Amar y Odiar al Mundo: Parte 1 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

Un artículo más de la serie “Un llamado a la Contextualización”, en este caso el número 6.

lugares-para-vivir¿En qué piensas cuando escuchas la frase “el mundo”? ¿Te provoca una respuesta positiva o negativa?

Las Escrituras tienen mucho que decir respecto al “mundo” y en una cultura superficial, pudiera parecer contradictorio. Consideren por ejemplo lo que dice el Apóstol Juan. En Juan 3:16 el escribió: “De tal manera amó Dios al mundo…” Pero luego en Juan 2:15 escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Recopiló las palabras de Jesús en Juan 12:47: “Porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”, pero lo relaciona con la amonestación de Jesús en 15:19: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.

Parecería que el pobre Juan no puede decidir si debemos amar u odiar “el mundo”.

Por supuesto, Juan no estaba confundido. Las Escrituras establecen una distinción entre la gente del mundo y el sistema caído de ideas que funcionan en rebelión contra Dios. En ese sentido, tendremos que amar y odiar el mundo. (Prov. 8:13). Parte de ello tiene que ver con vivir en el mundo (estar presente y activo en donde Dios nos ha enviado) pero no ser parte del mundo (ser influenciado y aceptar un sistema profundamente opuesto a Dios). Muchos cristianos, sin embargo, están tan temerosos de ser parte del mundo que se aíslan completamente de cualquier cosa relacionada con él. Bajo la bandera de “separación”, se han ido a la clandestinidad y han desaparecido de la vista. Esa no es la manera en la que se supone que debemos de vivir como ciudadanos del reino de Dios – y eso niega la misión natural de la iglesia-.

Quizás un cambio en los términos ayudaría a clarificar el problema. Vamos a usar por un momento “la gente de la tierra” en lugar de “el mundo” (donde vivimos) y la frase “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios para el mundo” (el sistema caído). Ahora, vamos a parafrasear: “Sean parte de la gente de la tierra (en el mundo) pero no de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios” (del mundo). Este simple contraste debe traer una gran claridad sobre esta línea de pensamiento que es potencialmente confusa. Ahora leamos Juan 3:16: “De tal manera amó Dios a la gente de la tierra…” y Juan 2: “No améis la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, ni las cosas que tomen prioridad sobre el amor, la ley y la dirección de Dios. Si alguno ama la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, el amor del Padre no está en él”.  Se vuelve evidente que Juan y otros autores del Nuevo Testamento se refieren a dos temas diferentes: un lugar de residencia y el pueblo al que ama Dios, y una condición del corazón que se opone a Dios.

La Biblia nos dice específicamente que vivamos con gente mundana. Eso es exactamente lo que le ocasionaba problemas a Jesús – andar con borrachos, pecadores, prostitutas… ustedes saben, la gente “mala”. Pablo enfatizó el mismo punto en la iglesia de Corinto. La iglesia se ha vuelto confusa sobre algunas cosas que el apóstol enseñó. En respuesta se empezó a desasociar del mundo (la gente) alrededor de ella. Pero Pablo quería que entendieran que la solución a sus problemas – y sí que tenían muchos problemas- no era apartarse de la gente alrededor de ellos:

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”  1 Corintios 5:9-11

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 15 enero 2016 en Cultura, El Misionero Nazareno, La Misión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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