Un ayuno de confianza y obediencia

Salmo 40_6Un ayuno de confianza y obediencia
Lunes, 13 de enero de 2014
Día de ayuno Regional de la JNI Mesoamérica

Por Josué Villatoro
Coordinador Regional de Discipulado Juvenil

Salmo 40:1-11

Para nuestro ayuno de hoy, vamos a meditar en un salmo. Esta canción está dividida en dos partes, la primera, de los versos 1 al 11, es un himno de alabanza por las bondades y maravillas de Dios; la segunda, del verso 12 al final, es una súplica, pidiendo a Dios que lo libre de sus enemigos y de las cosas malas que pueden pasar al salmista. Te invito a profundizar en algunos versículos de la primera parte, el canto de alabanza.

Sin duda, practicar el ayuno significa, de cierto modo, un sacrificio: aguantar hambre por un tiempo, abstenerse de practicar algo a lo cual estás acostumbrado, renunciar a disfrutar de algo que quisieras, etc., no sé qué tipo de ayuno estés practicando hoy, pero sí estoy seguro que, sea cual fuera, estás haciendo un sacrificio. Sin embargo, en este salmo, David está diciendo a Dios que “Sacrificio y ofrenda no te agrada” (Verso 6). Entonces, ¿para qué aguantamos hambre, sufrimos y estamos sacrificando ciertas cosas, si los “sacrificios” no agradan a Dios? Bueno, el sentido del salmo no es ese. David está diciendo que los sacrificios no son todo lo que necesitamos hacer, la llave para entender este poema está en el verso 8:

“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado
Y tu ley está en medio de mi corazón”

¡Qué poderosa declaración del salmista! Tal vez hoy, al ayunar, estás haciendo un sacrificio y estás sufriendo un poco, pero tu corazón no es recto delante de Dios, tus pensamientos no son limpios delante de Él, tus inclinaciones no son puras. Dios no quiere solamente que le entregues algo en este día de ayuno: una comida, el celular, el uso de internet, sino, sobre todo, Él quiere que, al ayunar, Su Palabra esté inscrita en tu corazón, que Su Voluntad sea cumplida por ti, que Él sea el soberano en todo lo que tú eres y haces.

Te invito, querido joven, a hacer ambas cosas hoy: entregar voluntariamente algo a Dios, haciendo un sacrificio, pero que vaya acompañado de un corazón limpio, que guarda los mandamientos de Dios, y que le obedece y agrada en todo.

¡Dios te bendiga!

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