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8 Buenas Preguntas Para Evaluar a tu Iglesia

Por Dan Reiland

Es fácil estar tan ocupado haciendo el ministerio que no tomas el tiempo para evaluar tu ministerio.
Pero evaluar es mejorar.

Es como tu examen físico anual. Nadie quiere hacerse un chequeo, un análisis de sangre, y tal vez una prueba o dos, pero así aprendes lo que necesitas saber.

Entonces, por supuesto, necesitas poner en práctica lo que aprendes.

Plan de 4 puntos para mejorar:

  • Haz las preguntas correctas.
  • En un proceso grupal, da respuestas honestas.
  • Determina el plan de prioridades para mejorar.
  • Toma acción.

Comienza por hacer las preguntas correctas.

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8 buenas preguntas que ayudarán a que tu ministerio mejore:

1) ¿Cómo es que la cultura única de tu iglesia te ayuda a progresar?

Sam Chand escribió un excelente libro titulado Rompiendo el Código de Cultura de tu Iglesia. Afirma que más que la visión, los programas, el dinero o el personal, la cultura tiene el mayor impacto en el futuro de tu iglesia.

¿Cómo describirías tu cultura? ¿Esto es lo que quieres? ¿Tu cultura de iglesia, está ayudando o perjudicando mientras persigues el propósito de Dios para tu iglesia? ¿Qué cambios necesitas hacer? Si la cultura es saludable, ¿qué prácticas existen para mantenerse saludable?

2) ¿Cómo describirías la moral general de tu iglesia?

¿Están las personas felices con tu iglesia? Esa pregunta parece muy subjetiva, pero es sorprendentemente fácil de responder.

¿Confían en el liderazgo? ¿Están motivados acerca de la misión? ¿Están apasionados por seguir a Jesús? ¿Hay impulso? ¿Se resuelven los problemas con relativa facilidad (sin resistencia significativa)? Tienes la idea.

La moral y la cultura están estrechamente vinculadas. Si estás luchando y, la cultura y la moral no son ideales, te insto a verter tu energía de liderazgo allí primero.

3) ¿Cuál es tu acercamiento a la formación espiritual en tu iglesia?

¿Existe un sentido general de que la gente está buscando a Dios? No se trata de perfección, pero ¿ves progreso? ¿Qué factores consideras importantes para ayudar a evaluar la madurez espiritual? Considera cosas como la oración, el servicio a los demás, la obediencia y la generosidad financiera. ¿Qué tal el fruto del Espíritu como el amor, la alegría y la paz, etc.?

¿Utilizan grupos pequeños? ¿Cómo se desarrolla la comunidad? ¿Qué prioridad tiene la verdad bíblica? Un gran enfoque general para evaluar el crecimiento espiritual es reunir historias de cambio de vida.

4) ¿Estás desarrollando nuevos líderes?

Junto al favor de Dios, todo se eleva y cae en el liderazgo. ¿Los líderes de tu iglesia demuestran una fuerte profundidad espiritual y corazón de siervo? ¿Cuál es tu plan para encontrar y desarrollar nuevos y mejores líderes? No alcanzarás tu potencial como iglesia sin una dedicación seria a este proceso.

5) ¿Cómo describirías la fuerza de tus equipos de voluntarios?

¿Son tus voluntarios parte de equipos vibrantes y productivos o una banda de supervivientes que luchan? Mucho de eso depende de cómo seleccionas, entrenas, animas y empoderas a tus voluntarios. ¿Reclutas para una visión o simplemente para hacer una tarea?

Todas las iglesias se enfrentan a la presión de necesitar personas que sirvan como voluntarios, pero la forma en que construyas los equipos hace una diferencia significativa. ¿Cómo calificarías la conciencia de grupo de tus ministerios voluntarios? ¿Cuál es el primer y mejor paso para fortalecer tus equipos?

6) ¿Qué te dicen los indicadores financieros?

Es relativamente fácil medir los resultados cuando se trata de dinero. La oferta semanal define la realidad. Al mismo tiempo, uno de los desafíos más grandes que un líder enfrentará es inspirar exitosamente a la gente a confiar en Dios con sus finanzas y permanecer fiel para dar con generosidad.

