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Un Discipulado Cristocéntrico

Hace pocos meses, el Dr. Rubén Fernández publicó en el sitio web de recursos teológicos: Didache un ensayo sobre el discipulando dentro del contexto de la Región Mesoamérica.  Lo considero una reprensión audaz y perspicaz de nuestro liderazgo y metodología actual (me incluyo en tal distinción). Abajo he provisto un extracto de ese artículo que espero que encuentren retador.  El documento completo se puede descargar aquí.

Necesitamos un mayor compromiso con la vida de santidad. Como discípulos de Cristo necesitamos luchar contra los deseos de la carne que quieren imponerse a los del Espíritu. Deseos que nos llevan a acomodarnos, a evitar situaciones o confrontaciones que puedan causarnos daño, a creer que tenemos derecho a “disfrutar la vida” haciendo la vista gorda al pecado y el sufrimiento que nos rodea.

Tenemos que practicar un discipulado bíblico y cristocéntrico que movilice a la iglesia a servir al mundo.

Hoy, para muchos cristianos (tanto católico romanos como evangélicos), la cruz es simplemente un elemento que forma parte de su vestimenta o una suerte de amuleto protector de su casa o vehículo. Jesús murió por nuestros pecados. Eso es cierto. Pero también es igualmente cierto que Jesús murió por confrontar a la corrupción del poder. El ministerio de Jesús era realmente transformador, contracultura y revolucionario y por lo tanto, altamente peligroso.

Un discipulado bíblico y cristocéntrico debería sacudir a la iglesia de su estado de comodidad y sacarla de su “cielo espiritual” para llevarla a servir a la gente transformando sus comunidades.

Los jóvenes están esperando una iglesia militante, disconforme, reaccionante. Estamos perdiendo a las nuevas generaciones que rechazan a una iglesia interesada en mantener las cosas como están.

¿Qué tanto le enseñamos a la gente lo que significaría tomar la cruz hoy? Ser radicales implicará denunciar la violencia, defender al atacado injustamente, ponerse del lado de los más débiles, los niños, los adultos mayores, los desprotegidos, etc.

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¿Cuál es el precio que una persona paga por eso? No va a tener más dinero, ni ganarse amigos. Al contrario. Probablemente estará “en la mira” de las maras centroamericanas, los carteles de droga o de la trata de personas en México, la policía corrupta, los jueces comprados o los políticos inescrupulosos en casi todas partes. Poniéndonos en el lugar de aquellos hermanos y hermanas que han sido victimados y otros que viven bajo amenaza hacia sus familias, sería difícil creer que nuestra “voz profética” pudiera lidiar con eso.

Juan Wesley decía “el mundo es mi parroquia”.  ¿Cómo podemos movilizar a cada nazareno y nazarena, para que lleve con dignidad su cruz, para que responda a su llamado personal y se involucre activamente en la transformación de ese lugar del mundo donde Dios le envía a servir?

Mi observación en Mesoamérica es que el liderazgo de la iglesia evangélica en términos generales es de modalidad conformista. Lo que hacemos bien es preservar el estatus quo. No desarrollamos un verdadero discipulado en el camino de la cruz. No hacemos liderazgo transformacional real, como el de Jesús; solo ponemos vendas en las heridas (y no es que eso esté mal, pero ¿será suficiente?). Hay algunos de los países de nuestra región como por ejemplo en Centroamérica, en donde el porcentaje de evangélicos es alto y creciente, pero con un minúsculo impacto en el cambio de la sociedad.

El arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, quien fuera asesinado a sangre fría en plena misa en 1980, dijo en una homilía un año antes de su muerte: “Una predicación que no señala el pecado no es una predicación del evangelio… Cuando la Iglesia oye el llanto del oprimido no puede sino denunciar las estructuras sociales que alimentan y perpetúan la miseria de la cual proviene el grito.”

¿Cómo vemos los nazarenos el involucramiento de los miembros de nuestra iglesia en carreras políticas? ¿Qué mensaje estamos comunicando a nuestros miembros acerca del valor de invertir la vida en profesiones relacionadas al servicio y la administración pública?

¿Cómo podemos cambiar el paradigma existente todavía en muchas iglesias de que la única manera de servir a Dios es por medio de la profesión pastoral o el liderazgo intraeclesial?

¿Cómo podemos cambiar de ser formadores de líderes eclesiales a ser formadores de líderes para nuestro contexto y realidad actual?

