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El Arte de Girar

¡La Copa Mundial está aquí! En los últimos ocho años de nuestro blog eso ha significado que hemos resaltado varias naciones y sus culturas, ofreciendo perspectivas acerca del estado de la Iglesia en cada país así como algunas peticiones de oración. Por ejemplo, lean lo que Pamela Alvarado escribió sobre Ghana, o el artículo de Croacia que escribió Mario Josué López.

Este año haremos las cosas un poquito diferentes. De vez en cuando, durante este mes estaremos ofreciendo artículos y algunas veces videos que tienen que ver con distintos aspectos (llamémosle el aspecto “cultural”) de la Copa Mundial. Así que, para comenzar, lean este testimonio escrito por un ex jugador de la Liga Premier a quien Dios llamó al pastorado. El siguiente es un fragmento de un artículo de Christianity Today publicado originalmente en junio 2016.

Por Gavin Peacock

Una habilidad que mi papá me enseñó cuando era niño fue el arte de girar con un balón de fútbol soccer. Yo nunca iba a ser alto, así que él me llevaba a nuestro patio trasero en el sureste de Londres y me enseñaba cómo cambiar direcciones con el balón en mis pies. “¡Los niños grandes no podrán alcanzarte!” decía él. Yo practicaba por horas girar a la derecha y a la izquierda, yendo dentro y fuera de los conos, girando hacia este lado y al otro lado. Mi papá tenía razón: el arte de girar me sirvió mucho. Muchos de los goles que metí en los años venideros fueron resultado de esa lección.

Yo no crecí en un hogar cristiano y nunca escuché la predicación del evangelio. La escuela dominical dio paso al fútbol dominical. La instrucción más bíblica que recibí fue durante las asambleas en la escuela de la Iglesia de Inglaterra, donde asistía. Yo era un niño que quería triunfar intensamente tanto en el salón de clases como en el campo. Mi padre me enseñó el autocontrol necesario, la disciplina y habilidades para tener éxito en la educación y en la arena deportiva profesional.

A los 16 dejé la escuela y firmé un contrato profesional con la Liga Premier de los Queens Park Rangers (QPR). Había logrado la meta–y no estaba realmente feliz. Estaba jugando para el Equipo Juvenil Nacional de Inglaterra, y no pasó mucho tiempo antes de que irrumpiera para ocupar el once inicial en QPR. Pero era un jovencito inseguro en el feroz mundo profesional del deporte. El fútbol era mi dios. Si jugaba bien un sábado me sentía en lo alto, si jugaba mal me sentía decaído. Mi sentido de bienestar dependía completamente de mi desempeño. Pronto me di cuenta que fui hecho para algo más que alcanzar la meta.

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Girando hacia Cristo

Entonces, cuando tuve 18, Dios intervino en mi vida, el primero de dos momentos de giro dramático. Yo estaba todavía luchando por encontrar propósito, así que decidí asistir con una iglesia metodista local un domingo por la tarde. No recuerdo sobre qué predicó el ministro, pero después él me invitó a su casa, donde él y su esposa impartían un estudio bíblico semanal para jóvenes.

Decidí regresar al estudio bíblico la semana siguiente y la próxima, y empecé a escuchar el evangelio por primera vez. Me di cuenta que mi problema más grande no era encontrar desaprobación en una fuerte multitud de 20,000 un sábado; mi problema más grande era mi pecado y la desaprobación del Dios todopoderoso. Me di cuenta que el obstáculo más grande para la felicidad era que el fútbol era rey en lugar de Jesús, quien proveía una justicia perfecta para mí. Comprendí lo que Agustín había expresado muchos años atrás en sus Confesiones: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti.” Con el tiempo, mis ojos fueron abiertos por medio de esa reunión dominical, y mi vida dio un giro, me arrepentí, y creí en el evangelio. MI CORAZÓN TODAVÍA ARDÍA POR EL FÚTBOL, PERO ARDÍA MÁS POR CRISTO.

En los deportes profesionales, los altibajos de la vida son extremos, muy cercanos y muy públicos. El escrutinio es intenso. La madurez cristiana es un proceso lento, pero en el mundo del deporte profesional, tu lenta santificación está a la vista. Tú puedes firmar un contrato lucrativo un día y tu carrera puede terminarse al día siguiente. Aquellos fueron días estremecedores y difíciles, llenos de altibajos, copas finales y promociones, derrotas y descensos. Yo experimenté la gama completa como creyente.

La incertidumbre inunda al jugador profesional de fútbol. En cierto nivel la incertidumbre y el drama estimulan al hombre para jugar al máximo; hasta cierto punto provocan una profunda inseguridad. Yo solía ser esa persona cuando era joven, pero como cristiano ahora le temo más al Señor que a la multitud. El fútbol dejó de ser mi ídolo. 

