volumen.
  • Siéntate en tu silla.
  • Habla deliberadamente.
  • Pide tiempo de espera, si es necesario.

A largo plazo, los impulsivos nunca ganan la carrera.

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3) Establece términos y límites.
Hasta ahora, he enfatizado nuestro enfoque con personas difíciles. Cómo manejamos nuestro corazón, pensamientos y emociones.

Pero algunas personas son simplemente difíciles casi todo el tiempo. No queremos estar cerca de ellos, y puede ser difícil amarlos.

Los términos y los límites son saludables y necesarios. Aquí están los límites que uso.

Mi primer límite es el respeto. La persona puede estar en desacuerdo conmigo y expresar su insatisfacción con mi liderazgo, pero debe ser respetuoso.

Mi segundo límite es la alineación. Necesitamos ponernos de acuerdo sobre la misión general y dirigirnos en la misma dirección. No puede llegar a ser todo acerca de su agenda personal.

Mi tercer límite es el progreso. Las conversaciones difíciles son parte del liderazgo, y no es raro quedarse atrapado por un tiempo. ¡Pero necesitamos progresar pronto!

4) Comunica expectativas claras.
Establecer claras expectativas es vital para trabajar con una persona difícil.

Piensa en lo que se necesita para una relación sana, para progresar en el ministerio y deja eso claro.

5) Llévalos a un terreno más elevado.
Esta es tu oportunidad para alentar e inspirar.

No se trata de vender y ganar, no se trata de cerrar un trato como si estuvieras en oferta.

¡Ayúdalos a verse a sí mismos y a la situación de manera distinta y para su bienestar!
• Establece un terreno en común.
• Comunica su valor. Afirma a la persona.
• Apunta hacia la visión más grande.
• Adviérteles de las consecuencias de continuar en el mismo camino.

6) Elije tus batallas.
A veces la gente llamará a tu puerta con la intención de “tener una pelea.” Y a veces la situación aumenta al nivel de una batalla.

Siempre pregúntate, ¿es necesario pelear esta batalla? A veces es importante dejarla de lado para escalar una montaña más alta.

7) Enfócate en las soluciones.
La resolución de algún tipo es necesaria.

Las soluciones productivas son las mejores.

Lo peor es dejar una situación que es un desastre. Alguien tiene que limpiarlo. Si no lo haces, alguien más debe hacerlo.

Dos preguntas cruciales que ayudan a aportar discernimiento y resolución:
• ¿Qué te gustaría que yo hiciera de manera diferente?
• ¿Qué deseas?

Cuando sabes lo que la persona quiere, puedes ser claro acerca de si serás o no capaz de acceder. Al final, a veces tienes que decir no y mantener tu terreno. Y a veces debes quitar a la persona del liderazgo.

Siempre habrá personas difíciles a quienes serás responsable de liderar. Definitivamente: ¡La forma en que los lideras puede cambiarte, puede cambiarlos a ellos y también a la iglesia!

Liderando Gente Difícil

Por Dan Reiland. Trad. por Yadira Morales.

Probablemente sea cierto que la persona más difícil que dirijo soy yo.

Eso también podría ser cierto para ti.

Pero más allá de esa realidad, hay quienes parecen ser genuinamente inconscientes del impacto negativo que tienen sobre otros a su alrededor. Y hay algunos que parecen tener una extraña sensación de satisfacción al crear problemas y obtener reacciones de la gente.

Estas personas difíciles podrían ser un líder voluntario, un compañero de trabajo, un miembro del personal, incluso un miembro de la familia. Puede ser casi cualquier persona que tengas la responsabilidad de dirigir.

Cuando permites que la gente difícil “se salga con la suya,” cualquier ambiente puede llegar a ser tóxico.

Entonces, ¿cómo podemos liderar mejor a las personas difíciles y sobrevivir para contar la historia?

Empecemos con lo que no funciona.

5 respuestas comunes a las personas difíciles, que no funcionan:

  1. Evitar a la persona y la situación.
  2. Ceder y rendirse. Darles lo que quieren, dejar que ellos se salgan con la suya.
  3. Permitir que su comportamiento continúe. No les das lo que quieren, pero dejas que la persona continúe con la negatividad, el chisme, etc.
  4. Pasar la responsabilidad de tratar con esa persona a otra persona, para que maneje la situación.
  5. Activar y conquistar.

