De iglesia en el hogar a líderes de educación

Escrito por: Gina Grate Pottenger

book-1309944-1279x959Cuando ella tenía 6 años de edad, Rut se encontró sentada a la mesa de su cocina haciendo su tarea domiciliaria y por primera vez se puso a contemplar acerca del sentido de su vida.

Todo comenzó cuando ella se puso a pensar acerca de lo que haría al terminar con su tarea. Sus pensamientos comenzaron a fluir mientras que ella se imaginaba a sí misma comiendo la cena y retirándose a su habitación para dormir, despertándose al día siguiente para ir a la escuela, volviendo a casa para hacer su tarea y luego comenzar el ciclo una vez más. Ella se dio cuenta de que esa sería su rutina diaria hasta el día en que se graduara de la escuela secundaria.

“¿Y después de eso, qué haré?” Rut recuerda hacerse esa pregunta. “Conseguiré un trabajo, quizás me case. Luego tendré un hijo y ese hijo hará lo mismo que yo: se sentará a hacer su tarea. Éste fue un momento muy triste: me di cuenta que la vida no tiene sentido. Es en vano.”

Cuatro años más tarde, a los 10 años de edad, ella se enteró de que su vida tenía un propósito hermoso y significante.

Su hermana mayor, quien era atea, se fue de viaje junto con una amiga que era cristiana y durante el trayecto ella compartió con la hermana de Rut acerca de Jesús.

“Cuando ella regresó, me acuerdo que eran las 5 de la mañana. Ella golpeó a la puerta y yo me levanté. Ella estaba parada a la puerta con una sonrisa radiante. Me dijo, ‘Hermana, ¿sabes qué? Encontré a Dios. Su nombre es Jesús.’”

Rut jamás en su vida había escuchado una historia bíblica. Ella jamás había escuchado el nombre, “Jesus.”

“Cuando escuché ese nombre, supe inmediatamente que era la respuesta a la pregunta que me hice cuando tenía 6 años. Esa era la clave. Entonces supe que ese era el significado de mi vida.”

La hermana de Rut preguntó, “¿Quieres conocerlo?”

“Yo dije, ‘¡Por supuesto que sí!’ En ese momento tomé la decisión de servirle.”

Su hermana le dio una Biblia. Ese día, ellas le contaron a su madre acerca de Jesús y ella felizmente siguió el ejemplo de sus hijas y recibió a Cristo.

Su padre era un ingeniero que ponía su fe en la ciencia. Pero tres años más tarde el testimonio de ellas hizo que él también aceptara a Cristo.

La familia no sabía a dónde ir para recibir discipulado. Ellos no tenían conocimiento de iglesia alguna en su ciudad.

“Si deseas tener una iglesia, tú debes empezar una,” dice Rut. “Tú compartes el evangelio y luego te reúnes. Nosotros leemos la Biblia pero siempre nos encontramos con pasajes que no comprendemos. Entonces los salteamos y esperamos al momento en que el Espíritu Santo nos enseñe su significado.”

Cuando se hacen entrar de contrabando libros teológicos a nuestro país, los grupos se los pasan entre ellos como copias invaluables. Las personas que desean poseer pasajes específicos hacen copias a mano antes de hacer circular los libros.

“Sentí que era una hermosa experiencia, incluso a pesar de que no contábamos con esos recursos. Dios estaba allí todo el tiempo. Él sostenía mi mano.”

En su ciudad comenzó un movimiento de iglesia. En un fin de semana típico se bautizaban hasta 20 personas. En cierta ocasión se bautizaron 60.

Cuando Rut se graduó de la universidad y comenzó a enseñar, ella conoció a una pareja de misioneros con quienes su hermana se había puesto en contacto. A través de ellos, Rut se enteró de un seminario nazareno en otro país. Ella sintió que Dios la guiaba a estudiar allí para más tarde regresar a su hogar y continuar sirviéndole.

En el seminario, Rut conoció a Marcos. Él era un estudiante extranjero que se preparaba para ser misionero. Su relación se formó rápidamente y poco tiempo después ellos se casaron. Luego de culminar sus estudios, ellos se mudaron al país de Rut y comenzaron una familia.

Ellos estaban en contacto con otra familia nazarena que había estado ofreciendo clases de educación bíblica para personas trabajadoras durante los fines de semana. Las dos parejas se pusieron de acuerdo en trabajar juntos, pero poco tiempo después de que Marcos y Rut llegaran la otra familia renunció, de modo que Marcos y Rut se hicieron cargo. En los últimos cinco años ellos han graduado a 65 personas. Ellos llevan a presentadores del exterior, lo cual provee una amplia variedad de perspectivas y conocimiento, así como diferentes trasfondos culturales.

“Los cristianos de este país han estado desconectados de los cristianos en otras partes del mundo,” dice Rut. “Dentro del aula, algo que realmente toca sus corazones es el ver a profesores con diferentes colores de piel hablando inglés con diferentes acentos y provenientes de diferentes trasfondos – cómo crecieron y cuándo recibieron su llamado, así como qué tipo de trabajo tenían antes. Esas historias verdaderamente los llena de ánimo. Ellos han dicho que una de sus cosas favoritas no tiene que ver simplemente con los cursos, sino que son las historias de los profesores – el ver que Dios está con cada nación del mundo y ver que Él verdaderamente utiliza a todos sin importar su pasado.”

Debido a que muchos cristianos en el país han desarrollado su fe con cualquier material que hayan podido obtener, muchos no tienen una “posición teológica clara,” dice Rut. “El programa de educación nazarena presenta la teología wesleyana-arminiana a los estudiantes, muchos de quienes jamás han sido expuestos a la misma, y el mensaje de santidad está transformando las vidas de los estudiantes,” cuenta Marcos.

Artículo editado. Fue publicado originalmente en: http://engagemagazine.com/content/de-iglesia-hogare%C3%B1a-l%C3%ADderes-de-educaci%C3%B3n

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 27 julio 2016 en El Llamado, Evangelismo, Fe y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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