***Dr. Rubén Fernández es Rector del Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS) en San José, Costa Rica.

Mirando la Verdad, sin Verla

Por Hiram Vega

Durante su ministerio en la tierra, Jesús impactó muchas vidas,  y aún al final de su carrera su vida seguía estremeciendo otras vidas.

Una de ellas fue la del hombre más poderoso del lugar. Poncio Pilato, representante del imperio romano y gobernador de esa region. Jesús fue llevado ante Pilato por las autoridades religiosas, para que fuera juzgado por él, aún cuando ellos ya habían determinado el resultado del juicio. Pilato era un gobernante endurecido, acostumbrado a aplastar rebeliones, para poder conservar su posición y para mantener el dominio romano.                    

¿Qué se podia esperar entonces de Pilato al ver a Jesús? Lo más probable es que considerara su tiempo demasiado valioso como para entrenenerse en un prisionero de poco valor político, y rapidamente lo mandara ejecutar. Sin embargo algo asombroso ocurrió:

Pilato llegó a estar tan convencido de la inocencia de Jesús, que lo declaró no culpable en tres ocasiones diferentes.

La primer ocasión Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: “ningún delito hallo en este hombre” (Lc. 23:4).

La segunda ocasión les dijo: “―Ustedes me trajeron a este hombre acusado de fomentar la rebelión entre el pueblo, pero resulta que lo he interrogado delante de ustedes sin encontrar que sea culpable de lo que ustedes lo acusan. Y es claro que tampoco Herodes lo ha juzgado culpable, puesto que nos lo devolvió. Como pueden ver, no ha cometido ningún delito que merezca la muerte” (Lc. 23:14-15).

Y la tercera justo antes de que lo entregara para ser crucificado, pidió agua y se lavó las manos delante de la gente. “―Soy inocente de la sangre de este hombre —dijo—. ¡Allá ustedes!”

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Tambien buscó no condenar a Jesús de diferentes maneras.

  • Primero lo envió a Herodes para que él lo interrogase (Lc. 23:5-12).
  • Después propuso azotarlo en lugar de crucificarlo (Lc. 23:16).
  • Y aún hizo un tercer intento de librar a Jesús dada la costumbre que se tenía durante la pascua de liberar un preso, pero la gente pidió a Barrabás (Lc. 23:17-25).

Queda claro que Pilato sabía que Jesús no era un preso normal, ni siquiera una persona común.  Las últimas palabras de Pilato hacia Jesús, vinieron en forma de una pregunta: ―¿Y qué es la verdad? —preguntó Pilato.Dicho esto, salió otra vez a ver a los judíos. ¡No esperó a escuchar la respuesta!

Parece increíble, estár frente a la Verdad y no verla, el hombre que tuvo la última oportunidad de tener un diálogo con la Verdad, no tomó el tiempo para oírla.

Hoy día pasa igual. Mucha gente espera la Semana Santa con ansias, pero no para escuchar el milagro que ocurrió en ella, sino para olvidar el trajín cotidiano.  Sin embargo, por cada Pilato que decide no escuchar, hay otro que dice que sí. Esa es la Victoria de la cruz. Conscientes de esto, no permitamos que la incredulidad de unos pocos, nos desvíe de la misión de llevar el mensaje de la verdad a muchos otros, que sí la escucharán.

 

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Hiram Vega es miembro del Equipo de Predicación y Enseñanza de Chase Oaks Church en Español, Plano, TX.

Mirando Hacia la Cruz

Por Raphael Rosado

Los seres humanos pasamos gran parte de nuestra vida preparándonos para el futuro. Por ejemplo, algo tan sencillo como viajar de un lugar a otro requiere cumplir con ciertos requisitos.  Hay que darle mantenimiento al vehículo, poner gasolina, programar el GPS, hacer la maleta y reservar el hotel.  Como dice el viejo refrán, si no sabemos exactamente dónde termina el viaje es mejor no emprenderlo. 

La planificación es importante, y al final es lo que le da valor y significado a nuestros logros.  Una persona que se gana la lotería puede tener suerte, pero no es merecedora de lo que se ganó.  No puede decir que su premio es el producto de un plan o de su esfuerzo.  Suerte y mérito son conceptos incompatibles.