La Escritura nos da una visión para hacerlo de una mejor manera:

“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.” Romanos 12:18 (NVI)

El contexto en este capítulo, comenzando con el versículo 9, es amar a la gente. El versículo 17 dice “no pagues mal por mal,” y el versículo 19 dice “no tomes venganza.”

El pasaje provee en principio, la intuición práctica que necesitamos para tratar con personas difíciles de acuerdo al corazón de Dios.

Nos dice cómo debemos ver a la gente. Especialmente cuando lees el versículo 17, “ten cuidado de hacer lo correcto.”

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He aquí un gran resumen práctico:

  • Soy responsable de cómo trato a los demás.
  • Puedo no ser responsable de cómo me tratan.
  • Soy responsable de cómo reacciono a aquellos que son difíciles.

Primero, necesitas disponer tu corazón:

A)  Difícil no es una enfermedad.

No huyas de las personas difíciles que tienes que dirigir. Es natural alejarse de la gente difícil, pero no ayuda.

Si bien puede ser contraproducente moverse hacia personas difíciles, es importante aceptar que es parte de tu responsabilidad como líder.

Es fácil amar a tus amigos y seguidores, pero la prueba real de tu liderazgo es cómo influencias a quienes te ponen a prueba.

B) Perdona y déjalo ir.

Una de las situaciones más desalentadoras en el ministerio son los líderes que se vuelven heridos, amargados y viven con remordimiento.

Esto puede verse reflejado, principalmente, en las situaciones más extremas, pero todavía sucede con demasiada frecuencia. 

El perdón no es fácil, pero siempre es el mejor camino.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

 

Informe de Misión: Sé un Enviador

Por Howard Culbertson

En ocasiones, la gente piensa que la única forma en que ellos pueden participar en el evangelismo “hasta lo último de la tierra,” es volando hacia otro país. Están equivocados. “Ir” es solo una de las vías para involucrarse en la misión mundial. De hecho, aquellos quienes dejan su hogar para convertirse en misioneros necesitan un grupo consagrado y entusiasta que los apoye desde casa.

Hace algunos años, Steven Hawthorne escribió un capítulo en Perspectivas en el Movimiento Cristiano, acerca de quienes apoyan a “los que van” (así llamaba a los misioneros). Hawthorne quien creció en una casa pastoral nazarena, llamó a ese capítulo simplemente, “Enviadores.” Él se dio cuenta que el Apóstol Pablo tal vez había pensado, así como Dios, en Enviadores humanos, cuando él preguntó retóricamente: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” (Romanos 10:15).

El Apóstol Juan no tenía duda de animar a las personas para convertirse en Enviadores de misioneros. La versión AMP (Amplified Bible) de la Biblia, interpreta el versículo 7 y parte del versículo 8 en 3 Juan como: “Porque ellos [misioneros viajeros] salieron por el bien del Nombre [de Cristo]. Así que deberíamos apoyarles.” ¿Cómo es que los Enviadores apoyan y cuidan a los misioneros? Bien, el pasaje en 3 Juan parece referirse al apoyo material. Lo mismo es verdad con las palabras de Pablo a los Romanos acerca de un viaje planeado a España (Romanos 15:22-24). Ciertamente, se trata de dinero – mucho dinero – el cual se necesita para el evangelismo mundial. Sin embargo, los enviadores pueden y deben hacer más que dar dinero. Por ejemplo, en casi cada una de las cartas de Pablo, él pedía a sus Enviadores que oraran por su ministerio.

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R.A. Torrey, el fundador del Instituto Bíblico Moody, creía eso. Torrey una vez escribió: “La efectividad del misionero en el campo y los resultados de su labor, están directamente relacionados con el misionero en sí mismo y, de igual forma, con el hombre o la mujer que ora constantemente por él en su casa.”

Además del dinero y la oración, los Enviadores colaboran en el cumplimiento de la Gran Comisión en maneras que van desde mantener actualizados los boletines de misiones hasta ubicar y enviar equipo o recursos necesarios. Ciertamente, una variedad de dones y talentos pueden ser usados para facilitar el trabajo de los misioneros sirviendo en lugares lejanos.

Aquí hay seis áreas en las que los enviadores pueden apoyar a los misioneros:

— Apoyo emocional (dándoles ánimo a través de correos electrónicos, cartas, conversaciones por Skype, yendo a los servicios de gira misionera, etc.).

