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¡Ha Resucitado!

Pastor Gerardo Aguilar

De niños jugando a las escondidillas pasamos momentos dulcemente tensos. Era un desafío buscar el mejor lugar posible y guardar silencio con un aguante tremendo de risa nerviosa sin que te descubrieran. ¡Nadie quiere ser encontrado! – Por gracia, no todo en la vida es juegos, sino también realidades.

Hablando de querer encontrar a alguien, recordamos a las mujeres piadosas que fueron a buscar a Jesús a la tumba donde le habían puesto después de ser crucificado y muerto en la cruz. Ellas esperaban encontrarle para poner perfumes y especies aromáticas según la costumbre de su cultura.

El corazón de aquellas mujeres tenía cierta fe y duda al mismo tiempo, pues se preguntaban entre sí quién les movería la enorme roca que cubría la entrada al sepulcro. Sin tiempo de contestarse la pregunta, –de repente– observaron la roca movida y a un ángel del Señor sobre ella que les habló y dijo: ¿porque buscáis entre los muertos al que vive? –Jesús–¡No está aquí, pues ha resucitado!

–¡¿No está aquí?! ¡Ha resucitado!

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Vaya aseveraciones de aquel personaje celestial! –En nuestros días quizá hubiéramos respondido: –¿Estás hablando en serio?–, –¿Alguien podría ponerme eso por escrito?–, o –¿Puedes hablarlo bajo declaración jurada ante la ley?–.

No es fácil recibir tan gloriosa y también tan desconcertante noticia, luego de haber visto al Maestro en sufrimiento y cruel muerte en el madero. Nadie creería eso a menos que, el poco de fe que mantenían como un leve ardor en el corazón, se haya convertido luego en una antorcha interna de gozo y confianza, que trajo a la memoria las mismísimas palabras de Jesús cuando les decía: “el Hijo del Hombre será entregado…y le condenarán a muerte;…para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará–¡Ahora todo tiene sentido!…¡Ha resucitado!

Las tumbas de los llamados profetas e iluminados, de las religiones del mundo, contienen los restos de esos hombres. –Todos murieron como cualquier humano–. Algunos son considerados como dioses, sin embargo no lo son pues en el último y agónico “round” de sus vidas la muerte les venció sin escollo.                                

Pero nuestro Señor Jesucristo en un encuentro cara a cara con la muerte, le venció y resucitó al tercer día, significando así “la muerte de la misma muerte”, y por ello también el apóstol Pablo testificó con poder diciendo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? –¡Sorbida es la muerte en victoria!–.

Para nosotros hoy en día, traer a la memoria la victoria de Jesús sobre la muerte es algo que debe aumentar nuestra fe y confianza hasta lo sumo. De hecho la Resurrección de Cristo es el evento que le da sentido y esperanza a nuestra fe. Al adorar a un Cristo vivo, el mismo Espíritu que le levantó de los muertos también nos sostiene en Sus Promesas y Palabras de poder que alimentan el alma cada día. ¡Jesús ha resucitado!

¿Quién decís que soy yo?

Pastor Gerardo Aguilar

Cuando era estudiante miraba algunos jóvenes cristianos con su Biblia en el colegio. Yo asistía a un grupo de jóvenes en la iglesia local pero no me identificaba como cristiano en ninguna parte. Cierto día una circunstancia insinuó que yo también era un cristiano, y surgió una pregunta que me dejó paralizado por unos segundos: –¿Tú eres un cristiano?, jamás tuve habilidad para pensar y responder tan rápido y dije: “No, yo sólo voy a la iglesia de vez en cuando…pero nada más”

Les mentí a todos, excepto a mí mismo. La pregunta fue tan poderosa que sacó a luz la realidad de mi vida: no era un cristiano aun creyendo serlo. Era solo un tipo de simpatizante frecuente de Dios y de su Iglesia. Años después todo cambió y ahora soy un verdadero seguidor de Cristo.