Girando hacia el Ministerio

Una puerta se abrió después de mi retiro de una carrera de televisión con la BBC, y no pasó mucho tiempo antes de que cubriera programas semanales como Match of the Day, para muchos millones de televidentes en el Reino Unido. Fue un trabajo que encontró su apogeo en la Copa Mundial de 2006. Sin embargo, poco después llegó el segundo giro: el llamado al ministerio pastoral.

Hasta ese punto yo tuve muchas oportunidades para ser un testimonio cristiano como jugador de fútbol y comunicador, pero nunca sentí la urgencia de predicar. Entonces, mientras leía las epístolas pastorales, empecé a sentir un fuerte deseo de buscar el ministerio pastoral. Mi iglesia confirmó mi llamado, y después de un periodo de prueba, sabía que iba a dejar la segunda carrera de mis sueños por el ministerio. En 2008, dejé las costas de Inglaterra. En cuestión de semanas pasé de hablar en TV acerca de David Beckham y Cristiano Ronaldo a escribir ensayos sobre Juan Calvino y Jonathan Edwards.

Hace tantos años mi padre terrenal me enseñó el arte de girar, pero fue mi Padre celestial quien me hizo girar primero hacia Cristo y después a predicar su evangelio. Girar del pecado y confiar en Cristo para salvación no es un evento inicial de una sola vez; es la esencia de la vida cristiana. Este es un mensaje que la Iglesia necesita recuperar. Y así, sigo girando y enseño a otros a girar también.

Gavin Peacock es un pastor de misiones en la Iglesia Calvary Grace en Alberta y coautor de The Grand Design: Male and Female He Created Them.

La Comparación Está Robando tu Alegría – Parte 2 de 2

*Esta es la continuación de la entrada anterior.

Como líderes del ministerio, el impulso de la perfección ya se vislumbra a gran escala—resistir el deseo de mirar, predicar, dirigir y pensar como otras personas exitosas es vital, pero también bastante difícil. Aquí hay cinco consejos prácticos para combatir la comparación en tu vida y ministerio:

  1. Incrementa tu conciencia.

Combatir la comparación requiere tener una imagen clara de su presencia en tu vida. Para muchos de nosotros, compararnos con otros es tan natural como ser prácticamente invisibles. Presta atención a tu diálogo interno mientras realizas tu rutina durante un par de días y mantén un conteo simple de la frecuencia con la que te comparas con otra persona, ya sea en persona o en línea. ¡El desafío es incluso atraparte haciéndolo! En la temporada de fiestas “perfectas,” regalos, comidas y experiencias, el llamado de emergencia de la comparación está en todas partes: “Yo nunca podría,” “Nunca lo haré,” “Si tan solo tuviera,” “Si fuera más,” “Si pudiera hacerlo.” Hazte consciente de la letanía de comparaciones de tu cerebro y toma nota de ello. ¡Te sorprenderá la cantidad de estos mensajes que tu cerebro entretiene regularmente!

  1. Tómate un descanso de las redes sociales.

El ayuno de las redes sociales requiere una autoevaluación honesta. Tú sabes cuánto tiempo pasas en las redes sociales, y solo tú sabes cómo te afecta. Para algunos de nosotros, un ayuno de síndrome de abstinencia puede ser poco realista, lo que te prepara para un fracaso inmediato. En cambio, limítate solo a consultar las redes sociales a ciertas horas del día, preferiblemente no a primera hora de la mañana ni antes de acostarte. Reemplaza tu hábito de control telefónico con otra cosa, si resulta demasiado tentador: lee un libro o un artículo interesante, o escucha una canción. Para muchos de nosotros, revisar nuestros teléfonos se ha convertido en memoria muscular, por lo que esto requerirá un gran esfuerzo. ¡No dejes que eso te detenga!

  1. Solicita un refuerzo positivo.

Siéntate con alguien cercano y pídele que te hable sobre sus fortalezas. Esto puede sonar como una solicitud extraña, pero la mayoría de nosotros podemos enumerar fácilmente nuestras debilidades, pero tropezamos cuando se trata de enlistar nuestras fortalezas. Pídele a un amigo, cónyuge o miembro de tu familia que se siente y haga esto contigo, y devuelve el favor—es probable que también necesiten escucharlo. Graba tus palabras o toma notas—¡en serio! Este será un gran recordatorio en momentos en que tu enfoque puede estar en todas las maneras en las que crees que te estás quedando corto. Vuelve a tu lista cuando te encuentres en un atolladero de comparación.

  1. Replantea tus debilidades percibidas.

Considera las reflexiones de Pablo: “Tres veces le supliqué al Señor que me lo quitara. Pero él me dijo: ‘Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.’ Por tanto, me jactaré con mucho gusto de mis debilidades, para que el poder de Cristo repose sobre mí” (2 Corintios 12: 8-9). La idea de la perfección que guardamos en nuestras mentes podría estar causando que percibamos rasgos de carácter individual como debilidades, o no veamos dónde Dios puede usar nuestras debilidades reales.

