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Familia Verdadera

Por Scott Armstrong

“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12: 48-50).

Enseñar, predicar, sanar. Mateo hace un buen trabajo documentando el propósito del tiempo de Jesús en la tierra (ver 9:35-38). En Mateo 12, después de viajar mucho, proclamando muchas cosas controversiales y recibiendo amenazas de muerte, Jesús se retira del bullicio de las multitudes (12:15). Al menos es lo que piensa. Muchas personas necesitadas lo siguen y Jesús continúa sanando, echando fuera demonios, y respondiendo a sus críticas. El día se pone caluroso, el maestro se está agotando.

Jesús necesita recargar baterías. ¿Qué mejor manera de hacer eso que pasando un tiempo agradable con la familia? Él probablemente no ha visto a su madre y hermanos en muchos meses. Imagina su gozo, entonces, cuando alguien le dice que su familia está esperando afuera y quieren hablar con él. ¡Ellos lo sorprendieron! Seguramente Él terminaría su sermón, dispersaría a la multitud, y ¡recibiría a su familia con los brazos abiertos!

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Pero eso no es lo que pasa. De hecho, su respuesta parece un poco dura. Parece que Él dice, “¿A quién le importa? Ellos no son mi verdadera familia. Ustedes sí.” Y luego el capítulo 13 dice que ese mismo día Jesús continúa su ministerio como si nada hubiera pasado.

Tenemos que ser cuidadosos aquí. El punto de este pasaje no es que necesitamos abandonar nuestras familias para servir a Dios. La clave se encuentra en la respuesta de Jesús (v. 50). Cualquiera que hace la voluntad de Dios es verdaderamente parte de la familia de Cristo. Hay algo que sustituye la relación sanguínea aquí.

Mi esposa y yo somos misioneros viviendo en República Dominicana. Nuestros padres están en Estados Unidos. Les extrañamos. Valoramos nuestra relación con ellos casi más que cualquier cosa. Digo “casi” porque llegó un punto años atrás, donde nos quedó claro que la voluntad de Dios para nosotros era servirle lejos de casa y familia.

Eso nunca es fácil. ¡Pero no nos arrepentimos! Seguir la voluntad de Dios nos ha acercado más a Dios y de igual manera a nuestra familia, en muchas maneras. ¡No dejes que nadie te diga que seguir la voluntad de Dios y ser parte de la familia de Jesús, no vale la pena o el sacrificio!

¿Quién decís que soy yo?

Pastor Gerardo Aguilar

Cuando era estudiante miraba algunos jóvenes cristianos con su Biblia en el colegio. Yo asistía a un grupo de jóvenes en la iglesia local pero no me identificaba como cristiano en ninguna parte. Cierto día una circunstancia insinuó que yo también era un cristiano, y surgió una pregunta que me dejó paralizado por unos segundos: –¿Tú eres un cristiano?, jamás tuve habilidad para pensar y responder tan rápido y dije: “No, yo sólo voy a la iglesia de vez en cuando…pero nada más”

Les mentí a todos, excepto a mí mismo. La pregunta fue tan poderosa que sacó a luz la realidad de mi vida: no era un cristiano aun creyendo serlo. Era solo un tipo de simpatizante frecuente de Dios y de su Iglesia. Años después todo cambió y ahora soy un verdadero seguidor de Cristo.

Un privilegio de los discípulos y seguidores de Jesús en su ministerio fue ver con ojos propios y saber de primera fuente los milagros y las sorprendentes manifestaciones de su poder:

–“Haber visto viva y charlando en la mesa a la joven hija de Jairo después de estar enferma y muerta.”

–“Percibir el tremendo hedor por la descomposición de 4 días del cuerpo de Lázaro, y momentos después verlo salir de la tumba caminando entre los vivientes.” 

–“Escuchar las exclamaciones de asombro del ciego de nacimiento que Jesús sanó con un poco de barro hecho de tierra y saliva ¡¿Cuántas cosas maravillosas estaría viendo ese hombre?! ¡¿Cómo te cambia la vida en un instante?!”

Muchos fueron testigos de los milagros de Jesús y sus enseñanzas del Reino de Dios, lo que le diferenciaba de cualquiera de los profetas, maestros y líderes religiosos, algo jamás antes visto. Jesús enseñaba con revelación, sabiduría y autoridad. La gente reconocía esa diferencia y más adelante en Jerusalén muchos lo aclamaron diciendo: “¡¡Hosanna!!, ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

En Mateo capítulo 16, leemos que Jesús tiene una conversación inusual con los discípulos. Mientras caminaban Él les hace la siguiente pregunta: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” –La respuesta es fácil, había que indicar lo que decían otras personas y pronto dijeron: “Unos (dicen que eres), Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.” 

