Proyecto Pablo 2021: El Milagro en la Última Puerta

Del 15 al 22 de agosto de 2021, 24 voluntarios de diferentes estados de México participaron en Proyecto Pablo. Tales oportunidades misioneras solían ofrecerse varias veces cada año desde 2005, pero durante la pandemia de COVID-19, muchos de esos viajes fueron lamentablemente cancelados. Hoy estamos compartiendo algunos testimonios de personas impactadas durante esta iniciativa significativa de plantación de iglesias.

“Durante el Proyecto Pablo hubo un niño, llamado Jonathan, que llamó mi atención. Su familia no lo dejaba estar a las actividades que teníamos, ya que era algo religioso. Para poder asistir, hacía los trabajos o mandados que le ordenaban no importando lo difíciles que fueran, y aún si en medio de la actividad que estuviéramos realizando su familia le hablaba, él tenía que ir. Nunca rezongaba, simplemente cumplía lo que le pedían y volvía con rapidez.

En una ocasión que llegó con moretones causados la noche anterior por su padre ebrio, dijo que su papá tal vez no supo lo que hizo porque no estaba en sus cinco sentidos, que él lo quería y también a su madre y sus hermanos. Siempre defendía a su familia y daba pretextos de ciertas cosas. Comentaba que no se acordaba que su familia no nos quiso recibir para hablar de la Palabra de Dios. Nosotros estábamos fuera de su casa y escuchamos como su mamá no quería visitas y lo mandó a él para decir que ella no estaba. Sin embargo,  él nos seguía dando una sonrisa y ocultaba sus sentimientos de dolor hablando de otras cosas para no llorar.

Vi el entusiasmo con el que quería aprender de Dios y saber más. A pesar de su corta edad, él tenía ese anhelo de conocer a Dios y no importaba si tenía que cumplir las condiciones de su familia para poder asistir.

Le pido a Dios que por medio de él, su familia vea la gloria de Dios en su tiempo. Sé que Dios hablará a esa familia por medio de su testimonio.” –Victoria Díaz

“Recibí muchas sorpresas y Dios pudo mostrarme su amor, recordándome que nada de lo que hacemos es en vano y que a su debido tiempo llegan las cosas.

Tuve la oportunidad de conocer a la señora Wendy. En el momento del evangelismo ella se vio muy interesada porque al parecer ya había sido miembro de muchas iglesias. Sin embargo, todas le exigían algo, no le ofrecían nada gratuitamente ni de una manera libre, le pedían algo antes de que pudiera venir a los pies de Jesús.

Comenzó a hacerme múltiples preguntas sobre lo que era la Iglesia del Nazareno y porqué debía creer si muchas veces la habían tratado mal. Se mostraba sorprendida porque a ella le dijeron todo ese tiempo qué era lo que le hacía falta, pero no le mostraron a quién necesitaba. Con cada cosa que le hablábamos de Dios ella despejaba sus dudas y entendió que el amor de Dios es más que seguir una lista de reglas. Accedió a las visitas y a recibir discipulado con la intención de seguir aprendiendo más de Dios.” –Amín Damián.

“El momento que no olvidaré y que marcó mucho mi vida fue conocer a tres chicos a través de clases de regularización: Roberto (6 años), Alicia (8 años) y Yamileth (10 años).

Estuvimos durante dos semanas impartiendo estas clases, luego comenzamos a ir a su casa a darles discipulado infantil. Lo que más me llenó fue ver que ellos invitaron a unos amigos que viven cerca de su casa, pues así como ellos conocieron de Jesús querían que otros conocieran a su nuevo mejor amigo.

Entre esos chicos estaba Librado, otro niño con el que pude ver cómo a través del amor de Jesús que nosotros reflejábamos y les dábamos, pasó de ser un chico muy introvertido y tímido a abrirse por completo a nosotros. ¡Ver a estos niños y sus sonrisas transformadas por el amor de Jesús me llenó de mucho gozo!

La mamá de estos chicos aceptó a Jesús en su corazón y también participó del discipulado al ver que sus hijos estaban buscando al Padre.

Yo vi a Jesús en cada momento. ¡No dejo de darle gracias a Dios por permitirme ser parte de esto!” –Jaydi Novelo

“El testimonio que más me marcó fue sobre un matrimonio: cuando nadie quería escucharnos, Karla, la madre de cuatro hijos, fue la primera que nos abrió su puerta para platicar y compartir el mensaje de salvación. No es fácil dejar pasar a dos extrañas a tu casa, sin embargo, ella con mucha confianza nos dejó entrar. Cuando empezamos a evangelizarla, Karla nos miró con suma atención y sin decir nada después de cinco minutos con la cabeza agachada, empezó a llorar. Me di cuenta de que no fuimos nosotras las que hablamos, sino el Espíritu de Dios a través de nosotras, pues él redarguyó a Karla. Nos contó la crisis que estaba pasando con su familia, en especial con su matrimonio y todas las dificultades que tuvo que pasar y soportar durante muchos años. Sentía un vació en su corazón y se refugiaba en otras cosas para poder olvidar.

Cuando ya tienes horas caminando bajo el sol sin comer, tocando puertas con la esperanza que alguien de la casa te escuche por cinco minutos para poder dar el mensaje de salvación, solo quieres acabar tu labor del día. ¡Pero cuando tocas la última puerta, es ahí cuando el milagro sucede! Como en el caso de Karla, que aceptó a Jesús como su Salvador, la discipulamos y está esperando para ser bautizada. ¡¡Aleluya!!

Karla sigue orando y leyendo su Biblia, para que algún día su esposo pueda acercarse a Dios y aceptarlo como su Salvador. Sus hijos asisten a la misión, donde les enseñan conforme a su edad. Tenemos fe que así como Dios rescató a Karla, también lo hará con su marido.” –Priscila Moguel

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