Más aun, la preparación es la muestra fehaciente de que algo nos importa, de que lo amamos.  Es un “cliché cultural” que en las relaciones de pareja las mujeres se quejan de que los hombres no ponen suficiente preparación en las fechas especiales.  Más de una vez, he escuchado a la heroína de la serie de moda decir, “no es el regalo lo que me hace feliz, sino el pensamiento que contiene.” La alegría que produce el regalo proviene de la preparación y el esfuerzo que costó.    

Dios es un planificador por excelencia y Él siempre está preparado.  Dios no le deja nada al azar.  Todo lo que Él hace es el resultado de su propósito eterno.  Para confirmar este hecho, no hay más que mirar a la cruz.

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Dios comenzó a preparar la solución final al pecado desde el mismo día que el hombre pecó.  Cuando Dios llamó a Abraham, miraba a la cruz. Cuando le dio la ley al pueblo de Israel, pensaba en la cruz.  Cuando le mostró su gloria a Isaías, ya Dios tenía en mente al siervo sufriente.  Cada detalle del Antiguo Testamento mira hacia Jesús y hacia la cruz.  Cada tentación, cada cuestionamiento, cada problema al que Jesús se enfrentó en su vida en la tierra, lo preparó para la cruz.  El Calvario no fue un accidente. El mérito del sacrificio de Jesús consiste precisamente en que fue el plan de Dios para salvarnos y mostrarnos su amor.

De eso exactamente trata la época de Cuaresma, de prepararnos para hacer memoria de lo que Jesús hizo por nosotros.  Cada renuncia, cada buena obra, cada ayuno que realizamos en esta época debe tener un plan específico: prepararnos para encontrarnos con Jesús en la cruz.  Sin ese propósito nuestras obras – por buenas que sean – carecen de significado.  Te invito a que utilices estos últimos días de Cuaresma como preparación para encontrarte con Jesús en el Calvario.

Todo por Gozo

Por Ken Childress

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:1-2

Muchos cristianos tienen la percepción de que la misión de rescate de Dios para la raza humana fue una operación renuente. Lo echamos a perder, entonces Él recurrió al plan B, a un precio muy alto, y tuvo que hacer lo que hizo para salvarnos. Su hijo sufrió una terrible agonía para traernos a su Reino. Él murió por simples e indignos pecadores como nosotros, porque tenía que hacerlo.

Pero Él no tenía que hacerlo, no era una tarea. Fue un sacrificio, seguramente, pero no fue renuente. Aunque la noche en Getsemaní fue dolorosa y llena de lágrimas –después de todo, nadie quiere sufrir un dolor indescriptible– la Cruz fue una decisión voluntaria. Jesús no salvó a los pecadores indignos porque estaba obligado a hacerlo. Él lo hizo por el gozo puesto delante de Él.

Piensa en las grandes distancias que un hombre profundamente enamorado recorrería para ganar el corazón de su amada. Cualquier precio que él tuviera que pagar, el tiempo que tuviera que esperar, cualquier obstáculo que hubiera tenido que vencer, no le parecería como un sacrificio. ¿Por qué? Por el valor incalculable de la recompensa. El amor recorre cualquier distancia para sentirse pleno. El costo es irrelevante. Solamente la plenitud del amor importa.

Así es como la Escritura describe la misión de rescate en la que Jesús se embarcó para redimir a la humanidad. Esto fue y todavía es como cuando un novio va en busca de la novia. Ningún costo es tan alto, ningún sacrifico es tan grande, ninguna espera es tan larga. Al final, el gozo valdrá la pena.

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Este es el modelo sobre el que debemos fijar nuestras miradas. A causa de su gran amor, Jesús se convirtió en el autor y consumador de nuestra fe. Así como Él sufrió cada obstáculo e impedimento, por el gozo que estaba puesto delante de Él, también podemos lograrlo. Cuando nos damos cuenta de nuestro lugar de destino, ningún costo parece tan grande. Lo que sea que enfrentemos en la vida hoy, podemos seguir adelante porque la meta vale más que cualquier cosa que alguna vez tendremos que soportar.

Hebreos 12:2, “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el GOZO puesto delante de él sufrió la cruz.”

Dios nos llamó a correr una carrera, a remontar el vuelo como águilas en el viento de su Espíritu, a vencer los enredos y cargas que conspiren para detenernos. Mis amigos, nuestras cargas no se comparan a nuestro Dios. La fe ve la realidad de esta verdad y nos permite seguir corriendo esta carrera hasta el final.

