“…Porque Cuando Soy Débil, Entonces Soy Fuerte…”

*Continuamos nuestro énfasis en el Cuaresma con una serie de entradas enfocadas en la yuxtaposición de dos realidades supuestamente contrarias en la vida del cristiano.  Gracias a David González, Vice-Presidente Global de la Juventud Nazarena Internacional (JNI), por escribir estas tres reflexiones.

“Poder en la Debilidad”

2 Corintios 12:9; Mateo 26:39

Es cada vez más común que como parte de la preparación ministerial se apliquen algunas pruebas para identificar las fortalezas y la personalidad. Sin lugar a dudas, estas herramientas son muy útiles pues nos ayudan a mejorar la relación entre los compañeros de ministerio con el objetivo de ser un equipo de trabajo efectivo.

Hace unos días, mientras leía 2 Corintios 12:9, reflexionaba en que no es tan difícil reconocer nuestras fortalezas si lo comparamos con lo difícil que es reconocer y aceptar nuestras debilidades. Tanto en nuestro ministerio como en nuestra jornada espiritual hay esa tendencia a ocultar nuestra vulnerabilidad, nuestras fallas, los momentos difíciles, nuestras dudas y temores. Quizá esto se debe a la importancia que le damos a la imagen que otros tienen de nosotros, ya que es mucho mejor que nos etiqueten como espirituales y capaces, a que lo hagan como débiles y poco competentes.

A veces me pregunto, ¿qué pensaríamos de Jesús cuando a unas horas de ser aprehendido, reconoce el temor que tiene y lo débil que se siente?

Basados en la tendencia a ocultar nuestras debilidades y temores, podríamos hasta decir que la relación con su Padre estaba pasando por una etapa de frialdad o que quizá no estaba listo para enfrentar el reto de la muerte en la cruz. Sin embargo, era todo lo contrario, era precisamente esa relación y confianza con su Padre lo que lo hizo expresarle su agonía, dolor y temor ante el inminente sufrimiento que le esperaba.

Fue en el momento cuando reconoció su fragilidad, en su naturaleza humana, que Jesús experimentó la fortaleza de su Padre en un momento decisivo de su misión. Ese momento fue cuando declaró, “si es posible, haz que pase de mí esta copa, pero que no se haga lo que yo quiero sino tu voluntad”.

Pablo entendió muy bien lo que significaba gloriarse en sus debilidades. No trató de disimular su fragilidad, pues eso hubiese significado privarse del poder de Cristo en su vida. Sabía muy bien que era allí donde el poder de Dios se manifestaba.

Cuando reconocemos y aceptamos nuestras debilidades en nuestro caminar con Dios y por lo tanto en nuestro ministerio, estamos en la dirección correcta para experimentar el poder de Dios. El siguiente paso es igual de importante: ¡Confiar en que El está en control de la situación y que es poderoso para hacer mucho más de lo que podemos comprender! Es entonces cuando confirmamos que la voluntad de Dios es agradable y perfecta, que su gracia es suficiente y que su amor no tiene límites. Porque cuando somos débiles, ¡somos fortalecidos por el Dios que todo lo puede!

3 comentarios sobre ““…Porque Cuando Soy Débil, Entonces Soy Fuerte…”

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  1. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén!!

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