¿Eres audaz en tu enseñanza de la verdad de Dios sobre el dinero? ¿Ofrecen formación práctica sobre la gestión del dinero? ¿Personalmente, modelas la generosidad? ¿Dónde eres más fuerte con respecto al dinero, la fe o la práctica?

7) ¿Estás en misión?

Primero debes estar claro sobre el propósito de tu iglesia. ¿Cuál es tu misión/visión – exactamente? ¿Tu congregación tiene un buen sentido de lo que eso significa? ¿Estás actuando sobre esa misión?

Es esencial que tus líderes se vuelvan y permanezcan alineados juntos en esa misión. Siempre se sentirá como si estuvieras nadando río arriba si no se dirigen hacia la misma dirección.

8) ¿Su gente invita con entusiasmo a otros a sus servicios de adoración?

He entrenado iglesias donde la gente tenía obviamente sentimientos tibios sobre el servicio de adoración. No estaban motivados para invitar a alguien, aunque tuvieran un amigo que querían traer.

No siempre es el servicio de adoración, pero comienza allí. ¿Hay algo con tu iglesia que haría que tu congregación se detuviera para invitar a sus amigos?

Esta es una enorme combinación evangelística. Si tu gente está comprometida con la visión lo suficiente para invitar a la gente a la iglesia, y su experiencia de adoración (desde la guardería para los pequeñitos hasta la manera de hacer la invitación) vale la pena invitar a la gente – ¡es la combinación por la que trabajas!

Confío en que estas preguntas te serán útiles a ti y a la salud de tu iglesia.

¡Oro por la sabiduría de Dios para tu liderazgo y su favor sobre ti!

Este artículo fue publicado originalmente en: danreiland.com

 

Arruinar y Recuperar La Relevancia – Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

old-bible-1498763-1600x1200Priorizamos la relevancia cultural cuando degradamos a otros que predican el evangelio. He visto los anuncios publicitarios de iglesias que dicen cosas como: “10 razones  por las que todas las demás iglesias de este estado apestan, pero la de nosotros es genial”. A menudo usan palabras como: “relevante, emocionante, fresca, o real” para explicar sus ministerios. Si no somos cuidadosos, mostraremos confianza en nuestra relevancia, no en el evangelio. Si el evangelio está en el centro de nuestro mensaje y ministerio, no comunicaremos nada que permita que la gente devalúe otras iglesias que predican el evangelio. Trabajaremos con ellos y oraremos por ellos.

Priorizamos la relevancia de la cultura cuando el evangelismo personal es un oxímoron para nuestras iglesias. La relevancia como meta hace modernos nuestros servicios de adoración y se convierten en un  lugar donde  la gente se conecta y los pastores son los únicos que le hablan a la gente sobre Jesús. Cuando el evangelio es el punto de relevancia, es una herramienta, los pastores equipan al pueblo de Dios para llevar el evangelio con ellos hacia sus comunidades. Seguro,  invitemos a nuestros vecinos a nuestros servicios de adoración y ministerios. Pero cuando se hace a solas, dificulta el trabajo del evangelio.

Priorizamos la relevancia cultural cuando la asistencia es más celebrada que las conversiones. En uno de nuestros estudios, preguntamos sobre la tasa de conversiones en las iglesias nuevas. Encontramos que la mayoría de las iglesias nunca cuestionan eso, e incluso si lo hacen, a menudo dan una cifra inflada. Una de las iglesias del estudio había hecho un trabajo increíble plantando múltiples iglesias. Tuvieron el valor de investigar a toda su gente y hacerles una pregunta muy simple: “¿Llegó a la fe en Cristo Jesús en esta iglesia?” La meta era el 10% de convertidos en las iglesias nuevas, pero encontraron que el resultado arrojaba solo entre el 2 y el 3%. Nuestro enfoque no puede estar simplemente en la asistencia, sino en buscar que los hombres y mujeres vengan a la fe en Cristo Jesús.