Un privilegio de los discípulos y seguidores de Jesús en su ministerio fue ver con ojos propios y saber de primera fuente los milagros y las sorprendentes manifestaciones de su poder:

–“Haber visto viva y charlando en la mesa a la joven hija de Jairo después de estar enferma y muerta.”

–“Percibir el tremendo hedor por la descomposición de 4 días del cuerpo de Lázaro, y momentos después verlo salir de la tumba caminando entre los vivientes.” 

–“Escuchar las exclamaciones de asombro del ciego de nacimiento que Jesús sanó con un poco de barro hecho de tierra y saliva ¡¿Cuántas cosas maravillosas estaría viendo ese hombre?! ¡¿Cómo te cambia la vida en un instante?!”

Muchos fueron testigos de los milagros de Jesús y sus enseñanzas del Reino de Dios, lo que le diferenciaba de cualquiera de los profetas, maestros y líderes religiosos, algo jamás antes visto. Jesús enseñaba con revelación, sabiduría y autoridad. La gente reconocía esa diferencia y más adelante en Jerusalén muchos lo aclamaron diciendo: “¡¡Hosanna!!, ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

En Mateo capítulo 16, leemos que Jesús tiene una conversación inusual con los discípulos. Mientras caminaban Él les hace la siguiente pregunta: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” –La respuesta es fácil, había que indicar lo que decían otras personas y pronto dijeron: “Unos (dicen que eres), Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.” 

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Luego Jesús hace una segunda pregunta, –directa y personal: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?– ¡Imagino el rostro de los discípulos tratando de buscar entre ellos quién tenía la respuesta a semejante interrogante! Es una pregunta que no puede ser contestada por nadie, solo por aquellos a quienes va dirigida. Es una pregunta poderosa.

Al igual que la pregunta de mis amigos de colegio confrontándome si era un cristiano, también la pregunta de Jesús dejó congelados a los discípulos. Luego del silencio mezclado de confusión e incredulidad, ya el Espíritu Santo había hablado al corazón de uno de ellos, el de Pedro, quien con convicción y reverencia responde al Señor diciendo: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

2,000 años después, el dilema no ha cambiado. Hoy puedes creer en Jesús sólo como un profeta, un maestro espiritual o un líder histórico; en otras palabras: –“lo que dice el resto de la gente–. Crees que es el verdadero Hijo de Dios o simplemente no lo crees. Cualquier elección a tomar es una decisión en tu vida. Dios espera tomes la única decisión que podrá darte lo que tanto buscas y que puede saciar tu ser de paz, amor y gozo –Dios envió a su Hijo para salvarte y recibirte por fe como un hijo espiritual en Jesús si le recibes en tu corazón–.

Amigo mío, nadie vive y deja este mundo sin contestar a esta pregunta que Jesús hace: –¿Quién decís que soy yo? Vayas donde vayas, el Señor te seguirá hasta encontrarte. –De una vez–, déjate encontrar y decídete por Jesús hoy. Únete a los miles de millones que ya lo hicimos. ¡Amén!

Yendo un poco adelante

Pastor Gerardo Aguilar

Oí de un hombre padre de familia enfermo de cáncer con un diagnóstico de sólo semanas de vida. Decidió testificar en su iglesia local. El hombre se paró enfrente; su esposa e hijos están sentados en las primeras bancas. El hombre habló y dijo: Sé que moriré pronto. Sé la causa y tengo la idea de cuándo podría ser mi último día. En realidad –dijo él–, todos en este lugar estamos muriendo de alguna manera, pero algunos no saben de qué morirán y cuándo será esto. Es cuestión de tiempo.

Creo que nadie espera decir esto tan fácil sabiendo que la gente que más amas está en primera fila y lo escuchará sin escollo.

