Amar y Odiar al Mundo: Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

corazon-mundoLas palabras de Pablo dejan en claro dos cosas. Primero, no tiene absolutamente ninguna intención de separar a los cristianos de los no cristianos. Para el, ese concepto era risible porque negaría la razón de que los cristianos vivan en el mundo. Segundo, alguien que proclame el nombre de Cristo debe guardar un estándar de vida increíblemente alto. Si tal persona olvida en donde está o a quien debe su lealtad, y adopta una actitud contraria al amor, la ley y la dirección de Dios, los fieles seguidores de Cristo se alejarán de tal persona. Deberán escoger. (Esto, dicho sea de paso, es la parte olvidada de la doctrina bíblica de la separación. No hemos sido instruidos para separarnos de los perdidos, sino de los miembros de la iglesia que viven y disfrutan de su profunda depravación, hasta el tiempo en que den evidencia de su arrepentimiento).

Algunos de nosotros escogeríamos no participar en el sistema del mundo, y optaríamos por aislarnos en una burbuja hecha a semejanza de Cristo, una vida construida para que vivamos nuestros días sin toparnos nunca con alguien que no cree o vive como lo hacemos nosotros. Seguros y separados de los leprosos espirituales de afuera, podemos gloriarnos en Cristo desde el preescolar hasta que nos graduemos de la escuela, en la música cristiana, en las novelas de romances cristianos, en los libros de liderazgo cristianos, e incluso con los dulces cristianos de Halloween. Gracias a Dios por los cristianos de las páginas amarillas. La única cosa que no tendremos es la influencia personal  del evangelio en las vidas de aquellos que no conocen a Cristo. Es difícil hacer discípulos de la gente con la que ni siquiera hablamos. En un giro perverso de las expectativas de nuestro Señor, muchos cristianos se encuentran a sí mismos en el mundo por medio de una especie de imitación pseudo santa, pero que no es real.

Es fácil para nosotros seguir perdiendo la marca de estas dos implicaciones. Con frecuencia, nuestras vidas como seguidores de Cristo no lucen diferentes del sistema del mundo. Nos conformamos con demasiada frecuencia con una santidad truncada, con un leve brillo de espiritualidad cristiana pero mayormente inofensiva para el mundo, mientras pasamos por alto la codicia, la arrogancia, la injusticia. Juan describió el sistema del mundo – la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios – muy claramente. Después de implorarnos no amar esa actitud en 1 de Juan 2:15 el continúa (parafraseando): “Porque todo lo que hay en el mundo (los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida) no proviene del Padre, sino de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios”. Y entonces el verso 17 confirma el contraste eternal: “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Pero en esta dicotomía “mundo vs mundo”, encontramos una sutileza que con frecuencia ciega a los cristianos. En el promedio de las mañanas dominicales, hay tanto del mundo en el edificio de la iglesia como lo hay afuera. ¿Por qué? Porque “la mundanería” no reside en Tennessee, Canadá, o Rusia, es decir, en la tierra.; reside en el corazón y las actitudes humanas – en ambos, tanto creyentes como no creyentes de todo el mundo. Es por eso que la separación del mundo no es cuestión de evitar a la gente, sino de una constante lucha dentro de nosotros mismos contra la actitud que nos haría rechazar el amor, la ley y la dirección de Dios en nuestras vidas.

Como la iglesia enviada de Dios, debemos amar con el amor de Cristo a la gente que vive en esta tierra, expresar ese amor con palabras, obras, mientras que se odian los sistemas rotos y pecaminosos del mundo que luchan contra el reino de Dios.

 Esta se convierte en una distinción importante respecto a la contextualización, el objetivo de esta serie (ver las partes 1-5). La contextualización nos recuerda que necesitamos genuinamente estar EN el mundo, pero no SER del mundo.

Yo quiero expresarlo así: bíblicamente fiel, culturalmente relevante, comunidades de contracultura para el Reino. O, para esta conversación, somos:

-Bíblicamente fieles (Guiados por la Escritura)

-Culturalmente relevantes (Vivir en medio del mundo con la gente y su cultura)

-Comunidades de contracultura (No ser parte del sistema mundano de valores o moralidad)

-Para el Reino.

Y entonces resulta que Juan no estaba para nada confundido.

Aunque la iglesia pueda que sí lo esté.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 18 enero 2016 en Cultura, El Misionero Nazareno, La Misión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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