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Arruinar y Recuperar La Relevancia – Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

old-bible-1498763-1600x1200Priorizamos la relevancia cultural cuando degradamos a otros que predican el evangelio. He visto los anuncios publicitarios de iglesias que dicen cosas como: “10 razones  por las que todas las demás iglesias de este estado apestan, pero la de nosotros es genial”. A menudo usan palabras como: “relevante, emocionante, fresca, o real” para explicar sus ministerios. Si no somos cuidadosos, mostraremos confianza en nuestra relevancia, no en el evangelio. Si el evangelio está en el centro de nuestro mensaje y ministerio, no comunicaremos nada que permita que la gente devalúe otras iglesias que predican el evangelio. Trabajaremos con ellos y oraremos por ellos.

Priorizamos la relevancia de la cultura cuando el evangelismo personal es un oxímoron para nuestras iglesias. La relevancia como meta hace modernos nuestros servicios de adoración y se convierten en un  lugar donde  la gente se conecta y los pastores son los únicos que le hablan a la gente sobre Jesús. Cuando el evangelio es el punto de relevancia, es una herramienta, los pastores equipan al pueblo de Dios para llevar el evangelio con ellos hacia sus comunidades. Seguro,  invitemos a nuestros vecinos a nuestros servicios de adoración y ministerios. Pero cuando se hace a solas, dificulta el trabajo del evangelio.

Priorizamos la relevancia cultural cuando la asistencia es más celebrada que las conversiones. En uno de nuestros estudios, preguntamos sobre la tasa de conversiones en las iglesias nuevas. Encontramos que la mayoría de las iglesias nunca cuestionan eso, e incluso si lo hacen, a menudo dan una cifra inflada. Una de las iglesias del estudio había hecho un trabajo increíble plantando múltiples iglesias. Tuvieron el valor de investigar a toda su gente y hacerles una pregunta muy simple: “¿Llegó a la fe en Cristo Jesús en esta iglesia?” La meta era el 10% de convertidos en las iglesias nuevas, pero encontraron que el resultado arrojaba solo entre el 2 y el 3%. Nuestro enfoque no puede estar simplemente en la asistencia, sino en buscar que los hombres y mujeres vengan a la fe en Cristo Jesús.

Priorizamos la relevancia cultural cuando no ofender a los creyentes es a menudo más importante que comunicar el evangelio. Dios nos enseñó muchas cosas en su búsqueda de creyentes. Es difícil ser percibido como sensible cuando se habla acerca del pecado y la muerte, sobre la cruz, los elementos centrales del evangelio. Considero que debemos enfocar nuestras necesidades en ser “buscadores comprensibles”: comunicar el evangelio clara y entendiblemente incluso al comunicar un mensaje que no es sensible o cómodo. La relevancia es una herramienta que ayuda a los buscadores a comprender la verdad del evangelio.

La buena noticia es que la relevancia cultural y el evangelio no están reñidos. La relevancia es una herramienta que muchas iglesias usan, porque es una consecuencia necesaria de hacer las cosas a la manera de Dios. Es un principio misiológico que nos ayuda a cumplir la meta de llevar el evangelio a grandes cantidades de gente. En cualquier comunidad en la que te encuentres, usa la relevancia con discernimiento y el evangelio con liberalidad.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/october/calling-for-contextualization-part-8-ruining-and.html

Amar y Odiar al Mundo: Parte 2 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

corazon-mundoLas palabras de Pablo dejan en claro dos cosas. Primero, no tiene absolutamente ninguna intención de separar a los cristianos de los no cristianos. Para el, ese concepto era risible porque negaría la razón de que los cristianos vivan en el mundo. Segundo, alguien que proclame el nombre de Cristo debe guardar un estándar de vida increíblemente alto. Si tal persona olvida en donde está o a quien debe su lealtad, y adopta una actitud contraria al amor, la ley y la dirección de Dios, los fieles seguidores de Cristo se alejarán de tal persona. Deberán escoger. (Esto, dicho sea de paso, es la parte olvidada de la doctrina bíblica de la separación. No hemos sido instruidos para separarnos de los perdidos, sino de los miembros de la iglesia que viven y disfrutan de su profunda depravación, hasta el tiempo en que den evidencia de su arrepentimiento).