Una etapa crucial en la vida de Jesús fue en Getsemaní momentos previos a su pasión y muerte en la cruz. Fue un lugar donde hizo oración al Padre teniendo una plática similar a la de aquel hombre enfermo de cáncer. Jesús sabe que pronto morirá, y sabe muy bien cómo. Sabe también que sus amigos le abandonarán sin excepción. Morir es cuestión de tiempo.

Mateo 26:39 nos dice: Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”

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Quiero resaltar las palabras iniciales del verso: “Yendo un poco adelante…’’ Estas palabras expresan que el Señor Jesús quiso voluntariamente seguir lo iniciado para completar el plan de salvación del hombre; por ello, el Señor fue ministrado por el Espíritu Santo esa noche en Getsemaní. Hablar en intimidad con su Padre trajo la fortaleza necesaria para continuar su misión redentora. Pidió sumisamente en oración al Padre que se hiciera Su soberana voluntad y no la propia.

  • ¿Has pensado desistir de un plan y propósito de Dios para tu vida?
  • ¿Estás invirtiendo tu tiempo, es decir, tu vida en lo que realmente vale?
  • ¿Has pedido al Señor que se haga Su voluntad y no la tuya en tu vida?

El padre de familia de nuestra historia finalmente habló victorioso a su iglesia y familia citando Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí.” Se aferró a la voluntad de Dios en su vida.

En esta Cuaresma, imita la obediencia y perseverancia de Cristo evidenciada en Getsemaní. Atiende el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Vive para Cristo.

Cumple el propósito para el cual estás en esta vida.

Ama a Dios sobre todas las cosas y sírvele como nunca antes.

En estos días, ¡vamos un poco adelante!

Tendréis aflicción, ¡pero confiad!

Pastor Gerardo Aguilar

Recién supe de una madre cuyo joven hijo fue asesinado la noche anterior y en medio del inexplicable dolor sombreado de muerte, uno de sus problemas era tratar de sobrellevar y entender el porqué del arrebato violento de la vida de su hijo. No se puede medir un dolor de ese tipo.

¡Cuántas cosas pasan por la mente en un momento así! Allí estamos caminando en un mundo temporal e imaginario; a solas con nuestra propia conciencia, tratando de descifrar en esos escenarios mentales cuál es la mejor salida y la respuesta que traerá algo de sosiego y, en el mejor de los casos, obtener algo de certeza que las cosas marcharán mejor.

depresion-gancho16Cuando el dolor o la situación en que nos encontremos traiga consigo devastación y debilidad, siempre habrá la insuperable y suficiente respuesta que nos hará levantarnos, recobrar la esperanza y seguir viviendo con sentido en la vida. Esa respuesta está en Jesús de Nazaret, el Dios hecho Hombre, que ha padecido como nosotros y ha vencido por nosotros. Hebreos 4:15 dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”

Debes saber que no existe ningún dolor, fuerza o situación que te venza por sí sola, éstas necesitan un cómplice, – un ayudante silencioso – que trabaje tus pensamientos para hacerte creer que ya no puedes más, que eres indigno, que eres sucio y débil y que hasta mereces quizá mucho de lo que te sucede. Ese cómplice silencioso casi siempre eres tú mismo. – Si, eres tú, – somos nosotros, somos todos los que más de alguna vez nos dispusimos a ser guionistas de maldición, predicadores del pesimismo y profetas de “lo peor aún no llega” en nuestras propias vidas.

Por tanto jamás olvides que ante la situación o evento que atente contra tu paz y quiera quitártela, la última decisión sobre si eso será posible, está en ti mismo. Tienes el poder de decidir si serás víctima de esas voces que sugerirán rendirte, dejarte caer y ver todo gris de ahora en adelante.

Sabe que el dolor cuando no lo entregamos a Cristo, será tomado por el enemigo quien tratará de caminar contigo en una ruta de dudas, pesares y cuestionamientos sin fin. Luego de haberle dado paso en tu mente y corazón (es aquí donde nos volvemos cómplices) – el enemigo tendrá la meta de abandonarte y dejarte frente a la puerta de la angustia, de la depresión, del rencor con la vida y de la increpación hasta con Dios mismo.

