El Dios Misionero Se Encarna en Jesucristo

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¡Ya hemos llegado al tiempo de Adviento!

Para los que nacimos en un hogar cristiano, estamos familiarizados con la historia del nacimiento del Hijo de Dios. Todos los años lo celebramos en la iglesia, en las reuniones familiares y entre amigos. Pero para aquel que no es cristiano, o que nació en un hogar musulmán, budista o hindú, la Navidad pasa desapercibida porque, para él, la encarnación de Dios en Cristo no tiene sentido.

Cristo no sólo dejó su hogar para poner su “tienda” y vivir entre nosotros sino que se despojó de sí mismo, para servir y ser igual que los hombres. Jesucristo abandonó su lugar en los cielos y se sujetó voluntariamente a las limitaciones humanas. ¿Y por qué lo hizo? Por amor—el amor más grande que el ser humano haya conocido jamás.

En eso consiste la Navidad: Dios por amor se encarnó para salvar a la humanidad. No usamos esa palabra mucho, ¿verdad? Encarnar significa representar cualidades, acciones, ideas, opiniones, etc. de una persona. De hecho es más que eso; en forma literal, significa vivir en la carne como alguien más vivía o vive en la carne.

Quizás podemos tomar el ejemplo de un embajador. Las funciones de este son representar a su país en uno extranjero, proteger los intereses de su país y sus ciudadanos, negociar, e informarse sobre las condiciones y desenvolvimiento en el nuevo país.

Lo interesante está en las dos últimas funciones.  Algo similar son nuestras funciones cuando encarnamos a Jesús. Somos embajadores de Dios en este mundo (2 Cor. 5:20), entonces la pregunta es: ¿Soy embajador en mi vecindario, en otra cultura, en el trabajo, en la escuela, etc.? ¿Estoy promoviendo relaciones amistosas (y más que eso) entre Dios y aquellos que no lo conocen?

Para comprender las misiones debemos enfocar mayor atención a Jesús, a su misión y al propósito de ésta en el mundo. Durante su tiempo en la tierra él mostró compasión, su ministerio era predicar y enseñar, y llegó hasta la cruz en su sacrificio por los pecadores. Y lo increíble es: ¡Al resucitar mandó a sus seguidores a predicar por todo el mundo, siendo sus manos y pies, encarnándonos en el mundo cómo él hizo por nosotros!

En la próxima entrada hablaremos de esto más, y como somos enviados por él quien fue enviado.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 2 diciembre 2016 en Calendario Cristiano, La Misión, Teología y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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