Algunos de nosotros escogeríamos no participar en el sistema del mundo, y optaríamos por aislarnos en una burbuja hecha a semejanza de Cristo, una vida construida para que vivamos nuestros días sin toparnos nunca con alguien que no cree o vive como lo hacemos nosotros. Seguros y separados de los leprosos espirituales de afuera, podemos gloriarnos en Cristo desde el preescolar hasta que nos graduemos de la escuela, en la música cristiana, en las novelas de romances cristianos, en los libros de liderazgo cristianos, e incluso con los dulces cristianos de Halloween. Gracias a Dios por los cristianos de las páginas amarillas. La única cosa que no tendremos es la influencia personal  del evangelio en las vidas de aquellos que no conocen a Cristo. Es difícil hacer discípulos de la gente con la que ni siquiera hablamos. En un giro perverso de las expectativas de nuestro Señor, muchos cristianos se encuentran a sí mismos en el mundo por medio de una especie de imitación pseudo santa, pero que no es real.

Es fácil para nosotros seguir perdiendo la marca de estas dos implicaciones. Con frecuencia, nuestras vidas como seguidores de Cristo no lucen diferentes del sistema del mundo. Nos conformamos con demasiada frecuencia con una santidad truncada, con un leve brillo de espiritualidad cristiana pero mayormente inofensiva para el mundo, mientras pasamos por alto la codicia, la arrogancia, la injusticia. Juan describió el sistema del mundo – la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios – muy claramente. Después de implorarnos no amar esa actitud en 1 de Juan 2:15 el continúa (parafraseando): “Porque todo lo que hay en el mundo (los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida) no proviene del Padre, sino de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios”. Y entonces el verso 17 confirma el contraste eternal: “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Pero en esta dicotomía “mundo vs mundo”, encontramos una sutileza que con frecuencia ciega a los cristianos. En el promedio de las mañanas dominicales, hay tanto del mundo en el edificio de la iglesia como lo hay afuera. ¿Por qué? Porque “la mundanería” no reside en Tennessee, Canadá, o Rusia, es decir, en la tierra.; reside en el corazón y las actitudes humanas – en ambos, tanto creyentes como no creyentes de todo el mundo. Es por eso que la separación del mundo no es cuestión de evitar a la gente, sino de una constante lucha dentro de nosotros mismos contra la actitud que nos haría rechazar el amor, la ley y la dirección de Dios en nuestras vidas.

Como la iglesia enviada de Dios, debemos amar con el amor de Cristo a la gente que vive en esta tierra, expresar ese amor con palabras, obras, mientras que se odian los sistemas rotos y pecaminosos del mundo que luchan contra el reino de Dios.

 Esta se convierte en una distinción importante respecto a la contextualización, el objetivo de esta serie (ver las partes 1-5). La contextualización nos recuerda que necesitamos genuinamente estar EN el mundo, pero no SER del mundo.

Yo quiero expresarlo así: bíblicamente fiel, culturalmente relevante, comunidades de contracultura para el Reino. O, para esta conversación, somos:

-Bíblicamente fieles (Guiados por la Escritura)

-Culturalmente relevantes (Vivir en medio del mundo con la gente y su cultura)

-Comunidades de contracultura (No ser parte del sistema mundano de valores o moralidad)

-Para el Reino.

Y entonces resulta que Juan no estaba para nada confundido.

Aunque la iglesia pueda que sí lo esté.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Amar y Odiar al Mundo: Parte 1 de 2

Por: Ed Stetzer / Trad. por: Ariadna Romero

Un artículo más de la serie “Un llamado a la Contextualización”, en este caso el número 6.

lugares-para-vivir¿En qué piensas cuando escuchas la frase “el mundo”? ¿Te provoca una respuesta positiva o negativa?

Las Escrituras tienen mucho que decir respecto al “mundo” y en una cultura superficial, pudiera parecer contradictorio. Consideren por ejemplo lo que dice el Apóstol Juan. En Juan 3:16 el escribió: “De tal manera amó Dios al mundo…” Pero luego en Juan 2:15 escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Recopiló las palabras de Jesús en Juan 12:47: “Porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”, pero lo relaciona con la amonestación de Jesús en 15:19: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.

Parecería que el pobre Juan no puede decidir si debemos amar u odiar “el mundo”.

