¿Cómo no perder tu identidad en el ministerio? – Parte 4 de 4

Esta es la última entrada del artículo anterior.

  1. Sé honesto.

Hace falta valor y valentía para ser honestos con nosotros mismos y con los demás, para llegar a otra persona cuando nos damos cuenta de que algo ha ido mal en nuestro corazón y alma. No compres la mentira de que estás solo, o que eres de alguna manera inmune a los sentimientos de descontento o las dudas del llamado. No compres la mentira de que sólo porque estás “en la parte superior” hay que pretender que todo está bien. En su lugar, puedes estar más seguro de que El que comenzó tan buena obra en ti realmente va a llevarla a buen fin, aunque estés un poco desordenado, confundido e incierto en el camino. Llega a alguien que te escuche y que puede ayudarte a navegar el camino que ya está puesto delante de ti.

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La verdad es que el ministerio en sí mismo no es sólo un trabajo o un cheque. Ni siquiera es simplemente una forma de vida, sino es el corazón y el alma de una persona. Se conecta con las personas únicas que Dios nos ha hecho ser, con nuestros llamados, con nuestros dones. Y a veces esto hace que sea difícil separar nuestro ministerio de nuestra identidad.

Al final del día, sin embargo, Dios te ama simplemente por ser como eres, no conforme a tu función o título. Así que cuida de tu alma, la esencia misma de lo que eres. Invierte en tu relación con Dios, y no pierdas de vista lo que eres, independientemente de lo que haces. Él te llama hijo o hija y te llama a ser libre. Y tú, querido, le importas profundamente.

Publicado originalmente en: http://www.christianitytoday.com/gifted-for-leadership/2016/may/how-not-to-lose-your-identity-in-ministry.html

Acerca de Scott Armstrong

Soy Scott Armstrong. Tengo la esposa más hermosa del mundo, Emily. Tenemos dos hijos: Elías (14 años) y Sydney (12 años). Soy misionero en la Iglesia del Nazareno, Región Mesoamérica, y Coordinador de GÉNESIS, un movimiento para impactar los centros urbanos de nuestra región de manera misionera.

Publicado el 7 septiembre 2016 en El Llamado, El Misionero Nazareno, Liderazgo, Otro, Santidad, Vida Devocional y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. ¡Así es, Mery! En medio de tanto ministerio, a veces como ministros hemos tenido la tendencia de olvidar nuestra identidad principal. No somos lo que hacemos, porque si se quita lo que hacemos (por despedida, por discapacidad, etc.), perderíamos la esencia de quienes somos. No. “Están incluidos también ustedes, a quienes Jesucristo ha llamado. Les escribo a todos ustedes, los amados de Dios…que han sido llamados a ser santos. Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz” (Rom. 1:6-7).

  2. ¡Oh, muchas gracias por este artículo! He leído atentamente los cuatro partes, pero me hago humilde y respetuosamente una pregunta en voz alta: ¿Qué es identidad? ¿Todos los hijos e hijas compartimos una misma identidad? ¿Debemos de compartirla aunque seamos de diferentes puntos de la tierra? (es una pregunta abierta a que puedan compartir sus opiniones conmigo, por favor)… Ciertamente estar en el ministerio hace que en algún momento queramos detenernos y decir: “Espera… Ya no más”. Pero luego de un tiempo entendí que todo lo que nos han compartido es necesario y muy necesario: tiempo libre para uno mismo, un tiempo a solas con Dios, apartamiento de los aparatos, etc. Mas al final, vino una conclusión a mi corazón: “Soy una sierva de Dios” y ya no hay vida fuera de Él. ¡Dios les bendiga! 🙂

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