La Necesidad de Contender y Contextualizar – Parte 2 de 2

Puedes leer la primera parte en al entrada anterior. ¡Disfruta más de Ed Stetzer y la traducción de Ariadna Romero!

people-backgroundDebemos reconocer que hay verdades eternas y transculturales, pero también debemos considerar que hay realidades culturales cambiantes. A veces estas dos tareas parecieran opuestas, pero es luchar contra esa tensión lo que nos ayudará a mantenernos fuertes y eficaces en cualquier campo misionero al que Dios nos envíe.

Existen diferentes enfoques. En MissionShift, Paul Hieber (en su último trabajo sobre contextualización antes de morir) habló sobre los niveles de contextualización:

Sin Contextualización:

“…vemos el evangelio como algo sin historia y sin cultura. Es inmutable y universal, puede ser codificado en términos abstractos y racionales, y comunicado en todos los lenguajes sin perder su significado. No se necesita tener en cuenta los contextos socioculturales, ni los oyentes, ni los mensajeros.

Contextualización Mínima:

Cuanto más estudiemos y vivamos con la gente a la que servimos, más nos daremos cuenta de la profundidad y el poder de la cultura de la gente, y la necesidad de contextualizar tanto al mensajero como al mensaje para que se pueda comprender y vivir el evangelio; pero tenemos miedo de que esto pueda distorsionar el evangelio, así que debe hacerse mínimamente. Nos damos cuenta que debemos hablar y traducir la Biblia a sus idiomas, y que debemos organizar los servicios y las iglesias de manera que la gente los pueda entender, pero igualamos el cristianismo con nuestras creencias y prácticas.

Paul Hieber también habla sobre Contextualización No Crítica, pero hablaré de ello más adelante. (Pareciera que muchas de las críticas que se hacen a la contextualización se refieren a este enfoque).

Como alternativa, Hiebert señala la Contextualización Crítica, donde:

La Biblia es vista como una revelación divina. No simplemente como creencias humanamente construidas. En la contextualización, el corazón del evangelio debe mantenerse como está codificado, en formas que puedan ser comprendidas por la gente, sin tener al evangelio cautivo de los contextos. Este es un proceso continuo de encarnar el evangelio en un mundo siempre cambiante. Aquí, las culturas son vistas como buenas y malas, no tan solo como vehículos neutrales para el entendimiento del mundo. Ninguna cultura es absoluta o privilegiada. Todos estamos relativizados por el evangelio.

La contextualización es importante para aquellos que se preocupan por la clara proclamación del evangelio. Sí, la contextualización es peligrosa. También es necesaria. Sin las consideraciones contextuales, no estamos transmitiendo el evangelio, sino que transmitimos nuestras adaptaciones culturales de ese evangelio.

Como lo explica Dean Gilliland:

“La contextualización es una empresa delicada, si es que alguna vez hubo alguna… los evangelistas y estrategas de misiones permanecen sobre el filo de una navaja, conscientes de que caer sobre cualquier lado tendrá terribles consecuencias… Si caen a la derecha terminarán en el oscurantismo, muy apegados a las prácticas convencionales y enseñando la fe que creen es verdadera y poderosa a aquello a quienes intentan verla con ojos diferentes. Si resbalan a la izquierda caerán en el sincretismo, muy vulnerables al impacto del paganismo en sus múltiples formas, de tal manera que comprometerán la singularidad de Cristo, fabricando “otro evangelio que no es el evangelio”.  (Dean S. Gilliand, “Contextual Theology as Incarnational Mission,” in The Word Among Us, ed. Dean S. Gilliland (Dallas: Word Publishing, 1989), 10-11.).

Aunque la contextualización es una herramienta, la clara proclamación del evangelio es la meta. No debemos confundir estas dos cosas.

Con frecuencia lo explico usando dos términos: contender y contextualizar (estos términos surgieron hace unos años durante un almuerzo en el que discutía con mi amigo Jim Millirons). El llamado a contender y contextualizar parece tener aceptación en algunos círculos como una forma de ayuda para entender esta situación.

La necesidad de contender está claramente marcada en Judas 3. Dice que “contendamos ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. En otras palabras, el centro de nuestra misión y nuestro ministerio es proclamar y defender fielmente el evangelio que fue dado a nosotros y a la gente de la cultura donde habitamos. Pero parece que también somos llamados a contextualizar en 1 Cor. 9:22-23, donde Pablo dice: “a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”.

Por una parte debemos contender y por otra necesitamos contextualizar. De hecho, contender por la fe demanda contextualizar, porque para articular y defender la fe responderemos a ídolos creados por la cultura y la falsa doctrina.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (17 años) y Sydney (15 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 11 noviembre 2015 en Cultura, El Misionero Nazareno, La Misión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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