Cada Momento Oportuno

Regresando de mi viaje a Juchitán, México, conocí a un canadiense en la frontera. Él estaba un poco nervioso porque muchos «ayudantes» allá estaban hablando a él, pidiendo propinas, intentando ayudarle con su pasaporte, su equipaje, etc. Él no hablaba bien español y me vio cuando yo estaba a punto de subir el bus. ¡Agradecido por ver alguna persona que supuestamente hablaba inglés, casi me agarró pidiendo socorro! Le ayudé a comprar su boleto al lago más bello en el mundo (Lago Atitlán) y él subió el bus conmigo.

Empezamos a hablar y descubrí que su nombre fue Joe. Él había dejado su trabajo en Canadá para viajar por siete meses. No sabía a dónde iba y no tenía un plan (¡me sorprende cuántas personas hay como Joe en el mundo!). Había escuchado de las ruinas y las playas en México y además del Lago Atitlán en Guatemala y decidió viajar a esos sitios para empezar su aventura. En cada lugar él buscaba las fiestas, los clubes, y el alcohol. Después de una hora de contarme estas cosas, me preguntó, «¿Y vos? ¿Por qué vives acá?» Jajajaja. Con una sonrisa le dije que era misionero con la Iglesia del Nazareno y él asintió con la cabeza mientras que se sonrió afectadamente. ¡No podía creer que me había compartido todos sus deslices! Sinceramente fue fascinante escucharle y hablar con él.

Llegó un momento cuando me estaba contando sobre una experiencia que había tenido en Nicaragua hace cinco años. Estaba en un hotel tomando y bailando cuando se levantó una tormenta enorme en el lago. Él trató de explicarlo, pero sólo pudo decir, «Fue una de las experiencias más espirituales en mi vida.» Yo le pregunté sobre la tormenta y él empezó a hablar de ella y de otras experiencias que había tenido, pero nunca volvió a hablar de ese sentimiento «espiritual» que tenía.

Diez minutos después me dio cuenta que yo había perdido una oportunidad magnífica. El Espíritu Santo estaba abriendo la puerta y yo no estaba orando, esperando el momento para hacer una pregunta sabia o para explorar junto con él esa experiencia. El bus paró en un pueblo pequeño y él tuvo que rápidamente bajar sus cosas. Nos despedimos y abrazamos, pero cuando el bus salió con él en la orilla de la carretera, oré, «Oh, Dios, ¿qué he hecho? ¿Qué NO he hecho? Perdóname por no darme cuenta en el momento. Perdóname por no estar atento y alerto para este momento divino que estabas orquestando.» Me sentí un poco enfermo y resolví nunca perder alguna oportunidad divina con alguien más de allí en adelante.

¿Te ha pasado? ¿Cómo vivimos nuestras vidas cotidianas? ¿Vamos a vivir nuestras vidas teniendo remordimientos o vamos a «aprovechar al máximo cada momento oportuno»?

«Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno» (Col. 4:5-6).

2 comentarios sobre “Cada Momento Oportuno

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  1. Que buen tema has tocado Scott, creo que esto no solo te ha pasado a ti si no a muchos de nosotros.
    Y me siento apenada porque no me ha pasado una vez nada mas sino varias, y yo misma he usado pretextos como los que dice el comentario de arriba «seguramente ya conoce de Dios», y sabes duele mucho escuchar al Espiritu Santo y darle vueltas al asunto, como si no escucharamos nada, no se si algun dia nos volvamos a encontrar con esas personas que hemos dejado pasar, pero al leer esta entrada me pregunte, ¿qué hubiera pasado; si la persona que me hablo de Jesucristo, dejara pasar la oportunidad de compartirme el evangelio?
    Alguien me dijo una vez, que hay circunstancias que no nos gusta pasar; como un choque pr ejemplo; pero sería mejor pensar y creer que esa circunstancia es una grandiosa oportunidad para compartir el evangelio, esta persona lo llamaba «citas divinas»; Por la vida nos enfrentamos con situaciones que nos permiten conocer personas que necesitan escuchar acerca de Un Jesus que los ama, por mi parte no quiero vivir con el remordimiento de haberme callado, Gracias por estas palabras que Dios te bendiga¡

  2. …justo ayer me sucedió lo mismo!
    Tomé un taxi por la mañana, como lo hago siempre. Esta vez, el recorrido no fue de 20 minutos, sino tal vez 35, esto debido a un accidente muy aparatoso que ocasionó filas muy muy laaargas!
    El chofer del taxi tomó el tema de la plática alrededor de lo ocurrido… hablando en lo inesperados que resultan los accidentes y lo trágico que es para muchas personas, además de los lesionados. Esto me hizo sentir que, espiritualmente, debemos acudir con emergencia.
    Tuve la fuerte intención de preguntarle al chofer si conocía algo acerca de la Palabra de Dios -y poder abordar directamente el tema- cuando íbamos casi a la mitad del trayecto. Sin embargo, mientras mi corazón sentía esto, en mi mente había muchos pensamientos: ¿Y si decide aceptar a Jesús, quién va a enseñarle a conocerlo más?, Yo debo hacer algunos viajes estos días, y no podré visitarlo. Luego, también pasaron pensamientos como «Ahh, es posible que él ya conozca a Jesús como su salvador»

    ….Llegamos hasta mi destino, y tuve un mismo pensamiento, una y otra vez: «Debí haberle preguntado, debí haberle preguntado»
    Le pagué y bajé. Un poco antes de cerrar la puerta, él con entusiasmo me dijo «Que Dios le bendiga!!»
    He estado en lugares en donde mucha gente en la calle usa esta frase, pero en esta ciudad eso no es común. En esta ocasión, pude escuchar la sinceridad de su deseo, no solamente una frase más.
    Después de bajarme, mientras caminaba estaba con la incertidumbre, pues era probable que el hombre conociera a Dios, sin embargo, nunca lo sabré, porque no aproveché la oportunidad, cuando sentí que debí hacerlo.

    Mi pensamiento al final, fue: «Si he dicho tantas veces que es Dios quien obra, y nosotros sólo debemos atrevernos a expresar el mensaje, ¿Porqué yo misma no lo hice esta vez? Si he comprobado lo extraordinario de la obra de Dios en las vidas de muchas personas, ¿porqué dudé, por mis propios pensamientos?»

    Deseo que ese hombre tenga la vida eterna; si no es así, lamento mucho haber perdido la oportunidad y el privilegio que tenía en mis manos.

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