Por qué el Miércoles de Ceniza es Importante

Por Caryn Rivadeneira

Este año el miércoles de ceniza representa un pequeño problema: es también el sexto cumpleaños de mi hijo. Así que, de alguna manera, tenemos que encontrar un modo de cumplir con la imposición de la cruz de ceniza después de la cena de cumpleaños (luego de divertirnos y festejar ¡iremos al culto solemne!) ¡Dos  eventos que para nada se pueden relacionar! Y, de alguna forma, también tenemos que ingeniarnos alguna manera de combinar la celebración del cumpleaños de mi hijo en un día designado para mantener su atención en su muerte eventual. ¡Salud por eso!

Pero por supuesto que, aún si el miércoles de ceniza no fuera el día del cumpleaños de mi hijo en esta ocasión, de todas formas representaría un problema. Siempre lo es. Si hasta ahora el crudo invierno todavía no te ha maltratado, el Miércoles de Ceniza—el cual se centra en nuestra morbosidad y depravación—está obligado a hacerlo. Muchos de nosotros no necesitamos una fiesta de cumpleaños que nos tiente a faltar a este desconcertante primer día de una desconcertante temporada de Cuaresma que seguirá hasta llegar a la más feliz de las celebraciones. Después de todo, la Pascua está por llegar ¿no es cierto?

Pero hay una muy buena razón para no faltar al miércoles de ceniza y todo su pesimismo y dificultad, aunque pueda ser tentador. Incluso en un cumpleaños – tal vez, especialmente en uno–. Porque por más maravilloso y alegre que yo quiera hacer el cumpleaños de mi hijo, y por mucho que yo quiera que él sepa que estamos encantados de que naciera en este mundo y que vale la pena celebrarlo, también quiero que sepa que tomar tiempo para ponernos una marca como signo de nuestro dolor, nuestro pecado y nuestro sufrimiento no es una mala forma de terminar un cumpleaños. Es de hecho, un grandioso regalo.

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No creo que él sepa apreciar y entender todo esto, no a la edad de 6 años. De hecho para muchos de nosotros que somos más grandes, todavía es difícil atravesar por este oscuro día o comprender por qué es importante.

Pero en su momento, todos comprendemos.  Todos crecemos para entender que así como las maravillas de la vida son inflar algunos globos y comer pastel, también lo es destacar las dificultades que afrontamos. Especialmente si queremos vivir una vida de fe que valga la pena celebrar.

Esta es la razón de ser del miércoles de ceniza. Por supuesto que no todos nosotros nos sentimos con ánimo para ir a la iglesia el miércoles y escuchar que somos polvo y que al polvo regresaremos.

Y no a todos nos gusta pasar mucho tiempo en comunidad reconociendo nuestro pecado o nuestra vergüenza o nuestro sufrimiento, o nuestra dolor.  Y todavía más duro es reconocer que el miércoles de ceniza nos recuerda que todas estas cosas son el eje central de nuestra fe.

Este año mi iglesia junto con muchas otras, invitó a la gente a vivir el primer día de la Cuaresma con un tiempo de música, una silente oración y la imposición de la ceniza en el Culto del Miércoles de Ceniza y así ofrecer la esperanza de que este tiempo de adoración nos ayudará a caminar más cerca de Jesús en la Cuaresma y el tiempo de la Pascua.  “Con esto ofrecemos el recordatorio de que las cenizas son símbolo de nuestro arrepentimiento y nuestro deseo de regresar a Dios; las cenizas denotan nuestra solidaridad con Jesús y con su camino hacia la cruz y después a la tumba, por último, el símbolo de la cruz de ceniza es la firma de Cristo en nosotros, es la señal de que le pertenecemos a él”.

Sí, las cenizas anuncian nuestra comprensión de la propia mortalidad y nuestra necesidad de arrepentimiento, pero al mismo tiempo proclaman nuestra solidaridad con Jesús. Ellas declaran nuestra fe en un Dios que no solo nos limpia de pecado sino que toma la ofrenda de nuestros corazones quebrantados y nuestros miedos y los convierte en esperanza y promesa.

Todo esto capturado en una mancha, una mancha en mi frente provocada por la cruz de ceniza que sirve como símbolo de la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios trayendo vida del pecado y del sufrimiento. Significa que Él hizo esto con cada paso de Jesús rumbo a la cruz y que lo hace con nosotros, con cada carga y cada paso titubeante que damos en esta vida.

