Hace un mes, Filipinas sufrió una tragedia incomprensible cuando el tifón Haiyan devastó grandes partes del país, matando miles de personas y dejando cientos de miles más sin hogar. En los días después, fotos empezaron a aparecer – fotos mostrando la gran necesidad y desesperación, pero también fotos que mostraron el carácter de la iglesia y la gente filipina. Una semana después del tifón, recibí la siguiente foto en un noticiero desde la región Asia-Pacífico. ¿Qué te dice o qué nos puede enseñar?
Yo mostré esta foto a mi hijo (Elías) de diez años. Admito que yo estaba bastante desanimado, sabiendo que la iglesia había sido destruida. Pero mi hijo tenía otra perspectiva. Él me dijo: «Wow, papá, qué maravilloso ver como Dios permitió que el púlpito con el escudo de la Iglesia del Nazareno no se destruyera. En medio de toda la destrucción, la palabra de Dios seguirá dando esperanza.» Impresionante. Creo que Elías tiene razón.
De hecho la segunda foto que quiero mostrar me dice lo mismo. Observa.
Al principio yo me enfocaba en los rostros de la gente y cómo están alabando al Señor. Esa parte de arriba se ve como cualquier foto de una iglesia alabando alrededor del mundo en un culto dominical. Pero obviamente después de algunos segundos, uno logra notar la parte de abajo. Pocos días después del tifón, los miembros de esta iglesia se reunieron para celebrar un Dios rescatador. De hecho, estaban sumamente contentos por haberse sobrevenido y por todavía tener un templo donde podían congregarse. ¡Pararse y cantar con agua que llega hasta las rodillas no se ve como obstáculo para estos cristianos! ¡Es puro gozo poder cantar a su Señor y Salvador!
¿Y tú? ¿Cuáles obstáculos tienes? Me imagino que no se comparan con lo que estos hermanos están enfrentando en Filipinas ahora, ¿no? Encontramos excusas por las cuales no podemos asistir al culto, o nos quejamos cuando algo no nos sale bien. Pero Dios quiere darnos la fuerza para adorarle con gozo en medio de tribulaciones. Él desea ungirnos con su poder para que aun en medio de la destrucción, ¡sigamos predicando su palabra!


Qué ejemplo tan hermoso de Cristiandad latente. Gloria a Dios!!