Por supuesto, Juan no estaba confundido. Las Escrituras establecen una distinción entre la gente del mundo y el sistema caído de ideas que funcionan en rebelión contra Dios. En ese sentido, tendremos que amar y odiar el mundo. (Prov. 8:13). Parte de ello tiene que ver con vivir en el mundo (estar presente y activo en donde Dios nos ha enviado) pero no ser parte del mundo (ser influenciado y aceptar un sistema profundamente opuesto a Dios). Muchos cristianos, sin embargo, están tan temerosos de ser parte del mundo que se aíslan completamente de cualquier cosa relacionada con él. Bajo la bandera de “separación”, se han ido a la clandestinidad y han desaparecido de la vista. Esa no es la manera en la que se supone que debemos de vivir como ciudadanos del reino de Dios – y eso niega la misión natural de la iglesia-.

Quizás un cambio en los términos ayudaría a clarificar el problema. Vamos a usar por un momento “la gente de la tierra” en lugar de “el mundo” (donde vivimos) y la frase “la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios para el mundo” (el sistema caído). Ahora, vamos a parafrasear: “Sean parte de la gente de la tierra (en el mundo) pero no de la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios” (del mundo). Este simple contraste debe traer una gran claridad sobre esta línea de pensamiento que es potencialmente confusa. Ahora leamos Juan 3:16: “De tal manera amó Dios a la gente de la tierra…” y Juan 2: “No améis la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, ni las cosas que tomen prioridad sobre el amor, la ley y la dirección de Dios. Si alguno ama la actitud que rechaza el amor, la ley y la dirección de Dios, el amor del Padre no está en él”.  Se vuelve evidente que Juan y otros autores del Nuevo Testamento se refieren a dos temas diferentes: un lugar de residencia y el pueblo al que ama Dios, y una condición del corazón que se opone a Dios.

La Biblia nos dice específicamente que vivamos con gente mundana. Eso es exactamente lo que le ocasionaba problemas a Jesús – andar con borrachos, pecadores, prostitutas… ustedes saben, la gente “mala”. Pablo enfatizó el mismo punto en la iglesia de Corinto. La iglesia se ha vuelto confusa sobre algunas cosas que el apóstol enseñó. En respuesta se empezó a desasociar del mundo (la gente) alrededor de ella. Pero Pablo quería que entendieran que la solución a sus problemas – y sí que tenían muchos problemas- no era apartarse de la gente alrededor de ellos:

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;  no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.”  1 Corintios 5:9-11

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-6-loving-and-hating.html

Indigenización – Parte 1 de 2

Por: Ed Stetzer / Traducido por: Ariadna Romero

A continuación más de la serie “Un llamado a la Contextualización” publicada en Christianity Today originalmente (http://www.christianitytoday.com/edstetzer/2010/august/calling-for-contextualization-part-5-indigenization.html).

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Si existiera algo como el Salón de la Fama para las películas de los 80’s, Volver al Futuro tendría que estar ahí. En su apogeo, Michael J. Fox usaba su característico chaleco rojo, montando su patineta a través de la ciudad, haciendo una buena interpretación de Marty McFly. En una de las escenas más memorables de la película, Marty está tocando la guitarra en el baile de graduación de sus padres en el año 1955. Lo que inicia como una actuación del gusto del público, la canción “Jhonny B. Goode”, termina siendo confusa cuando Marty hace un solo de guitarra muy intenso del año 1985. La audiencia de 1955 simplemente no pudo conectarse con la música de los 80´s y Marty tuvo que dejar el escenario de una manera muy incómoda.

De forma breve (y humorística) esa escena ejemplifica el desafío de crear una expresión indígena en un contexto foráneo – algunas veces nuestras expresiones simplemente no encajan-.

Es muy común tener este tipo de desafíos en un contexto transcultural, pero podemos ser desafiados en cualquier lugar  y contexto en donde estemos buscando representar fielmente a Cristo. Si lo que hacemos aparenta ser foráneo, el resultado final puede ser confuso. En algunos lugares se requiere que cambies el largo de tu cabello, que cambies tu afiliación de partido político, o que cambies tu forma de vestir si quieres unirte a una comunidad cristiana, este tipo de cosas se han llegado a sintetizar con el evangelio. En otras palabras, si cada cristiano que conoces se vistiera de la misma forma (y esto difiere según la cultura de cada quien) sería fácil concluir que para llegar a ser cristiano uno tiene que cambiar su vestimenta.