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Luego Jesús hace una segunda pregunta, –directa y personal: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?– ¡Imagino el rostro de los discípulos tratando de buscar entre ellos quién tenía la respuesta a semejante interrogante! Es una pregunta que no puede ser contestada por nadie, solo por aquellos a quienes va dirigida. Es una pregunta poderosa.

Al igual que la pregunta de mis amigos de colegio confrontándome si era un cristiano, también la pregunta de Jesús dejó congelados a los discípulos. Luego del silencio mezclado de confusión e incredulidad, ya el Espíritu Santo había hablado al corazón de uno de ellos, el de Pedro, quien con convicción y reverencia responde al Señor diciendo: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

2,000 años después, el dilema no ha cambiado. Hoy puedes creer en Jesús sólo como un profeta, un maestro espiritual o un líder histórico; en otras palabras: –“lo que dice el resto de la gente–. Crees que es el verdadero Hijo de Dios o simplemente no lo crees. Cualquier elección a tomar es una decisión en tu vida. Dios espera tomes la única decisión que podrá darte lo que tanto buscas y que puede saciar tu ser de paz, amor y gozo –Dios envió a su Hijo para salvarte y recibirte por fe como un hijo espiritual en Jesús si le recibes en tu corazón–.

Amigo mío, nadie vive y deja este mundo sin contestar a esta pregunta que Jesús hace: –¿Quién decís que soy yo? Vayas donde vayas, el Señor te seguirá hasta encontrarte. –De una vez–, déjate encontrar y decídete por Jesús hoy. Únete a los miles de millones que ya lo hicimos. ¡Amén!

Desarrollo de liderazgo: No hay éxito sin sucesión

Por Gustavo A. Crocker

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“Si estás planeando para un año, siembra arroz, si estás planeando para una década, planta árboles; si tú estás planeando para toda una vida, invierte en personas.” Proverbio Chino

La sustentabilidad de cada congregación, organización, comunidad, o ambiente social–sin importar su tamaño y complejidad­–descansa no solo en la calidad de sus líderes, pero también en la forma en que esos líderes preparan otros para dirigir después que ellos se hayan ido. Yo he aprendido este importante principio mientras que he sido testigo y he presidido servicios de ordenación con la iglesia. Todavía recuerdo el antiguo lenguaje de nuestro Manual que declaraba que “la perpetuidad de la iglesia depende en gran parte de las aptitudes espirituales, el carácter y la forma de vida de sus ministerios.” Yo añadiría que la sustentabilidad de cada congregación depende en gran parte de la habilidad de la iglesia para desarrollar nuevos líderes desde adentro. En otras palabras, la longevidad de nuestra iglesia depende en la calidad de nuestros líderes actuales y en el desarrollo de una nueva generación de líderes siervos que llevarán nuestra iglesia a donde Dios quiere que esté.

El apóstol Pablo fue muy consciente de esta realidad. Él recibió de Bernabé y sus discípulos—quienes también lo recibieron de Cristo—el privilegio de proclamar las buenas nuevas de salvación al mundo. Al principio de su ministerio, él se dio cuenta que la labor era más grande que sus capacidades y el cumplimiento de su tarea dependería de su habilidad para entrenar, equipar, empoderar y lanzar a otros para el bien del reino de Dios. Su éxito no estuvo necesariamente basado en sus logros misioneros, sino en su enfoque de multiplicarse él mismo en otros. Habiendo aprendido de aquellos quienes le encomendaron, él instruyó al joven Timoteo a hacer lo mismo:

“ Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros.” (2 Timoteo 2:2 NVI)

 De Cristo a sus discípulos, de los discípulos a Bernabé, de Bernabé a Pablo, de Pablo a Timoteo, de Timoteo a personas confiables, de personas confiables a otros, y de otros a nosotros, este principio de sucesión de liderazgo ha sido la clave de la iglesia para estar presente, viva e involucrada en cada generación. Indudablemente, no hay éxito sin sucesión.