Priorizamos la relevancia cultural cuando no ofender a los creyentes es a menudo más importante que comunicar el evangelio. Dios nos enseñó muchas cosas en su búsqueda de creyentes. Es difícil ser percibido como sensible cuando se habla acerca del pecado y la muerte, sobre la cruz, los elementos centrales del evangelio. Considero que debemos enfocar nuestras necesidades en ser “buscadores comprensibles”: comunicar el evangelio clara y entendiblemente incluso al comunicar un mensaje que no es sensible o cómodo. La relevancia es una herramienta que ayuda a los buscadores a comprender la verdad del evangelio.

La buena noticia es que la relevancia cultural y el evangelio no están reñidos. La relevancia es una herramienta que muchas iglesias usan, porque es una consecuencia necesaria de hacer las cosas a la manera de Dios. Es un principio misiológico que nos ayuda a cumplir la meta de llevar el evangelio a grandes cantidades de gente. En cualquier comunidad en la que te encuentres, usa la relevancia con discernimiento y el evangelio con liberalidad.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/october/calling-for-contextualization-part-8-ruining-and.html

Arruinar y Recuperar La Relevancia – Parte 1 de 2

Compartimos el último artículo de la serie “Un llamado a la Contextualización” por Ed Stetzer para Christianity Today y traducido por Ariadna Romero.

Niños Gran Comisión JesúsCuando  lideras o  plantas una iglesia, la proclamación del evangelio en palabras y obras de gracia es central para tu llamado. Como cristianos y líderes, representamos a Jesús en la iglesia, hagamos las cosas como Jesús y contémosle a otros sobre Jesús. Y hagámoslo en formas que sean “relevantes”.

Si has leído mi blog desde hace algún tiempo, sabrás que soy un creyente de la relevancia de la cultura en nuestras iglesias. Quizás una mejor manera de decirlo es: creo que las iglesias centradas en el evangelio y bíblicamente fieles son culturalmente relevantes. No todos se emocionan con este tema, y comprendo sus preocupaciones porque yo también tengo algunas. Pero creo que la relevancia cultural es un aspecto necesario y una herramienta para los ministerios misionales en cada uno de nuestros contextos.

El evangelio debe ser entregado siempre a un contexto cultural específico. Ser culturalmente relevante es llevar el Evangelio inmutable hacia las siempre cambiantes culturas del mundo. Podemos hacer eso si escuchamos y entendemos la cultura, si aprendemos a hablar su idioma, si conectamos el evangelio a sus ídolos, y les mostramos la belleza de la supremacía de Jesús. Lee el enfoque de Pablo cuando escribe a las ciudades de Iconio, Listra, Macedonia y Atenas en Hechos 14-17 y encontrarás un excelente y perspicaz modelo de relevancia cultural.

Los problemas con la relevancia cultural empiezan cuando entendemos mal su importancia. A veces creemos que ser relevante quiere decir ser misional, pero no es así. La realidad es que podemos ser culturalmente relevantes y a la larga no ir a ningún lado para ayudar a la gente a conocer a Jesús o para servir en una misión. La relevancia es una implicación de misión, y una herramienta para la misión, pero no es la meta de la misión. Hacer discípulos a través de la proclamación del evangelio, esa es la meta. Si la relevancia cultural es nuestra meta, el evangelio se degrada y perdemos seguridad en su poder transformador y cuánto lo necesitamos.

¿Cómo es que esto sucede? ¿Cómo es que terminamos elevando la relevancia cultural, intencionalmente o no, a ser la meta? Aquí hay algunas respuestas:

Priorizamos la relevancia cultural cuando nos enfocamos en la transformación personal o social y no en la transformación del evangelio. El mensaje del evangelio no se trata de intentar ser mejores personas. Los ateístas, los mormones, y Oprah pueden ayudarte a ser bueno. El mensaje del evangelio no se trata de limpiar nuestras ciudades. Los ateístas, cientologístas y políticos pueden mejorar nuestras ciudades. La relevancia cultural, como meta, nos animará a detenernos ante los cambios que más necesitamos en nuestras vidas, los más profundos, debido al deseo de no ofender a los que viven en la cultura. Cuando es la meta, permanecemos en la superficie de cambio y evitamos el corazón. Pero si la relevancia cultural es una herramienta, enfocaremos nuestro trabajo en el evangelio que dice que necesitamos ser cambiados desde el interior y hasta el exterior. Nos enfocaremos en un ministerio en el cual Jesús transforme las vidas.