Todo esto mi hermana y hermano, puede evitarse cuando entregas tu dolor a Jesucristo y decides esperar en su voluntad, dejarte llevar por su Santo Espíritu y permitir que Dios trabaje tu mente y corazón para que puedas tener un mejor panorama de lo porvenir. La Escritura dice en Romanos 12:2: “No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios transforme su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán entender y aceptar lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.” (Versión PDT)

Dios entiende nuestros dolores y quiere tratarlos con el bálsamo de su Presencia en nuestra vida. Ten Fe y recuerda las promesas registradas en su Palabra en el libro de Juan 16:33 cuando dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

¡Dios te bendiga en todo!

¡Jesús es la Navidad!

album-christmas¡Jesús es la Navidad!

Pastor Gerardo Aguilar

¿Quién no recuerda esas celebraciones de Navidad cuando fuimos niños? Fueron los mejores momentos en familia. El álbum de fotos muestra a mamá y papa jóvenes; los tíos y abuelos también lucen así; se aprecian sus peinados y ropas de la época y en realidad se ven más atractivos de lo que pensamos. En el mismo álbum vemos fotos de nosotros, los niños del momento con los peinados casi sin cuidado y sin gel para fijar el cabello, con pecas en el rostro y huecos en la sonrisa por los dientes que nos hacían falta. La gran mayoría con mejillas y abdómenes no tan planos como quisiéramos. Esas fotos son como el “comic” de nuestra infancia.

Estas memorias son especiales, y nos llevan a pensar: ¿Por qué celebramos en familia? ¿Por qué cancelan las clases en las escuelas? ¿Por qué tanto movimiento y compra de regalos?

A veces lo olvidamos: Jesús vino un día para encarnarse en el vientre virginal de María, nacer como un niño y desarrollar el ministerio redentor durante su vida y muerte en el Calvario. Navidad es un motivo célebre que todo creyente en Cristo debe tener con énfasis – no como una fecha, sino como un evento – que merece una celebración especial y de alabanza.

Leemos en Mateo 1:21: Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

La Navidad no se trata de un árbol lleno de luces, una réplica a escala del nacimiento en el pesebre o de la tradición de intercambio de regalos. Todo eso es un adorno del evento que celebramos: Jesucristo vino a este mundo para cumplir su misión redentora. ¡Manifestemos adoración y gratitud por ello!

Por otro lado, la Navidad adquiere el mayor de los sentidos cuando Jesucristo habita y gobierna en el corazón de las personas. Cuando venimos por la fe a Jesús, algo pasa en nuestro interior. Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Así como el niño descansó en el humilde pesebre, de esa misma manera Jesucristo reposa en ti y en mí por esa decisión de fe en recibirle como Señor y Salvador personal. Quizá Él pudo reposar en otros mejores que nosotros, pero Jesús eligió que el lugar de su reposo sería en todo aquel que le reciba en ese “pesebre” de su corazón y crea por la fe en Su Nombre. Por esto y todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida y familia, celebremos y proclamemos al mundo entero: ¡Jesús es la Navidad!

Dios con Nosotros: El Rey en la Casa

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Dios con nosotros: el Rey en la casa

Pastor Gerardo Aguilar

Imagine un día en su lugar de residencia – alguien corre con la noticia: ¡Un rey en el vecindario!, vaya suceso! -diría usted-; no suele pasar tal cosa en estos entornos. ¿Quién de tal linaje visitaría una humilde región como la nuestra? o lo que sería menos probable, recibir a un rey en nuestra propia casa.

Con certeza sabemos que no es común que alguien de nobleza sean príncipes, reinas y reyes transiten nuestros barrios o cantones. De ser así, seguro te prepararías para el recibimiento. Después de todo -“No todos los días se recibe a un rey en tu vecindario”-.