La sucesión de liderazgo no es un paradigma organizacional complejo. Por el contrario, es un principio orgánico simple que básicamente depende de la visión, el equipamiento y el empoderamiento. Los líderes visionarios son aquellos quienes, desde el principio de su recorrido, se dan cuenta que no son permanentes pero la iglesia sí. Como resultado, ellos se dan cuenta que uno de sus roles primarios es encontrar personas confiables en quienes encomendar la iglesia desde el primer día. Estos líderes emergentes, recién identificados no necesitan ser un producto terminado. Así como cualquiera de nosotros, cada miembro de nuestra congregación es “un líder en preparación.” Todo lo que tenemos que hacer es descubrirlos en oración a través de ver su potencial y disposición. Tenemos que recordar que “cuando vemos a un pastorcito de ovejas, Dios ve un rey…”

Esta mentalidad de sucesión ayuda a los líderes a invertirse ellos mismos en aquellas vidas que han sido encargadas a ellos como sus sucesores potenciales. Y a pesar de que el líder no hace la decisión de la sucesión, él o ella prepara el terreno para eso. Después de pasar tiempo con Josué, Caleb, y los líderes de otras tribus, Moisés recibió instrucciones de Dios para la sucesión: “Dale a Josué las debidas instrucciones; anímalo y fortalécelo, porque será él quien pasará al frente de este pueblo y quien les dará en posesión la tierra que vas a ver” (Deuteronomio 3:28 NVI). Mientras Moisés no llegó a liderar el pueblo a la Tierra Prometida, parte de su sucesión fue equipar y desarrollar los líderes que eventualmente terminarían dicha tarea.

En cambio, fallar en el desarrollo de nuevos líderes va a llevarnos al fracaso. El “Síndrome de Josué” es uno de los clásicos ejemplos bíblicos donde un líder piadoso falló en preparar la siguiente generación y, como resultado, su trabajo solo estuvo limitado a la duración de su liderazgo. Josué terminó su recorrido en lo que muchos considerarían como una “conquista exitosa de la Tierra Prometida.” Sin embargo, después que él murió: “También murió toda aquella generación, y surgió otra que no conocía al Señor ni sabía lo que él había hecho por Israel” (Jueces 2:10 NVI). Su tarea finalizó con él.

¡Transmítelo! Recuerda: No hay éxito sin sucesión.

El Poderoso Ejemplo de Cuba

LA HABANA, CUBA.- El 11 de julio 2009, miles de cristianos de diversas denominaciones evangélicas se reunieron en un culto público en el estadio «Pedro Marrero».

*En las entradas de estos días estoy publicando extractos del Reporte de los Superintendentes Generales en la Junta General hace tres semanas en Lenexa, Kansas, EEUU.  Creo que es sumamente importante leer y recibir estas palabras para que nos ayuden en nuestras vidas y ministerios.  Si quieres todo el reporte en español, haz clic acá: Reporte JSG Febrero 2010.

Los miembros de nuestra Junta acaban de regresar de sus giras jurisdiccionales dentro de las regiones a las cuales fueron asignados. Todos tenemos memorias increíbles de haber visto a Dios obrando y de personas quienes están haciendo discípulos semejantes a Cristo, a veces en el contexto de persecución y oposición intenso. La iglesia está creciendo y, como hemos mencionado previamente, en algunos lugares está creciendo exponencialmente.

Uno de los secretos mejores guardados, tiene que ver con lo que está sucediendo en Cuba, en la Región del Caribe.  Esa nación-isla, ignorada por tanto tiempo por gran parte del mundo occidental, es trasfondo para el maravilloso relato de nazarenos dedicados a trabajar para cumplir la misión con celo, gozo y efectividad.

Aunque hemos sido cautelosos en hablar públicamente acerca del ministerio en Cuba, en días recientes los líderes de esa nación han animado a la Iglesia del Nazareno a que recuente ampliamente su historia.  Y ¡es un relato maravilloso!

El avance de la iglesia en Cuba nos ha emocionado.  En 1985 se informaron casi 500 nazarenos y 17 iglesias.  Hoy Cuba cuenta con 71 congregaciones, bajo el liderazgo de pastores quienes han sido educados en su propio seminario; se informan aproximadamente 6,600 nazarenos y 263 puntos de predicación. Se han iniciado veintitrés iglesias desde el año 2006.

Esta es la Iglesia de Cristo Jesús—haciendo discípulos semejantes a Cristo en las naciones, cambiando vidas, y ministrando al pueblo cubano por medio de escuelas, un seminario, y un equipo de pastores y laicos comprometidos.

Reporte de los Superintendentes Generales

*En las próximas entradas voy a publicar extractos del Reporte de los Superintendentes Generales en la Junta General hace dos semanas en Lenexa, Kansas, EEUU.  Creo que es sumamente importante leer y recibir estas palabras para que nos ayuden en nuestras vidas y ministerios.  Si quieres todo el reporte en español, haz clic acá: Reporte JSG Febrero 2010.

