Arruinar y Recuperar La Relevancia – Parte 1 de 2

Compartimos el último artículo de la serie “Un llamado a la Contextualización” por Ed Stetzer para Christianity Today y traducido por Ariadna Romero.

Niños Gran Comisión JesúsCuando  lideras o  plantas una iglesia, la proclamación del evangelio en palabras y obras de gracia es central para tu llamado. Como cristianos y líderes, representamos a Jesús en la iglesia, hagamos las cosas como Jesús y contémosle a otros sobre Jesús. Y hagámoslo en formas que sean “relevantes”.

Si has leído mi blog desde hace algún tiempo, sabrás que soy un creyente de la relevancia de la cultura en nuestras iglesias. Quizás una mejor manera de decirlo es: creo que las iglesias centradas en el evangelio y bíblicamente fieles son culturalmente relevantes. No todos se emocionan con este tema, y comprendo sus preocupaciones porque yo también tengo algunas. Pero creo que la relevancia cultural es un aspecto necesario y una herramienta para los ministerios misionales en cada uno de nuestros contextos.

El evangelio debe ser entregado siempre a un contexto cultural específico. Ser culturalmente relevante es llevar el Evangelio inmutable hacia las siempre cambiantes culturas del mundo. Podemos hacer eso si escuchamos y entendemos la cultura, si aprendemos a hablar su idioma, si conectamos el evangelio a sus ídolos, y les mostramos la belleza de la supremacía de Jesús. Lee el enfoque de Pablo cuando escribe a las ciudades de Iconio, Listra, Macedonia y Atenas en Hechos 14-17 y encontrarás un excelente y perspicaz modelo de relevancia cultural.

Los problemas con la relevancia cultural empiezan cuando entendemos mal su importancia. A veces creemos que ser relevante quiere decir ser misional, pero no es así. La realidad es que podemos ser culturalmente relevantes y a la larga no ir a ningún lado para ayudar a la gente a conocer a Jesús o para servir en una misión. La relevancia es una implicación de misión, y una herramienta para la misión, pero no es la meta de la misión. Hacer discípulos a través de la proclamación del evangelio, esa es la meta. Si la relevancia cultural es nuestra meta, el evangelio se degrada y perdemos seguridad en su poder transformador y cuánto lo necesitamos.

¿Cómo es que esto sucede? ¿Cómo es que terminamos elevando la relevancia cultural, intencionalmente o no, a ser la meta? Aquí hay algunas respuestas:

Priorizamos la relevancia cultural cuando nos enfocamos en la transformación personal o social y no en la transformación del evangelio. El mensaje del evangelio no se trata de intentar ser mejores personas. Los ateístas, los mormones, y Oprah pueden ayudarte a ser bueno. El mensaje del evangelio no se trata de limpiar nuestras ciudades. Los ateístas, cientologístas y políticos pueden mejorar nuestras ciudades. La relevancia cultural, como meta, nos animará a detenernos ante los cambios que más necesitamos en nuestras vidas, los más profundos, debido al deseo de no ofender a los que viven en la cultura. Cuando es la meta, permanecemos en la superficie de cambio y evitamos el corazón. Pero si la relevancia cultural es una herramienta, enfocaremos nuestro trabajo en el evangelio que dice que necesitamos ser cambiados desde el interior y hasta el exterior. Nos enfocaremos en un ministerio en el cual Jesús transforme las vidas.

Priorizamos la relevancia cultural cuando nuestros sermones son tan prácticos que les falta realzar el evangelio. Por supuesto que no estoy diciendo que los sermones prácticos son malos. Pienso que los sermones con implicaciones y aplicaciones prácticas son esenciales. Algunos se esfuerzan tanto en ser prácticos en sus predicaciones que sus mensajes son fácilmente entendidos, recibidos y aplicados, pero Cristo no es dado a conocer. Busco nunca predicar un mensaje que no sería cierto si Jesús no hubiera muerto en la cruz.  Creer en una cruz sangrienta y en una tumba vacía debería ser fundamental para cualquier consejo que compartamos.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 29 enero 2016 en Cultura, El Misionero Nazareno, La Misión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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