¿Resolver o señalar?

Me encanta la manera en que Jesús trabajaba el problema del pecado.

“Tus pecados te son perdonados.”

“Vete tú fe te ha salvado.”

“Yo tampoco te condeno.”

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa.”

Jesús siempre vio el pecado como un problema que resolver no como un motivo para señalar. ¿Por qué? Porque la presencia de Jesús es suficiente por sí misma para convencer de pecado a las personas.

White and eggshellDéjame darte un ejemplo. La ropa blanca tiende a desmerecer, pierde su brillo, cambia de color. Sin embargo si uno nunca ha visto una pieza de ropa nueva, no notará la diferencia.  Si se le pregunta a una persona que solo ha visto ropa blanca vieja sobre el color de una prenda, contestará blanco sin vacilar. Ahora bien, tome una pieza nueva y póngala en medio de la ropa descolorida.  Ante la misma pregunta la persona se dará cuenta de que lo que observaba antes no era realmente blanco.  La presencia de la perfección hace que notemos las imperfecciones.

Un ejemplo más, supón que tienes un envase lleno de aceite viejo.  Queremos limpiar ese envase, así que le echamos agua.  Si observas un minuto verás que el aceite y el agua no mezclan. Más aún que al añadir agua al envase el aceite flota hacia la superficie donde es visible. Cuando la presencia de Jesús entra en nosotros. nuestras imperfecciones flotan hacia la superficie porque el pecado y la presencia de Jesús no mezclan.Oil and water dont mix

Ultimo ejemplo: suponga una persona gravemente herida a la orilla de un camino.  La primera persona que lo ve comienza a señalarle las heridas y a describir todos los golpes. Sin saber nada de medicina comienza a tratar de darle atención médica.  Probablemente lo matará. Suponga ahora que una segunda persona se encuentra con el herido y sin pensarlo se lo hecha al hombro, corre al hospital más cercano, y se lo presenta al médico quien le salva la vida.  ¿Señalaremos el problema o llevaremos a la persona al único quien puede remediarlo?

Más que un momento de recordación, la Santa Cena es un momento para confrontar nuestras vidas frente la presencia de Jesús.  Es ese momento en que dejamos que él nos examine y que compare su ropa blanca contra la nuestra. Es el momento en que permitimos que la presencia de Jesús nos inunde para que afloren aquellas cosas que debemos cambiar.

Nuestro trabajo ministerial es ayudar a resolver el problema del pecado, no señalarlo.  Y la única solución al problema del pecado es la presencia de Jesús. Cuando confrontamos a nuestros hermanos con Jesús, él y solo él los salvará, de la misma manera que lo hizo con nosotros.

*Gracias a Raphael Rosado por haber escrito este artículo.

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