La Necesidad de Contender y Contextualizar – Parte 1 de 2

Esta es la segunda parte de la serie “Un Llamado a la Contextualización”, por Ed Stetzer y traducido por Ariadna Romero. Espera la continuación de esta entrada en la próxima publicación.

TrabajoSocial

Hoy  hablaremos más acerca del peligro y la necesidad de contextualización, así como de la adaptación a la cultura.

Una de las primeras cuestiones que debemos hacer es definir qué está contextualizado y qué no. Los cristianos evangélicos no creen que todo esté determinado y formado culturalmente, aunque nosotros (los humanos) percibamos nuestro mundo a través de lentes culturales.

Existen algunas cosas que consideramos eternas e inmutables, como la naturaleza de Dios y las revelaciones bíblicas. Aunque el evangelio no es algo que por lo general la mayoría de los evangélicos quieran contextualizar (aunque pueden expresar la frase: “contextualizar el evangelio” tienden a referirse más a comunicación que a contender).

Los evangélicos creen a veces que no cambiamos el evangelio porque no lo poseemos. La realidad es que no cambiamos o alteramos el evangelio porque el evangelio es historia. El evangelio es la vida, muerte y resurrección de Jesucristo quien rescató a la humanidad pecadora de la perdición eterna.

En consecuencia, los creyentes evangélicos no necesitan decir que quieren “darle más importancia a la Biblia” o “darle más importancia a Dios”. De hecho ya lo hacen. Sin embargo, la contextualización es importante porque no somos eternos, atemporales o sin cultura. Tenemos que considerar algunas de las formas en las que adoramos, la manera en que presentamos las verdades eternas y cómo vivimos y nos relacionamos con la sociedad. Vivimos en una cultura. Nuestras opiniones sobre las cosas, cómo las comprendemos y se las presentamos a otros, todo ello tiene que contar como cultura.

Y podemos encontrar la cristiandad en las culturas. Walls lo explica así:

“Nadie puede conocer la cristiandad universal en sí mismo: Solamente conocemos la cristiandad en forma local y eso significa que lo hacemos de forma histórica y culturalmente condicionada. Pero no debemos temer a esto; Cuando Dios se hizo hombre, lo hizo de manera histórica y se convirtió en un hombre culturalmente condicionado en un tiempo y un lugar en particular. No debemos temer convertirnos en lo que él se convirtió. No hay nada de malo en tener formas locales de cristiandad, siempre y cuando no olvidemos que son locales”.  (A. Walls, The Missionary Movement in Christian History: Studies in the Transmission of the FaithEl Movimiento Misionero en la Historia Cristiana: Estudios de la Transmisión de la Fe (Maryknoll: Orbis, 1996), 235).

Me resulta muy extraño escuchar a la gente decir que no debemos preocuparnos por la cultura. Es como escuchar decir a un pez que no debemos preocuparnos por el agua. Tú VIVES en esa agua. Habría que redefinir el término cultura para poder decir que hay que evitarla y no adaptarse a ella.

Las Escrituras nos enseñan claramente que hay cosas que son verdaderas y trascienden culturas y tiempos particulares. Aún así, las Escrituras también modelan para nosotros la necesidad de manejar las realidades culturales. En MissionShift: Mission Issues for the Third Millennium, = MissionShift: Situaciones Misioneras del Tercer Milenio, explicó:

“Sugiero que volvamos al pensamiento del primer siglo. Lo que encontramos en el Nuevo Testamento es que para ser bíblicos se necesita la contextualización. Dean Fleming desarrolló esta perspectiva en “Contextualization in the New Testament” (Contextualización en el Nuevo Testamento). Él argumenta: “La Escritura puede ofrecernos por sí misma un enfoque más adecuado para el desafío de reapropiarse del evangelio. Y es que cada libro del Nuevo Testamento representa un intento del autor para presentar el mensaje cristiano dirigido a una audiencia en particular dentro de un ambiente sociocultural definido”.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 9 noviembre 2015 en Cultura, El Misionero Nazareno, La Iglesia y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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