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Por ejemplo, soy una pensadora de procesamiento, y con frecuencia necesito tiempo para pensar las cosas antes de responder. Durante una reunión, generalmente no soy la persona más verbal cuando se discute un tema, pero tendré un veredicto muy bien pensado una o dos horas después. En el pasado, consideré que mi cerebro “lento” era un defecto y envidiaba a las personas en la sala que podían responder de inmediato. Con el tiempo, sin embargo, llegué a ver que un equipo fuerte tiene ambos tipos de pensadores, y necesita gente que piense en todo desde todos los ángulos, no solo dar las primeras impresiones. Después de las reuniones, ahora envío correos electrónicos que comienzan con “Después de pensarlo un poco” y proporciono puntos adicionales que el grupo puede no haber considerado, lo que genera una conversación más productiva. Dios puede usar lo que tú crees que en ti es “menos ideal” para fortalecer a tus equipos.

  1. Considera todo el cuerpo.

Con regularidad tómate un tiempo para meditar sobre el cuerpo de Cristo y tu lugar en él. Imprime una copia de 1 Corintios 12. Léela un par de veces, resaltando los versículos y frases que te hablan. Escribe esos versículos en una tarjeta, colócala en algún lugar donde la veas a menudo. He escrito los versículos 18 y 19—“En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció. Si todos ellos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo?”—y lo coloqué en el espejo de mi habitación como recordatorio.

Kringel habla de un momento en que Dios le habló acerca de no apoyarse en otros en su vida. “Se llama el cuerpo de Cristo y la familia de Dios por una razón. Si te hubiera creado para que no necesites los dones que otras personas tienen, entonces los habría puesto todos en ti. Pero no lo hice, los dispersé. Entonces, para que seas todo lo que yo te llamé a ser, debes utilizar los dones de todos los demás.” Dios nos hizo para necesitarnos el uno al otro. Si tuviéramos todos los dones que queríamos, ¡no necesitaríamos a nadie!

Finalmente, cada uno de estos consejos debería ayudarnos a alcanzar el mayor antídoto para la comparación, que simplemente descansa en Cristo. Después de que Pedro preguntó: “Señor, ¿y qué de éste?” haciendo un gesto con la cabeza a Juan, Jesús respondió: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.” (Juan 21:22). Las tentaciones y oportunidades para compararnos están en todas partes y son constantes, y aún Jesús nos dice: “¿Qué a ti? ¡Sígueme!”

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

La Comparación Está Robando tu Alegría – Parte 1 de 2

Por Amanda Fowler. Trad. por: Yadira Morales

Hay muchos relatos de advertencia en la Biblia sobre la comparación, comenzando desde el principio. La serpiente en el jardín le sugiere a Eva que se compare a sí misma con Dios. Si tan solo ella comiera fruta de este árbol, le dice, podría ser como Dios en su conocimiento del bien y del mal. Las historias de Caín y Abel, Jacob y Esaú, José y sus hermanos, Saúl y David, y muchas más ilustran los extremos de lo que puede suceder cuando las personas se comparan con los demás, siendo presas de los celos y la envidia. Incluso los discípulos no fueron inmunes, compitiendo por posiciones en la mano derecha e izquierda de Jesús. Y las últimas palabras registradas de Pedro a Jesús en el Evangelio de Juan son: “Señor, ¿qué hay de él?” después de escuchar una palabra inquietante sobre su propio futuro.

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Por supuesto, todas las comparaciones que leemos en las Escrituras sucedieron en tiempo real. Imagínese si el Rey Saúl hubiese podido desplazarse a través de la información de Instagram de David, cada foto, perfectamente organizada, etiquetada y filtrada, más exasperante que la anterior. Piensa en Pedro, preguntándose por qué Juan publicó tantas selfies con Jesús, todos etiquetados con el hashtag #discípuloamado. Imagina a Martha mirando entre la vívida y deliciosa imagen en la parte superior de una receta fija de Pinterest y el plato no tan pintoresco que estaba a punto de servir a su invitado de honor.

Internet y las redes sociales son maravillosos en muchos aspectos, conectándonos de forma incomparable. Pero los estudios han demostrado que estamos cada vez menos satisfechos con nuestras propias vidas, ya que consumimos un flujo casi constante de imágenes, actualizaciones de estado, artículos, recetas, sugerencias de decoración de fiestas, videos instructivos y sugerencias de mejora personal de los demás. La comparación es uno de los elementos distintivos de nuestra humanidad caída: las redes sociales no crearon el problema, pero ciertamente han amplificado su poder.

Más allá de la información visual, relacional y material en nuestros medios sociales, las formas más peligrosas de comparación ocurren cuando miramos los obsequios de los demás con anhelo— y a nuestros propios regalos con desdén. Este tipo de comparación es muy insidiosa, ya que toma la bella imagen del cuerpo de Cristo, con toda su diversidad, y la convierte en una masa de personas inconformes, cada una deseando ser como otra persona.