Priorizamos la relevancia cultural cuando nuestros sermones son tan prácticos que les falta realzar el evangelio. Por supuesto que no estoy diciendo que los sermones prácticos son malos. Pienso que los sermones con implicaciones y aplicaciones prácticas son esenciales. Algunos se esfuerzan tanto en ser prácticos en sus predicaciones que sus mensajes son fácilmente entendidos, recibidos y aplicados, pero Cristo no es dado a conocer. Busco nunca predicar un mensaje que no sería cierto si Jesús no hubiera muerto en la cruz.  Creer en una cruz sangrienta y en una tumba vacía debería ser fundamental para cualquier consejo que compartamos.

El Espectro de la Contextualización – Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

Ed Stetzer

Ed Stetzer

Por otra parte, el sincretismo es cuando terminamos mezclando elementos de la fe con elementos de la cultura de tal forma que resulta en la pérdida de las distinciones bíblicas. Yo diría que cuando mezclas el “pensamiento positivo” con la cristiandad, terminas con una expresión de sincretismo que básicamente dice: “Dios está aquí para ayudarte a ser mejor, y si sigues a Dios serás bendecido financieramente”.

Una de mis preocupaciones es que un número muy grande de personas que piensan: “No te preocupes por todas esas cosas de la contextualización. Solo predica el evangelio y ama a la gente”. Por supuesto, necesitamos predicar el evangelio y amar a la gente, pero creo que si tomamos a 2 misioneros y los enviamos a Pokot en África, y le enseñamos a uno de ellos a predicar el evangelio, amar a la gente, entender el contexto, y comunicarse en un contexto y formas apropiados, y enviamos al otro misionero y le decimos: “predica el evangelio y ama a la gente”, el primer misionero tendrá un impacto mucho mayor que el segundo misionero. Muy poca gente será alcanzada  por el evangelio a través del segundo misionero porque pocos podrán entender e interactuar con la verdad del evangelio.

Como explicó Tim Keller: “La contextualización no es darle a la gente lo que quiera. Es darle las respuestas de Dios (que probablemente no quieran) a las preguntas que están haciendo, en formas que ellos puedan comprender”.

Mi segunda preocupación es hay un gran número de gente que trabaja con la contextualización de manera descuidada, y sin una red teológica bien desarrollada. Pueden reunir una multitud y mover una congregación pero a pesar de los números, muy pocas personas son impactadas con el evangelio porque ése no es el punto más importante.

Así que la pregunta es, ¿cómo ir suficientemente lejos sin ir demasiado lejos?  No es fácil, y todos cometeremos errores en una dirección u otra. Se puede hablar mucho del tema, pero voy animarte a hacer 3 cosas:

  1. Evaluación Honesta.

Debemos considerar el espectro de la contextualización y evitar solo situarnos en el medio. Nos serán muy útiles algunas auto-evaluaciones honestas y humildes y algunas evaluaciones externas. Una de las preguntas más importantes es: ¿qué tan lejos es muy lejos? Pero qué tan lejos no es lo suficientemente lejos es igual de importante.

Mi experiencia es que la gente tiende a temer ambos extremos, el oscurantismo (o no ser capaz de conectar con la cultura) o el sincretismo (perder el evangelio y la verdad por la cultura). Necesitamos preocuparnos por ambas cosas, pero cuando estás más preocupado por una sola, tiendes a fallar en la otra.

  1. Lee La Historia De La Iglesia.

Mucho de lo que haces en tu adoración era controversial o considerado demasiado en algún punto del pasado. Tan solo la música es suficiente para ayudarte a pensar en estas situaciones. ¿Podríamos cantar canciones sin el salterio? ¿Qué pasa con los instrumentos? Eso fue debatido acaloradamente hace algunos cientos de años, y por supuesto, muchos cristianos estuvieron en contra. Y una vez que aceptas los instrumentos musicales, ¿cuáles son los aceptables? Leer cómo la iglesia manejó esos asuntos culturales históricamente te ayudará a pensar en los problemas culturales de tu propia iglesia (y la música es un ejemplo claro).