Como he dicho en varias ocasiones en esta serie de publicaciones, contextualizamos porque deseamos comunicar el evangelio de manera clara. Nuestro deseo es que el evangelio, que es eternal e inmutable, pueda nacer y formar una iglesia que encaje en su contexto en algunas situaciones, y que no encaje en algunas otras. Esa iglesia pudiera convertirse en indigenista en su contexto, donde  eche raíces en su hábitat natural, del mismo modo que se describiría una planta indígena en términos de botánica.

Debemos esperar para ver y trabajar para crear expresiones indígenas de aquellas iglesias centradas en el evangelio y formadas misionalmente. Y la contextualización es parte de ese proceso que nos mueve hacia la indigenización. Como he dicho antes, el trabajo de la contextualización  crea tensión. Sin la contextualización, acabamos con un evangelio ininteligible. Sin la contextualización funcionando, terminaremos viviendo fuera de las normas culturales y creyendo que eso es el evangelio.

Todo aquel que vive en una cultura como misionero sabe que esto es cierto. Pero lamentablemente, a menudo les prohibimos a las iglesias  norteamericanas hacer lo mismo que requiere hacer un misionero internacional: considerar la cultura, sus ídolos y puentes, y buscar contextualizar nuestra iglesia a esos ajustes.

En consecuencia, uno esperaría que una iglesia bíblicamente fiel e indigenista luciera diferente en Senegal y en Singapur. Sin embargo, uno también debe esperar que una iglesia indigenista luzca diferente en Seattle y en Savannah. Las iglesias indigenistas lucen distintas de locación en locación. Aún más, lucen diferente de generación en generación (si tu iglesia tiene más de 100 años, no importa qué tanto hayas intentado que no cambie, ha cambiado para relacionarse mejor con su contexto). Las iglesias fielmente indigenistas toman sus enseñanzas de los textos bíblicos que son inmutables, entre tanto que se adaptan y participan en el siempre cambiante entorno cultural.

Esta no es una idea nueva (y ciertamente yo no la descubrí). Esta práctica ha estado sucediendo desde el nacimiento de la iglesia. La terminología se desarrolló cuando la misiología se convirtió en una disciplina formal. En consecuencia,  en 1938, el Consejo Internacional de Misiones afirmaría que:

Una iglesia indigenista, joven o vieja, en el Este o en el Oeste, es una iglesia que, arraigada en obediencia a Cristo, usa espontáneamente formas de pensamiento y modos de acción naturales y familiares en su propio contexto. Tal iglesia se levanta en respuesta al propio llamado de Cristo. Las iglesias más jóvenes no serán desconsideradas con las experiencias y enseñanzas que las iglesias más antiguas han recopilado en sus confesiones y liturgia. Cada iglesia  nueva buscará más para dar testimonio del mismo evangelio con nuevas lenguas

Descifremos La Adaptación Cultural – Parte 2 de 2

Segunda parte de la entrada anterior, escrita por Ed Stetzer y traducido por Ariadna Romero.

cooperaciónEntonces, no es que los hermanos como John MacArthur y Thabiti estén equivocados en todo lo que han dicho sobre la cultura, sino que están usando los términos “cultura” y “adaptarse a la cultura” de una manera errada. O al menos debieran hacerlo de una forma diferente a como todo el mundo lo hace. Como expliqué en la primera parte de la serie, la “cultura” es significativa en la comunidad cristiana. (Es algo relacionado con la postmodernidad,  crear  nuestro propio significado en lugar de usar el término en la forma comúnmente aceptada).

Ahora, teniendo en mente que un enunciado o dos no son teología, -pero los comentarios sobre la adaptación, la cultura, y “ser absolutamente distinto” tiene una falta de matiz que es esencial en esta discusión- y que tal matiz habría sido muy útil en las audiencias en donde se dieron a conocer aquellos mensajes por primera vez.

Es imposible ser completamente distinto de la cultura en la cual vives. Todo el mundo se conecta e interactúa con la cultura no-cristiana que los rodea. Cuando hablamos de “adaptarse a la cultura”, simplemente nos estamos refiriendo a que uno necesita interactuar con la gente, las ideas, creencias, costumbres, valores, etc. intencional, cuidadosa y bíblicamente. Hasta aquí, creo que todos estamos de acuerdo. Pero esto significa que no podemos hacer discípulos y trabajar nuestra “preocupación pastoral” si no nos adaptamos a la cultura.