Con la Pastora María Kringel, quien sirve y dirige Life Church en Roscoe, Illinois, junto a su esposo pastor, hablé sobre la presencia de la comparación en los roles que ella. Kringel, madre de cuatro hijos y promotora de salud, reconoce que su lucha contra la comparación es un viaje continuo que probablemente enfrentará siempre. Sin embargo, recientemente encontró una nueva fuerza para contrarrestarlo, al negarse a dejar que la idea de la perfección la domine. “Finalmente abrí paso y llegué a un punto en el que no me importa. Siempre hay una voz que dice, ¿qué haría esta persona? ¿Cómo manejarían esta situación? Bueno, ¿a quién le importa? No vivo para su aprobación de todos modos, y si trato de ser como ellos, no consigo ser yo. Esto acaba con lo que Dios me hizo ser.” Acerca de la función de las redes sociales en la comparación persistente, Kringel dice: “Roba demasiado. Es un tirón tan fuerte. Piensas en tu cabeza que todas estas personas tienen todo perfectamente resuelto, pero en realidad no—solo estás viendo los mejores momentos.”

Una forma en que Kringel decidió luchar contra esto como líder de la iglesia es intencionalmente ser más auténtica, tanto desde el púlpito como en sus publicaciones en las redes sociales. En lugar de publicar solo lo positivo y perfecto, por ejemplo, ella escribe honestamente sobre un día difícil con su hijo Isaías, quien tiene parálisis cerebral. Ella encuentra no solo la aceptación de los feligreses, sino también la gratitud. “La gente está tan hambrienta de autenticidad real. En el ministerio, no pueden identificarse con muchos de nosotros porque tenemos esta imagen de perfección.”

Este artículo continuará en la próxima entrada.

Evangelismo a Goteo

Escrito por: Jeff Christopherson. Trad. por: Yadira Morales

¿Los discípulos se están convirtiendo en hacedores de discípulos?

¿Funciona el evangelismo a goteo? Si alimentamos lo suficiente al discípulo, ¿se convertirá en un poderoso guerrero del Reino de Dios?

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Esta es la versión que seguramente escucharás: “Tenemos que centrarnos en nuestra gente. Muchos de ellos son inmaduros y necesitan desesperadamente instrucción espiritual. Si priorizamos el crecimiento y la madurez de nuestra gente, entonces eso tendrá un impacto indirecto en su pasión y capacidad de vivir en misión y compartir el evangelio.” Y así diseñamos nuestras iglesias para crecer, consciente o inconscientemente, a través de este filtro.

Este razonamiento al principio parece prudente, pero con demasiada frecuencia el objetivo declarado nunca llega a buen término. En lugar de creyentes apasionados, movilizados, y maduros, los esfuerzos de la iglesia terminan propiciando que la gente se enfoque en el interior y se aísle cada vez más del mundo al que se les ha encomendado alcanzar. En lugar de un guerrero del reino, nuestros esfuerzos de goteo solo parecen reunir a un hombre de iglesia aislado, apartado y evangelísticamente impotente.

En realidad, cuanto más tiempo tome para que los nuevos discípulos se conviertan en discipuladores, más improbable es que prioricen este trabajo. Con el tiempo, la atracción gravitatoria de sus nuevas relaciones en la iglesia los extraerá de sus relaciones con otros que están lejos de Dios y de su iglesia. Cuanto más fuerte sea la señal que la iglesia envía de ‘ven y ve’ a ‘ir y decir’, será menos probable que ocurra el evangelismo personal. Lo que es peor, cuanto más se observa al pastor como un ‘contador’ en lugar de ‘hacedor’, es menos probable que el rebaño se involucre personalmente en el trabajo de evangelización.

Por lo tanto, la teoría de evangelismo por goteo sufre dos fallas fatales: crea un liderazgo ocupado que, en su actividad, se vuelve mayoritariamente evangelizado; y, en nuestros interminables esfuerzos por ‘equipar’, involuntariamente hemos aislado a la fuerza misionera del campo misionero.

Nuevos creyentes y el evangelismo

Es por eso que es vital crear estructuras para liberar a los nuevos creyentes en la cosecha, inmediatamente después de la conversión. Escribiendo a la iglesia en Corinto, Pablo les recuerda a los creyentes que a todos los que han sido reconciliados con Dios por medio de Cristo se les ha confiado el mensaje de reconciliación (2 Corintios 5:16-21). Este trabajo no es para aquellos que han cruzado cierto umbral de santificación; es una misión dada a todos aquellos que han confiado en Jesús para su salvación. “Dios salva y envía” no es un cliché trillado; más bien, es el doble patrón que Dios usa a lo largo de las Escrituras y la historia para fomentar su trabajo misionero en el mundo.

El vínculo temporal entre el ahorro y el envío maximiza el potencial de impacto evangelístico y construye ritmos de vida que fomentan la intencionalidad evangelística a lo largo del proceso de maduración del nuevo creyente.

