No Eres el Favorito de Dios

Por Scott Armstrong

Jesús Vuelve a Casa con un Mensaje Aleccionador

Navidad es un tiempo donde muchos de nosotros volvemos a casa. Reímos con la familia y nos llenamos de comida buenísima. Las abuelitas aprietan nuestras mejillas y nos dicen lo muuuucho que hemos crecido, lo cual es incómodo cuando tienes 8 años, ¡imagínate cuando tienes 40!

Lucas 4 nos habla de un tiempo cuando Jesús regresó a Nazaret, donde había sido criado. El pequeño aprendiz de carpintero había crecido y ahora era un excelente predicador, y la gente estaba asombrada con su elocuencia. “¿No es este el hijo de José?” ellos preguntaban (v. 22). Ciertamente, ¡este no puede ser el mismo pequeñito que, en aquellos tiempos, jugaba en el arenero!

Entonces, así como Jesús acostumbra, en lugar de disfrutar de la alabanza de todos, Él rompe los esquemas. De hecho, inmediatamente, su sermón de buenas noticias pasa a ser un juicio. “Estoy aquí para cambiar el mundo, tal como fue profetizado por Isaías” (ver v. 18-21) rápidamente se torna en “Si tú crees que eres mejor que cualquier otro, estoy aquí para decirte que estás totalmente equivocado.”

El resultado es estremecedor. La transformación de la multitud es contundente. La gente de la iglesia está enfurecida, lo echan de su propia ciudad, y están listos para lanzarlo de un precipicio (v. 28-29). ¡Guau! ¡¿Qué los hizo convertirse de admiradores, a intentos de homicidas en un abrir y cerrar de ojos?!

Básicamente, Él exclamó, “¡No eres el favorito de Dios! ¡Deja de actuar como si lo fueras!”

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Es un mensaje que es apropiadamente doloroso y bastante controversial, incluso hoy en día. Autores cristianos han hecho mucho dinero escribiendo que tú y yo somos los favoritos de Dios. Los predicadores usan esa frase para explicar el inagotable amor de Dios por ti y por mí. Todo parece obvio, ¿verdad? Y, de cualquier forma, se siente bien saber que soy el hijo favorito de Dios; ¡me da una especie de impulso en mi camino cuando salgo del servicio el domingo!

Aquí está el problema: Dentro de la definición de la palabra “favorito” está implícita la exclusión de algo más. Cuando te pregunto cuál es tu comida favorita, si tú dices, “Todas son mis favoritas,” no tiene sentido. O estás tratando de ocultar algo o eres muy indeciso. Decir “Me gustan todas las comidas por igual” suena poco convincente, pero por lo menos es mejor que afirmar que todas las comidas son tus favoritas. Seleccionar algo como favorito por necesidad significa que algo más no ha sido seleccionado: no es, por lo tanto, tu favorito.

Cuando se habla de esto, los autores y predicadores insisten en que, bueno, cuando ellos dicen, “TÚ eres el favorito de Dios,” ellos se refieren a que TODOS somos Sus favoritos. Es una técnica de comunicación efectiva, pero diluye completamente la palabra. De hecho, usar la palabra “favorito” de esta manera puede tener serias consecuencias no intencionales.

Cuando nos empezamos a ver como los favoritos de Dios, sutilmente comenzamos a creer que nos prefiere más que a otros. El resultado de ese pensamiento es etnocentrismo y egoísmo religioso, que es exactamente contra lo que Jesús arremetió en los versos 24-27.

Mi partido político está en lo correcto.

Mi raza es mejor.

Mi denominación es la mejor.

Mi manera de ver el mundo es la única forma en la que cualquiera debería verlo.

También nos hace sentir mimados. Empezamos a esperar que Dios esté a nuestra disposición y servicio. El hijo “favorito” en Navidad demanda que sus padres le guarden la última rebanada de pastel. Cualquier regalo se vuelve aburrido en cuestión de horas. Nada es apreciado. Todo es merecido. Jesús lo dice de esta forma, “Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: ‘¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaúm’” (v. 23). ¡Estamos aquí para el espectáculo, Jesús! Vamos, hemos orado; ¿por qué no nos concedes cada deseo?

Jesús desbordó su amor sobre todos nosotros en la misma medida.

Ese es el punto.

Él no tiene favoritos.

Mientras nos acercamos a Navidad, escucha otra vez las asombrosas palabras de Jesús en su sermón al regresar a casa: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor” (v. 18-19).

Una de esas últimas palabras es interesante: “favor.”

Nuestro Dios viene al pobre, a los prisioneros, a los ciegos y oprimidos. Su favor es ofrecido a todos en medida abundante.

¿Qué pasa si realmente tú no eres el favorito de Dios?

Es doloroso y humillante reconocerlo. Pero quizá admitirlo te abra a recibir verdaderamente el favor de Dios por primera vez. Tal vez permita al Dios, que no tiene favoritos, que te unja a TI, también, para ir a los quebrantados de corazón y te introduzca en el favor del Señor.

Que hoy, al escuchar esta escritura, sea verdaderamente cumplida.

 

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 18 diciembre 2017 en Calendario Cristiano, Unidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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