Algo similar ocurrió hace más de 2 mil años. Un rey se dispuso a visitarnos en nuestra casa planetaria, el vecindario común de todos los hombres – nuestro mundo – el cual al momento de la excelsa visita se encuentra al borde del colapso moral, de la decadencia humana y de la muerte eterna.figurines

Quien nos visitó no es cualquier rey, sino el Rey Supremo enviado del cielo. Jesucristo estuvo dispuesto como Rey a venir en carne para convivir con nosotros, saber de nuestra experiencia como humanos, y más adelante redimirnos y restaurarnos.

Cuando el ángel Gabriel contó a María el plan de Dios de traer al Mesías a través de su vientre, también le dice que uno de sus nombres sería Emanuel, que traducido es “Dios con nosotros”. No solo es un nombre; es una promesa. Y dicha promesa ha sido una realidad desde entonces teniendo un agregado significativo: “El Señor Jesucristo no vino sólo a manera de visita, sino vino en calidad de residente”. Sí, él vino para quedarse con nosotros. Hebreos 3:6 dice: “Cristo…es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros….” También en Juan 14:23 leemos: “Jesús…dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”.

Así pues, luego del sacrificio expiatorio en la cruz, la visita de Jesús se transformó en residencia – ya no sólo en un vecindario global, sino en una casa personal – una habitación espiritual, la casa de nuestro propio ser: espíritu, alma y cuerpo.

Recordemos que nadie merece por méritos propios tener a Dios de residente en nuestra vida. Pero en su infinita misericordia, Dios decidió habitar y residir en vasos viles, haciéndonos para Él mismo vasos de honra y llenarnos de su santa presencia.

En esta época de Adviento adoremos a Jesús, el Rey residente. Alcemos nuestras voces en alabanza y exclamación santa. Vivamos en obediencia como ofrendas vivas de gratitud y testifiquemos a todo el mundo que Él es Emanuel, Dios con nosotros. Él es el Rey en la casa. ¡Aleluya!

¡Un Niño, la Esperanza del Mundo!

nativity-set¡Un niño, la esperanza del mundo!

Pastor Gerardo Aguilar

En algunos pueblos era costumbre mientras un cortejo fúnebre salía de la iglesia, que la campana sonase tantas veces como años había vivido el muerto. Cierto hombre dijo: “Con ansiedad cuento los tañidos de campana para ver cuántos años podía yo seguir viviendo! – Cuando sonaba setenta u ochenta veces yo suspiraba aliviado al pensar que me quedaba mucho tiempo. Pero otras veces los tañidos eran muy pocos y entonces el terror se apoderaba de mí, cuando pensaba que yo también podría, dentro de muy poco, ser apresado por aquel monstruo tan temido, – la muerte”.

Vivimos en una sociedad que busca constantemente la fórmula del éxito y la felicidad. Algunos tienen su esperanza en la cantidad de dinero que poseen y en las inversiones, otros en las cualidades físicas como la belleza exterior, habilidades artísticas, deportivas o la inteligencia en los negocios. Para nosotros –los más comunes-, la esperanza pudiera estar en el solo hecho de tener fuerza, juventud, salud y posición. Ciertamente todo lo descrito, son confianzas vulnerables que caen con el tiempo, el infortunio y a veces por las propias decisiones de la vida. La bancarrota, la enfermedad, el envejecimiento o la misma muerte son el fin de todas esas esperanzas terrenales.

