En estas dos semanas, estamos examinando la historia de Jonás, y nuestras vidas también. Jonás tenía una misión específica que implicaba dos etapas:
–“Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad”. La orden era precisa y le advirtió que era una gran ciudad, no sólo en territorio sino grande en poder político y económico.
¿Por qué Jehová tenía urgencia para enviar a Nínive a uno de sus siervos? Porque la maldad de ese pueblo era grande y Dios tuvo compasión de ellos. Iban a ser destruidos por sus pecados. Necesitaban escuchar el mensaje de juicio, arrepentimiento y salvación. Y el llamado hoy es lo mismo, ¿no? Con un mundo necesitado y perdido, ¿quiénes se levantarán e irán?
–Que “clamara contra Nínive porque su maldad llegó hasta Dios”. Nínive también era de las más crueles y pecadoras. Por esa razón Jehová envió a Jonás para que predicara la palabra de juicio, amor y misericordia, para que iluminara las mentes y los corazones de medio millón de personas que estaban perdidas en sus pecados. Actualmente vemos lo mismo—no es adecuado levantarse e ir solamente. Tendremos que poder predicar un mensaje claro y poderoso para que llegue al corazón del oyente.
Ahora bien, ya sabes lo que hizo Jonás después de recibir su misión: ir en dirección contraria a la indicada. Se fue a Tarsis. ¿Por qué huyó? Aquí es donde empieza lo bueno. En Escuela Dominical, la respuesta que nos dieron fue que por desobediencia y así es. Pero la verdad es que no nos dijeron la respuesta completa. Así que prepárate para saber la verdadera respuesta que viene en la siguiente entrada.
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