La Demonia de Tasmania

En Tonalá tuve el gusto de conocer a una hermana que se llama «Tonita.» Ella es la Presidenta local de la MNI (Misiones Nazarenas Internacionales) y se acercó a mí en la mañana después de terminar el servicio. Sin mucha dificultad me di cuenta que ella habla como el famoso Demonio de Tasmania funciona. En dos minutos derramó tres mil palabras sobre mi prédica, la iglesia, su pasión por Cristo, etc. Cuando Tas respiró, aproveché la oportunidad para preguntarle sobre su familia y su ministerio. Entre el diluvio de palabras expuestas en los siguientes cinco minutos descubrí que su esposo no es cristiano y que vive en los Estados Unidos. También descubrí que ella tenía una pasión por la gente perdida y una pasión por promover misiones y la misión a todos en todo tiempo. Oramos juntos por su esposo y por su ministerio, y de verdad su manera de expresarse contagiosamente me hizo gozar en el evangelio otra vez. Sus muchas palabras me animaron y aprendí de ella mucho sobre la pasión que debemos tener por nuestro mundo.

Después comimos con el Concilio local de la MNI en una taquería, y hablamos mucho más, nos reímos bastante, y terminamos el tiempo orando. Mientras que estuvimos allá, Tonita compartió el evangelio con dos personas–¡uno el dueño de la taquería! Yo fui oficialmente el «misionero,» pero observé de nuevo como alguien sin título oficial puede transformar el mundo con pasión y con valentía.

No todos tenemos la personalidad asombrosa de mi nueva amiga Tonita. Dios nos creó diferente. Pero cuando hablo (como ayer) de la diferencia entre misiones y la misión, creo que ella es buen ejemplo. Gracias, Tonita, por proclamar con Pablo, «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego» (Romanos 1:16).

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