Primero las Verduras, Luego las Frutas

Por: Esteban Murillo

Durante la dulce espera de Etienne, nuestro primogénito, Dhariana y yo estuvimos leyendo e investigando mucho sobre el mundo de los bebés. Uno de los rubros que resultó trascendental fue la alimentación. Para los padres primerizos todo es completamente nuevo. ¿Cuándo darle alimento sólido? ¿Cuánta cantidad? ¿Qué darle de comer y qué no darle de comer? Una de las cosas que más nos causó curiosidad fue descubrir, casi como regla, que cuando llegara ese momento, nunca debíamos darle de comer frutas primero, sino verduras. La explicación es muy sencilla: si ellos prueban el delicioso y jugoso sabor de la fruta primero, posiblemente no les haga mucha gracia el sabor insípido de las verduras.

Como buenos padres primerizos, eso hicimos con Etienne. Iniciamos con purés (sin sal) de zanahorias, luego de papa, y así con muchas otras. ¡Verlo comer apio y brócoli con 1 año era una belleza! Ya cuando él hubo amado su nueva comida, le dimos el acceso a las frutas: banana, papaya, sandía. ¡Las amó igual! Hoy en día, con 7 años, Etienne ama sus verduras de la misma manera que las frutas.

A nivel del liderazgo, es posible que este concepto se deba aplicar en la manera en que establecemos y desarrollamos las relaciones con las personas que lideramos. Si queremos ser el mejor amigo de nuestros empleados o discípulos (¡o incluso hijos!), no nos tomarán en serio a la hora de disciplinar. Primero las verduras, luego las frutas.

Además, a veces nuestras tendencias en liderazgo se rigen por un estilo o el otro: o somos expertos dando “verduras”, o nos encanta recetar siempre “frutas”. Un líder debe mantener una comunicación directa, y a veces difícil, sin dejar de ser empático. La comunicación es un elemento vital a la hora de establecer relaciones intencionales y fructíferas en el liderazgo.

Dar instrucciones de forma específica y directa es esencial si el líder necesita dejar en claro lo que se requiere. Si no se realiza de manera adecuada, puede verse como una persona autoritaria. De igual manera, para que la instrucción sea bien recibida debe ser empática, amable y genuina. Nunca debe faltar la cortesía.

La meta es clara: ser exigente pero comprensivo, ser directo sin ser desconsiderado, ser respetuoso sin ser permisivo, saber establecer límites sin perder la consideración con el ser humano que tengo a mi lado. Pareciera complicado, pero con intencionalidad, esto se podrá volver un entrenamiento diario. ¡Pero ojo! Se requiere disciplina para poder caminar en ese delgado margen.

Comer verduras y frutas debería ser parte de nuestra vida. Nunca olvidemos que ambas son parte esencial para nuestro desarrollo – y liderazgo.

*Esteban Murillo es Coordinador Regional de Comunicaciones para la Iglesia del Nazareno en Mesoamérica.

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