En el miércoles de Ceniza y durante la Cuaresma, somos invitados a tomarnos un tiempo para mirar nuestros errores y nuestros pesares, nuestros anhelos y nuestras pérdidas, y ofrecerlo todo a Dios, quien no solo los acepta, sino que además los transforma.

Después de todo, al enviar a su hijo a sufrir con y por nosotros, Dios declaró que nuestra desesperación y nuestra esperanza, nuestro pecado y nuestra salvación, nuestro sufrimiento y nuestra celebración estaban entrelazados. Él declaró que a través de cada una de estas cosas podemos alcanzar la otra. Es a través de la confesión que alcanzamos el perdón y es a través del lamento que podemos ser sanados. El miércoles de ceniza nos ofrece la oportunidad de pasar de un lado a otro–de manera pública y en comunidad.

Y es a través de todo esto—la mancha de la cruz de ceniza en nuestras frentes—que al final celebramos la paradoja más conmovedora de nuestra fe: Dios dibuja nuestra esperanza y nuestra vida—la cruz—justo a través de nuestro pecado y nuestro sufrimiento—las cenizas—.

Al final, es este día de pena y dolor el que nos conduce a la más grandiosa razón para celebrar.

Publicado originalmente en: Relevant Magazine

Una Mirada a Cuaresma

Recientemente, concluimos nuestros 40 días de oración enfocados en las ciudades de la Región Mesoamérica. Cada enero, iniciamos el año calendario pidiendo al Señor que empiece un génesis en nosotros y en las poblaciones urbanas alrededor del mundo. ¡Sigamos intercediendo por estas ciudades, demos y sirvamos sacrificialmente para ser testigos de su transformación!

En 2018, esos 40 días terminaron justo algunos días antes de que comience otra experiencia de 40 días. En el calendario cristiano, este próximo miércoles marca el inicio de Cuaresma. Esta es una época significativa donde como seguidores de Cristo hacemos justamente eso: seguimos a Cristo, y lo seguimos específicamente a la cruz.

Nuestros amigos de “A Plain Account” han compartido una definición de Cuaresma (abajo) que espero sea de ayuda para ti y tu congregación durante este tiempo.

Cuaresma es un periodo de ayuno y dolor por nuestro pecado en preparación para la celebración de la Pascua. Los tonos morados que decoran muchos santuarios en esta época representan dolor, lamento, y sufrimiento. Sin embargo, el color morado también es un color de la realeza, que nos recuerda el sacrificio de nuestro Rey, Jesús.

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Cuaresma es una costumbre sumamente antigua. Hay una tradición que sugiere que los Apóstoles originalmente instituyeron esta práctica.

Comenzando con el Miércoles de Ceniza, Cuaresma dura 40 días, sin contar domingos. La ceniza representa nuestro arrepentimiento, el dolor por nuestros pecados, y nuestra mortalidad. El periodo de 40 es común en la Biblia, está asociado con Moisés, Elías, Noé, Jonás, Jesús y otros. La ceniza representa la muerte y destrucción producto del pecado. Recibir una unción de ceniza es un signo de arrepentimiento.

Durante este tiempo, las personas comúnmente ayunan algo como el chocolate, la televisión, o el comer carne. El propósito del ayuno es aumentar nuestra conciencia de la presencia de Dios. También puedes considerar añadir algo a tu vida durante Cuaresma, como una disciplina espiritual o el ser más generoso. Puede ser una buena forma de empezar un nuevo hábito.

Cuaresma concluye con la Semana Santa, iniciando con el Domingo de Ramos (la Entrada Triunfal) e incluye el Jueves Santo (cuando Jesús lava los pies de sus discípulos), Viernes Santo y Sábado Santo (un día de profunda tristeza por la muerte de Cristo).

Durante Cuaresma reconocemos nuestra necesidad y nos arrepentimos de nuestro pecado. La esencia del pecado es una relación rota. Es cuando le decimos “no” al llamado de Dios a amar en cada momento. Incluso en este momento lúgubre del año, la Resurrección está en el ambiente. Hay esperanza. Hay perdón. La Pascua viene.

Luchando Con la Voluntad de Dios

Por Scott Armstrong

Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Luego volvió adonde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. «¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —le dijo a Pedro—. Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil». Por segunda vez se retiró y oró: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad» Mateo 26:39-42 (NVI).

