Relacionado a la entrada de ayer…
Cuando uno está volando en un avión y el avión está a punto de despegar, una azafata toma el micrófono y anuncia algunas cosas muy importantes. Otras dos azafatas se paran en el pasillo y empiezan a mostrar como abrochar el cinturón, donde están las salidas de emergencia, etc. Nadie generalmente escucha este discurso, pero hay algunas instrucciones bien importantes que se comparten en esos cinco minutos (aun para nuestras vidas espirituales).
En algún momento, las azafatas bajan una máscara de oxígeno e instruyen cómo ubicar la máscara alrededor de la nariz y boca (¡¿como si fuéramos a ponerla en la cabeza?!), cómo respirar, etc. Después el anuncio clave se hace rápidamente, “Y si usted está viajando con un niño, asegúrese que primero usted tiene su máscara puesta, y después ayude al niño con la suya.”
Físicamente si no tenemos el aliento, no podemos ayudar a nadie. Primero necesitamos recobrar el aliento y después ayudar a los demás. Espiritualmente, como ministros y líderes, si no tenemos nuestro aliento, el Espíritu Santo, si no estamos respirando cada día su presencia, no vamos a poder ayudar a nadie o trabajar eficazmente en nuestros ministerios.
“Ministros son como trompetas, que no hacen ningún sonido si el aliento no está fluyendo adentro. O como las ruedas de Ezequiel (capítulo 1), que no se mueve a menos que el Espíritu las mueva.”—Juan Flavel
Esta ilustración está muy buena, muy clara.