No habrá discípulos semejantes a Cristo sin que haya “un nuevo corazón y un nuevo espíritu.” Aunque la Biblia claramente nos comunica que todos hemos de crecer en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús, el punto de partida para este peregrinaje es el momento en que recibimos un nuevo corazón y un nuevo espíritu.

Una Iglesia Evangélica Quemada en la India el Año Pasado

El aceptar por fe este regalo de la gracia de Dios y el seguirle a Cristo puede ser una decisión costosa.  Con profunda tristeza les informo que en los últimos cinco años han habido 47 mártires nazarenos. En una sola nación fueron destruidas 30 iglesias por incendio; y fueron asesinados dos pastores y nueve laicos.

Sin embargo, en medio de esta devastación, se han plantado 54 iglesias nuevas en esta misma nación. Es como si de entre la muerte naciera vida. No siempre sabemos cómo obra el Señor—simplemente sabemos que Él sí está obrando. Aun en medio de las circunstancias graves que enfrentan nuestros hermanos y hermanas cristianas en Haití, Dios está obrando.

Esta misión de hacer discípulos semejantes a Cristo en las naciones, necesita ser comprendido dentro del contexto de nuestro propósito como Iglesia del Nazareno, puesto que hay muchas denominaciones que comparten una misión semejante. Nuestro testimonio hace énfasis en lo siguiente:

  • El dar a conocer a todo pueblo la gracia transformadora de Dios, hecha disponible a cada persona, por gracia, y por medio de la fe.
  • La proclamación a todo creyente, de la doctrina y la experiencia de la entera santificación, animándoles y nutriéndolos dentro de la comunidad cristiana, hacia una entrega de su voluntad a la voluntad y a los propósitos de Dios. Sin este mensaje no tenemos nosotros una misión—sin esta misión no tenemos un mensaje.
  • La incorporación de creyentes al compañerismo y a la membresía de la vida congregacional.
  • El equipar para el ministerio a todos los que responden en fe.
  • El enviar/comisionar a discípulos semejantes a Cristo quienes se reproducen como discípulos—en pro de la misión.
  • Que la meta primordial de la “comunidad de fe” es de presentar a todos—estén en Haití u Holanda, Corea del Sur, el Congo o California—completos en Cristo en el día final (Colosenses 1:28).

Abrazando Estrategias Nuevas

*Esta entrada fue escrita por Jerry D. Porter, Superintendente General de la Iglesia del Nazareno.  Originalmente estas palabras aparecieron en el Heraldo de Santidad, Edición 1 – Año 2009.

La misión de la Iglesia del Nazareno es hacer discípulos semejantes a Cristo en las naciones.  Esa es nuestra misión.  Es más que predicar y evangelizar.  Va más allá de la formación de obreros y la plantación de nuevas congregaciones.  Cumplimos nuestra misión en la medida que hacemos discípulos quienes a su vez hacen discípulos, que a su vez hacen discípulos…

El Señor nos dio una gran comisión, ¡no una gran sugerencia!  “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19a).  El mandato no ha cambiado pero sí requiere nuevas estrategias.

¿Qué sucede si nos negamos a soltar los métodos tradicionales que ya no son eficaces ni productivos? ¿Por qué nos es tan difícil abrazar estrategias nuevas que el Espíritu nos desea dar para que podamos cumplir la misión que Cristo nos ha encomendado?Realidad_caricatura

Normalmente preferimos la zona de confort de nuestras experiencias pasadas.  Nuevos enfoques nos parecen arriesgados.  No sabemos si estas herramientas realmente serán mejores y tememos que podamos perder nuestro mensaje en el proceso de los cambios.  Por lo tanto, somos tentados a quedarnos con los resultados escasos del estatus quo en nuestra zona de confort.

“No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9b).  En obediencia explícita, ¡Josué salió de su zona de confort para intentar cosas para Dios que él sabía que no podía hacer!  ¡La turbación y el temor pueden ser una indicación de que por fin hemos entrado en la zona misional de obediencia radical!

Aprendamos de los Josués misionales contemporáneos, quienes con oración y valor sirven en campos de acceso creativo, arriesgando aún sus vidas al testificar de Cristo.  ¡Durante el año 2008 más de 30 miembros de la Iglesia del Nazareno han dado sus vidas como mártires por compartir su fe!  Ellos nos enseñan y nos retan a ser audaces y creativos a favor del Reino.  No vamos a cambiar la esencia del mensaje, pero sí es necesario abrazar nuevos métodos, dados por Dios, para impactar nuestro mundo cambiante…Es simplemente un asunto de aprender otra vez con humildad, a ser flexibles y creativos en obediencia, para cumplir la misión de nuestro Señor: Hacer discípulos semejantes a Cristo en las naciones.