Primero, quienes recientemente han llegado a la fe tienen muchas más probabilidades de vivir, aprender, trabajar y jugar con aquellos que están lejos de Dios y de su iglesia. Sus patrones previos de vida probablemente fueron infundidos con aquellos que necesitan ver y escuchar el evangelio. No solo están en relación con los perdidos, sino que estas relaciones son el contexto principal para modelar la transformación que trae el evangelio.

¿Quién mejor para notar el cambio de pensamiento y práctica que sigue a la conversión que aquellos amigos que han visto el fruto de la injusticia que una vez definió la vida de una persona? Dado que el puente relacional a estas relaciones ya está en su lugar, es sabio aprovecharlos de inmediato por el bien del evangelio.

Segundo, este nivel de intencionalidad evangelística crea ritmos que deberían definir la vida de cualquiera que busque caminar fielmente con Cristo. El malestar y la apatía hacia el evangelismo, que con demasiada frecuencia caracterizan a la iglesia de Dios, es probablemente atribuible al hecho de que muchos creyentes nuevos internalizaron las prioridades de su iglesia que no lograron involucrarlos en el evangelismo al principio de sus caminatas cristianas.

Como resultado, para que el fervor evangelístico marque la iglesia de Dios una vez más, deben desaprender todo tipo de hábitos que parecen implicar que el evangelismo es un agregado arbitrario a una vida cristiana por lo demás suficiente. Vincular el ahorro y el envío le permite a la iglesia construir prácticas saludables desde el principio, en lugar de esperar que los ritmos saludables emerjan místicamente después de que ya se hayan forjado patrones muy contradictorios.

Esta mentalidad no implica necesariamente que es innecesario equipar y entrenar a los creyentes para la madurez. Lo que está en cuestión no es este objetivo loable, sino la búsqueda del discipulado de una manera que esté desconectada de la obra del evangelismo. No podemos esperar que el crecimiento de un discípulo extraído en la madurez se filtre a una cosecha en espera, sin importar la calidad y cantidad del buffet sagrado que ofrecemos.

Después de todo, si el hacer discípulos es la asignación que Jesús dio a su iglesia, entonces el evangelismo realmente no está terminado hasta que los evangelizados se encuentren como evangelistas y discipuladores.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Se Buscan: Nuevos Métodos de Iglesia Para las Nuevas Personas de la Iglesia

Por Karl Vaters

Con cada año que pasa, es menos probable que, cambiar el mundo con el Evangelio de Jesús, ocurra usando métodos tradicionales.

No hay nada malo con usar los métodos tradicionales de hacer iglesia. Mientras desees ministrar a los miembros tradicionales de la iglesia. Los tradicionalistas (sea cual sea tu tradición) necesitan lugares para adorar, aprender y ser discipulados. Muchos de ellos se han sentido ignorados, incluso ridiculizados, en los últimos años, ya que muchas iglesias se han apresurado a hacer cambios.

Pero, el miembro de la iglesia tradicional se está muriendo…literalmente.

Si realmente queremos cambiar el mundo con el Evangelio de Jesús, con cada año que pasa, es menos probable que ocurra usando métodos tradicionales.

Los Métodos Tradicionales de la Iglesia Solo Atraerán a las Personas Tradicionales de la Iglesia

Necesitamos nuevas formas de hacer iglesia. Es irónico que yo sea el hombre que diga esto. Por, al menos, dos razones.

Primero, soy una de las personas tradicionales. Un pastor de mediana edad y tercera generación, de una iglesia de ladrillo y mortero, con una hipoteca y un salario de tiempo completo. Seguro, la iglesia que pastoreo tiene un perfil demográfico ligeramente más joven que el promedio. Y sí, comenzamos a vestirnos de manera informal antes de que la mayoría de las iglesias lo hicieran. Pero, si la escena de miembros de la iglesia que visten jeans, bebiendo un café al escuchar el sermón, se siente radical, bueno, esa es solo una evidencia de lo no radicales que realmente somos.

Segundo, como un hombre de la iglesia tradicional, no tengo idea de lo que estoy pidiendo. Ninguna idea. ¿Cómo se vería un cambio radical, inspirado por Dios, que honra a la Biblia, que transforma la vida, y que alcanza a las personas, en la forma en que hacemos iglesia? No tengo idea, pero sé esto. No solo estamos viendo una idea o una nueva forma de hacer iglesia. Necesitamos estar abiertos a muchas nuevas ideas y nuevas formas de hacer la iglesia. Los días de aterrizar en un formato de iglesia en particular, para entonces promoverlo como la manera correcta de hacer iglesia, no pueden terminar lo suficientemente pronto.

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Posibilidades Futuras de la Iglesia

En realidad, hay algunos principios que creo que serán más comunes en los próximos años. Creo que es probable que la iglesia nueva y dinámica sea:

  • Reuniones en grupos más pequeños, en lugar de grupos más grandes, incluso en las grandes ciudades.
  • En sitios no tradicionales.
  • Culto local y menos genérico.
  • Más práctica en cuanto a la misión y alcance
  • Mayor enfoque en la construcción de relaciones
  • Altamente adaptable, incluso experimental
  • Apasionadamente centrada en las verdades fundamentales de la Palabra de Dios

Por lo menos eso espero.

