Cinco Maneras Prácticas De Hacer Crecer Tu Iglesia – Parte 1

Escrito por: Teanna Sunberg / Trad. por: Ariadna Romero

img_0055En el Museo “La Gran Sinagoga de Budapest” (Dohany Synagogue Museum) en Hungría, se exhibe la foto de un hombre  y un niño judíos detrás de una valla en el gueto. Un letrero dice: “No se admiten cristianos más allá de este punto.” Sentí la ironía de ese letrero como un puñetazo en el estómago porque, si hay algún lugar en donde el Cuerpo de Cristo debería estar, es más allá de ese punto, justo ahí donde hay dolor y hay odio, donde habitan los muertos vivientes.

Entiendo el contexto cultural, cómo ese letrero tenía sentido para quienes lo publicaron, y quizás eso es lo que lo hace más aterrador. Tenía sentido para los Nazis. Tiene sentido porque cada vez que usamos “nosotros y ellos” como lenguaje, entramos en las peligrosas aguas del egoísmo.

Hablamos de la gente que nunca va a la iglesia, de la gente que tiene diferente nacionalidad, lenguaje o esquema de colores,  aquella gente que profesa una religión o una identidad sexual diferente. Y si ésta lista tiene sentido para ti, tenemos una razón para temer.

Cada vez que los brazos y las piernas que tenemos son usados para segregar y separar, dejamos de reflejar la imagen de Cristo en este mundo herido y sangrante. Y si estás leyendo esta publicación quizás deberías dejar de leer justo aquí, porque a donde voy tal vez no quieras seguirme.

Me dirijo justo hacia el interior de nuestros vecindarios, esas comunidades tranquilas, limpias y seguras. Justo ahí, desde donde nuestros niños caminan hacia la escuela y los camiones recogen la basura cada martes. Y desde ahí, doy vuelta en una esquina que no es muy popular, para decirles algo que no les gustará.

Si algún cristiano más me habla hoy sobre los métodos para hacer crecer la iglesia, voy a vomitar en sus zapatos los restos de mi platillo de ayer.

¿El crecimiento de la iglesia? No queremos que la iglesia crezca.

Debemos y podemos discutir lo que el concepto y la palabra “iglesia” significan realmente en el contexto de nuestro siglo XXI. Pero no en esta publicación, no esta vez.

Hoy me refiero a la invitación activa e intencional que le hacemos a la gente para involucrarse a nuestro ambiente de adoración. Evangelismo, si te gusta más ese término.

Así que, seamos honestos. Lo que realmente queremos es crear ambientes en los que podamos invitar y hacer sentí bienvenidos a gente como nosotros: seguros, bañaditos, con trabajo, respetables.

img_0054Los cristianos pre-empaquetados que exhiben las vitrinas de las iglesias son muy bonitos, pero tomamos al nuevo convertido, o a alguien con tatuajes mínimos que está a punto de deshacerse del desagradable hábito de la nicotina, con un lenguaje que va mejorando y la orientación sexual correcta, si y solo sí  (y este es un gran SI)  hay una alta probabilidad de que acepte a Jesús y empiece a cargar su Biblia.

No queremos a los demás. No verdaderamente.

Porque si lo hiciéramos, aplastaríamos esas barreras y nos moveríamos hacia el gueto, usaríamos nuestros brazos y piernas como unidades médicas móviles.

Podríamos hacer eso.

Y hasta que lo hagamos, no quiero asistir a  otro seminario, tener otra conversación, o leer otro libro donde se quejen sobre esto, prescribiendo o presentando  métodos para hacer crecer la iglesia.

Continuará en la próxima entrada…

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 1 mayo 2015 en El Mundo Hoy, La Iglesia y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Rev. Cruz Roque-Vicens

    Gracias por los dos artículos de Teanna Sundberg y la magnífica traducción de Ariadna Romero. Hace falta este tipo de escrito y predicación para alcanzar a los que se pierden. Los que hemos sido alcanzados, cambiamos nuestra naturaleza (el YO) mundana, pero seguimos en el mundo (“…no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo…” Juan 15:19) para que, como Jesús, seamos “luz y sal del mundo”. Usenlo para bendición de la Iglesia…

    • Gracias por su respuesta, hermano. Sin duda este artículo ha sido un despertar para muchos y oro que seamos los agentes de cambio para nuestra Iglesia y nuestro mundo en los años venideros.

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