— Movilización (creando conciencia de las misiones globales en sus iglesias locales y distritos).

— Apoyo financiero (dando, y animando a otros a dar).

— Oración intercesora por el evangelismo mundial (orando e involucrando a otros en la oración).

— Ayuda logística (proveyendo hospedaje y transporte para los misioneros en gira misionera, haciendo arreglos para enviar cosas, solucionando detalles para eventos, entre otras cosas).

— Asistencia en la re-entrada (siendo un oyente “confiable,” ayudando a los misioneros que regresan a encontrar su camino de vuelta en casa, y demás).

Los Enviadores han sido conocidos por ser tan apasionados en su apoyo a los misioneros que ellos han adaptado su estilo de vida para orar más, servir más y dar más.

Sé un Enviador. Impacta “hasta lo último de la tierra” desde tu puerta.

 

Este artículo fue publicado originalmente en: Engage Magazine

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 2 de 2

Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Ilustraciones que Conectan

Es por eso que las ilustraciones importan. Las ilustraciones nos ayudan a situarnos en la historia. Pero las ilustraciones que nos invitan a la necesidad de ser algo que realmente podemos imaginar. La mayoría de nosotros no luchamos contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Si nos pides que nos coloquemos en esa historia, siempre nos imaginaremos a nosotros mismos como el héroe– escondiendo los judíos en nuestro sótano o dando pan al soldado hambriento del otro lado.

Pero, siendo realistas, muchos de nosotros podemos imaginarnos luchando con nuestro hermano por el control remoto, o, años más tarde, peleando por el lugar donde la familia tendrá la reunión, o quién debería decirle a papá que es hora de dejar de conducir, o quién se quedará con la mesa del comedor cuando los padres hayan muerto. No nos imaginamos siendo el héroe en estas historias porque probablemente no lo hemos sido. Lo que necesitamos en una historia sobre nuestros hermanos, es una idea acerca de qué hacer a continuación––cómo se vería realmente ser como Cristo, no en algún pueblo francés en 1942, sino hoy en la sala de la casa o mañana en el teléfono.

Porque nosotros sabemos que las ilustraciones ayudan a nuestros oyentes a colocarse en la historia, los predicadores y los maestros podemos pasar mucho tiempo buscando la ilustración perfecta: la historia que se enlaza con el pasaje de la Escritura, con la extensión correcta, y que nos mueve fácilmente al siguiente punto. Esta es la razón por la que hay libros de ilustraciones disponibles para comprar y sitios web ansiosos porque te suscribas. Pero las ilustraciones enlatadas normalmente saben de esa manera: tienen la esencia de una buena historia, pero son carente de color y sabor.

Las ilustraciones más fuertes se extraen de la vida de la iglesia y del ministerio mismo. Si comienzas una oración con “Esta semana en el estudio Bíblico, Ben mencionó…” o “Nancy, de nuestra junta de la iglesia, me invitó a unirme a ella en una visita esta semana, y…” Las cabezas se van a levantar. La gente va a prestar atención. ¿Ben dijo algo interesante en el estudio bíblico? ¿Qué pasó en la visita?

De repente, la vida de la iglesia se ha convertido en el sermón. Alguien estaba prestando atención a las cosas que suceden cada semana. Este no fue un evento de una vez en la vida. El estudio de la Biblia ocurre cada semana. Los miembros de la Junta visitan a la gente todo el tiempo. Esta era la vida regular siendo llamada como un ejemplo de vida en el reino. La ilustración no era teórica, distante o abstracta. Era personal, atractiva, accesible, y relevante. Eso llama la atención de la gente.

Esto también significa que debemos prestar atención. Si has leído y estudiado tu texto a principios de la semana, vigila el resto de esa semana: identifica cualquier cosa que pueda vincular este texto a las vidas de estas personas. Un intercambio con el mesero en el almuerzo. Un artículo de una revista. Una canción en la radio. Otro pasaje de la Escritura. Una gran cita en las redes sociales. A medida que avanza la semana, escribe estas cosas. Incluso si sólo está remotamente conectado a lo que estás predicando o enseñando, grábalo. Nunca se sabe cómo el Espíritu puede usarlo.