Recientemente me enteré que Burk Parsons tuiteó este pensamiento cuando dijo: “Cada creyente se adapta a la cultura. Y no es cuestión de si lo hacemos o no, sino de cómo y a qué grado nos comprometemos efectivamente”. Y tiene razón.

Sé que hay algunos que se adaptan descuidadamente a la cultura, sin un enfoque bíblico para llevar a cabo la Gran Comisión, pero no es eso lo que lo que argumentan o practican la mayoría de los que tienen algo que decir en esta conversación. Por ejemplo, si buscas en google “adaptación cultural” (cultural engagement) la primera referencia que aparecerá será una publicación de Joe Thorn. El autor comparte la perspectiva de que, a causa de la misión de la iglesia y las realidades del bien y del mal en la cultura, debemos rechazar ciertos aspectos de la misma, pero también recibir algunos de sus aspectos, mientras hacemos que el evangelio trabaje para ver a Dios en Cristo redimir a los perdidos, así como a los componentes dañados de la cultura. Este es un enfoque más equilibrado, estar en el mundo sin ser parte de él. Esta perspectiva reconoce los peligros sobre los que nos advierten  los líderes como Thabiti y MacArthur. Joe ofrece: “seis reglas para la adaptación  cultural” que pueden mantenernos a salvo. Para adaptarnos a la cultura de una manera efectiva, Joe dice que debemos:

  1. Estar presentes.

Estar presentes significa ser parte de la comunidad a la que Dios te ha enviado, no solo de la comunidad que Él quiere que ayudes a crear. ¿Conoces a la gente, las cuestiones locales y las luchas, los valores, las prácticas e intereses de tus vecinos?

  1. Practicar el discernimiento.

No siempre hay que ser el guerrero de la cultura, pero tampoco nos ha llamado Jesús a ser pacifistas espirituales. A veces debemos pelear, a veces tenemos cosas en común, pero siempre debemos buscar una forma de sanar.

  1. Desarrollar una teología propia.

No puedes adaptarte a la cultura si no eres teólogo… hablar de la cultura del pecado, el evangelio y el carácter de Dios, requiere que por principio de cuentas podamos comprender estas cosas

  1. Armarse de valor.

Adaptarse a la cultura demanda una gran convicción. Como Jesús y los apóstoles, predicar el evangelio en palabras y en hechos, te llevará a ser favorecido como ayudador, y odiado como mediador.

  1. Hablar claramente.

Para adaptarse apropiadamente a la cultura, ya sea rechazando lo malo o recibiendo lo que es bueno, debes hablar el lenguaje de la cultura.

La mayor parte del tiempo no solamente te estarás adaptando a las  ideas, sino a la gente; personas hechas a la imagen de Dios. No es apropiado proclamar que amamos a nuestros vecinos sin una demostración real de ese amor.

El llamado a contextualizar no es un llamado a comprometerse con el evangelio y el sincretismo, o a vivir irreflexiva e imprudentemente. El llamado a contextualizar y adaptarse a la cultura es simplemente una implicación de ser llamados a predicar el evangelio y hacer discípulos.

Descifremos La Adaptación Cultural – Parte 1 de 2

Otro buen artículo (la parte N. 4) de la serie “Un llamado a la Contextualización” Ed Stetzer, traducido por Ariadna Romero.

th_209258b6e85ec558aa8a33e2f2e233bd_imagen_introHemos estado discutiendo el asunto de la contextualización en las partes 1,2 y 3 y la plática ha sido buena. Como ustedes probablemente sabrán, no es un tema en el que todos estaremos de acuerdo, pero es importante discutirlo y espero que a través de estas publicaciones podamos al menos clarificar algunos de los conceptos erróneos que se relacionan con el tema.

Parte de lo que hace difícil este asunto de la contextualización es que algunos líderes no se sienten cómodos con la idea de “adaptarse a la cultura”. Algunos pastores muy conocidos argumentan que la iglesia no solo debe mantener su propia cultura distintiva (algo positivo) sino que debe separarse completamente de la cultura que la rodea (una idea imposible y que no ayuda en nada).

