Una Llamada Inesperada

Por: María de los Ángeles Romero

¿Alguna vez perdiste una llamada importante por tener el celular en silencio? ¡Yo sí! Y no solo una, sino muchas llamadas.

Regina de 5 añitos, platicadora, inquieta y muy encantadora, era una de nuestras fieles asistentes, y cada tarde iba acompañada por su madre; durante varios días ella dejó de asistir a clases por motivos de enfermedad. Después de esto regresó, pero ahora en compañía de su hermana mayor, Itzel de 12 años, una adolescente tímida, con falta de atención y amor, quien decidió abrirnos su corazón y expresar que semanas antes había tomado la decisión de quitarse la vida.

Un viernes la invitamos para asistir a nuestro club infantil de los sábados.  Le dijimos que pasaríamos por ella y su hermanita para irnos todas juntas, además para conocernos. Al día siguiente ahí estábamos de pie frente a la puerta de su casa, listas para caminar a las canchas donde teníamos las actividades con los niños.  Al llegar ellas, fueron bien recibidas y ese día aceptaron a Jesús en su corazón.

Poco a poco volvimos a ver a Marisa (madre de las niñas), y cada vez que pasábamos a buscarlas, preguntábamos cómo estaba todo en casa.  Siempre nos decía que todo estaba bien y que solo tenía pequeños problemas de salud.  Por alguna razón, ese sábado me levanté y dejé mi celular con volumen, recorrimos el camino hacia al parque y tuvimos nuestra actividad de manera satisfactoria.  Al finalizar, algo inesperado sucedió: mi celular empezó a timbrar y sorpresivamente recibí la llamada de Marisa pidiéndome llevarle a las niñas a casa, porque ella no podía salir.  La escuché preocupada y con la voz entrecortada diciéndome: necesito que vengan a orar por mí.

Momentos más tarde la encontramos llorando y teniendo ataques depresivos y de pánico.  Oramos por ella para que Dios diera paz a su corazón y por la restauración de su salud física y emocional. La invitamos a nuestros servicios dominicales y a los jueves de oración.  Esa misma semana ella recibió las visitas de consejería donde Dios la liberó de una carga que la atormentaba.  Al finalizar la semana, asistió sola al servicio dominical donde aceptó a Cristo como su Salvador.

Días después iniciamos el discipulado con ella y su esposo, José, quien se unió a la decisión de seguir junto con su familia.  Ahora vemos cómo Dios ha restaurado esta familia no solo uniéndolos en amor de padres e hijas, sino también llevándolos a dar pequeños pero significativos pasos importantes en la fe, como ser bautizados, y casarse por la iglesia y lo civil.  ¡En estos momentos se preparan para ser líderes y encaminar a los nuevos creyentes de la Iglesia en Querétaro!

Ahora te pregunto, ¿cuánto tiempo más tendrás en silencio la llamada de Dios?

¡Este es el momento idóneo de subir el volumen y responder a este llamado que Dios hace a nuestros corazones!

 

 

 

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