Apartados para el Señor

***Aprovechando el Día de Pentecostés que la Iglesia global ha celebrado ayer, estaré publicando en este sitio durante las próximas tres semanas varias reflexiones sobre el Espíritu Santo y la santidad.  Las siguientes seis entradas son escritas por Mary Lou Riggle, misionera nazarena jubilada quién sirvió en América Latina por muchos años.  Además, son redactadas por Anne Sickel, misionera voluntaria sirviendo en Costa Rica y MAC Sur.  Gracias a las dos por su excelente labor.

Ser santo es nuestro llamado, ¿pero cómo hacerlo (y serlo)?  ¿Qué es “santidad”? A veces pensamos que es muy complicado y difícil.  Es verdad, no es fácil. Pero santidad es un privilegio increíble para cada seguidor de Cristo.

¿Qué significa ser santo?  Simplemente, significa estar apartado.  En el Antiguo Testamento Dios escogió personas, lugares y cosas específicas para ser especiales por Él.  Eran santos – especiales.

Éxodo 19:6 dice que la nación de Israel había sido apartada por Dios para ser un “pueblo santo.”  Dios dijo, “Aunque toda la tierra me pertenece, ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.”  Israel era un pueblo previsto para servir a Dios y tener una relación con Él.  Su relación era diferente de cualquier otro pueblo en esos tiempos.

Tenía una relación privilegiada, pero también tenía responsabilidades.  Él dijo, “Habéis pues, de serme santos porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos” (Lev. 20:26). Porque Él es santo, su pueblo necesita ser santo. La perfección ardiente de Dios requiere que su pueblo, en relación íntima con Él, no se ensucie con las cosas del mundo.

En el Nuevo Testamento, Dios apartó nuevamente a un pueblo, pero ésta vez incluyó a los gentiles, los “no judíos.”  Este pueblo nuevo es la Iglesia.  La “Iglesia” es un grupo llamado afuera.  La Iglesia, son creyentes llamados a salir al mundo y ser apartados para los propósitos santos de Dios.  Entonces, como los lugares, cosas y personas en el Antiguo Testamento, Dios quiere que nosotros seamos santos, especiales, y diferentes de otras personas.

Recuerda, Dios no está buscando personas perfectas.  Podemos acercarnos a Dios como estamos; Él no quiere abandonarnos en nuestros pecados.  Él está siempre llamándonos a ser santos y proveyéndonos su Espíritu para que se haga una realidad.

La pregunta hoy es: ¿Estás viviendo una vida apartada para Dios?

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