Una Súplica para no Unirte a los Desilusionados: Resistiendo el Cinismo que Marchita el Alma en el Ministerio

Por Scott Armstrong

Yo era un misionero novato, nuevo en el campo y ansioso por cambiar el mundo. Estaba hablando con una colega misionera, quien había servido por casi una década, sobre un asunto delicado de la Iglesia tanto en el campo misionero como en casa. En un momento dado, con optimismo, expresé que todo se resolvería pronto. Ella movió sus ojos y negó con la cabeza como si fuera una sabelotodo: “Espera un par de años. Tú vas a estar tan desilusionado como el resto de nosotros.”

¡¿Qué?! Esto sucedió hace años, y todavía lo recuerdo vívidamente. ¿El ministerio y las misiones se convertirían gradualmente en una carga constante, a través de esperanzas rotas y creciente desconfianza en el liderazgo? ¡Yo no firmé para esto – y mucho menos era mi llamado!

Recientemente escuché a Matt Chandler en una de las Conferencias de Plantación y Multiplicación de Iglesias: Exponencial. Él compartió una historia, llevó a su hija de siete años a un show de Hadas de Disney. Ella estaba tan emocionada que se puso un disfraz de hada. Su papá había comprado muy buenos lugares y el rostro de ella resplandecía mientras se iban acercando a la primera fila.

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Sin embargo, desde esa sección en particular del auditorio, Matt se dio cuenta que ellos podían ver detrás del escenario a todas las hadas poniéndose sus disfraces, y donde el director del escenario estaba indicando a los actores cuando tenían que entrar y salir. Los artículos de utilería eran preparados y llevados al escenario.

La hija de Matt empezó a enfocar más su atención en lo que estaba pasando tras bambalinas en lugar de ver la magnífica producción que estaba justo frente a ella. En cierto momento ella se inclinó hacia su papá y le dijo, “Esas no son hadas reales. Solo son personas disfrazadas.”

Ya no había asombro en su voz. Ella perdió la magia.

¿No sucede lo mismo con nosotros a medida que avanzamos en la vida, y específicamente en el ministerio? Si hemos estado en esto por más de algunos años, hemos visto mucha suciedad en la iglesia, y esto no está relegado a la persona laica promedio. Por experiencia (y también, ¡algunas veces debido a nuestro egoísmo y malas decisiones!) vemos tras bambalinas y empezamos a entender lo bueno, lo malo y lo feo en el liderazgo. Comenzamos a usar frases como: “sobreviviendo” y “en la lucha” para describir nuestro trabajo diario. Definitivamente, ¡la emoción se fue!

No podemos ser ingenuos – hay mucho de la vida y del ministerio que es difícil y cansado. Estas noticias no deberían sorprendernos a ninguno de nosotros.

Al mismo tiempo, un vistazo detrás del escenario no tiene porqué quitar la magia del ministerio. Parte de madurar en el servicio a Cristo y a su pueblo no debe significar que eventualmente, y por defecto, ¡nos desilusionemos!

Así que, ¿cómo resistimos este lento avance hacia el cinismo? En mi siguiente entrada ofreceré algunas sugerencias importantes que me han ayudado personalmente a mantener un fervor espiritual y a no desilusionarme en el ministerio.

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 14 mayo 2018 en El Llamado, La Iglesia, La Misión, Liderazgo, Otro, Santidad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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