Desafortunadamente, también es muy probable que, mientras que estas nuevas formas de hacer iglesia sean vistas con alegría y alivio por parte de algunos, serán recibidas con escepticismo por muchos.

Levántate y Destaca

Si estás locamente enamorado de Jesús y quieres ayudar a otras personas a enamorarse con locura de Jesús, pero no puedes descubrir cómo hacerlo en un entorno tradicional de iglesia local, esta es mi sugerencia.

Deja de intentar encajar.

Comienza a destacar.

Comienza a ministrar las verdades inmutables de Jesús de maneras que tengan sentido para las personas a las que Dios te llama a ministrar, incluso si son los tipos de personas que no vendrían a una iglesia tradicional. No te preocupes por todos los detractores que te condenarán solo porque lo que estás haciendo es diferente.

La iglesia podría usar un barco lleno de cosas diferentes en este momento.

Y, tampoco soy la única persona tradicional de la iglesia que te animará. Hay muchos de nosotros. Puede que no sepamos cómo hacerlo nosotros mismos, pero tal vez podamos ser como Simeón y Ana. Tal vez podamos reconocer a Jesús cuando se presente en el templo de una manera que nadie más esperaba.

Después de todo, la única forma “correcta” de hacer iglesia es cualquier forma que logre alcanzar a las personas para Jesús.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today.

 

Ulrico Zuinglio

*El siguiente es un fragmento del libro “131 Cristianos Que Todos Deberían Conocer”

Un reformador militante suizo

Por el amor de Dios, no entres en conflicto con la Palabra de Dios. Porque ciertamente persistirá, tan cierto como que el Rin sigue su curso. Uno quizá puede contenerlo por un tiempo, pero es imposible detenerlo.”

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Ulrico Zuinglio, el capellán de la ciudad, se presentó delante del Concilio de la Ciudad de Zúrich en enero de 1523. Los vientos de la reforma habían cruzado, desde la Alemania de Lutero, sobre los Alpes, y Zuinglio estaba discutiendo 67 tesis, comenzando con “Todo aquel que dice que el evangelio es nulo sin la confirmación de la iglesia comete error y calumnia a Dios.” Aunque eran 28 tesis menos que las 95 de Lutero, publicadas unos seis años antes, los argumentos de Zuinglio fueron más persuasivos: las autoridades le dieron permiso de continuar su predicación, que enfatizaba primero a Cristo y después a la iglesia (“Cristo es el único mediador entre Dios y nosotros,” decía otra de las tesis de Zuinglio). La Reforma en Suiza estaba en camino, y Zuinglio jugaría un papel clave en los primeros años.

1.pngAnsioso por su cargo

Zuinglio fue hijo de un exitoso agricultor en el Valle Toggaburg de los Alpes orientales bajos. Ahí, Zuinglio adquirió un profundo amor por su tierra natal. Después, el tradujo una línea del Salmo 23, “En los hermosos Alpes, él me cuida,” y usó el río Rin como una ilustración de un tema clave en su predicación: “Por el amor de Dios, no entres en conflicto con la Palabra de Dios. Porque ciertamente persistirá, tan cierto como que el Rin sigue su curso. Uno quizá puede contenerlo por un tiempo, pero es imposible detenerlo.”

Pero le tomó años a Zuinglio descubrir el poder de esta Palabra. Luego de graduarse de la Universidad de Basilea in 1506, se convirtió en un sacerdote de parroquia en Glarus. Desde el principio, él tomó muy en serio sus deberes sacerdotales. Después el escribió, “Aunque era joven, los deberes eclesiales me inspiraron más miedo que gozo, porque sabía, y permanezco convencido, que daría cuenta de la sangre de las ovejas que perecerían como una consecuencia de mi negligencia.”

El sentido de responsabilidad por su cargo (en lugar de, como Lutero, una búsqueda personal de salvación) motivó el creciente interés de Zuinglio por la Biblia. En una era donde los sacerdotes comúnmente no estaban familiarizados con las Escrituras, Zuinglio se enamoró de ellas, después de comprar una copia de la traducción al latín del Nuevo Testamento de Erasmus. Él comenzó a auto-enseñarse griego, compró una copia del Nuevo Testamento de Erasmus en griego, y empezó a memorizar pasajes largos. En 1519 comenzó a predicar del Nuevo Testamento con regularidad.

En privado, Zuinglio empezó a desafiar las costumbres del Cristianismo Medieval, que pensaba no era bíblico. Luchó con el celibato clerical por algún tiempo (e incluso admitió que, como joven sacerdote, había tenido un romance). En 1522, se casó secretamente. Ese mismo año, el rompió el tradicional ayuno de Cuaresma (comiendo salchichas en público) y escribió en contra del ayuno.