Déjenme iniciar con dos ejemplos de alto perfil, de dos hombres que admiro. Creo que ambos casos tendrán mucho en común, los dos han decidido recientemente “adaptarse  a la cultura”, y han hecho mucho en diversas maneras, de tal forma que confunden más de lo que clarifican lo referente a este tema.

John MacArthur es uno de esos pastores, y recientemente fue citado de la siguiente manera:

“La iglesia, si es que va a ser algo, debe ser absolutamente distinta de la cultura, absolutamente distinta del mundo, absolutamente distinta de los no creyentes… Pablo demanda un rompimiento total. … No pueden casar la iglesia con la cultura. No forniquen con el mundo. MacArthur Tells Christians: Don’t fornicate with the World, Christian Post, March 5, 2010. = MacArthur le dice a los Cristianos: No forniquen con el Mundo.

Entiendo la preocupación – e incluso estoy de acuerdo en la mayoría de los argumentos- sin embargo, así como creo que la iglesia es llamada por Dios para ser contra cultural en el mundo, también debemos comprender que no podemos ser “absolutamente distintos” de la cultura. Ni debemos serlo. Existen áreas en las que seremos absolutamente distintos de la cultura, y otras áreas donde nos pareceremos mucho. La fidelidad hacia nuestra misión lo hará posible.

En “Together for the Gospel 2010” = Juntos por el Evangelio, Thabiti Anyabwile predicó un mensaje de Colosenses donde algunos “estuvieron de acuerdo”  con ello y otros lo cuestionaron. En su sermón, Thabiti explica correctamente que adaptarse a la cultura, “lo que sea que eso signifique” está lleno de complejidades y dificultades (hemos explorado algunas de esas complejidades en estos artículos).

Thabiti también dice que: “si nos preparamos para adaptarnos a la cultura veremos probablemente… el evangelio siendo acomodado en ese proceso, si no somos cuidadosos”. Y estoy de acuerdo, si es que incluimos “si no somos cuidadosos”. Ese ha sido el punto central de esta serie.

Thabiti está preocupado porque algunos cristianos están más consumidos por la cultura que por el evangelio. Y está en lo correcto cuando dice que debemos tener como prioridad  la preocupación pastoral de Pablo para ver a todos  madurar in Jesús.  Eso debería derribar cualquier interés en simplemente adaptarse a la cultura. Pero yo agregaría que no podemos hacer discípulos, o presentarle a la gente la madurez in Jesús, sin adaptarnos a la cultura y contextualizar correctamente.

Parte de la preocupación aquí es que estos hermanos algunas veces dan la impresión de que todo lo que forma parte de la cultura y que está fuera de la iglesia es malo y debe rechazarse. Por ejemplo, durante su sermón, Thabiti dijo: “El término “adaptarse a la cultura”… el término mismo significa que la misión ya está a la deriva”. Esta es una falsedad y una declaración que no ayuda en nada.

Realmente no creo que John o Thabiti piensen que todo lo que involucre la cultura debe ser rechazado. En el mensaje de Thabiti – y por todos lados en su blog-  ha dejado claro que tiene la visión de cómo debemos relacionarnos con la cultura – y lo explica con profundidad en su mensaje (como John lo ha hecho en más de una ocasión). Y considero que debemos estar de acuerdo con ello, si somos capaces de discutir a fondo los términos- aquí solamente me estoy enfocando en mi preocupación sobre cómo el lenguaje puede ser (y es) aplicado-. A veces, nuestra retórica anima a algunos a adoptar una postura  -referente a la cultura- que trabaja en contra de la misión de la iglesia. Me parece que un enfoque bien pensado sobre la adaptación a la cultura  sería extremadamente útil en nuestras comunidades teológicas.

Necesitamos ser cuidadosos al decir que no todo en la cultura es “malo”. Mientras todo esto es corrompido por la caída, la gracia común y el imago Dei permanecen y por ello debemos ver una mixtura de bondad y maldad en todas las culturas, incluso las culturas verdaderamente paganas.

Conocer y Dar a Conocer el Evangelio – Parte 2 de 2

Puedes leer la primera parte de este artículo en la entrada anterior. Una vez más damos crédito a Ed Stetzer, el autor y a Ariadna Romero, traductora.

¿Qué es Contextualización?

