Un Pueblo Santo

Pedro continuó afirmando un aspecto muy significativo de este nuevo pueblo escogido, “Mas vosotros sois… real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (2:9). Simón Pedro reclamó esta demanda a la herencia de Israel y la aplicó al pueblo al cual le escribía. Ustedes han sido elegidos y destinados por Dios Padre y santificados por el Espíritu para ser obedientes a Jesucristo, les dijo. Esta es su herencia. Este es su futuro. Somos el pueblo santo de Dios.

Anteriormente, en la misma carta, también había apelado a la herencia del pueblo de Israel. Lo había aplicado directamente a sus lectores: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: ‘sed santos porque yo soy santo’” (1 Pedro 1:14-16).

Nosotros, los llamados nazarenos, como cuerpo y como personas que formamos ese cuerpo, somos llamados a ser un pueblo santo. Somos llamados a vivir la santidad impartida a nosotros por la obra santificadora del Espíritu, y somos llamados a obedecer a Jesucristo. Es un tipo de obediencia de amor y compasión, de misericordia y aceptación. Es una obediencia de resistencia firme al pecado en todas sus formas y resistencia a conformarse al mundo que nos rodea.

Es una obediencia de rendición radical al señorío de Jesucristo, a vivir bajo el poder del Espíritu, a un amor profundo por personas de todo tipo. Y esta es una obediencia de compromiso activo con las necesidades de las personas alrededor nuestro.

Déjeme preguntarle algo acerca de esto. Esta magnífica obra de gracia de santidad, de entera santificación, es más que solo una teoría. Esta es la vida más profunda que nosotros, los nazarenos, hemos vivido y predicado a lo largo de nuestra historia. Esta es la razón por la cual existimos.

Pero la pregunta que quiero hacerle ahora es: ¿Ha experimentado usted esta maravillosa gracia? ¿Ha dejado que el Espíritu de Dios trabaje en su vida, para acercarlo más a él, para formarlo y moldearlo conforme a la imagen de Cristo? ¿Ha llegado a un momento de entrega total de su propia voluntad para ser completamente lleno del poder santificador del Espíritu Santo? Quiere que usted sea lleno de él mismo. Él quiere purificar su corazón. Lo invita a ese momento de entrega. ¡Esta es su voluntad para usted!

¿Buscará la plenitud de Dios? ¿Ofrecerá su vida redimida a él dejando completamente de lado todo tipo de soberanía que no sea él en su vida? ¿Dejará que sea el Señor de su vida en los rincones más profundos de su alma? ¡Confíe en él! ¡Ríndase a él! ¡Recíbalo! ¡Él desea llenar su vida con su Espíritu!

Un comentario sobre “Un Pueblo Santo

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  1. Que gran privilegio ser el pueblo escogido por Dios y un pueblo santo. Dios nos ha llamado a ser Santos.
    El sábado pasado llevamos a cabo una velada de oración con los jóvenes de mi iglesia, y doy gracias a Dios porque me quede asombrada de lo que el estaba haciendo en sus vidas: Verlos de rodillas en el altar entregar todo a Dios, y pidiendo la llenura del Espíritu Santo.
    Al terminar dar gracias porque se sentian diferentes y tengo la seguridad de que Dios hará aun mayores cosas.

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