Para el año 1523 estaba listo para llevar sus ideas a una audiencia más grande, y en enero hizo eso mismo antes del Concilio de la Ciudad de Zurich en lo que ahora es llamado el Primer Debate. El Segundo Debate se realizó en octubre, y con aprobación adicional del concilio, más reformas se llevaron a cabo: imágenes de Jesús, María, y los santos, fueron removidas de las iglesias; la Biblia debía tener preeminencia.

Argumentos por encima de la Cena

Las cosas se movieron rápido después de eso. En 1524 él se casó con su esposa, públicamente, insistiendo que los pastores tenían derecho al matrimonio. En 1525, él y otros, convencieron a la ciudad de abolir la Misa, con su énfasis en el milagro de la transubstanciación, y reemplazarla con un sencillo servicio que incluía la Santa Cena, pero solo como un memorial simbólico.

Tal y como resultó, fue la Santa Cena lo que impidió la unión de las reformas alemana y suiza. En una reunión en 1529 en Marburg, con el fin de unir los dos movimientos, Lutero y Zuinglio se conocieron. A pesar de que estuvieron de acuerdo en 14 puntos de doctrina, ellos tropezaron en el número quince: la Santa Cena. En contra de la perspectiva de Zuinglio, Lutero insistió en la presencia literal de Cristo. Zuinglio se frustró. Lutero dijo que Zuinglio era del diablo y que era nada más que “un loco agusanado”. Zuinglio resintió que Lutero lo tratara “como un burro.” Fue evidente que la reconciliación no fue posible.

Zuinglio murió dos años después en batalla, defendiendo Zúrich en contra de las fuerzas católicas y, los planes de difundir la Reforma en la Suiza alemana, se terminaron. Aun así, Zúrich permaneció siendo protestante, y bajo el liderazgo de Heinrich Bullinger, sucesor de Zuinglio, esta singular rama de la Reforma continuó floreciendo.

Publicado originalmente en: Christianity Today

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 2 de 2

Esta es la continuación del artículo publicado en la entrada anterior.

Ilustraciones que Conectan

Es por eso que las ilustraciones importan. Las ilustraciones nos ayudan a situarnos en la historia. Pero las ilustraciones que nos invitan a la necesidad de ser algo que realmente podemos imaginar. La mayoría de nosotros no luchamos contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Si nos pides que nos coloquemos en esa historia, siempre nos imaginaremos a nosotros mismos como el héroe– escondiendo los judíos en nuestro sótano o dando pan al soldado hambriento del otro lado.

Pero, siendo realistas, muchos de nosotros podemos imaginarnos luchando con nuestro hermano por el control remoto, o, años más tarde, peleando por el lugar donde la familia tendrá la reunión, o quién debería decirle a papá que es hora de dejar de conducir, o quién se quedará con la mesa del comedor cuando los padres hayan muerto. No nos imaginamos siendo el héroe en estas historias porque probablemente no lo hemos sido. Lo que necesitamos en una historia sobre nuestros hermanos, es una idea acerca de qué hacer a continuación––cómo se vería realmente ser como Cristo, no en algún pueblo francés en 1942, sino hoy en la sala de la casa o mañana en el teléfono.

Porque nosotros sabemos que las ilustraciones ayudan a nuestros oyentes a colocarse en la historia, los predicadores y los maestros podemos pasar mucho tiempo buscando la ilustración perfecta: la historia que se enlaza con el pasaje de la Escritura, con la extensión correcta, y que nos mueve fácilmente al siguiente punto. Esta es la razón por la que hay libros de ilustraciones disponibles para comprar y sitios web ansiosos porque te suscribas. Pero las ilustraciones enlatadas normalmente saben de esa manera: tienen la esencia de una buena historia, pero son carente de color y sabor.

Las ilustraciones más fuertes se extraen de la vida de la iglesia y del ministerio mismo. Si comienzas una oración con “Esta semana en el estudio Bíblico, Ben mencionó…” o “Nancy, de nuestra junta de la iglesia, me invitó a unirme a ella en una visita esta semana, y…” Las cabezas se van a levantar. La gente va a prestar atención. ¿Ben dijo algo interesante en el estudio bíblico? ¿Qué pasó en la visita?

De repente, la vida de la iglesia se ha convertido en el sermón. Alguien estaba prestando atención a las cosas que suceden cada semana. Este no fue un evento de una vez en la vida. El estudio de la Biblia ocurre cada semana. Los miembros de la Junta visitan a la gente todo el tiempo. Esta era la vida regular siendo llamada como un ejemplo de vida en el reino. La ilustración no era teórica, distante o abstracta. Era personal, atractiva, accesible, y relevante. Eso llama la atención de la gente.

Esto también significa que debemos prestar atención. Si has leído y estudiado tu texto a principios de la semana, vigila el resto de esa semana: identifica cualquier cosa que pueda vincular este texto a las vidas de estas personas. Un intercambio con el mesero en el almuerzo. Un artículo de una revista. Una canción en la radio. Otro pasaje de la Escritura. Una gran cita en las redes sociales. A medida que avanza la semana, escribe estas cosas. Incluso si sólo está remotamente conectado a lo que estás predicando o enseñando, grábalo. Nunca se sabe cómo el Espíritu puede usarlo.

