Mareo por Movimiento: 9 Señales Reveladoras de que Estás Sufriendo por las Prisas

Por: Scott Armstrong

Tengo una confesión que hacer: me están preocupando las prisas.

Mucha gente me describiría como motivado, persistente o incluso ambicioso. En mis peores momentos, me siento muy satisfecho con mi ética de trabajo mientras menosprecio a otros que parecen más flojos o carecen de iniciativa. Lleno cada momento de mi vida con algo “útil”, y mi esposa bromea conmigo que mi lema personal debería ser: “Solo aprovecha el tiempo”. Todas estas características son muy admiradas por una sociedad que alaba la alta productividad y considera el ajetreo como una virtud.

Sin embargo, ¿son estas las cualidades que Dios exaltaría? Está bastante claro que Jesús nunca estuvo apurado. Regularmente dejaba grandes franjas de tiempo en su día o semana para el silencio, la contemplación y la oración. Parecía vivir siempre «en el momento», apreciando la alegría de la vida cotidiana y mundana con los demás. Nunca sufrió el «mareo por movimiento» que a menudo me atormenta: un malestar general que experimento como resultado de estar constantemente apurado y distraído.

En su libro Fortaleciendo el Alma de tu Liderazgo, Ruth Haley Barton nos ofrece nueve indicadores de que nos estamos acercando a nuestros límites. ¡Ten cuidado! Al leerlos, puedes sentirte tan culpable como yo cuando los usé como herramienta de autoevaluación:

  1. Irritabilidad o hipersensibilidad. Las cosas que normalmente no nos molestarían (como el error de un niño, otro conductor que nos interrumpe en el tráfico o el hábito irritante de un compañero de trabajo) realmente nos frustran.
  2. Inquietud. Durante las horas de vigilia, podemos ser conscientes de una vaga sensación de que algo no está del todo bien. Cuando llega el momento de descansar, es posible que nos encontremos incapaces de calmarnos y, finalmente, nuestro sueño se interrumpa o se vea empañado por demasiada actividad mental.
  3. Exceso de trabajo compulsivo. Un líder compulsivo es aquel que no tiene límites en el trabajo, revisa el correo electrónico hasta altas horas de la noche y es incapaz de desconectarse por completo para irse de vacaciones, entrar en soledad o pasar tiempo ininterrumpido con la familia.
  4. Entumecimiento emocional. Cuando estamos «al máximo de capacidad», literalmente no tenemos energía para participar en toda la gama de experiencias humanas, incluidas nuestras emociones.
  5. Comportamientos escapistas. Sucumbimos cada vez más a comportamientos como comer compulsivamente, beber, gastar, ver televisión, pornografía o navegar por Internet. No tenemos la energía para elegir actividades que dan vida, como hacer ejercicio, salir a caminar o andar en bicicleta, conectarnos significativamente con amigos y familiares, disfrutar de un pasatiempo o interés, tocar un instrumento, cocinar, pintar, dibujar, escribir poesía, hacer deporte, trabajar con las manos o leer un buen libro.
  6. Desconectados de nuestra identidad y llamado. Nos encontramos más seguido moviéndonos por inercia, desconectados de un verdadero sentido de quiénes somos y de lo que Dios nos está llamando a hacer. Estamos a merced de las expectativas de otras personas porque carecemos de una medida interna contra la cual comparar estas demandas.
  7. No poder atender las necesidades humanas. No tenemos tiempo para atender las necesidades humanas básicas, como hacer ejercicio, comer bien, dormir lo suficiente, ir al médico o someternos a esa cirugía menor que necesitamos. Incluso los pendientes simples pueden parecer imposibles de lograr, lo que indica que estamos superando los límites del ser humano.
  8. Acumulación de energía. Cuando nos estamos quedando sin energía, exponernos a personas o situaciones adicionales se siente como si agotaran lo último de nuestras reservas.
  9. Deslizamiento en nuestras prácticas espirituales. Las prácticas que normalmente dan vida (la soledad y el silencio, la oración, la reflexión personal sobre las Escrituras, el diario, el autoexamen, el cuidado del cuerpo) se vuelven una carga y no tenemos energía para ellas, aunque sabemos que son buenas para nosotros. Para los ministros, podemos encontrar que estamos tan acostumbrados a usar a Dios y las Escrituras para propósitos ministeriales que ya no sabemos cómo estar con Dios personalmente.

¿Esto resuena de alguna manera? ¿Es hora, como lo es para mí, de que hagas un cambio o dos? ¿Qué es lo que puedes hacer en el próximo mes para acercarte a una vida sin prisas?

Un comentario sobre “Mareo por Movimiento: 9 Señales Reveladoras de que Estás Sufriendo por las Prisas

Agrega el tuyo

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