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Ellos han conseguido la respuesta parcial, pero no lo han dicho todo, así que no cuenta. Entonces empiezo a señalar el arbusto (Bush) y a hacer gestos con las manos y la cara, a hacer sonidos con la boca (pero no se pueden decir palabras). Uso mi mano para decir: “es correcto, pero hace falta más”. Una vez más, mi público es inteligente, así que deducen que la pista tiene algo que ver con Bush, y empiezan a tratar de adivinar: “¡árbol, planta, verde, fotosíntesis, dióxido de carbono! Ahora se alejan del significado correcto, pero no puedo decirles nada, así que continúo señalando el arbusto (Bush). Señalo el dibujo más y más fuerte y sigo gesticulando y murmurando, y a estas alturas, empiezo a enojarme.

Los otros no logran entenderlo. Yo sé qué es. Sé que deberían conocerlo. Es bastante obvio, pero no lo hacen. Me frustro, y sin embargo no les doy ninguna otra pista.

A menudo pienso que esto es lo que sucede con muchos evangélicos del siglo XXI. Por ejemplo, en la cultura americana muchos quieren hablar de espiritualidad pero no están familiarizados con el evangelio y no abrigan la idea de espiritualidades absolutas. Algunos cristianos bien intencionados han escuchado que la espiritualidad habla y quiere mover a la gente hacia el evangelio, pero el lenguaje teológico sin explicar y los viejos enfoques evangelísticos que eran dirigidos a diferentes perspectivas mundiales crean un vacío silencioso que deja a los escuchas en la oscuridad, tratando de adivinar el contenido.                

Es como si nosotros los creyentes empezáramos a comunicarnos con gestos y gruñidos, pero los otros no entendieran nada. Terminamos dándoles pistas que los hacen andar en círculos y no los conducen a la verdad. Nosotros sabemos la respuesta, queremos que ellos sepan la respuesta, pero no podemos hacer una conexión sólida.

Sin la contextualización, las palabras y los argumentos que usamos pueden ser equivalentes a pistas ineficaces.

Ya Estamos Contextualizando

Seamos claros acerca de este asunto de la contextualización; todo el mundo lo hace. Usen o no usen ese término, todos han contextualizado porque cada presentación del evangelio debe ser dada a una audiencia en particular, en una cultura en particular. Si compartes el evangelio con otros, entonces estás contextualizando. Puede que lo hagas apropiadamente o puede que lo hagas pobremente. Por ejemplo, lo haces pobremente cuando intentas compartir de Cristo con las personas que no asisten a la iglesia, pero presentando el evangelio como si estuvieras hablando con alguien a quien le son familiares las palabras de Jesús.

No puedes simplemente saltar al “Jesús murió para salvarte, y Su resurrección demuestra que él es quien dijo ser” porque la persona primero necesita saber sobre el Dios verdadero, sus propios pecados cometidos con anterioridad, lo que Jesús es y lo que ha hecho. Una persona primero debe saber que está perdida antes de poder ser hallada. Estoy casi seguro que muchos de ustedes estarán de acuerdo con las dos afirmaciones anteriores. Si es así, ustedes creen en la contextualización, que es situar el evangelio en un contexto en particular. Quizás podemos discutir la cantidad de contextualización que debemos usar, pero no podemos negar la necesidad de usarla (asumiendo la definición mencionada anteriormente).

También podemos usar el ejemplo de manera inversa: tomemos a alguien que ha crecido en una iglesia evangélica, donde son predicadas las Escrituras y no hay necesidad de convencerlo de que la Biblia es la Palabra de Dios, o de que él o ella es pecador, pero quizás esta persona necesita un poco de claridad sobre el hecho de nacer de nuevo, o cómo uno debe responder al evangelio (personalmente vía fe o arrepentimiento).

Comunicación Contextualizada y Clara Proclamación del Evangelio

La contextualización es necesaria porque mientras la condición humana y el evangelio permanezcan iguales, la gente tendrá diferentes perspectivas del mundo, lo que repercutirá en cómo se ven a sí mismos, al mundo y las cosas que expresamos. La gente que se preocupa por la contextualización se preocupa porque quieren que el evangelio se proclame con claridad y que sea entendido.