  1. Apégate Al Punto.

Finalmente, lo más importante y necesario es el discernimiento bíblico y serio, así como mantenerse centrado en el evangelio. El discernimiento bíblico te protegerá contra los ataques, y mantenerte centrado en el evangelio te llevará adelante en la misión de alcanzar a la gente a la que Dios te ha enviado.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/september/calling-for-contextualization-part-7-contextualization.html

Amar y Odiar al Mundo: Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

corazon-mundoLas palabras de Pablo dejan en claro dos cosas. Primero, no tiene absolutamente ninguna intención de separar a los cristianos de los no cristianos. Para el, ese concepto era risible porque negaría la razón de que los cristianos vivan en el mundo. Segundo, alguien que proclame el nombre de Cristo debe guardar un estándar de vida increíblemente alto. Si tal persona olvida en donde está o a quien debe su lealtad, y adopta una actitud contraria al amor, la ley y la dirección de Dios, los fieles seguidores de Cristo se alejarán de tal persona. Deberán escoger. (Esto, dicho sea de paso, es la parte olvidada de la doctrina bíblica de la separación. No hemos sido instruidos para separarnos de los perdidos, sino de los miembros de la iglesia que viven y disfrutan de su profunda depravación, hasta el tiempo en que den evidencia de su arrepentimiento).

Algunos de nosotros escogeríamos no participar en el sistema del mundo, y optaríamos por aislarnos en una burbuja hecha a semejanza de Cristo, una vida construida para que vivamos nuestros días sin toparnos nunca con alguien que no cree o vive como lo hacemos nosotros. Seguros y separados de los leprosos espirituales de afuera, podemos gloriarnos en Cristo desde el preescolar hasta que nos graduemos de la escuela, en la música cristiana, en las novelas de romances cristianos, en los libros de liderazgo cristianos, e incluso con los dulces cristianos de Halloween. Gracias a Dios por los cristianos de las páginas amarillas. La única cosa que no tendremos es la influencia personal  del evangelio en las vidas de aquellos que no conocen a Cristo. Es difícil hacer discípulos de la gente con la que ni siquiera hablamos. En un giro perverso de las expectativas de nuestro Señor, muchos cristianos se encuentran a sí mismos en el mundo por medio de una especie de imitación pseudo santa, pero que no es real.

Es fácil para nosotros seguir perdiendo la marca de estas dos implicaciones. Con frecuencia, nuestras vidas como seguidores de Cristo no lucen diferentes del sistema del mundo. Nos conformamos con demasiada frecuencia con una santidad truncada, con un leve brillo de espiritualidad cristiana pero mayormente inofensiva para el mundo, mientras pasamos por alto la codicia, la arrogancia, la injusticia. Juan describió el sistema del mundo – la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios – muy claramente. Después de implorarnos no amar esa actitud en 1 de Juan 2:15 el continúa (parafraseando): “Porque todo lo que hay en el mundo (los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida) no proviene del Padre, sino de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios”. Y entonces el verso 17 confirma el contraste eternal: “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Pero en esta dicotomía “mundo vs mundo”, encontramos una sutileza que con frecuencia ciega a los cristianos. En el promedio de las mañanas dominicales, hay tanto del mundo en el edificio de la iglesia como lo hay afuera. ¿Por qué? Porque “la mundanería” no reside en Tennessee, Canadá, o Rusia, es decir, en la tierra.; reside en el corazón y las actitudes humanas – en ambos, tanto creyentes como no creyentes de todo el mundo. Es por eso que la separación del mundo no es cuestión de evitar a la gente, sino de una constante lucha dentro de nosotros mismos contra la actitud que nos haría rechazar el amor, la ley y la dirección de Dios en nuestras vidas.

Como la iglesia enviada de Dios, debemos amar con el amor de Cristo a la gente que vive en esta tierra, expresar ese amor con palabras, obras, mientras que se odian los sistemas rotos y pecaminosos del mundo que luchan contra el reino de Dios.

 Esta se convierte en una distinción importante respecto a la contextualización, el objetivo de esta serie (ver las partes 1-5). La contextualización nos recuerda que necesitamos genuinamente estar EN el mundo, pero no SER del mundo.