Luego que un ángel del Señor habla a los pastores de Belén sobre el nacimiento del Cristo, el Salvador, éstos encuentran al niño Jesús envuelto en pañales y acostado en un pesebre. ¿Será posible que un niño sea la esperanza del mundo? Cualquiera pudo haberlo pensado y -honestamente – no los culpo, no es algo que podamos asimilar racionalmente y tampoco algo fácil de entender naturalmente.light-bethlehem

Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

En ese niño al que se refiere el profeta Isaías creció y fue el Dios hecho hombre. Caminó entre nosotros sin pecado, se dio asimismo en la cruz y venció a la misma muerte resucitando al tercer día. Estableció un cuerpo de hijos espirituales y prometió regresar por ellos, una nación santa y un pueblo escogido. – Ese niño en pañales, el Hijo que nos es dado – Jesucristo – vendrá con el principado sobre su hombro, y todas las naciones del mundo de rodillas lo llamarán Señor y Rey, el Dios Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

No esperes que las campanas suenen muchas veces.

No confíes en los números de tu libreta de ahorro.

No mires tu juventud como dios ni tampoco tu fuerza y salud como fuentes eternas.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1). ¡¿Ves?! ¡Habrá esperanza eterna solo en Cristo!

Finalmente, te animo a contar a otros sobre la esperanza de Dios para toda persona. Sin duda tendrás a alguien cerca que necesite saberlo. En esta época de Adviento, no hablemos del niño del pesebre solo como algo de historia, sino que hablemos con énfasis especial y real del niño, -de Jesús- ¡la esperanza del mundo!

Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Por Pastor Gerardo Aguilar

La misión redentora de Jesús, trae de parte de Dios bendiciones y beneficios para toda la raza humana. El propósito fundamental es la redención del hombre perdido y dominado por el pecado. El evangelio de Jesús sana al enfermo, libera al cautivo y da vista a los ciegos. Devuelve a toda persona renacida en Cristo su dignidad y propósito de vida.

Una bendición particular manifiesta desde el nacimiento de Jesús es el gozo expresado en la adoración celestial que entonaron ángeles esa noche en Belén. Lucas 2:14 dice: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad!” (NVI).

“El gozo es una marca distintiva del nacimiento, ministerio y obra de Jesús en esta tierra”. En nuestros días cuando un bebé llega a una familia todos alrededor se gozan con los nuevos padres; pero el nacimiento de Jesús fue especial. Lucas lo describió diciendo: “…ha nacido en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

En Jesús, Dios se acerca al hombre de una manera única. Y el niño nacido ese día en Belén es el mismo Dios hecho Hombre que un día murió en el Calvario y cambió el llanto y el luto de mundo a esperanza y gozo eterno en Dios. La salvación en Cristo trae consigo gozo celestial dentro de un cuerpo terrenal. Es como un perfume especial dentro de un frasco casual. La misma presencia de Dios habita en vasos viles para que luego nos convierta en vasos de honra para Sí mismo.

Sin embargo, debes saber que hay algo que hace que nuestro gozo nos abandone casi de inmediato, y eso es el pecado. El Espíritu Santo no podrá vivir en una casa sucia y por consiguiente su Presencia solo habitará en el corazón contrito y humillado. Por ello debemos mantener nuestra vida en santidad y entregada al Señor y al gobierno de su Espíritu Santo. Y si es el caso de alejamiento espiritual, entonces debemos volver a Dios en arrepentimiento sincero.

Desafíos de la vida intentarán apagar el gozo de Dios en nuestra vida, pero nada podrá apagarlo. Somos vulnerables a la muerte fisica, a las emociones, decepciones y pesares, pero esto no significa que el gozo pueda ser vencido. La Biblia dice en Nehemías 8:10: “El gozo del Señor es nuestra fortaleza”. El gozo es una manifestación de la presencia de Dios en nuestra vida, y solo podremos mantener ese estado de fe triunfante en la medida que nos llenemos de Dios en el Espíritu Santo.

En esta época donde recordamos el nacimiento de Jesús, no podemos olvidar el gozo de los ángeles y de los pastores a quienes cantaron. “Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído” (Lucas 2:20).

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¿Y tú? ¿Qué has visto y oído? Si la Navidad significa “paz en la tierra a los que gozan de su buena voluntad”, escuchemos y obedezcamos la exhortación de Pablo en Filipenses 4:4 – “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”

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