Una cosa es conocer el evangelio y otra cosa es dar a conocer el evangelio. Y dar a conocer el evangelio en América es más complicado actualmente que en las décadas pasadas. Hay menos personas que tienen alguna orientación cristiana general, o incluso una ética judío-cristiana compartida. Esto significa que no pueden asumir conceptos (verdades) como el pecado, la muerte y el infierno. De manera que cuando queremos comunicar el evangelio y tratar con categorías como Dios, el hombre, Cristo, y la fe, no sólo debemos conocerlas muy bien, sino también debemos saber cómo darlas a conocer de manera efectiva a la gente a la que Dios nos ha enviado. Saber dónde comenzar y cómo explicar la verdad a un grupo de gente en particular son cuestiones de la contextualización.

Si ya estamos contextualizando, vamos a hacerlo bien.

¿Qué Es Cultura Y Por Qué Importa Tanto? – Parte 1 de 2

Escrito por: Ed Stetzer / Traducido por: Ariadna Romero

Esta entrada junto con la próxima pertenecen a una serie de artículos escritos por Ed Stetzer titulada “Un Llamado a la Contextualización”, publicada en la página de “Christianity Today” (Cristianismo Hoy). Estaremos publicándolas en diferentes fechas. ¡Disfruta esta primera serie!

Introducción

CULTURAPlanté mi primera iglesia en 1998 en el interior de la ciudad de Búfalo, Nueva York. Me encontré plantando una iglesia mucho antes de que “plantar iglesias” estuviera de moda. Cuando le decía a la gente que estaba “plantando una iglesia”, me miraban fijamente y preguntaban si estaba plantando porque no tenía un trabajo de verdad. Tenía 21 años. No sabía nada sobre la plantación de iglesias. Me gradué con un título en Biología y Química y me fui a la multirracial ciudad de Búfalo urbanizada por gente pobre, empecé a tocar puertas y a hablarle a la gente de Jesús. Usaba traje y corbata y ocasionalmente cargaba mi biblia de puerta en puerta. Puede que haya montado una bicicleta y usado una mochila diciéndole a la gente que estaba con los mormones.

Dios me dio de Su gracia y fue paciente conmigo, un joven que todavía no tenía un buen método para saber cómo acercarse a la cultura a la que Él lo había enviado, y por Su gracia fuimos capaces de plantar una iglesia. Pero fue muy difícil. Nos llevó años para que la iglesia pudiera crecer y establecerse en un lugar, ser autosuficiente y sostenerse a sí misma. Creía en la plantación de iglesias, pero sabía que necesitaría volverme efectivo en dar a conocer el evangelio y desarrollar las áreas de la iglesia que lo necesitaban desesperadamente. Con el paso del tiempo, hubo un pastor de California que estaba recibiendo mucha atención debido a su estrategia y efectividad para hacer discípulos. Él era parte de mi tribu, así que empecé a tener comunicación con este hombre llamado Rick Warren.

Rick y yo seguimos teniendo comunicación hasta que finalmente tuve la oportunidad de asistir a una conferencia suya en California. Ahí empecé a entender la importancia de comprender la cultura. Desgraciadamente, deduje que la clave para tener una plantación de iglesias significativa era usar camisetas hawaianas y zapatos sin calcetines. Así que cuando estaba por plantar mi segunda iglesia en Erie, Pensilvania, una ciudad que es parte del llamado “cinturón de nieve” la cual llega a ser de al menos 3 metros de alto cada año, me presenté como un plantador de iglesias destacado, usando una camiseta de estampado hawaiano y zapatos sin calcetines. Descubrí rápidamente que la relevancia cultural de la filosofía de Warren  no se conectaba con mi cultura (y para ser justos, debo añadir que Warren ya no usaba camisetas hawaianas… y yo tampoco cuando prediqué ese último otoño, ¡aunque estuve tentado!)

Con el tiempo, se hizo evidente para mí que necesitábamos entender no solamente que la cultura es importante, sino que la cultura en la que particularmente estamos inmersos debe ser propiamente comprendida para que podamos predicar el evangelio de una mejor manera, hacer discípulos y funcionar como iglesia. Aprendí eso siendo pastor, entonces lo estudié un poco más en mi doctorado (intencionalmente hice mi doctorado en misiología para explorar estas cuestiones) y luego, en mis trabajos de escritura. Soy un apasionado de este tema.

Ahora, el ejemplo personal que compartí es un ejemplo de problema cultural menor. Estaré manejando asuntos de mucho más peso en las publicaciones posteriores. Sin embargo, es importante definir primero cultura.

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