Yo quiero expresarlo así: bíblicamente fiel, culturalmente relevante, comunidades de contracultura para el Reino. O, para esta conversación, somos:

-Bíblicamente fieles (Guiados por la Escritura)

-Culturalmente relevantes (Vivir en medio del mundo con la gente y su cultura)

-Comunidades de contracultura (No ser parte del sistema mundano de valores o moralidad)

-Para el Reino.

Y entonces resulta que Juan no estaba para nada confundido.

Aunque la iglesia pueda que sí lo esté.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Amar y Odiar al Mundo: Parte 1 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

Un artículo más de la serie “Un llamado a la Contextualización”, en este caso el número 6.

lugares-para-vivir¿En qué piensas cuando escuchas la frase “el mundo”? ¿Te provoca una respuesta positiva o negativa?

Las Escrituras tienen mucho que decir respecto al “mundo” y en una cultura superficial, pudiera parecer contradictorio. Consideren por ejemplo lo que dice el Apóstol Juan. En Juan 3:16 el escribió: “De tal manera amó Dios al mundo…” Pero luego en Juan 2:15 escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Recopiló las palabras de Jesús en Juan 12:47: “Porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”, pero lo relaciona con la amonestación de Jesús en 15:19: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.

Parecería que el pobre Juan no puede decidir si debemos amar u odiar “el mundo”.

Por supuesto, Juan no estaba confundido. Las Escrituras establecen una distinción entre la gente del mundo y el sistema caído de ideas que funcionan en rebelión contra Dios. En ese sentido, tendremos que amar y odiar el mundo. (Prov. 8:13). Parte de ello tiene que ver con vivir en el mundo (estar presente y activo en donde Dios nos ha enviado) pero no ser parte del mundo (ser influenciado y aceptar un sistema profundamente opuesto a Dios). Muchos cristianos, sin embargo, están tan temerosos de ser parte del mundo que se aíslan completamente de cualquier cosa relacionada con él. Bajo la bandera de “separación”, se han ido a la clandestinidad y han desaparecido de la vista. Esa no es la manera en la que se supone que debemos de vivir como ciudadanos del reino de Dios – y eso niega la misión natural de la iglesia-.

Quizás un cambio en los términos ayudaría a clarificar el problema. Vamos a usar por un momento “la gente de la tierra” en lugar de “el mundo” (donde vivimos) y la frase “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios para el mundo” (el sistema caído). Ahora, vamos a parafrasear: “Sean parte de la gente de la tierra (en el mundo) pero no de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios” (del mundo). Este simple contraste debe traer una gran claridad sobre esta línea de pensamiento que es potencialmente confusa. Ahora leamos Juan 3:16: “De tal manera amó Dios a la gente de la tierra…” y Juan 2: “No améis la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, ni las cosas que tomen prioridad sobre el amor, la ley y la dirección de Dios. Si alguno ama la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, el amor del Padre no está en él”.  Se vuelve evidente que Juan y otros autores del Nuevo Testamento se refieren a dos temas diferentes: un lugar de residencia y el pueblo al que ama Dios, y una condición del corazón que se opone a Dios.

La Biblia nos dice específicamente que vivamos con gente mundana. Eso es exactamente lo que le ocasionaba problemas a Jesús – andar con borrachos, pecadores, prostitutas… ustedes saben, la gente “mala”. Pablo enfatizó el mismo punto en la iglesia de Corinto. La iglesia se ha vuelto confusa sobre algunas cosas que el apóstol enseñó. En respuesta se empezó a desasociar del mundo (la gente) alrededor de ella. Pero Pablo quería que entendieran que la solución a sus problemas – y sí que tenían muchos problemas- no era apartarse de la gente alrededor de ellos:

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”  1 Corintios 5:9-11

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Indigenización – Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

Ed Stetzer

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Esto significa que nos aferramos a la verdad inmutable de Dios, respetando los enfoques para conducirnos bíblicamente en las misiones del pasado, al mismo tiempo que se evalúa lo que debe ser hecho en estas nuevas culturas y contextos con la misma verdad en las directivas dadas por Dios.