¿Cuántos de nosotros nos hemos quejado por no saber cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas? Muchas veces estamos conscientes de lo que Él quiere, pero en realidad luchamos para llevarlo a cabo. Sé que debo alcanzar a mis amigos en la escuela, pero abrir mi boca y empezar una conversación acerca de Dios o la iglesia, es difícil. Sé que Dios quiere que pase tiempo con Él cada día, entonces ¿por qué mi tiempo devocional es tan inconsistente?

Buenas noticias: incluso Jesús luchó para hacer la voluntad de Dios. Mateo 26 nos recuerda el verdadero conflicto de Jesucristo antes de ir a la cruz. Él ya conoce la voluntad de su Padre, pero está luchando con lo que eso significa para Él. Significa sufrimiento. Significa tortura, escarnio y vergüenza. Significa muerte. Y en lugar de permanecer firme y tranquilo aceptando su destino como lo hiciera un falso superhéroe, Él se postra sobre su rostro angustiado, mientras suplica al Padre que encuentre otra manera de hacerlo.

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Pero su lucha es heroica. Jesús no está acobardado buscando una ventanilla de escape. Él no está debatiendo entre si debe hacer o no la voluntad de Dios. Al contrario, Él está luchando con el PORQUÉ, ¿por qué la voluntad de Dios tiene que ser completada de forma tan cruel? Y en medio de su agonía, con determinación ora, “¡Que no sea lo que yo quiero! ¡Que se haga lo que quieres Tú! Aunque esto no tenga sentido para mí. ¡Aunque eso signifique un terrible sufrimiento! Pero, si esta es tu voluntad, estoy plenamente comprometido a cumplirla.”

¿Puedes decir la misma cosa? Comparar algunas de nuestras decisiones con la decisión de Jesús de ir a la cruz, parece extraño. Pero ¿y si buscáramos la voluntad de Dios en cada decisión con la misma fuerte actitud que tuvo Jesús? “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”

¿Con qué estás luchando hoy? ¿Y si la voluntad de Dios no coincide con lo que tú quieres? Que siempre proclamemos con todo lo que somos (quizá con lágrimas o luchando), “Padre, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”

Una Misión Insólita

Por Ken Childress

 “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Juan 20:21

Una lectura rápida de este versículo podría darnos la impresión de que Jesús está diciendo, “El Padre me envió primero; ahora es tu turno.” Pero hay más que solo eso en este versículo. Él también está diciendo, “De la misma manera que el Padre me envío, es como yo les envío a ustedes.” La pregunta crucial es: ¿Cómo Dios envió a Jesús?

Filipenses 2 nos da un conocimiento adecuado de la naturaleza de la misión de Jesús. Él se humilló a Sí mismo, Él tomó la forma de un siervo, y se hizo obediente hasta la muerte (Fil. 2:6-11). Jesús fue de las riquezas celestiales a los harapos terrenales; de la exaltación a la humillación; de la autoridad a la obediencia; del significado al rechazo; de la comodidad a la dificultad; de la seguridad al peligro; de la gloria al sacrificio; de la vida a la muerte. ¡Y Él nos llama a ir al mundo exactamente de la misma forma!

Lee la lista de nuevo. Todas aquellas transiciones humillantes van en contra de lo habitual. Tratamos de tener una posición más alta, no vaciarnos de nosotros mismos. Queremos más significado, más seguridad, más autoridad, más atención, más comodidad. Pero Jesús nos llama a morir a nosotros, a tomar nuestra cruz y seguirle. Él nos envía, así como Él fue enviado.

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¿Tu actitud corresponde a la actitud de Jesús? ¿Tomas tu misión tan en serio como para entrar en las profundidades de este mundo –sin importar que esas profundidades estén en otro país, tu propia ciudad, o incluso tu propia familia– y vivir el evangelio de humildad para que otros vean? La misión de Jesús es redimir este mundo, y Él desea hacer brillar la luz en cada vil y oscura esquina –a través de ti y de mí. Él llama a sus seguidores a ir a prisiones y campos de concentración, a antros de opio y burdeles, a colonias de leprosos y pabellones psiquiátricos. También los llama a ir a clubes nocturnos, salas de conferencias empresariales, salones universitarios, y arenas deportivas. No hay ningún lugar demasiado incómodo, peligroso o difícil. ¿Estás dispuesto? Así como el Padre lo envió a Él, Él nos envía a nuestra comunidad.

 

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