La Comparación Está Robando tu Alegría – Parte 1 de 2

Por Amanda Fowler. Trad. por: Yadira Morales

Hay muchos relatos de advertencia en la Biblia sobre la comparación, comenzando desde el principio. La serpiente en el jardín le sugiere a Eva que se compare a sí misma con Dios. Si tan solo ella comiera fruta de este árbol, le dice, podría ser como Dios en su conocimiento del bien y del mal. Las historias de Caín y Abel, Jacob y Esaú, José y sus hermanos, Saúl y David, y muchas más ilustran los extremos de lo que puede suceder cuando las personas se comparan con los demás, siendo presas de los celos y la envidia. Incluso los discípulos no fueron inmunes, compitiendo por posiciones en la mano derecha e izquierda de Jesús. Y las últimas palabras registradas de Pedro a Jesús en el Evangelio de Juan son: “Señor, ¿qué hay de él?” después de escuchar una palabra inquietante sobre su propio futuro.

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Por supuesto, todas las comparaciones que leemos en las Escrituras sucedieron en tiempo real. Imagínese si el Rey Saúl hubiese podido desplazarse a través de la información de Instagram de David, cada foto, perfectamente organizada, etiquetada y filtrada, más exasperante que la anterior. Piensa en Pedro, preguntándose por qué Juan publicó tantas selfies con Jesús, todos etiquetados con el hashtag #discípuloamado. Imagina a Martha mirando entre la vívida y deliciosa imagen en la parte superior de una receta fija de Pinterest y el plato no tan pintoresco que estaba a punto de servir a su invitado de honor.

Internet y las redes sociales son maravillosos en muchos aspectos, conectándonos de forma incomparable. Pero los estudios han demostrado que estamos cada vez menos satisfechos con nuestras propias vidas, ya que consumimos un flujo casi constante de imágenes, actualizaciones de estado, artículos, recetas, sugerencias de decoración de fiestas, videos instructivos y sugerencias de mejora personal de los demás. La comparación es uno de los elementos distintivos de nuestra humanidad caída: las redes sociales no crearon el problema, pero ciertamente han amplificado su poder.

Más allá de la información visual, relacional y material en nuestros medios sociales, las formas más peligrosas de comparación ocurren cuando miramos los obsequios de los demás con anhelo— y a nuestros propios regalos con desdén. Este tipo de comparación es muy insidiosa, ya que toma la bella imagen del cuerpo de Cristo, con toda su diversidad, y la convierte en una masa de personas inconformes, cada una deseando ser como otra persona.

Con la Pastora María Kringel, quien sirve y dirige Life Church en Roscoe, Illinois, junto a su esposo pastor, hablé sobre la presencia de la comparación en los roles que ella. Kringel, madre de cuatro hijos y promotora de salud, reconoce que su lucha contra la comparación es un viaje continuo que probablemente enfrentará siempre. Sin embargo, recientemente encontró una nueva fuerza para contrarrestarlo, al negarse a dejar que la idea de la perfección la domine. “Finalmente abrí paso y llegué a un punto en el que no me importa. Siempre hay una voz que dice, ¿qué haría esta persona? ¿Cómo manejarían esta situación? Bueno, ¿a quién le importa? No vivo para su aprobación de todos modos, y si trato de ser como ellos, no consigo ser yo. Esto acaba con lo que Dios me hizo ser.” Acerca de la función de las redes sociales en la comparación persistente, Kringel dice: “Roba demasiado. Es un tirón tan fuerte. Piensas en tu cabeza que todas estas personas tienen todo perfectamente resuelto, pero en realidad no—solo estás viendo los mejores momentos.”

Una forma en que Kringel decidió luchar contra esto como líder de la iglesia es intencionalmente ser más auténtica, tanto desde el púlpito como en sus publicaciones en las redes sociales. En lugar de publicar solo lo positivo y perfecto, por ejemplo, ella escribe honestamente sobre un día difícil con su hijo Isaías, quien tiene parálisis cerebral. Ella encuentra no solo la aceptación de los feligreses, sino también la gratitud. “La gente está tan hambrienta de autenticidad real. En el ministerio, no pueden identificarse con muchos de nosotros porque tenemos esta imagen de perfección.”

Este artículo continuará en la próxima entrada.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 5 marzo 2018 en Liderazgo, Otro, Santidad y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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