Allen Tippet lo explicaría de la siguiente manera en 1969:

Cuando la gente de una comunidad indigenista piensa que en el Señor como suyo, no como un Cristo extranjero; cuando ellos hacen cosas como para el Señor, conociendo las necesidades culturales alrededor de ellos, adorando en patrones que ellos entienden; cuando sus congregaciones funcionan en participación en un cuerpo que es estructuralmente indigenista; entonces tienes una iglesia indigenista.

Así que por un lado, esto no deja espacio para esnobismos cronológicos que crean que: “Todos los que estuvieron antes de mí, que utilizaron las técnicas ahora recopiladas, eran idiotas”. Por 2 mil años Dios ha usado muchas expresiones diferentes  en diferentes tiempos para alcanzar a la gente con Su verdad inmutable.

Por otro lado, eso nos desmotiva para llamar sagrados a los viejos métodos. Debemos ser cuidadosos y no creer que podemos intentar ir a una era en particular e implementar las técnicas que funcionaron en el pasado, esperando los mismos resultados hoy en día. En  la Escuela Dominical de 1950, las campañas de inscripción a través de los ministros de autobuses fueron herramientas maravillosas que Dios usó.

Sin embargo, la razón por la cual no hay iglesias que tengan autobuses hoy día, es porque los ministros de autobuses, como herramienta, no se han adaptado al medio cultural en el que nos encontramos actualmente. Debería ser obvio para este momento  pero aún seguimos perdiendo de vista la idea principal. No necesitamos iglesias que repartan galletas, que sean idénticas en todas sus formas de ministerios, sino que necesitamos iglesias que lleven el sello universal del evangelio, la imagen de Jesús, la belleza de la santidad, y la misión que le ha sido dada por Dios en su contexto particular y único.

Recientemente estuve hablando con un pastor que plantó una iglesia en un distrito artístico de Mississippi. Cuando le pregunté cuales habían sido algunas de sus más grandes dificultades, señaló el hecho de que, culturalmente hablando, en Mississippi (al menos entre Anglos) volverse cristiano significa que uno se vuelve republicano. Situaciones como esas llevan a la gente a pensar que entienden perfectamente lo que es seguir a Cristo y continúan rechazándolo por las razones equivocadas.

Esta es solo una de las razones por las que debemos remover todas las barreras culturales que podamos, para que los hombres y mujeres puedan ser confrontados  honestamente con la cruda realidad de una cruz ensangrentada y una tumba vacía. Siempre habrá piedras de tropiezo rumbo a la cruz (y siempre debemos buscar quitarlas) pero una iglesia indigenista busca quitar las barreras innecesarias a lo largo del camino. Si no es así, nos volvemos, citando el libro de Dean Gilliland, The Word Among Us (La Palabra En medio de Nosotros) “Están tan atados a las formas convencionales de practicar y enseñar la fe que les encubren la verdad y el poder a aquellos que están intentando ver a través de ojos muy diferentes”.

Entonces encontramos iglesias con un delicado balance entre la necesidad del estilo “Volver al Futuro” en ciertos enfoques sin conceder las Verdades del Evangelio que no siempre son bien recibidas. Sin embargo, las iglesias indigenistas necesitan echar raíces. Necesitamos la fidelidad bíblica de las iglesias koreanas, si es que estamos trabajando en una comunidad koreana. Necesitamos iglesias con fidelidad bíblica post moderna si es que estamos en una comunidad  post modernista (o en comunidades post post modernistas).

Y así pudiera continuar.

Necesitamos Iglesias que sean bíblicamente fieles, comunidades contraculturales que reflejen su entorno donde sea apropiado. Cuando las iglesias tienen la marca de ser iglesias bíblicas y simultáneamente se vuelven indigenistas en suelo sano, Dios es glorificado y la misión de Dios avanza.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-5-indigenization.html

Indigenización – Parte 1 de 2

Por: Ed Stetzer / Traducido por: Ariadna Romero

A continuación más de la serie “Un llamado a la Contextualización” publicada en Christianity Today originalmente (http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-5-indigenization.html).

