El Pulso de un Corazón Agradecido

Hace unos días, leí una historia que despertó mi curiosidad ya que hablaba del término Ubuntu. Este término compacto en zulú, un idioma hablado en Sudáfrica, significa «Yo soy, porque tú eres». Los niños en la siguiente historia ejemplifican el significado de este término:

«Un antropólogo les propuso a unos niños de una tribu africana a que jugaran un juego. Él colocó una cesta de frutos dulces cerca de un árbol y les dijo a los niños que el primero que llegara se quedaría con el obsequio dentro del cesto. Cuando les dijo que corrieran, todos se tomaron de las manos y corrieron juntos, luego se sentaron a degustar el premio adquirido. Cuando les preguntó por qué habían corrido juntos de esa manera; ya que uno podría haberse quedado con todos los frutos, dijeron: «Ubuntu, ¿cómo puede uno de nosotros estar feliz si todos los demás están tristes?» 

Mientras nos preparamos para el Adviento de este año, tal vez nos veamos paseando por un mundo pos pandémico. También cabe recalcar que muchas de nuestras comunidades todavía están lidiando con los dolores o tragedias inesperados que enfrentaron, ya sea debido a la pandemia de COVID-19 o debido a alguna enfermedad o pérdida en el último año. En lugar de preguntarme si debe ser un desafío para ellos estar alegres en esta temporada, mi familia está agradecida por la oportunidad de acompañar a algunas de estas personas en las situaciones dolorosas que están atravesando. Nuestras celebraciones de Adviento no existen aisladas, sino en comunión con Cristo y en comunidad con quienes nos rodean.

El agradecimiento no es solo reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, sino también compartir nuestra fe y extender la compasión a aquellas personas que el Señor pone frente a nosotros; especialmente a aquellos que no tienen la oportunidad de disfrutar las bendiciones que se nos han otorgado. En Efesios 2:10 se nos recuerda que «somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que las hiciésemos». Este versículo nos lleva a estar agradecidos por la bendición de la salvación a través de Jesucristo y por ser una comunidad con la responsabilidad de ayudarnos y sostenernos los unos a los otros a través de las pruebas y triunfos de la vida. Además, se nos anima a «estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24) y a «dar gracias en todas las circunstancias» (1 Tesalonicenses 5:16-18).

El poema en forma de oración del poeta inglés del siglo XVII George Herbert «Agradecimiento» es uno de mis favoritos. Aquí parafraseo algunos de sus pensamientos tan profundos:

El poeta clama a Dios que no le permita descansar hasta que Dios le dé un corazón agradecido. Es más, no está pidiendo un corazón agradecido que complazca sus deseos personales, sino un corazón que palpite con agradecimiento a Dios en toda circunstancia. El Señor me ha estado enseñando a orar: «Tú que me has dado tanto, dame una cosa más [cada día]: un corazón agradecido». Que la gratitud se convierta en el pulso de nuestros corazones.

Esta reflexión fue publicada originalmente a través de Nazarene News en el siguiente enlace en inglés: https://t.e2ma.net/webview/eg4x7e/88df85ea03bf05471c90edb1e97d1be0

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