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Una palabra de precaución

Una nota importante: Siempre pide permiso. Si Ben dice algo en el estudio Bíblico que llama la atención, menciónalo luego y ve si está bien usarlo y si quiere el crédito. Di algo como: “Me encantó lo que dijiste sobre el versículo 5. Puedo usar eso el domingo, ¿estaría bien si mencionara tu nombre?” No prometas que vas a usar la ilustración. Todos sabemos que lo que parece perfecto el miércoles por la mañana puede no encajar cuando estamos terminando el sermón o la lección el sábado por la noche.

También sabemos que algunas ilustraciones brillantes nos golpearon a las 6 de la mañana del domingo, y no siempre tenemos tiempo para consultar con la persona antes de predicar o enseñar. Pero si ellos no saben que vas a utilizarlos, no los utilices. El uso de los demás en las ilustraciones es una oportunidad para nosotros como pastores y maestros de cuidar bien a las personas. Queremos que se vean bien en las ilustraciones, y queremos que se sientan seguros en la iglesia. Respeta sus deseos si no quieren ser utilizados, o se ofrecen a cambiar su nombre o los detalles del evento si eso los hace sentir más cómodos con la idea. Pero si se niegan, respeta eso. Piensa en el uso de ilustraciones como una oportunidad para construir confianza con tu congregación.

Este artículo fue publicado originalmente en: Christianity Today

 

Cuenta Una Buena Historia Cuando Predicas/Enseñas – Parte 1 de 2

Escrito por: Mary S. Hulst. Trad. por: Yadira Morales

Cómo enseñar de una manera que conecte, impulse y construya confianza.


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Mis hijastros entran empujando la puerta después de ver una película con su padre. Están riendo, hablando y citando líneas de la película mientras exploran la alacena para comer algún aperitivo.

“¿Como estuvo la película?”

“¡Estuvo realmente buena! Muy divertida.”

Entonces hago esta pregunta: “¿De qué se trataba?”

Por lo general, ellos hacen una narración del relato “jugada por jugada,” uno de ellos hablando encima del otro para aclarar un punto en la trama. Me hablan de los actores, de los carros y de las partes divertidas. Me dicen quién ganó en el final y si este era mejor que el otro que era un poco como este pero que protagonizó ese otro tipo. Por supuesto todo esto se dice a través de bocados de queso cheddar y patatas fritas de crema agria.

Nunca, en todas las veces que me han hablado de películas, ¿alguna vez me miraron y me dijeron: “No puedo recordar. Había un tipo, y tal vez era un detective o algo así, y tenía un coche. Algo estalló. No lo sé.”

Siempre lo saben. Siempre pueden recordar. Siempre pueden decirme. Ese es el poder de una historia. Podemos recordar una película porque alguien nos está contando una historia. La historia comienza con personas que necesitan algo, o algo les sucede, o existe la promesa del amor, la amenaza de la extinción global, o una batalla épica entre el bien y el mal. La historia se desarrolla a medida que los personajes responden a lo que venga en su camino. Una buena historia nos atrae porque queremos saber cómo resulta: ¿El acusado cometió el crimen? ¿Los alienígenas destruyen la vida en la tierra? ¿La chica encuentra el amor?

Nuestro desafío como predicadores y maestros es que casi todos los que nos escuchan saben cómo se desarrolla la historia. Dios está en voz baja y sutil. El muchacho mata al gigante. Jesús cura al ciego. Tomás profesa la fe. Pablo, una vez más, le dice a la gente qué hacer. Bostezo. ¿Por qué nuestra gente debe seguir escuchando si saben cómo esto va a terminar? Hay un problema. Dios lo resuelve. Toma la ofrenda.

Necesitamos crear tensión, o tenemos que reconocer la tensión que ya existe. Porque aunque la mayoría de nuestros oyentes saben cómo resultan las historias bíblicas, no saben cómo están saliendo sus historias. No pueden leer hasta el final de sus libros. Todos nosotros, predicadores y asistentes, escuchamos las palabras de la Biblia y pensamos: ¿Es esto cierto? ¿Es importante? ¿Me sucederá a mí?

Esa es la tensión. ¿Es esta verdad para mí? ¿Es Dios el Dios real para mí? ¿Mis pecados están realmente perdonados, y cómo puedo saberlo? ¿Realmente importa una vida de obediencia cuando me está costando tanto?

Y ahí está nuestro anzuelo. Todos entran en la iglesia esperando, orando, pidiendo que algo que se diga o se cante les ayude, los consuele, los asegure, y a veces los desafíe, los condene o los empuje. Para decirlo simplemente: quieren verse ellos mismos en la historia.

Este artículo continuará en la siguiente entrada.

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