La Estructura: El Acercamiento en la Misión

La Estructura: El Acercamiento en la Misión

La Gran Comisión: Parte VI

Mateo 28:19

Escrito por Dr. Stephen Manley, en su libro “La Gran Comisión”

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). En el verso diecinueve, Jesús explica exacta y sencillamente nuestra parte para el logro de la tarea. Dios desea utilizarnos para cumplir con la pasión del corazón de Él.

“Por tanto, id” es el primer paso. Es el PRINCIPIO DE LA MISIÓN. Él no dijo nada acerca de asistir a un seminario de diez semanas o memorizar quince versos de la Escritura. Él relaciona la idea de ir y el hecho de que Él tiene toda la autoridad cuando dice “por tanto”. Él nos capacita para ir con los recursos de Él. Nosotros vamos con su autoridad. Él no dijo que nosotros deberíamos proveer el dinero para que el pastor pudiera ir. Él no dijo que aquellos con personalidad carismática son los que deben ir. Él simplemente dijo: “¡Id!”.

“Y haced discípulos” es una declaración revolucionaria. Es la NORMA DE LA MISIÓN. Si las instrucciones hubieran sido de ir a salvar a las personas, podríamos presentar las cuatro leyes espirituales y podríamos engatillar nuestra arma del evangelio y estar contentos. Dios no está interesado en que salvemos a las personas. Él desea que hagamos discípulos.

Aquí es donde cambia el enfoque. ¿Quiénes son todas estas personas en la iglesia? Oh, ellos son personas salvadas. Ellos han tenido una experiencia en el altar, o han hecho alguna clase de profesión en algún momento. Pero, ¿Por qué cuándo están sentados en el culto están bostezando y mirando sus relojes? La respuesta es fácil. Ellos no son discípulos. Pero es importante que esta gente sepa que si uno no llega a ser discípulo, no es salvo. Jesús no está interesado en que ganemos gente para que repitan ciertas palabras mágicas. Él quiere que las personas lleguen a ser discípulos.

La frase: “Todas las naciones” nos presenta el ALCANCE DE LA MISIÓN. Esta misión cruza todos los obstáculos culturales. No hay ningún prejuicio racial en esta misión. Y “bautizándolos” significa que usted va a sumergirlos en la misma presencia de la Deidad. Ésta es la SATURACIÓN DE LA MISIÓN. La persona bautizada se una a Dios en este punto de la misión.

La Misión Integral y La Biblia

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En esta entrada continuamos nuestra traducción de la conversación entre Andy Crouch y Ruth Padilla DeBorst…

AC: ¿Cuáles son los temas bíblicos que más necesitamos recuperar para hacer “misión integral”?

RPD: Me ha golpeado cuán fragmentada es nuestra lectura de la Biblia. Es una versión de la Biblia tipo-Escuela Dominical: todas las historias pequeñas aisladas, enseñadas fuera de contexto. Lo que tenemos que recuperar es la historia grande, el cuadro grande. ‘En el principio, Dios…’—allí está donde debemos comenzar. En el fin, encontramos la nueva Jerusalén y todos los pueblos hincándose delante del Señor de todas las naciones. La historia en medio de ese comienzo y ese fin no se divorcia de la historia humana.

Más bien, es una foto del involucramiento de Dios en la Historia. Es la historia de un pueblo vagando más cerca y más lejos de Su llamado en sus vidas a servir como luz a las naciones, un ejemplo de cómo la gente se puede relacionar con Dios y con sí misma en maneras correctas y saludables. Además es la historia de Dios haciendo volver a su pueblo por los profetas, hasta tal punto que envía su Hijo mismo para decir, Amo a este mundo; estoy dispuesto a sufrir y morir para este mundo.

En la Gran Comisión, Jesús manda a sus seguidores que vayan y hagan discípulos en todo el mundo. Pero también dice, ‘Enséñales que guarden todas las cosas que os he mandado.’ A menudo pienso en los discípulos en el camino a Emaús. Cuando sus ojos estaban velados, Jesús explicó ‘todas las Escrituras.’ Demasiadas veces no miramos toda la Escritura, toda la vida, y las intenciones exhaustivas de Dios a no dejar que ningún rincón de la Tierra no se toque por su amor.”

–Ruth Padilla DeBorst es la hija mayor del teólogo y misiólogo eminente ecuatoriano René Padilla. Padilla DeBorst es Secretaria General (y Presidenta Emérita) de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y líder del ministerio en El Salvador del “Christian Reformed World Mission.” Ella fue entrevistada hace un año por Andy Crouch.

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