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Una palabra de precaución

Una nota importante: Siempre pide permiso. Si Ben dice algo en el estudio Bíblico que llama la atención, menciónalo luego y ve si está bien usarlo y si quiere el crédito. Di algo como: “Me encantó lo que dijiste sobre el versículo 5. Puedo usar eso el domingo, ¿estaría bien si mencionara tu nombre?” No prometas que vas a usar la ilustración. Todos sabemos que lo que parece perfecto el miércoles por la mañana puede no encajar cuando estamos terminando el sermón o la lección el sábado por la noche.

También sabemos que algunas ilustraciones brillantes nos golpearon a las 6 de la mañana del domingo, y no siempre tenemos tiempo para consultar con la persona antes de predicar o enseñar. Pero si ellos no saben que vas a utilizarlos, no los utilices. El uso de los demás en las ilustraciones es una oportunidad para nosotros como pastores y maestros de cuidar bien a las personas. Queremos que se vean bien en las ilustraciones, y queremos que se sientan seguros en la iglesia. Respeta sus deseos si no quieren ser utilizados, o se ofrecen a cambiar su nombre o los detalles del evento si eso los hace sentir más cómodos con la idea. Pero si se niegan, respeta eso. Piensa en el uso de ilustraciones como una oportunidad para construir confianza con tu congregación.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 1 de 2

Escrito por: Mary S. Hulst. Trad. por: Yadira Morales

Cómo enseñar de una manera que conecte, impulse y construya confianza.


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Mis hijastros entran empujando la puerta después de ver una película con su padre. Están riendo, hablando y citando líneas de la película mientras exploran la alacena para comer algún aperitivo.

“¿Como estuvo la película?”

“¡Estuvo realmente buena! Muy divertida.”

Entonces hago esta pregunta: “¿De qué se trataba?”

Por lo general, ellos hacen una narración del relato “jugada por jugada,” uno de ellos hablando encima del otro para aclarar un punto en la trama. Me hablan de los actores, de los carros y de las partes divertidas. Me dicen quién ganó en el final y si este era mejor que el otro que era un poco como este pero que protagonizó ese otro tipo. Por supuesto todo esto se dice a través de bocados de queso cheddar y patatas fritas de crema agria.

Nunca, en todas las veces que me han hablado de películas, ¿alguna vez me miraron y me dijeron: “No puedo recordar. Había un tipo, y tal vez era un detective o algo así, y tenía un coche. Algo estalló. No lo sé.”

Siempre lo saben. Siempre pueden recordar. Siempre pueden decirme. Ese es el poder de una historia. Podemos recordar una película porque alguien nos está contando una historia. La historia comienza con personas que necesitan algo, o algo les sucede, o existe la promesa del amor, la amenaza de la extinción global, o una batalla épica entre el bien y el mal. La historia se desarrolla a medida que los personajes responden a lo que venga en su camino. Una buena historia nos atrae porque queremos saber cómo resulta: ¿El acusado cometió el crimen? ¿Los alienígenas destruyen la vida en la tierra? ¿La chica encuentra el amor?

Nuestro desafío como predicadores y maestros es que casi todos los que nos escuchan saben cómo se desarrolla la historia. Dios está en voz baja y sutil. El muchacho mata al gigante. Jesús cura al ciego. Tomás profesa la fe. Pablo, una vez más, le dice a la gente qué hacer. Bostezo. ¿Por qué nuestra gente debe seguir escuchando si saben cómo esto va a terminar? Hay un problema. Dios lo resuelve. Toma la ofrenda.

Necesitamos crear tensión, o tenemos que reconocer la tensión que ya existe. Porque aunque la mayoría de nuestros oyentes saben cómo resultan las historias bíblicas, no saben cómo están saliendo sus historias. No pueden leer hasta el final de sus libros. Todos nosotros, predicadores y asistentes, escuchamos las palabras de la Biblia y pensamos: ¿Es esto cierto? ¿Es importante? ¿Me sucederá a mí?

Esa es la tensión. ¿Es esta verdad para mí? ¿Es Dios el Dios real para mí? ¿Mis pecados están realmente perdonados, y cómo puedo saberlo? ¿Realmente importa una vida de obediencia cuando me está costando tanto?

Y ahí está nuestro anzuelo. Todos entran en la iglesia esperando, orando, pidiendo que algo que se diga o se cante les ayude, los consuele, los asegure, y a veces los desafíe, los condene o los empuje. Para decirlo simplemente: quieren verse ellos mismos en la historia.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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