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Si existiera algo como el Salón de la Fama para las películas de los 80’s, Volver al Futuro tendría que estar ahí. En su apogeo, Michael J. Fox usaba su característico chaleco rojo, montando su patineta a través de la ciudad, haciendo una buena interpretación de Marty McFly. En una de las escenas más memorables de la película, Marty está tocando la guitarra en el baile de graduación de sus padres en el año 1955. Lo que inicia como una actuación del gusto del público, la canción “Jhonny B. Goode”, termina siendo confusa cuando Marty hace un solo de guitarra muy intenso del año 1985. La audiencia de 1955 simplemente no pudo conectarse con la música de los 80´s y Marty tuvo que dejar el escenario de una manera muy incómoda.

De forma breve (y humorística) esa escena ejemplifica el desafío de crear una expresión indígena en un contexto foráneo – algunas veces nuestras expresiones simplemente no encajan-.

Es muy común tener este tipo de desafíos en un contexto transcultural, pero podemos ser desafiados en cualquier lugar  y contexto en donde estemos buscando representar fielmente a Cristo. Si lo que hacemos aparenta ser foráneo, el resultado final puede ser confuso. En algunos lugares se requiere que cambies el largo de tu cabello, que cambies tu afiliación de partido político, o que cambies tu forma de vestir si quieres unirte a una comunidad cristiana, este tipo de cosas se han llegado a sintetizar con el evangelio. En otras palabras, si cada cristiano que conoces se vistiera de la misma forma (y esto difiere según la cultura de cada quien) sería fácil concluir que para llegar a ser cristiano uno tiene que cambiar su vestimenta.

Como he dicho en varias ocasiones en esta serie de publicaciones, contextualizamos porque deseamos comunicar el evangelio de manera clara. Nuestro deseo es que el evangelio, que es eternal e inmutable, pueda nacer y formar una iglesia que encaje en su contexto en algunas situaciones, y que no encaje en algunas otras. Esa iglesia pudiera convertirse en indigenista en su contexto, donde  eche raíces en su hábitat natural, del mismo modo que se describiría una planta indígena en términos de botánica.

Debemos esperar para ver y trabajar para crear expresiones indígenas de aquellas iglesias centradas en el evangelio y formadas misionalmente. Y la contextualización es parte de ese proceso que nos mueve hacia la indigenización. Como he dicho antes, el trabajo de la contextualización  crea tensión. Sin la contextualización, acabamos con un evangelio ininteligible. Sin la contextualización funcionando, terminaremos viviendo fuera de las normas culturales y creyendo que eso es el evangelio.

Todo aquel que vive en una cultura como misionero sabe que esto es cierto. Pero lamentablemente, a menudo les prohibimos a las iglesias  norteamericanas hacer lo mismo que requiere hacer un misionero internacional: considerar la cultura, sus ídolos y puentes, y buscar contextualizar nuestra iglesia a esos ajustes.

En consecuencia, uno esperaría que una iglesia bíblicamente fiel e indigenista luciera diferente en Senegal y en Singapur. Sin embargo, uno también debe esperar que una iglesia indigenista luzca diferente en Seattle y en Savannah. Las iglesias indigenistas lucen distintas de locación en locación. Aún más, lucen diferente de generación en generación (si tu iglesia tiene más de 100 años, no importa qué tanto hayas intentado que no cambie, ha cambiado para relacionarse mejor con su contexto). Las iglesias fielmente indigenistas toman sus enseñanzas de los textos bíblicos que son inmutables, entre tanto que se adaptan y participan en el siempre cambiante entorno cultural.

Esta no es una idea nueva (y ciertamente yo no la descubrí). Esta práctica ha estado sucediendo desde el nacimiento de la iglesia. La terminología se desarrolló cuando la misiología se convirtió en una disciplina formal. En consecuencia,  en 1938, el Consejo Internacional de Misiones afirmaría que:

Una iglesia indigenista, joven o vieja, en el Este o en el Oeste, es una iglesia que, arraigada en obediencia a Cristo, usa espontáneamente formas de pensamiento y modos de acción naturales y familiares en su propio contexto. Tal iglesia se levanta en respuesta al propio llamado de Cristo. Las iglesias más jóvenes no serán desconsideradas con las experiencias y enseñanzas que las iglesias más antiguas han recopilado en sus confesiones y liturgia. Cada iglesia  nueva buscará más para dar testimonio del mismo evangelio con nuevas lenguas

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